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Como funciona la memoria

La memoria es un sistema de procesamiento de la información que posee cuatro funciones básicas: 1) Entrada; 2) Retención; 3) Duración; y 4) Recuperación.

Sus características son contradictorias: a veces funciona mejor que una computadora y en otras ocasiones, no puede retener dos números de ocho cifras.

Es posible ilustrarlo con un ejemplo. Retenga el siguiente número de teléfono: 4901 – 0347. Ahora recuerde el segundo: 4795 – 2118. Cierre los ojos y sin mirar intente evocarlos alternativamente. Con seguridad uno de los números se habrá borrado de su mente. La paradoja que encierra el funcionamiento de la memoria de corto plazo es que si nos detenemos para registrar y evitar el olvido, no podemos seguir recibiendo nueva información.

Por ahora retengamos esto: utilizar la fuerza bruta para recordar, funciona en sentido contrario a las necesidades de la comprensión y de la memoria. En cambio, un sistema ecológico como el que proponemos utiliza métodos que optimizan el rendimiento.

Dadme una memoria palanca y moveré el mundo.

La memoria puede ser considerada un sistema como el de las computadoras, o bien puede humanizarse si se valoriza en el hombre su capacidad de seleccionar la información y se continúa con su adecuado procesamiento y registro. El archivo humano debe funcionar con principios orientadores como el interés personal y la libertad de elección.

Olvido y memoria son funciones complementarias o competitivas que actúan en un territorio común. A veces el olvido es conveniente para evitar una sobrecarga, y en otras ocasiones, nos impide recordar.

La memoria de “Funes el memorioso” -el personaje del cuento de Borges- era tan brillante que su vida era un tormento. Le faltaban dos elementos esenciales: las capacidades de selección y de olvido, que son las que otorgan al sujeto el espacio de la creación.

La memoria debería funcionar como un imán que atraiga las observaciones pertinentes y las dirija a los sectores con los cuales se relaciona, ya que lo nuevo se aprende a partir de lo viejo.

Si la información y los estímulos se orientan hacia sí mismos, el resultado será el olvido. Por el contrario, si se logra gobernarlos, se incrementará la capacidad del sistema de la memoria para actuar en la vida.

Aprender a percibir, a procesar los datos reteniendo lo que vale la pena, a recuperar la información en el momento oportuno y a olvidar lo innecesario, produce una memoria útil: “la memoria palanca”. Como dijo Freud: “olvidamos solamente cuando queremos olvidar”.

Definición de la memoria.

La memoria es la capacidad que tiene el hombre de registrar, almacenar y, en un momento dado, reproducir determinada información. Tiene además dos funciones complementarias y competitivas: la selección y el olvido.

La memoria es una de las condiciones necesarias para el aprendizaje. Éste se produce cuando cambia el contenido de la memoria una vez que el estímulo ha sido expuesto e incorporado.

La información que no se registra objetivamente y no se asocia en forma significativa al contenido previo, no produce resultados, no se registra y, por lo tanto, se olvida rápidamente.

Para poder recordar necesitamos un método. De lo contrario, dependeremos del azar.

Tipos de memoria.

Existen variados tipos de memoria: 1. Almacén de memoria sensorial (A.M.S); 2. Memoria de corto plazo (M.C.P); y 3. Memoria a largo plazo (M.L.P), que podemos representar en el siguiente gráfico.

1. Memoria sensorial (MS): es la memoria más fugaz y la que nos permite entender lo que está ocurriendo. La MS graba el instante y lo traslada a la Memoria de Corto Plazo.

Ejemplo: mientras leemos, se retiene una palabra durante el tiempo necesario para comprender la siguiente.

2. Memoria de corto plazo (MCP): en la comprensión del lenguaje, como en las operaciones aritméticas, se necesita un almacenamiento temporal de información.

