Penélope y sus pretendientes ( Parte Última )

 

penelope[1]El joven que irrumpe en la habitación parece estar acosando a la mujer indefensa, puesto que sus gestos dan a entender palabras muy vehementes. Sin embargo, la mano levantada junto al halcón en ademán casi defensivo insinúa más bien reserva. La obra cumple así con la convención pictórica de que son las manos las que formulan las palabras, mientras que la boca permanece cerrada. Lamentablemente, el significado de los gestos no siempre resulta evidente para el observador actual.

El joven más adelantado, en lugar de hacer reproches o de exigir a Penélope que se decida finalmente por uno de los pretendientes, también podría estar expresando algo completamente distinto. No en vano el pintor ha querido destacarlo con claridad y lo ha separado del resto. Su figura, con grandes rizos dorados, pantalón a cuadros y fajín al viento, no parece encerrar por fuerza una carga negativa. Posiblemente se trate de Telémaco, el querido hijo de Penélope, que le anuncia a su madre el regreso de su padre.

Para los expertos que consideran al intruso un pretendiente, el ave rapaz puede ser una alusión a sus lujosos pasatiempos.

Para los que por el contrario piensan que los hombres son amigos y miembros del sequito de Telémaco y Ulises, aludiría a una escena del texto de Homero en la que un ave rapaz mata a una paloma.

A comienzos del siglo XVI el gobierno de Siena estaba en manos de Pandolfo Petrucci, considerado un tirano. Y Petrucci, a quien le agradaba ser llamado “El Magnífico”, como se había denominado a Lorenzo de Médicis en la cercana Florencia, fue quien encargó esta pintura en 1509.

La obra mide 125 x 152 cm y se pintó en la pared de la sala suntuosa del palacio Petrucci.

Hacia 1843 por encargo de un coleccionista de arte francés, el fresco se desprendió de la pared del palacio de Siena, después pasó a una colección particular inglesa y de allí fue a parar al museo en 1874.

El pintor nació en 1454 en Perugia. Se llamaba Bernardino di Betto pero debido a su modestia y su complexión delgada, se le apodó “Pinturicchio”, esto es, “Pintorcito”. Para los amantes del arte de generaciones posteriores su obra quedó eclipsada por la de sus coetáneos Miguel Ángel y Da Vinci. Sin embrago, en vida del artista, sus obras fueron muy solicitadas. Entre 1492 y 1495 decoró en el Vaticano las habitaciones privadas del papa Alejandro VI.

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