El “San Sebastian” de Pollaiuolo ( Parte I )

polaiolo[1]Un joven casi desnudo está atado a la parte superior del tronco de un árbol seco. Su cabeza alcanza el cielo azul. Parece pasivo, ensimismado y por encima de lo que está ocurriendo a sus pies. Bajo él, domina la actividad. En una especie de danza masculina, el pintor retuerce los cuerpos vigorosos y pone en acción sus músculos. Cuatro hombres tienen el arco o la ballesta tensados y en alto. Apuntan al cuerpo del joven y esperan quizá, la orden de disparar de alguno de los jinetes con armadura del segundo plano. Los verdugos a sus pies constituyen una pirámide que tiene su vértice superior en la cabeza del joven. Toda la superficie del cuadro, desde la parte inferior hasta la superior, queda determinada por esta pirámide humana en rotación; se trata de una composición desconcertante.

San Sebastián debió vivir en el siglo III a.C. Era un oficial de los emperadores romanos Diocleciano y Maximiliano, que lo apreciaban mucho y le confiaron el mando de la corte, según cuenta el religioso Santiago de la Vorágine en su Leyenda Dorada, publicada en el siglo XIII. Pero San Sebastián era cristiano y destruía las imágenes de los dioses paganos. Entonces Diocleciano ordenó a los soldados que lo ataran a un tronco en medio del campo y que le dispararan flechas. Así lo hicieron y San Sebastián parecía un erizo. A pesar de sus heridas, estaba tranquilo y contento, pues veía en el martirio el camino hacia la salvación eterna.

Con la firme convicción soportó las flechas Sebastián hasta que los soldados abandonaron el lugar creyendo que ya estaba muerto. Pero unos días más tarde apareció sano en las escaleras del emperador. Éste mandó que lo golpearan con una vara hasta darle muerte, y mandó arrojar su cadáver a una cloaca, para que los cristianos no le rindiesen culto como a un mártir.

A pesar de este final anónimo, Sebastián fue encontrado y su cuerpo se enterró y se veneró como le correspondía. El año 680 fue trasladado por orden divina de la corte de Carlomagno a la iglesia romana de San Pietro in Vincoli. Su altar se puede visitar allí todavía.

A la hora de representar a Sebastián los artistas han optado casi siempre por mostrar el cuerpo atravesado por flechas. En la Italia de la segunda mitad del siglo XV, esta escena se convirtió en uno de los temas preferidos. En la obra de Mantegna aparece como un atleta clásico, masculino y fornido. Botticelli y Pollaiuollo lo representan como a un efebo delicado, de cuerpo afeminado, pero siempre, pese a las flechas, incólume, noble y hermoso: un héroe camino del cielo. San Sebastián fue el santo ideal de una particular admiración por los cuerpos hermosos: el renacimiento temprano italiano.

El San Sebastián de Pollaiuolo fue un encargo del banquero florentino Antonio Pucci para la capilla familiar consagrada de la Santísima Annunziata. El comitente era uno de los ciudadanos más influyentes de Florencia.

Los Pucci habían ascendido al poder gracias a los Medici puesto que éstos apoyaban su política. Antonio Pucci patrocinó el mecenazgo y encargó  muchas obra de arte a grandes pintores de le época como lo hicieron los Medici. Para el linaje el arte era un instrumento de propaganda ( Continuará… )

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