Esta memoria es como la pizarra mágica y funciona ante cualquier estímulo. Posee las siguientes características: en lo temporal, su duración es cercana al minuto y, en lo cuantitativo, contiene alrededor de 7 dígitos. Es el procesador de la actividad mental. Ejemplo: el mozo de un bar recuerda el pedido hasta el momento en que lo entrega, o el tiempo que recordamos un teléfono que nos acaban de decir es el mínimo necesario antes de anotarlo u olvidarlo.

3. Memoria de largo plazo (MLP): Es el gran depósito de todas las experiencias y conocimientos que se poseen sobre el mundo. No posee límites como la MS o la MCP. Así, para recordar a una nueva persona no necesitamos borrar de la memoria a otra. La MLP funciona como el director del proceso, seleccionando la información que se recibe y distribuyendo los datos hacia zonas específicas. Su mecanismo de entrada es lento, aproximadamente de 5 segundos por cada dígito.

La MLP es una estructura orgánica de conocimientos organizados como una red asociativa. Esta organización le permite predecir o anticipar lo que cree que ocurrirá ante cada situación. De no existir esta función, la multiplicidad de alternativas posibles produciría una parálisis.

La MLP posee una herramienta para resolver una primera paradoja: si se detiene para retener lo que le interesa, no puede ingresar nueva información. Se trata de tener una buena comprensión de lo que percibe. Para ello, debe resolver la segunda paradoja: lo nuevo se aprende con lo viejo. Esto requiere que la máquina de aprender esté bien organizada, lo que le permitirá reducir la incertidumbre y responder a las preguntas formuladas durante la predicción.

El proceso final de incorporar algo nuevo a la MLP es lo que llamamos “aprendizaje”, que consiste en el cambio que se produce en ella cuando añade un nuevo conocimiento.

Resulta fundamental aprender a transferir contenidos de la memoria de MCP a la MLP. Teniendo en cuenta que la primera se borra en un minuto, debemos producir la comunicación entre ambos sistemas. La memoria habitualmente se encarga de su autoorganización con los siguientes aportes que debemos realizar: 1. Interés en lo que estamos observando; 2. Registro multisensorial de la experiencia; 3. Comprender la situación en todo momento; 4. Repasar lo incorporado a las pocas horas repitiendo periódicamente ese procedimiento.

Organización de la memoria según su tipo y técnica.

Tipo de Memoria MS MCP MLP

Descripción Fugaz Breve Permanente

Técnica Concentración Comprensión Encadenamiento

Funciones Sensorial Observación Almacenamiento

Recuperación

Cómo mejorar la memoria

Cómo funciona el sistema.

La motivación juega un papel fundamental ya que recordamos lo que nos interesa. El aprendizaje sensorial produce un efecto múltiple sobre la psiquis: se recuerda mejor lo que más se usa, lo que nos resulta agradable. Es lógico: cuando algo nos atrae le dedicamos toda nuestra atención, y, por lo tanto, aumenta nuestra concentración.

Por otra parte, al captar un objeto no sólo entrará en juego la realidad material sino también nuestras emociones, conceptos y conocimientos previos.

¿Cómo lograr una memorización óptima?

El paso inicial es la observación, que funciona como la puerta de entrada del mundo externo hacia nosotros mismos.

La observación es el resultado de una necesidad física, psíquica y espiritual ya que si no existiera interés o motivación, dejaríamos pasar el estímulo sin registrarlo en la memoria.

Según nuestro interés, el registro de una experiencia puede ser consciente o inconsciente. La técnica de observación que proponemos puede regular este proceso para que nuestra atención sea predominantemente consciente.

Nuestra técnica introducirá en el sistema de la memoria un método de observación, de análisis de la situación y un plan de acción.

Con este aporte, se logra que el recuerdo no dependa del azar.

Tampoco dejaremos de lado al inconsciente. Por el contrario, se lo ubicará como aliado del sistema. Se ha comprobado que la claridad de los objetivos, el compromiso con la verdad y la concentración en los resultados son los factores de complementación entre la estructura consciente e inconsciente.

