Generocidio

El número del 6 de marzo de la revista The Economist aborda un tema que me ha llamado la atención. Nos queda lejos, y es sabido que el interés que nos suscita algo es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que nos separa de ese algo, pero a mí me ha interesado e, incluso, me ha causado una cierta conmoción personal. He utilizado para titular esta entrada el mismo término que utiliza la revista: “Gendercide”.

En un buen número de países asiáticos, algunos balcánicos y otros del área caucásica, la ratio chicos:chicas en la población juvenil e infantil excede de modo manifiesto el valor de 1’05 propio del resto del mundo. Veamos los datos: China: 1’21; Armenia y Azerbaijan: 1’17; Georgia: 1’12; Corea del Sur: 1’10; India: 1’08 (en algunas zonas alcanza el valor de 1’25); Serbia: 1’08; Bielorrusia, Bosnia, Chipre, Hong Kong y Singapur: 1’07. Salvo en Corea del Sur, donde alcanzó un valor de 1’15 hace 15 años y desde entonces no ha dejado de descender, en el resto de paises citados esa proporción sigue aumentando.

Un sinfín de decisiones individuales están conduciendo a esos países a una situación absolutamente anómala, por sus dimensiones y por sus consecuencias. En todos los casos se trata de países en los que las niñas no son bien recibidas, donde tener hijas se considera una desgracia. La excepción es Corea del Sur. En este país, como consecuencia del propio desarrollo económico y social, la situación se ha ido normalizando y a las niñas y a las jóvenes se les otorga, cada vez más, el valor que verdaderamente tienen. Eso ha permitido que nazcan cada vez más niñas.

El problema no es nuevo, aunque antes era menor. En casi todas las familias se prefería que nacieran hijos y eso, en algunos casos, conducía a infanticidios femeninos selectivos, pero el número de hijos solía ser alto, por lo que el gran tamaño de las familias permitía que hubiera niños y niñas. Pero cuando las parejas empezaron a preferir familias pequeñas, y en China se instauró la política del hijo único, el nacimiento de niñas, sobre todo si son las primeras, se percibió como un problema por parte de los padres. Además, aunque el abandono y el infanticidio selectivo no han desaparecido, el problema se ha disparado hasta el nivel en que se encuentra hoy, debido a las posibilidades que ofrecen las ecografías para los abortos selectivos. El caso de China es el más grave; a finales de los 80 la ratio niños:niñas era de 1’08; ahora, debido a la política del hijo único y a los abortos selectivos permitidos por las ecografías, ha superado el valor de 1’2. Podría hablarse, sí, de un verdadero “generocidio”.

Las sociedades en las que la proporción de sexos no está equilibrada son sociedades conflictivas. En las asiáticas el problema es aun mayor, porque en esas sociedades el matrimonio y la familia son las principales vías de integración social. En las sociedades con déficit de mujeres el tráfico de esposas es una práctica común, la violencia sexual se halla muy extendida y se producen altas tasas de criminalidad.

La solución pasa necesariamente por la elevación del valor de las chicas en esos paises. Y eso significa que se les debe proporcionar la misma educación que a los chicos, deben abolirse las leyes que impiden que las mujeres hereden propiedades e implicar a las mujeres en la vida pública, favoreciendo su incorporación a todo tipo de trabajos. El desarrollo, como ha ocurrido en Corea del Sur, ayudará a resolver el problema, pero quizás ese desarrollo llegue demasiado tarde. Las autoridades de los paises concernidos deben actuar antes y lo deben hacer en el sentido de que a las mujeres se les reconozcan, en la práctica, los mismos derechos que a los chicos. Porque es, en última instancia, un problema de derechos humanos.

3 pensamientos sobre “Generocidio

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