¿Andando o corriendo?

Los san son de los pocos pueblos cazadores que existen

Hasta hace poco tiempo se pensaba que los seres humanos no tenemos una velocidad óptima de carrera. Se considera velocidad óptima aquella a la que se produce el menor gasto de energía por unidad de longitud recorrida. Esto no es algo en absoluto trivial. Tuvo gran importancia en nuestro pasado y quizás sigue siendo importante para los pocos pueblos cazadores que quedan en el planeta. En algunas modalidades de caza es necesario hacer largos desplazamientos y son modalidades que han tenido gran importancia en nuestra historia como modo de conseguir alimentos cárnicos.

De no haber una velocidad óptima de carrera, el gasto energético no sería un criterio a la hora de optar por una u otra velocidad al correr. Y eso es algo que, al menos en teoría, tiene importantes consecuencias. Si la velocidad no incide en el gasto energético (por unidad de longitud recorrida), el cazador podría optar por cualquier velocidad, -dentro de las físicamente posibles, claro está-, al perseguir a la presa, sin que ello tuviese consecuencias energéticas. Así pues, en ese caso el cazador debiera correr a una velocidad que estuviese lo más alejada posible de la velocidad óptima de la presa, ya que ésta se fatiga comparativamente más si ha de correr a velocidades subóptimas. Si no hay una velocidad óptima, los cazadores podrían desplegar tácticas de caza mucho más flexibles; por eso es importante la cuestión.

Pero al parecer, y de acuerdo con un trabajo publicado hace un par de años, los seres humanos sí tenemos una velocidad óptima de carrera. Según el trabajo citado, la velocidad óptima de los hombres es de 3’7 m s-1 (13’3 km h-1) y la de las mujeres de 2’9 m s-1 (10’4 km h-1). Las razones de esta diferencia no están claras, pero podría deberse a la diferente longitud de las piernas de hombres y mujeres, ya que hay una correlación significativa entre la velocidad óptima y la talla (R = 0’77, p = 0’024).

A tenor de lo anterior, un ser humano que practique caza de duración prolongada deberá valorar dos factores a la hora de optar por una u otra velocidad, por un lado el gasto en que incurre él al correr y, por el otro, aquél en que incurre la presa. Según datos recogidos en pueblos cazadores actuales, los individuos que practican hoy caza de larga duración recorren en promedio 27’8 km en cada partida y, haciendo los correspondientes cálculos, se puede estimar que, a velocidad óptima, un varón gasta 1.800 kcal (7.531’2 kJ) en recorrer esa distancia corriendo y podría llegar a las 2.100 kcal (8.786’4 kJ) si lo hiciese a velocidades subóptimas. La velocidad promedio en las partidas de caza de larga duración de los pueblos cazadores actuales es de 1’72 m s-1 (6’2 km h-1) y la modalidad de locomoción más utilizada es la marcha (andando), lo que resulta evidente a la vista de una velocidad media tan baja. Bajo esas condiciones gastan 1.600 kcal (6.694’4 kJ) (claramente menos que si toda la partida la hiciesen a la carrera), porque 1’72 m s-1 no es la velocidad óptima de la marcha. De acuerdo con las autoras del trabajo, a velocidad óptima de marcha (aunque no dicen cuál es esa velocidad), el gasto sería de 1.400 kcal (5.857’6 kJ). De lo anterior se deduce que los cazadores andan durante la mayor parte del tiempo, -y quizás lo hacen a velocidades próximas al valor óptimo de marcha-, que supongo será de alrededor de 1’4 m s-1 (unos 5 km h-1), y cada cierto tiempo correrán, quizás a esos óptimos 3’7 m s-1. Según mis cálculos, y si la velocidad óptima de marcha de 5 km h-1 es correcta, un 90% del tiempo andan y un 10% del tiempo corren, y seguramente, a velocidades óptimas en ambos casos.

Para valorar debidamente estos datos ha de tenerse en cuenta que el consumo (absorción) diario total de energía de Homo sapiens viene a ser, aproximadamente, de 2.500 kcal (10.460 kJ). A la vista de lo anterior, la energía que se gasta en una partida de caza de larga duración varía considerablemente dependiendo de la modalidad de locomoción que se utiliza y de la velocidad a la que se desplazan los cazadores. Si tenemos en cuenta que el balance energético total puede condicionar la supervivencia, se deduce fácilmente que elegir la velocidad adecuada puede tener gran importancia. Debe repararse en el hecho de que si se dispone de 2.500 kcal día-1, y se gastan 1.600 kcal día-1 en la partida de caza, el margen que queda es de tan solo 900 kcal día-1, un estrecho margen si la partida no tiene éxito o si hay que afrontar periodos de escasez.

