Engorilamientos innatos

Quizás no nos golpeamos el pecho como un gorila, pero puestos a exteriorizar un sentimiento de triunfo cuando toca, tampoco nos quedamos atrás: sonrisa amplia, cabeza ligeramente hacia atrás, pecho abultado, brazos arriba y puños cerrados. Y cuando toca lo contrario, también suelen ser muy claras las señales, aunque algo más discretas: cabeza baja y hombros caídos. Atletas, niños tras la pelea o políticos tras conocer los resultados de unas elecciones, todos ellos muestran, en mayor o menor medida, esos signos dependiendo de si se ha salido ganador o perdedor.

¿Son innatas esas exhibiciones? ¿O las aprendemos? Y si son innatas, ¿qué sentido tienen?

Muy probablemente son exhibiciones cuyos gestos no necesitan ser aprendidos. Si uno se fija en lo que hacen los atletas que participan en unos juegos olímpicos, verá que no importa de qué nacionalidad se sea. Orientales y occidentales, africanos y europeos, musulmanes y cristianos, todos ellos realizan despliegues similares. Claro que, -habrá quien piense-, eso puede haberse aprendido viendo la televisión. ¿Cómo podemos saber si eso es efectivamente innato?

Seguramente no es posible hacer afirmaciones tajantes al respecto, pero hay quien se ha ocupado de estudiar este asunto evaluando fotografías de atletas que han resultado vencedores y perdedores en competiciones deportivas. Y lo ha hecho, además, con gentes de diferentes procedencias geográficas y culturales. Los resultados del estudio fueron muy claros: todos los ganadores exhibían un comportamiento similar que incluía los gestos de orgullo referidos al principio. Los perdedores no realizaban un despliegue tan amplio, pero sí mostraban algunos de los gestos esperables en una persona avergonzada. Y lo que es más significativo: los despliegues acompañantes del orgullo de la victoria eran los mismos con independencia de la procedencia de las personas. La única diferencia entre individuos procedentes de unas y otras culturas consistió en que en caso de derrota, los atletas de culturas más individualistas (occidentales), atenuaban los gestos propios de esa situación, lo que es acorde con normas culturales que estigmatizan los signos externos de la vergüenza en nuestras sociedades.

Todavía habrá quien piense que todos esos comportamientos han podido ser aprendidos. Para quienes así lo crean, van estas líneas: los resultados fueron prácticamente idénticos cuando los atletas eran ciegos, incluídos ciegos de nacimiento. La única diferencia entre los ciegos y los videntes consistió en que los ciegos de procedencia occidental no atenuaban los gestos de vergüenza en la misma medida que los atletas de la misma procedencia que sí veían, lo que reafirmaba el carácter cultural de esa atenuación de los signos de la derrota.

Así pues, esos despliegues son muy probablemente innatos, y en nuestro pasado evolutivo cumplieron una función importante: los signos de victoria sirvieron para advertir a los demás de que quien los ejecutaba era un individuo poderoso al que era mejor no desafiar, y los de derrota daban fe de una cierta sumisión. Tanto unos como otros eran muy valiosos en sentido adaptativo, pues seguramente gracias a ellos se evitaron muchos conflictos con los consiguientes daños, -incluidos mortales-, que se hubieran podido derivar para algunos de los contendientes.

Fuente: Jessica L. Tracy y David Matsumoto (2008): “The spontaneous expression of pride and shame: Evidence for biologically innate nonverbal displays.” PNAS 105 (33): 11655-11660

3 pensamientos sobre “Engorilamientos innatos

  1. Pingback: ENGORILAMIENTOS | Esther Zorrozua

  2. Pingback: Engorilamientos innatos

  3. El PaleoFreak

    Se me ocurren dos cosas:
    -Un comportamiento puede ser igual en gente de todas partes e incluso en ciegos, sin ser necesariamente innato en el sentido de “cableado en el cerebro por los genes”. Puede que exista una tendencia a aprender ese gesto universalmente que no dependa ni de la cultura ni de la imitación. Por ejemplo (se me ocurre) imagínate que es un abrazo “evolucionado”, un gesto derivado del hecho de abrazar a otros cuando estás feliz.

    -La hipótesis del gesto innato sería más sólida (MUY sólida) si encontráramos la misma expresión en los primates cercanos. ¿Los grandes simios hacen lo mismo cuando “triunfan”? Me da que no. Apostaría un poco más por los gestos de derrota o de vergüenza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *