Curvas femeninas de nuevo

Como vimos aquí en su día, a los hombres heterosexuales nos gustan las mujeres con una ratio cintura:cadera de 0’67.

Hagamos memoria. Ese valor da cuenta de una distribución óptima de la grasa corporal en las mujeres. Los ácidos grasos poliinsaturados, los que abundan en el aceite de oliva, las nueces y el pescado graso son esenciales para el desarrollo cerebral del feto. Durante el desarrollo femenino esos ácidos grasos se acumulan en muslos y caderas. Los ácidos grasos saturados tienden a acumularse en el abdomen y no cumplen la misma función. Por eso un índice cintura:cadera bajo, indica que se han almacenado ácidos grasos saludables y necesarios. Lo contrario ocurre cuando el índice es alto. Por todo ello, un índice cintura:cadera próximo a 0’67 es indicador de fertilidad, fecundidad, existencia de recursos para el desarrollo neuronal de la progenie y, en general, buen estado de salud en la mujer. Y por eso nos gustan más.

Pues bien, los investigadores Steven Platek y Dvendra Singh acaban de publicar un trabajo en PloS One en el que ponen de manifiesto que cuando los varones contemplan cuerpos femeninos cuyas proporciones se ajustan al valor 0’67 para el índice cintura:cadera, en sus cerebros se activan los denominados centros de “procesamiento de recompensa” (reward proccesing) y de comportamientos “ligados a los apetitos” (appetitive behaviors). En definitiva, a la constatación de que los varones heterosexuales mostramos claras preferencias por una forma corporal femenina determinada se añade ahora un correlato a esa preferencia en términos de actividad neuronal.

Es preciso aclarar que las comparaciones se realizaron entre la contemplación, por parte de los mismos varones, de cuerpos desnudos que tenían el mismo índice de masa corporal pero diferían en el índice cintura:cadera. Además, los hombres contemplaban fotos de mujeres (con su consentimiento por escrito previo) antes y después de haberse sometido a una cirugía plástica que les permitía tener el valor de la ratio cintura:cadera de 0’67, pero que no modificaba su índice de masa corporal.

También resultó significativo que las diferencias en los valores del índice de masa corporal sólo generaron activación de los centros de evaluación de la información visual de forma y tamaño. Según los autores, esto sería consecuencia de que la preferencia por uno u otro valor de BMI (índice de masa corporal) es un rasgo cultural y no ha sido objeto de selección natural, como lo habría sido la preferencia por la forma corporal femenina en lo relativo a las proporciones de cintura y cadera.

El artículo original se puede leer aquí.

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