Finalmente, está la cuestión de la velocidad de las presas potenciales. Se sabe que en los mamíferos cuadrúpedos la velocidad óptima es distinta para cada modalidad de locomoción, -marcha, trote y galope-, y por otro lado, las velocidades óptimas son muy diferentes en unas especies y en otras, pero, como ocurre en la especie humana, la velocidad óptima de los animales grandes es mayor que la de los más pequeños. Como consecuencia de ello, si se desea atrapar presas más grandes, hay correr más rápido que para atrapar piezas de menor tamaño, lo que puede obligar a correr a velocidades alejadas de la velocidad óptima. El gasto energético se eleva así de forma considerable, pero a cambio, si se consigue cazar una gran pieza, puede obtenerse un gran beneficio.

De todo lo anterior se desprende una consecuencia práctica que no tiene nada que ver con la caza. Si una persona desea hacer un ejercicio aeróbico para mantener en buenas condiciones el sistema vascular y mantener a raya la tendencia actual al sobrepeso, tiene dos opciones, correr o andar. Corriendo se gasta más, pero no son infrecuentes los poblemas en las rodillas. Andando se gasta menos, pero se puede hacer con menos problemas y casi a cualquier edad, y para quien esto suscribe es, sin ningún género de dudas, mucho más placentero. 😉

Fuente: Karen L. Steudel-Numbers & Cara M. Wall-Scheffler (2009): Optimal running speed and the evolution of hominin hunting strategies. Journal of Human Evolution, vol. 56: 355-360.

Nota: hace tiempo que leí el artículo original y consulté los datos; ahora no lo encuentro en mis archivos, y no estoy seguro de que las autoras del trabajo llegasen a las mismas conclusiones a las que he llegado yo.

Complemento:

El comentario de Álvaro me ha sugerido la idea de calcular el gasto metabólico global diario. Supongo una tasa metabólica basal de 80W, o lo que es lo mismo, unos 6.900 kJ/día. A partir de los datos de distancia recorrida en la partida de caza (27’8 km) y velocidad media (6’2 km/h), estimo que las partidas duran unas 4’5 h. Por lo tanto, el resto del tiempo diario, 19’5 h, es el tiempo durante el que debe suponerse una actividad física mínima (sueño) o muy moderada. Considerando que, en promedio, al sueño y la actividad rutinaria pueden corresponder un gasto de 8.300 kJ/día, a las 19’5 h correspondería un gasto de unos 6.740 kJ, que habría que sumar a los 6.700 kJ (1.600 kcal) que gastan en la partida de caza. Así pues, el gasto total sería de 13.440 kJ/día. Dado que la energía absorbida (tras su ingestión y digestión) es de 10.465 kJ (2.500 kcal), los cazadores habrían incurrido en un déficit de unos 3.000 kj/día. No es un desequilibrio muy importante, pero es insostenible a medio plazo. Por lo tanto, hay que suponer que, como dice Álvaro, no salen (salían) de caza todos los días, o que conseguían (consiguen) comer algo más de lo que señalan las autoras del trabajo utilizado como referencia.

6 pensamientos sobre “¿Andando o corriendo?

  1. Álvaro

    Se ha dejado de contabilizar el consumo basal y probablemente el consumo del tiempo de ocio o juego si lo hubiere. No he revisado sus cuentas, pero si dice que una vez se ha cazado solo quedan 900kcal quedamos con déficit, ya que el consumo basal de estos cazadores rondarían las 2000kcal. Por tanto,o no cazaban todos los días (que yo creo más que probable) o comían más de esas 2500 kcal (lo cual tampoco descarto) o ambas (apostaría a que sí).

    Además, sus dietas no serían equilibradas ni balanceadas (ni comiendo los tipos de nutrientes apropiados ni en una cantidad similar todos los días), con lo que su eficiencia de aprovechamiento sería muy irregular. Otra variante a tener en cuenta.

    Un placer leerle.

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      Muy interesante su comentario, Álvaro. La verdad es que no me puse en su día a hacer cálculos precisos pero es cierto que el metabolismo en reposo ha de ser superior, por lo que esas partidas no podían ser diarias. Lo que no veo tan claro es lo del aprovechamiento irregular. El dato que incluye el trabajo es de energía absorbida, por lo que ya se ha descontado las diferencias que pudiera haber en eficiencias de aprovechamiento.
      En cualquier caso, me voy a poner a hacer algunos cálculos para estimar cada cu´nto tiempo podían hacer esas partidas de caza.
      Gracias por el comentario.

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      Muy interesante, MiKel. Lo desconocía. De todas formas, cada vez que leo algo de Neandertales parece que a cualquier diferencia con seres humanos modernos le echan la culpa de su desaparición. Entre tú y yo: es solo que eran más feos. 😉

  2. julio

    Andar a mi me parece más aburrido que correr, y siguiendo con el tenor de blog, sí se corre y se realiza un adecuado trabajo de calentamiento y estiramiento, se reducurán los riesgos de lesiones, además de que se aumentará el consumo de calorias y se dispondrá de más tiempo para la realización de otras actividades que si son las adecuadas se tendrá que estos 2 últimos aspectos aumentarán la probabilidad de éxito para el apareamiento y reproducción 🙂

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