¿Por qué está desnudo el chimpancé desnudo?

Elaine Morgan no es una científica; es muy conocida, y respetada, como guionista de televisión, trabajo por el que ha sido premiada. Pero a pesar de no ser una científica, está muy interesada en la evolución humana y ha escrito acerca de este tema. New Scientist, en su número del 19 de septiembre de este año, la invitó a que escribiera un artículo de opinión sobre un aspecto de la biología humana que sigue sin resolverse de forma satisfactoria desde que hace siglo y medio fuera planteada la cuestión por Charles Darwin, y ese aspecto es la desnudez de nuestra especie.

Darwin opinaba que se trata de un rasgo que no es resultado de la selección natural, porque no alcanzaba a atribuirle ventaja adaptativa alguna. Según él, era un producto de la selección sexual, proceso debido al cual aparecen o se acentúan determinados rasgos en los ejemplares de uno u otro sexo, por ser objeto de predilección por parte de los ejemplares del sexo contrario. El ejemplo más llamativo, quizás, de selección sexual es la cola del pavo real. En este caso, según Darwin, la desnudez servía a las hembras de la especie para resultar más atractivas a los machos. Sin embargo, se trata de una hipótesis con mínimo respaldo en la actualidad, ya que nadie ha podido explicar cómo es posible que la nuestra sea la única especie, entre miles de mamíferos terrestres, que se ha desnudado en el curso de su evolución.

Durante buena parte del pasado siglo tuvo gran predicamento el punto de vista de un ilustre antropólogo, Raymond Dart, quien ligó la desnudez con la evolución de Homo sapiens en la sabana, medio en el que, según él, la falta de pelo sirvió para evitar el sobrecalentamiento en podían incurrir los humanos en ese nuevo medio en el que no contaban con protección frente al calor del sol. La cuestión, en este caso, es por qué la nuestra es la única especie que se desnuda como medio de disipar el exceso de calor corporal.

El ilustre paleontólogo Stephen J Gould propuso en 1977 que la desnudez podría ser un carácter neoténico, que acompañaba a otros, como la cara aplanada, los ojos grandes y la cabeza grande. Se trataría de una parte de la estrategia adaptativa que nos permitió adquirir un gran cerebro. La debilidad de la teoría es, sin embargo, que es justo antes de nacer cuando más cubiertos de pelo estamos y que los caracteres neoténicos que no nos son útiles los acabamos perdiendo a lo largo del desarrollo.

También se ha propuesto que la ausencia de pelo les pone las cosas más difíciles a los ectoparásitos. Pero de nuevo surge la cuestión de por qué entre miles de mamíferos somos la única especie que ha recurrido a esa estratagema para luchar contra los parásitos.

En 1960, la bióloga marina Alister Hardy se preguntó, en un artículo publicado en el número del 16 de marzo de New Scientist, si los seres humanos no habríamos sido acaso más acuáticos en el pasado. En aquella época la hipótesis de la adaptación térmica a la vida en la sabana era la que estaba más en boga y la posibilidad de ese pasado humano más acuático fue rechazada. Alister Hardy había basado su pregunta en la desnudez de la piel humana y en la importante presencia de grasa subcutánea. Compartimos ambos caracteres con los mamíferos marinos, razón por la que Hardy pensó que quizás en nuestro pasado tuvimos una fase semiacuática o muy ligada a medios acuáticos.

Más recientemente, y a la vista de que no parece fácil atribuir nuestra desnudez a una u otra estrategia adaptativa, las investigaciones se han dirigido a tratar de establecer en qué momento de nuestra evolución nos desnudamos. En 2004 se publicó un trabajo sobre el Mc1r, el receptor de la melanocortina, que está relacionado con el color del pelo y de la piel[1]. Los autores del trabajo estimaron que ese alelo apareció no antes de hace 1’2 millones de años, y dado que se supone que protege de los efectos de la radiación solar, hay razones para pensar que surgió cuando se produjo la pérdida del pelo. A partir de otras investigaciones sobre evolución de piojos y ladillas, hay quien opina que la desnudez es incluso anterior, y habría que remontarse a hace 3’3 millones de años para ubicarla en el tiempo.

Estas cuestiones no dan ni quitan verosimilitud a la propuesta de Hardy, pero dejan un lapso de tiempo extensísimo para poder ubicar un modo de vida acuático o semiacuático en el pasado de nuestra especie o de alguna antecesora nuestra. En todo caso, hay, según Elaine Morgan, importantes incógnitas en nuestra evolución que siguen sin resolverse: la desnudez, el bipedalismo, la grasa subcutánea, la laringe descendida, la pérdida del olfato y otras. Si resultase que dos de ellas, bipedalismo y desnudez, aparecieron a la vez, la cuestión planteada por Hardy ganaría relevancia.

Observación propia: Quizás se deba a mi ignorancia, pero me sorprende que Elaine Morgan no discuta en ningún momento la hipótesis que plantea Desmond Morris en “El mono desnudo”, trabajo en el que, si no recuerdo mal, liga la desnudez con una mayor importancia del sentido del tacto en el contexto de un aumento general de la importancia de los elementos eróticos como factores que acentúan la intensidad del vínculo en las parejas humanas. Quizás se trata de un asunto ya discutido y resuelto en la literatura especializada; no lo sé. Me viene a la cabeza que en las sociedades de bonobos las relaciones sexuales tienen una importancia enorme: cabría pensar que a los bonobos también les hubiera venido muy bien estar más desnudos de lo que lo están.


[1] Y como vimos aquí, en la entrada “Cerebros masculinos, cerebros femeninos (II)”, relacionado también con la capacidad para mitigar el dolor mediante endorfinas.

2 pensamientos sobre “¿Por qué está desnudo el chimpancé desnudo?

  1. Pingback: ¿Condicionaron las altas temperaturas la desnudez humana? | Ciencia y Humanismo

  2. Pingback: Ese mono desnudo y sudoroso | Ciencia y Humanismo

  3. Luis Nava

    Tal vez porque la publicacion es del 2009, y no considera otros hallazgos mas recientes, aunque ya accesibles en ese año, me sorpre de qje no se considere la respuesta que dan David Carrier, Dennis Bramble y Daniel Lieberman, que ademas se complementa con la idea de Louis Liebenberg de la capacidad de razonar el futuro, la geometria y las matematicas con el rastreo, acer a de que el ser humano es un maratonista natural, el mejor de la tierra, y desarrollo esa habilidad para cazar por agotamiento o caza por pesistencia, y qje perdio el pelo corporal para refrigerarse mejor durante las carreras, lo cual explica tambie la enorme antidad de glandulas sudoriparas que tiene nuestra piel.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *