La adrenalina de la ciencia

En el verano del 2009 un astronómo aficionado australiano, Anthony Wesley, alertó sobre la presencia de una gran mancha negra que había aparecido súbitamente en la atmósfera de Júpiter. Júpiter es el mayor de los planetas del Sistema Solar, un gigante gaseoso cubierto permanentemente de nubes blancas y rojizas y la estructura negra resultaba sorprendente e inesperada. Inmediatamente supimos que Júpiter había recibido el impacto de un pequeño cuerpo del sistema solar que se había desintegrado en las capas altas de la atmósfera joviana tiñendo una región del tamaño de Europa de cenizas negras.

Imágenes de la nube de impacto en Júpiter originada el 19 de julio de 2009. Imágenes de Anthony Wesley (Australia)

Imágenes de la nube de impacto en Júpiter el 19 de julio de 2009. Imágenes de Anthony Wesley (Australia)

De manera repentina, Agustín Sánchez-Lavega (director de nuestro grupo de investigación), Santiago Pérez-Hoyos y yo mismo entramos en una carrera contra el reloj por observar con mejores medios este fenómeno casi único. En pocos días teníamos observaciones con el Telescopio Espacial Hubble, con los telescopios de 8 m en Hawaii y en Chile, con los 4.5 m de Canarias, varias colaboraciones con otros equipos internacionales por saber más sobre lo que había pasado y una competencia feroz por ser los primeros en comprender este fenómeno. Una cantidad de trabajo tan enorme que desintegró cualquier atisbo de vacaciones aquel verano del 2009. Pero aprendimos mucho. Un asteroide pequeño de unos 500 m de tamaño había chocado contra el planeta tal y como había ocurrido 15 años atrás con un famoso cometa (el Shoemaker-Levy 9). La conclusión breve de este trabajo es que Júpiter con su enorme gravedad sigue atrayendo pequeños cuerpos del sistema solar protegiendo a la Tierra de  impactos al limpiar el sistema solar de estos objetos.

En el verano del 2010 mis compañeros y yo estábamos muy satisfechos. Nuestros trabajos sobre este fenómeno iban a ser publicados en breve y podían alterar el paradigma vigente sobre las tasas de impactos en el sistema solar exterior (anteriormente se pensaba que una colisión de estas características solo podía producirse una vez cada varios siglos y sin embargo habíamos observado dos desde el año 1994) . Una contribución importante en nuestro campo de investigación, algo con lo que sueña todo científico.

Breve flash de luz en Júpiter el 3 de junio de 2010.

Flash en Júpiter el 3 de junio de 2010.

El 3 de junio  Anthony Wesley nos alertó de algo que parecía imposible: Un segundo impacto en Júpiter. Esta vez un breve flash de luz de unos 2 segundos de duración. De nuevo la sorpresa, lo inesperado y la investigación frenética por comprender qué había pasado acompañada de peticiones de observación a los mayores telescopios del mundo. Un nuevo verano se esfumaba entre nuestras manos. Y estábamos encantados. Aprendimos que Júpiter recibe impactos semejantes por objetos de unos 10 m de tamaño con frecuencia (al menos unas cuantas decenas de veces al año). Se trata de pequeños restos de la formación del Sistema Solar que también pasan cerca de la Tierra (se estima que uno de estos objetos pasa a una distancia de la Tierra comparable al tamaño de la órbita de la Luna cada día y uno choca con nuestro planeta cada 10 años). Cuando teníamos ya una clara visión de lo que había ocurrido otro astrónomo aficionado, esta vez japonés, descubrió un tercer impacto confirmando nuestras expectativas. He tenido el privilegio de experimentar estas emociones científicas en otras ocasiones, en parte por fortuna y en buena medida por trabajar con investigadores de gran talento como Agustín Sánchez-Lavega y Santiago Pérez-Hoyos.

Hablé varias veces en Radio Euskadi sobre estos impactos jovianos a mediados del 2010. Una de las consecuencias de estas entrevistas es que pude constatar que la “adrenalina” que habíamos experimentado mis compañeros y yo al estudiar estos fenómenos era comparable al interés que algunos oyentes tenían por saber más sobre ciencia. Empecé entonces una colaboración con Juan Carlos de Rojo y Naiara Gutierrez en Graffiti en Rojo que ha continuado deste entonces en Graffiti con Juan Carlos, Aitor Moriyón y Miriam Duque y que se extiende ahora también a la creación de este blog sobre astronomía.

Unas últimas palabras para esta entrada: Este blog no es un reflejo exacto de la sección de astronomía en Graffiti aunque correrá paralelo a ella durante los próximos meses. Es más bien un intento de compartir con ustedes el intenso placer que causa la ciencia y la investigación en los científicos, el gusto por saber cosas nuevas sobre la naturaleza y el sentido de maravilla ante un universo que no cesa de sorprendernos.

6 pensamientos en “La adrenalina de la ciencia

  1. Lontzo Sainz

    Ricardo, un placer y un honor que te hayas animado a publicar tu blog en eitb.com Esta primera entrada demuestra no sólo tu pasión por la ciencia, sino que eres capaz de contagiarla 😉

    Eskerrik asko!

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  2. Naia

    Enhorabuena Ricardo. Me he emocionado leyéndote y es que escribes como hablas, sereno y entusiasta a la vez. Qué ilusión poder seguirte de cerca!

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  3. Ricardo Hueso Autor

    @Naia
    Gracias a todos por vuestros amables comentarios que animan a seguir adelante. Intentaré actualizar este blog una vez a la semana (o cada dos semanas dependiendo del nivel de estrés laboral 😉 que casi siempre es imprevisible. )

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  4. Agus

    ¡Cuánto vamos a aprender con este blog!

    Gracias por la divulgación desinteresada de vuestro trabajo, mucho más complejo y sofisticado de lo que se refleja es tus explicaciones que lo dulcifican.

    Espero que consigas atraer la atención de la sociedad y sobre todo que crees escuela.

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