Los chicos de Cleveland

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En 1976 Jim Kutler era repartidor de Pepsicola y fan enfermizo de Bruce Springsteen. Junto a dos amigos compañeros de profesión  decidió coger un avión y viajar desde Cleveland hasta Newark (Nueva Jersey) un fin de semana para conocerle. Allí alquilaron un coche y se dirigieron hasta el Stone Pony de Asbury Park, donde se forjó parte de la leyenda springsteeniana, y ¡sí! pudieron verle cuando aparecieron por sorpresa en el concierto de unos aún desconocidos Southside Johnny&The Asbury Jukes. A pesar de no poder estar con su héroe esa noche, sabían que al día siguiente se celebraría uno de esos partidos de softball entre la banda y periodistas. Lograron saludarle y es más, como faltaba gente para formar equipo, Bruce les pidió que se unieran. Bruce sorprendido y encantado con su juego, les animó a volver el fin de semana siguiente y a ese nuevo viaje se apuntó otro repartidor más.  Cual no sería su sorpresa cuando Springsteen, tras el partido, les invitó a los cuatro amigos a quedarse en su propia casa. Se forjó entonces una amistad que hoy en día dura, de hecho, las dedicatorias a los “Cleveland Boys” siguen siendo una constante en los conciertos que da en esa zona. En la gira de 1978 “los chicos  de Cleveland” fueron a pasar un mes en el bus del tour  y le organizaron a Springsteen alguna que otra juerga (algo que por cierto no aprobaba su guitarrista Steve Van Zandt). Recientemente uno de ellos ha muerto. Hay quien asegura que los chicos de Cleveland han sido para Bruce tan importantes como los propios miembros de su banda y su relación llega hasta tal punto que una vez la compañía de discos envió una limusina a Springsteen para llevarlo de vuelta a casa y El Jefe se la envió sin ningún reparo a los Chicos de Cleveland.

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