¿Condicionaron las altas temperaturas la desnudez humana?

Hasta ahora se había pensado que durante el Plioceno y el Pleistoceno, épocas claves en la evolución de los homínidos, el este de África era una zona boscosa y relativamente fresca, o al menos más arbolada y fresca que en la actualidad. En esa zona han aparecido importantes restos de homínidos, y aunque en la actualidad es muy cálida y seca, se pensaba que antes el clima era bastante menos riguroso que lo es hoy. Por ello, siempre se había pensado que las condiciones climatológicas bajo las que evolucionaron nuestros antepasados eran más favorables  que las actuales.

Pero ese punto de vista está en cuestión a tenor de un trabajo publicado por Pasey y colaboradores en la edición temprana de la prestigiosa revista científica PNAS. El análisis de la composición isotópica de carbono y oxígeno de suelos fósiles de diferentes periodos prehistóricos se puede utilizar para estimar las temperaturas a que se encontraban los suelos en esos periodos. A partir de la presencia relativa de enlaces 18O-13C en carbonatos minerales de suelos fósiles, se ha podido estimar que aquellos suelos se han encontrado expuestos con frecuencia a temperaturas superiores a 30ºC y, en ocasiones, superiores a 35ºC. Gracias a esas estimaciones se piensa que el lago Turkana, por ejemplo, ha sido uno de los lugares más calientes del planeta durante los últimos 4 millones de años. Y de ser ciertas estas determinaciones, se puede deducir que los homínidos han habitado zonas de condiciones climáticas muy severas durante una parte muy importante de su evolución.

La cuestión tiene su importancia, pues es preciso tener en cuenta ese dato a la hora de valorar las condiciones bajo las que tuvo lugar la evolución de los homínidos en esas zonas. Y por lo mismo, es importante tenerlo en cuenta para interpretar algunos de los rasgos más genuinos del conjunto de los humanos (tribu Hominini). Según los autores del trabajo, a la postura erguida y al bipedismo puede atribuirse un especial valor adaptativo, ya que permite reducir de forma considerable la carga de calor bajo condiciones de intensa radiación solar. La razón es que esa postura expone al organismo a menor radiación que la que reciben los primates que se desplazan haciendo uso de las cuatro extremidades; además, la mayor lejanía del suelo de los homínidos tambien reduce la ganacia de calor procedente de la radiación desde el suelo.

Del mismo modo, otros caracteres derivados, como la piel desnuda y la sudoración, fueron quizás de gran valor adaptativo. La piel desnuda facilita la disipación de calor. Es cierto que también puede facilitar el fenómeno opuesto, su ganancia, pero ese riesgo se evita por medio de la sudoración, al permitir la pérdida de calor gracias a la evaporación del sudor.

Los autores del trabajo no pretenden atribuir al factor térmico en exclusiva la evolución del bipedalismo, la desnudez y la sudoración, pero proponen que pudo ser uno de los factores que determinaron esos rasgos. Apoyarían así la ya clásica hipótesis del conocido antropólogo Raymond Dart, a la que hice mención en una entrada anterior, titulada, precisamente “¿Por qué está desnudo el chimpancé desnudo?” y en la que abordé estas cuestiones con cierto detenimiento.

Es curioso comprobar cómo una y otra vez se especula acerca de la razón de nuestra desnudez, porque lo cierto es que esa desnudez es uno de los rasgos más conspicuos y genuínos; esto es, en una perspectiva comparada, es uno de nuestros rasgos más extraños.

Referencia: Benjamin H. Passey, Naomi E. Levin, Thure E. Cerling, Francis H. Brown y John M. Eiler (2010): “High-temperature environments of human evolution in East Africa based on bond ordering in paleosol carbonates” (edición temprana en Proceedings of the National Academy of Sciences)

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