¿Tienen más hijos las personas atractivas?

Pues según un estudio realizado por un investigador finlandés en los Estados Unidos, es muy posible que así sea. En teoría evolutiva, el atractivo físico se ha solido relacionar con las tácticas y preferencias de emparejamiento, porque se ha asumido que tal atractivo es un buen predictor del éxito reproductor. Sin embargo, sorprendentemente, hay muy pocos estudios relacionando ambas variables, quizás porque no es sencillo recabar la debida información al respecto, sobre todo la relativa al éxito reproductor.

En algún pueblo de cazadores-recolectores se ha observado que existe correlación entre el atractivo físico y la fecundidad (en mujeres ache o guajaki, en concreto), lo que quizás es muestra de que en ese tipo de culturas existe esa relación. Por otro lado, existen también evidencias indirectas de que en las sociedades industriales el atractivo físico podría contribuir al éxito reproductor. Se sabe que, en general, las personas atractivas son más activas sexualmente, se emparejan con más facilidad, tienen una fisiología reproductiva más sana (mayor fertilidad) y en el caso de los varones, un semen de mayor calidad.

Sin embargo, también hay razones para pensar que quizás en las sociedades industriales las cosas pueden ocurrir de otra forma. Al fin y al cabo, cada vez se ha extendido más el uso de métodos anticonceptivos, con lo que la reproducción ha pasado a depender menos de factores estrictamente fisiológicos. Y en lo que se refiere al atractivo, también hay una facilidad creciente para modificar, cosmética o deportivamente, el atractivo de las personas (el recurso a la cirugía es mucho más reciente).

Estos fueron los elementos que valoró Markus Jokela, de la Universidad de Helsinki, cuando decidió investigar esta cuestión a partir de datos correspondientes a ciudadanos norteamericanos del estado de Wisconsin (EEUU). Los datos en cuestión procedían de un conjunto de 1.244 mujeres y 997 hombres nacidos entre 1937 y 1940.  De todos ellos se disponía de fotos tomadas a los 18 años de edad y también se conocía el número de hijos biológicos que habían tenido hasta 1993 (cuando contaban entre 53 y 56 años).

Las fotos fueron utilizadas para valorar el atractivo de los individuos investigados, tarea que realizaron, con cada foto, seis mujeres y seis hombres de la misma generación que las personas cuyo atractivo se valoraba. A cada individuo se le asignó un valor entre 1 (mínimo atractivo) y 11 (máximo atractivo). Se establecieron los cuartiles, de manera que se clasificó a los individuos como muy atractivos, atractivos, poco atractivos y nada atractivos, dependiendo, lógicamente, de si se encontraban en el primer, segundo, tercer o cuarto cuartil.

Una vez analizados los datos, resultó que el éxito reproductor sí estaba relacionado con el atractivo de los individuos cuando eran adolescentes. Con más detalle, se observó que, en general, las personas más atractivas se emparejaban antes, con lo que el periodo total de emparejamiento era algo más largo. En el caso de las mujeres, las muy atractivas tuvieron un 8%  más y las atractivas un 16% más de hijos que las mujeres de los dos cuartiles más bajos (menos y nada atractivas), que tenían un número muy similar de hijos. Eso era debido a que, por un lado, las mujeres atractivas y muy atractivas (las de los dos cuartiles superiores) tenían una mayor probabilidad de emparejarse que las poco o nada atractivas y, por el otro, en las que se emparejaban, era más probable que llegaran a tener un segundo hijo. Curiosamente, la diferencia entre las mujeres atractivas y las muy atractivas se debía a que las muy atractivas no solían tener más de dos hijos, mientras que las atractivas tenían más tendencia a tener tres o más hijos. Además, en las muy atractivas el intervalo de tiempo que transcurría entre el nacimiento de los hijos era en general más largo. Jokela cree que en el caso de estas mujeres muy atractivas quizás se producía una apuesta por una progenie no más numerosa, sino de mayor calidad, lo que también debe considerarse como mayor éxito reproductor, aunque a mí me parece una explicación un tanto alambicada.

En el caso de los hombres la diferencia la marcaron los nada atractivos, que tuvieron menos hijos que los demás (un 13% menos).

Creo que no se cuenta con suficientes elementos de juicio como para poder interpretar sin ambigüidades estos resultados, aunque en todo caso, me parecen reseñables. Por las razones dadas al principio, podría pensarse que la relación observada en pueblos cazadores-recolectores y los elementos determinantes de tal relación no tendrían por qué actuar en una sociedad industrial. Pero al parecer actúan, al menos alguno de ellos y quizás de forma atenuada. Lo cierto, además, es que se produce una cierta selección direccional, -no muy intensa-, hacia individuos más atractivos. Y cabe pensar, por lo tanto, que en el pasado, bajo otras condiciones (sin técnicas para mejorar el atractivo y para controlar la fecundidad), esa selección actuaba de forma más intensa. Así, uno no puede dejar de pensar que antes las gentes eran, en general, menos atractivas que ahora y que la especie, también en ese aspecto, no ha dejado de mejorar. 🙂

Referencia: Markus Jokela (2009): “Physical attractiveness and reproductive success in humans: evidence from the late 20th century United States”. Evolution and Human Behavior, vol. 30: 342–350.

6 pensamientos sobre “¿Tienen más hijos las personas atractivas?

  1. José Luis Ferreira

    Se me ocurre que en el caso de los hombres, habría que añadir la posición económica. Creo recordar que es lo que marca claramente el éxito de emparejamiento. Si lo anterior es cierto, este nuevo estudio nos vendría a decir que, o bien (i) si se es muy feo el dinero no resuelve el encontrar pareja o bien (ii) si se es muy feo no se consigue dinero y, por tanto, tampoco pareja.

  2. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

    Tienes razón, José Luis, pero si no estoy equivocado (y te respondo sin consultar la fuente original, aunque recordando lo leído) el análisis incluía el estudio del estatus socioeconómico, y en los resultados descuentan ese efecto.

  3. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

    Yo no sería tan taxativo. Además, una parte de la ecuación es encontrar pareja y otra es cuántos hijos se tienen, y en este segundo aspecto lo de la fealdad igual no es baladí.

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