El "San Sebastian" de Pollaiuolo ( Parte Última )

polaiolo[1]El auge económico de Florencia había preparado el camino para la primera mitad del siglo XV. Para embellecer la ciudad, los gremios florentinos hicieron encargos a artistas que se inspiraron en la Antigüedad clásica. El año que nació el propio pintor ya se había construido la gran cúpula del Duomo y el propio Ghiberti había comenzado a esculpir las Puertas del Paraíso del baptisterio de Florencia.

Como homenaje a la antigüedad el pintor colocó a la izquierda del cuadro los restos de un arco del triunfo romano con un frontón incompleto.

Trató de imitar la realidad lo más fiel que pudo. Un elogio de estas características se justifica por el logro de las dos metas que perseguían los artistas del renacimiento: redescubrir el cuerpo humano y hacer visible el espacio con movimiento de los cuerpos.

Para conseguir estos objetivos los artistas empezaron por liberar los cuerpos de ropajes pudorosos y abundantemente plegados.

El artista representa en contorsión a algunos de sus modelos. Dos ballesteros están inclinados: uno está representado por delante y el otro por detrás, el uno vestido y el otro desnudo. Y a los arqueros les coloca en torno al eje vertical del tronco seco, con un giro aproximado de 90 grados cada uno de ellos.

San Sebastián es el patrón e los cazadores. A pesar de esa actividad este no se pintó para ninguna corporación de cazadores, ya que sus integrantes pertenecían a los estratos sociales más modestos y solo encargaban obras baratas. La popularidad de las representaciones de San Sebastián aumentó cuando la iglesia y los mecenas empezaron a consagrarle capillas y altares. Esto ocurrió durante la epidemia de peste que asoló Europa en el siglo XIV.

Normalmente, la peste causaba la muerte a los tres días de haber contraído la epidemia. Su origen era desconocido y no existían remedios eficaces para combatirla.

Pollaiuollo le cubre la región lumbar con una tela transparente y acentúa la delicadeza y feminidad de su cuerpo por medio del contraste con las figuras musculosas y algo mayores de los tiradores. Paradójicamente, con estas alteraciones el mártir cristiano se aproxima a los ídolos paganos, convirtiéndose así en una especie de Apolo Cristiano. Recuerda a Adonis, el favorito de los dioses, e incluso Cupido.

A algunos monjes les escandalizó que tanta presencia corporal adornase los altares de las iglesias y advirtieron de que la belleza de San Sebastián podía perturbar el recogimiento de los devotos, tanto masculinos como femeninos.

El monje Savonarola proclamó en Florencia en 1494, estableció la pena de muerte como castigo contra la práctica de la homosexualidad y mandó a la hoguera los cuadros considerados lascivos.

Más tarde la contrarreforma desterró los desnudos de las iglesias. San Sebastián también fue víctima de este movimiento. Como protector frente a la peste, tuvo que ceder su patronazgo a otros santos, San Roque, al que, siguiendo las severas normas del concilio de Trento, se representaba viejo, con barba y completamente vestido.

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