¿Más listos o más prolíficos?

Una de nuestras características como especie es que tras el nacimiento, experimentamos un importante crecimiento cerebral. Multiplicamos el volumen cerebral por 3’3 desde el nacimiento hasta la edad adulta, mientras que nuestros primos más cercanos, los chimpancés, sólo lo multiplican por 2’5. Gracias a ese elevado crecimiento alcanzamos un alto grado de cefalización, rasgo al que se debe que poseamos importantes capacidades cognitivas. Parece, además, que es una característica que ya estaba presente en nuestros ancestros primates más próximos.

De acuerdo con un estudio publicado en septiembre del pasado año (PNAS, vol 105, pp.: 13764-13768; DOI: 10.1073/pnas.0803917105), los neandertales compartían ese rasgo con Homo sapiens y por ello, requerían de un periodo de atención posnatal tan extenso como el de los humanos.

Lo que quizás resulta sorprendente es que los seres humanos modernos tenemos cerebros de menor tamaño que el de los primeros seres humanos y que el de los neandertales. Los autores del estudio proponen que el elevado crecimiento cerebral es un rasgo ancestral del género Homo y que, sin embargo, el menor tamaño actual es un rasgo adquirido posteriormente. Siguiendo su línea de razonamiento, la reducción del tamaño cerebral producida desde nuestra aparición como especie permitió un importante ahorro energético por parte de la madre, lo que pudo posibilitar una mayor frecuencia de embarazos y nacimientos y, por lo tanto, un mayor esfuerzo reproductivo. En última instancia, no cabría descartar que ese mayor esfuerzo reproductivo fuese el factor que nos permitió extendernos por todo el mundo y llevar a los neardentales hasta la extinción.

La hipótesis es muy sugerente, porque propone que en el curso de nuestra historia, quizás se sacrificaron parte de nuestras capacidades cognitivas para poder desarrollar un mayor esfuerzo reproductor y que ese sacrificio resultó clave para nuestro éxito evolutivo.

5 pensamientos sobre “¿Más listos o más prolíficos?

  1. Juan Ignacio Pérez Iglesias

    Hola José Luis:
    Laverdad es que no tengo una respuesta para esa pregunta. No sé si existe algún procedimiento que permita saberlo. Efectivamente, si hablamos de capacidades cognitivas, el elemento clave es la superficie de la corteza cerebral y eso depende de cuán plegada esté esa superficie. Por eso, tu duda tiene mucho sentido. Insisto en que desconozco lo esencial, pero se plantean dos posibilidades: a) Que hayamos perdido volumen pero mantenido superficie cortical y, por lo tanto, capacidades cognitivas. De ser así, la ventaja con los neardentales es clara: las madres de nuestra especie han podido tener más prole sin coste alguno en términos intelectivos. b) Que hayamos perdido volumen y, a la vez, superficie cortical. En este caso habríamos tenido la ventaja de la mayor prole por madre, con el inconveniente de menor capacidad cognitiva. Sea como fuere, si la razón de la pérdida de masa cerebral es su alto coste, como especie parece que hemos salido ganando, aunque quizás (esto no es seguro) no seamos tan listos como podríamos ser.
    Lógicamente, lo que he escrito en la entrada parte del supuesto, válido en general aunque no necesariamente en este contexto, de que a mayor volumen cerebral (en términos relativos, porque más masa cerebral que una ballena no tiene ningún ser humano) corresponde mayor capacidad cognitiva. Pero también debo decir que hace poco he leido algo (que trataré de traer aquí) en el sentido de que la capacidad intelectual de los seres humanos experimentó un aumento significativo coincidiendo con la revolución neolítica. Si eso es así, ese aumento se produjo sin que mediase aumento ninguno del volumen cerebral.

  2. Pingback: ¿Para qué un cerebro tan grande? (Y tan caro) « Desde Chiloé

  3. Pingback: El neandertal que llevamos dentro | Ciencia y Humanismo

  4. Pingback: ¿Para qué un cerebro tan grande? (Y tan caro) | Ciencia y Humanismo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *