Construyendo comunidades: Springsteen y Pakistán

Recientemente el periodista Ahmed Rashid ha publicado este artículo en la revista New Yorker. Nos ha parecido de una enorme relevancia por su visión de la música de Springsteen. Por ello lo hemos traducido para que podais disfrutarlo. Esperamos que os guste:

Tras desearlo durante 30 años, por fin asistí a un concierto de Bruce Springsteen este verano en el Madison Square Garden. Para un periodista nacido y criado en Pakistán que ha llevado consigo la música de Springsteen a todas partes durante años, desde zonas en guerra a bodas, era un experiencia inigualable. La música, la energía, el muro de sonido, los bailes sobre el escenario, la camaradería y la profesionalidad de la E Street Band se sumaron para cumplir el deseo que había tenido de verle en directo desde que escuché su música por primera vez mientras viajaba por Europa hace unas tres décadas. Viendo a Bruce, creí entender por primera vez algo que está alejado para los que se encuentran en la periferia de las salas de conciertos occidentales. Todo el público estuvo de pie durante las tres horas y media, y cantaban juntos, y todos sabían las letras de las canciones, incluso las de su último disco “Wrecking Ball” que se había publicado unas pocas semanas antes. Y cuando digo “todos” me refiero tanto a adolescentes como a abuelas.

Lo que Springsteen representa es el significado y el poder de la cultura americana.

A través de su música y su sentimiento terrenal, Bruce construye una comunidad de gente que comparte cada nota de su guitarra, que se sienten cerca de la vida del artista y que comparten eso con millones de personas. Pensé en como el General Zia ul-Haq, durante su brutal dictadura entre 1977 y 1988 prohibió cualquier reunión pública de cinco o más personas.Eso, por supuesto, terminó con cualquier esperanza de ver actos culturales. Es parte de su legado a día de hoy.

En Pakistán la cultura juvenil florece a base de películas, música, drama y arte, pero no existen lugares donde actuar, tocar o bailar. Gran parte del tránsito cultural se realiza a través de Youtube y reuniones privadas. El mismo Springsteen es enormemente popular entre Pakistanies que trabajan o estudian fuera, y entre los jóvenes que viven en Pakistán y ven sus actuaciones a través de las redes sociales.

Es triste que un país con ciento ochenta millones de habitantes, y que alberga algunas de las más grandes ciudades del mundo, no tenga un auditorio moderno donde pudieran realizarse actuaciones del nivel de las de Springsteen.
Digo esto con una profunda sensación de pérdida, porque en Pakistán y en tantos otros países del mundo, una comunidad construida a base de cultura siempre ha sido una amenaza al status quo, a la dictadura militar, y a los ricos, esos que creen que su posición se resentiría en un estado democrático y de libertad de expresión.

En muchas sociedades musulmanas existe el problema añadido de la segregación cultural, con hombres y mujeres a veces incapacitados para escuchar o ver sus respectivos bailes y músicas. En Afganistán, el país vecino de Pakistán, los talibanes han ejecutado a mujeres que se atrevieron a bailar en una boda familiar. Pero esas restricciones poco tienen que ver con el Islam, sino más bien con esas personas que tienen el poder y desean prevenir la creación de una cultura popular. Hoy existe el problema de los extremistas islámicos locales y los terrositas que intentan prevenir la realización de conciertos en cualquier gran ciudad. La simple amenaza atemoriza a muchas personas y las aparta de una cultura participativa.
La cultura tiene que ver con el refuerzo de la sociedad civil, la creación de una comunidad de gente con valores compartidos y el refuerzo de los lazos que unen a las generaciones. Para bien o para mal, Estados Unidos domina la cultura mundial, pero ninguna expresión cultural explica su poder tan bien como lo hace la música rock.

En cambio, las películas de Hollywood o las series tienen más que ver con disfrutar un espectáculo o un drama en la intimidad de tu casa y de tu mente, que con compartirlo con una comunidad. Se trata de compartir un evento con otras personas, atraer al máximo número de personas a una sala de conciertos, tocar para ellos, y darles la oportunidad de que se vayan a casa con la sensación de haber compartido algo con otros seres humanos. Queremos abrazar a la persona que está a nuestro lado, queremos hablar con gente que no conocemos, seguir cantando mientras abandonamos la sala, y cuando nos enfrentamos a la cruda realidad de la calle pretendemos que cada conductor de taxi se convierta en un ángel mientras seguimos hablando con extraños.

