Inopinada relación entre crianza y desempeño sexual

Eje hipotálamo-hipófisis-gónadas

Desde hace tiempo se piensa que hay rasgos humanos, -no sólo físicos, sino también de comportamiento-, que pueden estar determinados por las condiciones ambientales que experimentó el individuo durante las semanas anteriores al parto y los primeros meses de vida. Y entre esos rasgos se encuentran aquellos ligados a la actividad sexual y, en conjunto, al esfuerzo reproductor que se desarrollará posteriormente a lo largo de la vida.

El mecanismo mediante el que se podría producir ese condicionamiento es relativamente sencillo. Es perfectamente posible que el entorno nutricional y hormonal a que se ve expuesta una persona durante el periodo prenatal y los primeros meses tras el nacimiento, afecte a su patrón de crecimiento posterior, su metabolismo durante la etapa de adulto y su fisiología hormonal. Y por otra parte, esos efectos pueden resultar útiles en la medida que permitan modificar las demandas metabólicas y los consiguientes requerimientos nutricionales en función de los cambios en las condiciones ambientales que puedan producirse entre unas generaciones y otras.

En los varones humanos, el eje hipotálamo-hipófisis-gónadas[1], es un buen candidato a intervenir en este tipo de ajustes del desarrollo. Ese eje es responsable de la asignación de recursos al crecimiento y del mantenimiento de un carácter de acusado dimorfismo sexual como es la masa muscular. Incide, además, en el comportamiento reproductivo. La testosterona, una hormona con funciones múltiples, pero muy relacionada con el crecimiento, la actividad sexual y el carácter (el grado de “masculinidad” del comportamiento), depende de ese eje y es sabido que en diferentes especies de mamíferos, las condiciones nutricionales durante el periodo fetal y las primeras semanas o meses de vida pueden modificar su producción y niveles circulantes en el organismo.

En un estudio de larga duración (empezó en la década de los ochenta) y de reciente publicación se ha evaluado el efecto de las condiciones nutricionales durante los primeros seis meses de vida sobre determinados rasgos relativos a la estrategia reproductiva y al denominado “ciclo de vida” en una cohorte de jóvenes filipinos. Se utilizó, como indicador de las citadas condiciones nutricionales, la tasa de crecimiento durante esos seis meses. La elección de ese periodo de la vida como variable predictora se debe a que esos meses son clave en el desarrollo y configuración del eje hormonal “hipotálamo-hipófisis-gónadas”, del que, como se ha dicho, dependen en gran medida los rasgos estudiados. Se supone que la plasticidad de ese eje es la responsable de la variabilidad que pueda darse en los rasgos que dependen de él y que, a su vez, las condiciones nutricionales durante los primeros meses de vida condicionan sus niveles de actividad a largo plazo.

En síntesis, en el trabajo se ha observado que los individuos con mayor crecimiento durante ese periodo inicial de la vida tienen más testosterona en la sangre, son más altos, tienen más masa muscular, más musculatura en los brazos, y mayor consumo de alimento a la edad de 22 años. Además, alcanzan antes la madurez sexual y empiezan antes a practicar sexo también, por lo que acaban teniendo más parejas sexuales a lo largo de la vida.

Esa asociación puede obedecer a motivos muy diferentes. No cabe descartar lo que se conoce como efectos pleiotrópicos. Ya me referí aquí a dichos efectos en otra ocasión, y se trata, básicamente, de un mismo gen ejerza efectos múltiples, en más de un carácter fenotípico. Sin embargo, los autores del trabajo no creen que sea el caso, pues afirman que no hay ninguna evidencia de que la tasa de crecimiento que se produce bajo condiciones limitantes sea un rasgo heredable. [Excurso: Yo no comparto esa idea, porque no creo que se haya comprobado con rigor ese supuesto y, además, pienso que la eficiencia metabólica sí es un rasgo heredable y sospecho que bajo condiciones limitantes esa eficiencia determina en gran medida la tasa de crecimiento.]

Por otro lado, como ya he señalado, el número total de parejas sexuales es mayor en los individuos con más rápido crecimiento tras  el nacimiento, pero eso no es sólo debido a que maduren sexualmente antes y a que tengan antes sus primeras relaciones sexuales. Al parecer, también tienen un comportamiento sexual más activo, lo que sugiere que, sean cuales fueren las bases fisiológicas de este conjunto de relaciones, existe un nexo de unión entre ese comportamiento y la mejor condición nutricional en las primeras etapas de la vida. Dicho de otra forma, una buena crianza conduce, por lo visto, a mayor actividad sexual en la edad adulta, o cuando menos, una y otra mantienen algún tipo de vínculo.

En definitiva, la condición nutricional durante los primeros meses de vida, a través quizás de su incidencia en la función de un sistema hormonal, podría determinar el nivel de esfuerzo reproductor que se desarrolla a lo largo de la vida. Y ese esfuerzo tiene diferentes componentes, pues incluye, además de las variables que determinan la actividad sexual, los recursos que se destinan a formar la masa muscular.

Fuente: Christopher W. Kuzawa, Thomas W. McDade, Linda S. Adair y Nanette Lee (2010): “Rapid weight gain after birth predicts life history and reproductive strategy in Filipino males” PNAS 107 (39): 16800-16805


[1] El sistema hipotálamo-hipofisario se encuentra íntimamente ligado al encéfalo y es el encargado de regular un buen número de funciones vegetativas. Una de las vías de actuación es la que la incide sobre los órganos sexuales para estimular la liberación de esteroides sexuales, como la testosterona.

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