Por último, cuanto mayor sea nuestro conocimiento, mejor será el resultado. La persona que sabe, ve lo que nadie ve.

Según Pasteur, “el azar favorece sólo a las mentes preparadas”, y nosotros agregamos: “… que están dispuestas a aprovechar las oportunidades que a cada instante les ofrece la vida para crear”.

Aprendamos a observar, a cultivar una actitud de asombro frente al milagro de la naturaleza para poder utilizar eficazmente la memoria.

Las fuentes de observación son infinitas, y consta de todo lo que se nos presenta a lo largo de la jornada: una cita, un objeto, una carta, una idea. Flaubert decía que cualquier cosa observada detenidamente se vuelve maravillosa.

Una vez enfrentados al objeto, lo importante es aprender a preguntar: su historia, su proceso de fabricación, la materia prima que lo constituye, etc.

Para que los objetos percibidos perduren en nuestra memoria, la observación debe ser bihemisférica.

El cerebro recibe las emociones a través del hemisferio derecho y los conceptos abstractos a través del izquierdo.

Si ingresamos sólo los datos emocionales o, por el contrario, únicamente las abstracciones, disminuirá la calidad de la recepción y quedará mal registrada en la memoria.

El estado mental óptimo para lograr una buena observación puede lograrse mediante técnicas de relajación y concentración.

Dicho estado, que denominaremos “receptivo”, debe combinar: una atención flotante (estar preparados para sacar provecho del azar) con una acción específica en el acto de la percepción (tener la intención de percibir).

Si bien la observación es un acto único, a los efectos didácticos la dividiremos en dos tipos:

1. Observación reproductiva.

Intenta representar el objeto, a la persona o el hecho tal como es y no como una abstracción conceptual.

Para lograrlo debemos dejar de actuar “en automático”. Muchas veces, cuando aprendemos a realizar una tarea, tendemos a repetir la rutina sin considerar otra forma de llevarla a cabo.

De acuerdo con esto, pasemos nuestra mente de “automático” a “manual” y comencemos a experimentar una nueva manera de ver la realidad. Penetremos en ella con espíritu de curiosidad, generando así una cuota mínima de observaciones diarias significativas.

La mente como cámara fotográfica.

Una técnica para ejercitar esta observación es la fotografía mental de lo percibido. La misma debe ser de carácter multisensorial: el objeto tiene que ingresar a través del aparato sensorial. No olvidemos el sexto sentido, la intuición, que representa la respuesta emocional ante el estímulo presentado.

Ejemplo. Veamos como Cortázar “fotografía” un beso:

“Ella hizo algo que nunca había hecho antes, le pasó los brazos por el cuello y lo besó en la mejilla. Su boca olía despacito a menta. Mario cerró los ojos llevado por la necesidad de sentir el perfume y el sabor dulzón debajo de los párpados. Y el beso volvió más duro y quejándose…”.

Del cuento “Circe” en BESTIARIO

¿Existe una técnica para sacar fotografías multisensoriales?

Para comenzar tomemos un objeto, algo que veamos todos los días, como un libro o un adorno de nuestra casa.

Mirémoslo desde todos los ángulos posibles, toquémoslo, percibamos su perfume si lo tiene. Una vez que encontremos la mejor ubicación y nos sintamos motivados a fotografiar, accionemos el disparador en nuestra mente.

Es importante que fotografiemos en estado de plena receptividad, en el cual se produzca la sensación subjetiva de que es la oportunidad perfecta para accionar la cámara.

Para evaluar si la fotografía fue tomada correctamente, cerremos los ojos y veamos la copia. Luego, comparémosla con el original.

A veces es necesario tomar varias fotos hasta lograr la que se aproxime al ideal.

Una vez que podamos fotografiar un objeto con facilidad, tomemos dos y luego tres y así sucesivamente hasta poder fotografiar muchos sin dificultad. De esta manera, perfeccionaremos la observación y el recuerdo.

La mente como proyector.

Toda observación nos deja una huella de cuya calidad dependerá la reproducción del objeto observado.

