El poder Bizantino: Justiniano y Teodora ( Parte Última )

4-Justiniano[1]En la fuente que emana el agua se quiere buscar el naturalismo de la escena. Pero claro, siempre podría entenderse con la idea de que Cristo es la fuente eterna que nunca se agota.

El sector textil, el más importante de la economía, adquirió unas dimensiones casi industriales.

Ciertos tonos de color estaban reservados exclusivamente para la familia imperial, como en este caso Teodora y Justiniano que llevan mantos con clámides de color púrpura.

La verdadera púrpura de Tiro se extraía de una especie de caracolas marinas y se reservaban especialmente para confeccionar la indumentaria imperial. Los matices del color iban desde el escarlata hasta el amatista lila-marrón.

La seda llegaba en caravanas procedentes de la lejana China a través de Persia, durante cuya travesía en cualquier momento los caminos podían verse boqueados.

Después de la muerte de Teodora, astutos monjes bizantinos consiguieron pasar de contrabando orugas del gusano de seda introducidas en bastones huecos.

Y también Bizancio guardó el secreto de la seda que siguió siendo un símbolo de categoría social.

El sobrino de Justino I recibió una gran formación académica y militar y destacó sobre todo en filosofía y jurisprudencia. En el año 521 su tío Justino nombra cónsul a Justiniano. A partir de aquí Justiniano empezó a participar de forma muy activa en campañas militares hasta que el 1 de abril del 527 le nombro co-emperador. A los cuatro meses de este nombramiento, muere Justino y fue Justiniano el que heredó todo el poder y el trono del Imperio.

Con Justiniano nació una nueva era en la historia de la Iglesia Ortodoxa y el Imperio Bizantino.

Se le considera el “ Ultimo Emperador Romano “ por su intento de recuperar los territorios que el Imperio Romano había poseído en tiempos de Teodosio El Grande.

Entre todas sus grandes proezas cabe destacar que codificó el derecho romano y mandó construir la Basílica de Santa Sofía.

La biografía de Teodora dista mucho más que la de su marido Justiniano, aunque debemos admitir que a pesar de tener orígenes humildes, ésta supo dar un cambio radical a su vida igualándose a la del emperador.

Aún naciendo en Chipre parece ser que su madre y sus hermanas emigraron a Constantinopla para buscar un futuro mejor. Allí la madre recurrió al negocio de la prostitución para sobrevivir. Las hijas viendo en que trabajaba la madre y viendo que el dinero escaseaba, Teodora y su hermana comenzaron también a ejercer la prostitución. Aunque solo tenía 10 años cuando comenzó en este mundo, parece ser que un hombre se fijó en ella y la llevó a circos y tabernas donde empezó a trabajar en lo que hoy conocemos como cabaretera.

En tan solo unos meses Teodora ya obtuvo un rango suficiente como para elegir a sus clientes y allá por el 516 se convirtió en la prostituta más famosa de Constantinopla.

Tras esto su vida daría un giro, cuando Justino I dicto en el año 521 una ley que la afectaba directamente: las prostitutas serian perseguidas y multadas y Teodora se vio obligada a marcharse a Apolonia ( la actual Libia ) , donde permaneció dos años hasta que de nuevo decidió volver a Constantinopla donde llegaría a conocer al que sería su esposo, el emperador Justiniano.

No se sabe realmente como se conocieron pero parece ser que una tarde que Justiniano paseaba por las calles de la ciudad el emperador se detuvo a mirar a una joven que hilaba en el portal de su casa. Ésta joven muchacha era Teodora.

Justiniano quedo prendado de su belleza y todas las tardes iba a verla hilar hasta que un día venció su timidez y se dispuso a hablarla.

Tras este encuentro se estrechó tanto su relación que decidió llevarla al palacio imperial. Desde entonces ya no se separó nunca de ella porque aparte de ofrecerle placer carnal, Justiniano fue un hombre lleno de rarezas e inseguridades y veía en Teodora una fiel confidente, una consejera de confianza y una compañera inseparable.

Justos levantaron la mayor riqueza que jamás pudo haber imaginado el Imperio Bizantino.

Los dos mosaicos están realizados con teselas vidriadas de colores y de oro. Se utilizaron 322560 teselas para la confección de los mosaicos de Teodora y Justiniano.

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