¿Carne por sexo?

De acuerdo con una hipótesis bastante aceptada los chimpancés machos comparten carne con las hembras en celo a cambio de poder aparearse con ellas. La carne es un producto de especial valor nutricional para los chimpancés y por eso se considera una valiosa mercancía. A la hipótesis citada se la denomina “carne-por-sexo” y su formulación original es la siguiente: “el desempeño cazador de los chimpancés puede ser objeto de selección sexual en relación con la obtención o el control de carne como forma de obtener cópulas adicionales de las hembras en celo que participan en la partida de caza” (Stanford, 1996). Muchos primatólogos consideran que se trata de un fenómeno bien establecido y de hecho, ha sido la base de numerosas especulaciones acerca de la evolución de la sexualidad humana.

En la especie humana, el intercambio de alimentos por sexo está bien documentado en numerosas sociedades. Y también lo está en otras especies no primates. Por eso hay interés en dilucidar esta cuestión en primates no humanos, porque de esa forma se puede rastrear si en nuestro pasado evolutivo ha habido antecedentes de ese comportamiento. Es como si se quisiera “justificar” un comportamiento considerado “inadecuado” en la cultura occidental sobre la base de unos presuntos antecedentes evolutivos.

Para que el comportamiento de “carne-por-sexo” tenga sentido, debe cumplirse la condición de que las hembras sean reticentes a emparejarse (copular) con ciertos machos y que esas reticencias puedan ser salvadas mediante el ofrecimiento de carne. Pero al parecer las hembras de chimpancé no suelen ser reticentes a copular con los machos. De hecho, las hembras prácticamente nunca se niegan a copular con un macho que se lo solicita. Sólo se niegan a copular hembras estériles, las tías maternas del macho, o las que son intimidadas por otros machos. Y por otro lado, se sabe que las chimpancés prefieren copular con numerosos machos antes que copular muchas veces con un único macho.  [¡No saben nada las chicas chimpances! ;-)]

Pero además, resulta que la promiscuidad tiene sus ventajas. Por un lado confunde la paternidad, y eso es bueno para la hembra, porque al no conocerse la identidad del padre de los retoños, minimiza mucho el riesgo de infanticidio. Por otro lado, promueve la competencia espermática, por lo que mejora la probabilidad de dotar de buenos genes a la progenie; esto es, copulando con varios machos durante el periodo de celo, los espermatocitos de esos compiten entre sí por fecundar el óvulo, por lo que cabe suponer que el que lo logra corresponde a un macho de “alta calidad genética”. El fenómeno de la competencia espermática está bien documentado en numerosas especies, y ha podido jugar un papel muy importante en la especie humana (“La conjura de los machos”, Ambrosio García Leal). Y por último, la promiscuidad aumenta la probabilidad de que la hembra sea fecundada durante el periodo fértil.

En los chimpancés el rango jerárquico es muy importante. Los machos compiten, peleando, por acceder a las hembras en celo. Y también recurren a la fuerza para atacar a las hembras y evitar que copulen con otros machos. Por eso, la elección de la hembra no parece ser un factor relevante para copular, y por ello, no parece muy verosímil que se produzcan los intercambios de carne por sexo en los téminos antes expuestos.

Un estudio reciente ha combinado observaciones directas con un análisis exhaustivo de la bibliografía. Del análisis, los autores concluyen que sólo en uno de los trabajos se han obtenido resultados estadísticamente significativos a favor de la hipótesis de “carne-por-sexo” (Stanford et al, 1994). Del resto, así como de sus propias observaciones, no se puede concluir tal cosa. Y sustentan esa conclusión en cuatro resultados negativos: (1) La presencia de hembras receptivas en las partidas de caza no aumenta la probabilidad de éxito en la caza. (2) Los machos que se cobran alguna pieza no comparten la carne con las hembras en celo de forma preferente. (3) Tampoco comparten los machos carne con hembras especialmente fértiles. Y por último, (4) los machos no mejoran sus posibilidades de copular a corto plazo por el hecho de compartir carne con las hembras.

Es de suponer que este tema seguirá siendo motivo de investigación y de controversia. Pero en todo caso, el comportamiento de los chimpancés, por interesante que nos resulte, no deja de ser el comportamiento de unos primates bajo unas condiciones ambientales y una presiones selectivas que poco tienen que ver con las que han incidido en la evolución humana. Por eso, si en la especie humana, o en determinadas culturas al menos, se produce el intercambio de sexo por alimentos, ello deberá interpretarse en el contexto ambiental e histórico propio de las sociedades en las que se produzca. Y claro, no conviene hacer extrapolaciones fáciles, ni tampoco lo contrario.

Nota: no se ha aludido aquí a un estudio (publicado en PLOS One en 2009) en el que se documenta un caso en el que sí se produce el intercambio en cuestión, pero no a corto plazo, sino a largo. Las implicaciones teóricas son diferente y esa es la razón por la que he preferido no incluirlo en la discusión.

Fuente:

Ian C. Gilby, M. Emery Thompson, Jonathan D. Ruane, Richard Wrangham (2010): “No evidence of short-term exchange of meat for sex among chimpanzees”. Journal of Human Evolution, 59: 44–53. (doi:10.1016/j.jhevol.2010.02.006)

Referencias citadas:

Stanford, C.B., Wallis, J., Mpongo, E., Goodall, J. (1994): “Hunting decisions in wild chimpanzees”. Behaviour 131, 1–18

Stanford, C. (1996): “The hunting ecology of wild chimpanzees: implications for the evolutionary ecology of Pliocene hominids”. Am. Anthropol. 98, 96–113.

2 pensamientos sobre “¿Carne por sexo?

  1. Chicas

    Otra información curiosísima ahora que sale a la luz el sexo que practicaban los habitantes de atapuerca. Cuando una piensa que tiene una idea sobre lo que le rodea sales cosas que realmente te dejan anonadada.
    Felicidades por la notica.
    Un beso de Lulu

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