El valor de esa huella se comprueba mediante una técnica muy sencilla: usar nuestra mente como proyector cinematográfico y comparar nuestras imágenes con la realidad.

Con esta técnica estamos haciendo uso de la imaginación que es la capacidad que tiene la mente de imitar lo real y reproducirlo interiormente.

“La imaginación no es más que el aprovechamiento de lo que se tiene en la memoria”. Pierre Bonnard.

Para alcanzar la posesión de la capacidad imaginativa en un mundo dominado por abstracciones es fundamental aprender a concentrarse en las formas, colores, sabores, olores y sensaciones físicas a través de la observación.

La imagen -a diferencia del concepto- nos atrapa por su carácter de cosa viva.

El concepto es estático, no posee belleza pues su fin no es estético; tampoco intenta producir emociones. Simplemente, presenta los rasgos esenciales que necesita un determinado objeto para ser tal. Tiene una función utilitaria.

Por el contrario, la imagen es cambiante, posee diversas figuras y colores que producen innumerables sensaciones. Esto es lo que debemos captar a través de la observación y luego proyectarla con ayuda de la imaginación. Y, al actuar sinestésicamente (es decir, integrando los sentidos), lograremos un objetivo más ambicioso: ejercitar en forma paralela y sincronizada los dos hemisferios cerebrales.

En un mundo materialista se utilizan los conceptos para alcanzar los fines, y la imaginación ocupa un rol subordinado.

Hoy, la seguridad que el sistema ofrecía a través del empleo de por vida ya no existe y se necesita de la imaginación para inventar el futuro.

2. Observación creativa.

Es aquella que produce una diferencia con respecto al enfoque habitual. La realidad es la misma, lo que cambia es la visión.

La mirada creativa captura algo más, lo que el común de la gente no puede ver.

Toma como base la observación reproductiva pues ésta le provee de la materia prima que hace factible la creación.

Expliquémoslo con un ejemplo:

Poirot, el gran detective de Agatha Christie, logra deducir quién es el asesino, utilizando la observación creativa:

“Mientras pronunciaba estas palabras, mi vista se detuvo en una caja de bombones situada en una mesa contigua, y el corazón me dio un salto. Podía no ser un indicio relacionado con la muerte de Deboulard, pero por lo menos allí existía algo que no era normal. Levanté la tapa, no faltaba ni un bombón… pero eso hacía aún más notable la peculiaridad que habían captado mis ojos. Pues sepa usted Hastings, que la caja era color rosa, pero la tapa era azul. Ahora bien, a veces puede ver una caja rosa adornada con un lazo azul, o al revés, pero la caja de un color y la tapa de otro… no, decididamente, no…”.

Luego, narra cómo en la basura encuentra una caja azul con tapa rosa (aclaremos que la víctima muere envenenada).

“… ¡La caja de bombones! ¿No lo ve? ¿Habrá cometido semejante error una persona que viera perfectamente? Sabía que Madame Devoulard tenía cataratas…lo supe por las gotas de atropina. Sólo había una persona en la casa cuya visión defectuosa le impidiera ver qué tapa tenía que colocar…”.

Fragmento de “LOS PRIMEROS CASOS DE POIROT”.

¿Cómo podemos ejercitar nosotros la observación creativa? Utilizaremos, al igual que en la descriptiva, la realidad que nos rodea pero buscando el detalle que lo transforme en otra cosa. Intentemos deducir el carácter de las personas que pasan a nuestro lado según su forma de vestir o actuar. Por ejemplo, si una mujer va por la calle bien vestida, calzada con zapatos bajos y lleva un bolso gastado y de gran tamaño como cartera, podríamos decir que pone la practicidad por encima de la estética.

El transporte colectivo es una fuente inagotable para nuestras observaciones: un pasajero hace el ademán de levantarse para descender. Si estamos atentos observaremos quién está desesperado por sentarse, quién se dispone a ceder el lugar y quién, maliciosamente, obstruirá el paso al desesperado.