Esto es lo que Springsteen provoca en mi y en muchos otros. Como ningún otro, quizás desde Bob Dylan en sus comienzos, Springsteen crea un muro de amistad y de unión para que la sociedad norteamericana se una en lugar de que se distancie como está haciendo. Consigue saltar por un rato la barrera generacional y la diferencia de clases y de riqueza. En otras palabras, su música construye comunidades de gente que quieren demostrar la responsabilidad que tiene con sus semejantes. Hay algunos cantantes pop en Pakistán como Ali Zafar o Atif Aslam, que podrían aspirar a jugar ese rol si tuvieran las oportunidades, los lugares y el apoyo del estado y de la sociedad.

David Remnick (escritor, periodista y jefe de redacción de The New Yorker así como premio Pulitzer en 1994) apunta a que la izquierda liberal siempre ha confundido las letras y la música de un artista con su visión política. Bob Dylan fue castigado primero por dejar la guitarra acústica por la eléctrica y por pasar de las canciones contra la guerra de Vietnam y la música folk al rock. Springsteen, el chico de clase trabajadora convertido en millonario, es a menudo criticado y tachado de farsante por preocuparse de las clases más humildes. Así todo, lo importante para estos iconos es su música, no sus claros planteamientos políticos. No espero que Springsteen cante sobre la guerra en Afganistan, pero sabe tocar las más relevantes bases de la sociedad para un público norteamericano. Tengo la sensación al escuchar sus canciones, que su corazón está en el lugar correcto y que rechaza la violencia, y que la comunidad que su música crea está repleta de esperanza compartida y valores humanos.

Como periodista que ha cubierto guerras durante treinta y dos años:las múltiples guerras en Afganistán y Asia Central, y la maldita violencia en Pakistán, siempre he llevado a Springsteen conmigo, tanto en forma de cintas de cassette como los CD´s de hoy en día. Lo pongo por la noche después de un día viendo como se mata la gente entre si, y lo pongo bien alto. Es extraño como la potencia del rock, el muro de sonido, la fuerza y la voz rota de Bruce eran tremendamente conciliadores. Quería salir a las calles y dejar que la gente que luchaba escuchara su música

15 thoughts on “Construyendo comunidades: Springsteen y Pakistán

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  5. José Antonio

    Se queda uno sin palabras al leer éste artículo, y la verdad es que cuando uno va a ver un concierto de Springsteen te juntas con gente de otra clase social ,religión , creencias, etc. y hablas con ellos formas una amistad gracias a este hombre y que al final todos salimos con ese gran sabor de boca que nos a dejado.
    Y a ti Africa gracias por hacernos llegar éstos artículos

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  6. finamu

    Gracias por hacernos llegar el artículo a los que no dominamos otro idioma. y la verdad es que me siento identificada con las sensaciones que trasmite Ahmed Rashid a la hora de acudir a un concierto de BRUCE, durante este y después de este. Estoy de acuerdo con él, “la voz rota de BRUCE es tremendamente conciliadora”. Para mi es como un bálsamo para el alma.

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  7. roma

    solo deciros cuan afortunados somos de tener esta libertad de poder escuchar,disfrutar y compartir a bruce.este articulo tendria,no,tiene que hacernos reflexionar mas si cabe sobre las diferencias que hay en este jodido mundo hasta para oir musica.no lo olvidemos. gracias africa

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  9. Aileen

    Que la música es el lenguaje universal se cumple en grado superlativo al hablar de la música y los conciertos de Bruce. Siempre que asisto a uno de sus conciertos disfruto de esa comunión en la que por unas horas no existen diferencias de ningún tipo sino que todos compartimos algo el común, el querer emocionarnos con la música y las letras de este hombre y con la energía y positividad que te transmite en cada uno de ellos. Me siento afortunada por poder disfrutar de ello libremente y que no me sea necesario trasladarme miles de kilómetros para poder hacerlo como le ocurre a Ahmed Rashid. Gracias Africa por compartirlo con nosotros.

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  10. Yolanda C

    Ratifico las palabras de roma y Aileen….despues de leer este articulo,me siento una autentica privilegiada por tener las oportunidades que muchos fans de muchos puntos del mundo entero ,probablemente ,jamas tengan.No surrender

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  11. Pingback: africa baeta

  12. DEMETRIO

    Desde 1977 sigo a bruce springsteen,y tengo la sensacion de que antes solo le conociamos unos cuanto y ahora influye en gente y lugares que yo creo ni el se lmagina .
    Es bueno que tengamos gente asi porque la gente de a pie necesita tener esperanza en el ser humano , por ser al mismo tiempo tan desastre y tan enormemente glorioso

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