El dinero no da la felicidad….. a los ricos

¿Depende la felicidad del bienestar económico? ¡Cuántas veces nos hemos preguntado esto en conversaciones entre amigos! La respuesta suele ser que no, aunque siempre hay quien añade eso de que aunque el dinero no da la felicidad, no se da mala maña en procurarla. El caso es que Daniel Kahneman y Angus Deaton, de la Universidad de Princeton, han investigado este asunto. Han utilizado para ello una base de datos con los resultados de las 450.000 encuestas hechas por la Organización Gallup a ciudadanos estadounidenses entre 2008 y 2009, para elaborar el “Índice de Bienestar Gallup-Healthways”.

Según los autores, es preciso distinguir entre dos conceptos diferentes. Uno es el de bienestar emocional (también denminado en ocasiones bienestar hedonista o felicidad experimentada), y se refiere a la calidad emocional de la experiencia cotidiana de una persona, esto es, a la frecuencia e intensidad de experiencias de afecto, diversión, fascinación, ansiedad, tristeza, estrés, preocupación y enfado, que hacen la vida agradable o desagradable. Se evalua preguntando por la presencia de esas experiencias en el día de ayer. Y el otro es el de la evaluación de la vida propia, que se refiere a lo que piensa una persona acerca de su vida. Ambos aspectos han de ser considerados a la hora de evaluar el bienestar subjetivo de la gente. Éste se evalua a partir de las calificaciones numéricas que dan las personas encuestadas para evaluar su vida, y que se encuentran entre el 0 que indica la peor vida posible y el 10 que indica la mejor.

Un elemento en el que hacen hincapié los autores se refiere a la conocida como ley de Weber-Fechner. Esta es una ley desarrollada en el campo de la psicología, aunque también tiene su ámbito de aplicación en fisiología sensorial. No voy a enunciar la ley en términos científicos, sino que me limitaré a describir sus consecuencias en lo relativo a esta cuestión: 1.000 € más de ingresos no ejercen el mismo efecto si de esa subida se beneficia alguien que gana 10.000 € o si es alguien que gana 100.000 €. Supongo que se entiende bien la idea.

Para simplificar el análisis, los autores definieron un “estado emocional positivo” (“positive affect”) a partir de tres items (felicidad, diversión y frecuencia de sonrisas y risas) y otro “estado de tristeza” (“blue affect”) a partir de dos items (preocupación y tristeza). Los datos de estrés fueron analizados de forma independiente. Y la evaluación de la vida la midieron utilizando la escala antes citada.

Curiosamente, aunque las variables de estado emocional están correlacionadas con la evaluación de la vida, -como es lógico y se esperaba-, la correlación es baja. Así pues, aunque uno piense que tiene una buena vida, ello no implica que, como consecuencia, se sienta especialmente bien; sí se siente bien, pero sólo hasta cierto punto. O sea, que una cosa es tener una buena vida y otra sentirse bien en la vida. En lo sentirse bien o mal, ser más o menos feliz, inciden cuestiones tales como el estado de salud, la situación familiar, el amor, la soledad o compañía, y otras, y lo hacen como cabría esperar.

Y en lo relativo al efecto de los ingresos, o sea, a si efectivamente el dinero compra o no la felicidad, se extraen conclusiones diversas. Por un lado, está claro que cuanto mayores son los ingresos mejor es la evaluación de la vida, aunque aquí es de aplicación lo que antes he señalado acerca de la ley de Weber-Fechner: cuanto más altos son los ingresos, las mejoras en la percepción de la calidad de vida asociadas a mayores ingresos son cada vez de menor entidad. En lo que se refiere al efecto del bienestar económico sobre los estados emocionales positivo o de tristeza, parece haber un umbral. Si los ingresos son superiores a unos 75.000 $ anuales, no se experimenta ni mayor ni menor felicidad por ganar más o menos. Sin embargo, por debajo de esa cantidad umbral, mayores o menores ingresos sí inciden en el estado emocional. Se comprueba, sobre todo, que cuanto menores son los ingresos, más frecuentes son los estados de “tristeza”, y también afectan a la percepción de estrés.

Como conclusión general, los autores indican que una cosa es la evaluación de la vida de una persona y otra el grado de satisfacción con ella. La primera, la evaluación, está muy condicionada por el estatus socioeconómico, mientras que la segunda, la satisfacción, incorpora además elementos emocionales diversos en los que influyen los factores antes citados.

Por último, no quiero acabar sin aludir aquí a algo a lo que me he referido en otra ocasión (El colega que decidió ser feliz). Hace ya tiempo escribí aquí acerca del optimismo, y de su condición de rasgo innato. Ese es un elemento que no debe perderse de vista, porque hay personas que ganen lo que ganen y tengan la vida que tengan, siempre se sentirán insatisfechas. Y lo contrario también es cierto.

Fuente: Daniel Kahneman y Angus Deaton (2010): “High income improves evaluation of life but not emotional well-being” Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 107: 16489-16493 (DOI: 10.1073/pnas.1011492107)

Nota: creo que este artículo es de libro acceso; quien esté interesado en leerlo, puede seguir el enlace de la fuente.

7 pensamientos sobre “El dinero no da la felicidad….. a los ricos

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  3. Io

    Interesante comentario de un interesante estudio con un titulo algo tramposillo…., dicho sea con toda simpatía.

    Siempre me ha sorprendido la vivacidad de la mirada de niños que andaban casi mendigando. Y sus amplias y no fingidas sonrisas. ¿Muestras de felicidad?

    Recuerdo un cartel publicitario que me llamó la atención durante meses. Era de un despacho de abogados especializado en reclamaciones de cantidad por accidentes y mala praxis médica y su lema era precisamente “El dinero no da la felicidad…pero ayuda a conseguirla”.

    Voy a leer lo que escribió sobre el optimismo. No tengo claro que sea innato, ni que no lo sea.

    Saludos.

  4. Io

    No es por fastidiar la entrada, es sólo que no sé cómo hacerle llegar los enlaces que pondré, aunque cabe que carezcan de toda utilidad para usted.

    Me salió al paso algo sobre células madres y sobre los fraudes que se están montando a su alrededor.
    Nada sé ni sobre las células madres ni sobre los fraudes, pero he pensado que usted, probablemente, sigue de cerca esa línea de investigación, así que le sonará el nombre que se cita como uno de los investigadores punteros en ese ámbito:
    Irv Weissman de Stanford, que es el director de la Sociedad Internacional de Investigación con Células Madre (ISSCR), y está muy involucrado en la problemática de los tratamientos fraudulentos. De hecho la ISSCR ha creado una web donde puedes hacer consultas sobre clínicas sospechosas”.

    Todo está sacado de Pere Estupinya.

    Fuentes:
    http://www.isscr.org/
    http://stemcell.stanford.edu/about/leadership.html
    http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/pestupinya

    Saludos.

  5. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

    Hola IO
    El título quizás sea tramposillo, pero no es mentiroso.
    Creo que la distinción que maneja este trabajo entre bienestar emocional y valoración de la vida es útil.
    Y ya me dirá lo que opina del optimismo. Yo lo tenía claro antes de leer cosas de neurotransmisores. A mi alrededor siempre ha habido pesimistas y optimistas. Y todos ellos viven bastante bien.
    Saludos.

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