Los primeros intentos de dar vida a la figura humana

Los pintores medievales se preocupaban por dar vida a la figura. El iluminador carolingio que representó al evangelista San Marcos a finales del siglo VIII lo dispuso con los pies juntos o cruzados uno encima del otro ( postura del otium, es decir, del ocio, y en este caso, de la actividad intelectual ), con el busto de frente, pero con el hombro derecho ligeramente escorzado para poder representar la mano que escribe en el libro, a la derecha, y con la cabeza vuelta hacia el león que le dicta las palabras.

Esta postura resulta imposible o cuando menos, incómoda: es el resultado de una preocupación por mostrar la figura de forma dinámica sin sacrificar la representación del rostro.

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