¿Cómo los prefieren ellas? ¿más atractivos o más pudientes?

Es posible que las preferencias de las mujeres (heterosexuales) por unas u otras características en su pareja masculina dependan, en cierta medida al menos, de su capacidad e independencia económica. Esto es, es posible que la preferencia femenina, detectada en muchos estudios, por rasgos masculinos relacionados con la capacidad para adquirir recursos no tenga carácter general, sino que sea consecuencia de la percepción que tienen la mayoría de las mujeres acerca de su estatus socioeconómico personal.

Numerosos estudios en los que se han analizado las preferencias de emparejamiento de hombres y mujeres han concluido que los hombres muestran una mayor preferencia por el atractivo físico de sus parejas femeninas, mientras que las mujeres priorizan en los hombres características relacionadas con su capacidad para adquirir y proveer recursos. Además, los hombres prefieren parejas más jóvenes, mientras que las mujeres optan preferentemente por parejas masculinas de mayor edad (traté este mismo asunto en el artículo “¿De qué edad queremos que sea nuestra pareja?”).

De acuerdo con una noción bastante extendida en la literatura científica especializada, esas preferencias de emparejamiento de hombres y mujeres vienen determinadas, en gran medida al menos, por factores que tienen que ver con las características de la biología reproductiva de cada sexo, y más en concreto, con la asimetría existente entre ellos en lo relativo al esfuerzo mínimo que cada uno debe dedicar a la reproducción y crianza de la prole. Los hombres pueden alcanzar un alto nivel de éxito reproductivo invirtiendo relativamente poco, mientras que las mujeres han de destinar un volumen más importante de recursos a la gestación, lactancia y cuidado maternal en la infancia/adolescencia. De acuerdo con ese planteamiento, las mujeres estarían condicionadas por el acceso a los recursos necesarios para llevar a buen término una costosa crianza, mientras que los hombres solo lo estarían por el acceso a mujeres fértiles.

Sin embargo, ese esquema se ha visto seriamente cuestionado por simplista y porque se han opuesto objeciones metodológicas a los estudios en que se fundamenta. Una primera objeción se ha basado en la idea de que las preferencias de emparejamiento no solo varían entre sexos, sino que también puede haber otras fuentes de variación importantes, sin que ello suponga negar sentido adaptativo a las diferencias existentes. Así, las preferencias femeninas parecen variar entre dos características masculinas: disposición y capacidad para proveer recursos, por un lado, y “buenos genes” por el otro. Y aquí, cuando se utiliza la expresión buenos genes, se quiere hacer alusión al valor reproductivo del sujeto, o lo que es lo mismo, a los rasgos de los que depende la “calidad biológica” de su descendencia potencial; y se sobreentiende que esos buenos genes se manifiestan en forma de atractivo físico. En cierto modo, de acuerdo con esta alternativa, las mujeres optarían por una pareja masculina que facilite la supervivencia de la prole, bien mediante el aporte de recursos materiales y cuidado, o bien mediante genes que proporcionen “calidad biológica”. Y la opción por unos u otros rasgos dependería del contexto ambiental en cada caso.

En el caso del varón, sin embargo, el principal factor a considerar a la hora de elegir pareja sería el valor reproductivo de la mujer. Por ello, el criterio básico de emparejamiento sería su edad, dado que el valor reproductivo residual es mayor cuanto menor es la edad, y su atractivo físico, supuesto que tal atractivo es fiel reflejo de su valor reproductivo.

Una importante crítica que cabe hacer a estos planteamientos es que la mayor parte de los estudios en los que se basan se han realizado en sociedades en las que la participación femenina en el mercado de trabajo ha estado históricamente limitada. Por ello, bien podría ocurrir que las mujeres que tuvieran el control, o perspectivas de ejercer tal control, sobre los recursos materiales, decantasen sus preferencias de acuerdo con el mismo criterio (de atractivo físico) que los hombres. Y lo cierto es que esta noción tiene soporte en estudios que muestran que las preferencias femeninas dependen de su estatus. Esto es, en sociedades con mayor igualdad de sexos las mujeres expresan preferencias por hombres que se parecen más a las típicas preferencias masculinas. Y por otro lado, las mujeres con una ideología más tradicional en lo relativo a los roles de cada sexo, suelen expresar una mayor preferencia por parejas de alto nivel económico.

Un trabajo de reciente publicación ha sometido a contraste una interesante hipótesis en relación con esta cuestiones. Sus autores habían supuesto que conforme las mujeres disponen de un mayor control de los recursos materiales, -o sea, mayor capacidad e independencia económica-, sus preferencias de emparejamiento se aproximarían a las de los hombres. Esto es, pensaban que la razón subyacente a la adopción de unos u otros criterios tiene mucho que ver con la capacidad para disponer de los recursos materiales necesarios para garantizar la crianza de la prole. Así, el que dispone del control de los recursos optaría por un criterio de elección relativo a la “calidad genética” de la pareja, o sea, por su atractivo físico, mientras que el que carece de tal control, primaría la capacidad para proveer recursos materiales.

Los resultados del estudio han sido, a juicio de sus autores, desconcertantes. Por un lado, no han observado que las mujeres con alto control sobre sus recursos opten por parejas más jóvenes, como habían supuesto. Al contrario, cuanto más alto era su estatus económico, más se acentuaba la diferencia de edad con respecto a la de la pareja preferida. Pero por el otro, sí han observado que conforme aumenta la capacidad e independencia económica, la preferencia se dirigía en mayor medida hacia hombres de mayor atractivo físico. En el caso de los hombres, sin embargo, el estatus económico o la capacidad para controlar los recursos materiales no modificó en ninguna medida el tipo de preferencias.

Curiosamente a mí no me parece que el resultado relativo a la preferencia por hombres de más edad sea desconcertante. Al fin y al cabo, la edad tiene implicaciones muy diferentes en hombres y en mujeres. Eso es así porque los hombres, al contrario que las mujeres, apenas pierden potencial reproductivo con la edad, con lo que esa es una variable mucho menos relevante que en las mujeres.

En lo relativo a la conclusión principal del estudio, recuerdo que una muy similar se había obtenido en otro trabajo que ya comenté aquí en su día (“Lo que buscan las mujeres en los hombres“). Según aquel estudio, las mujeres más inteligentes otorgan menos valor que las menos inteligentes a aquellos rasgos que están relacionados con la capacidad del varón para proveer recursos económicos a largo plazo. Las mujeres más inteligentes son -y se consideran a sí mismas- más capaces de valerse por ellas mismas sin tener que estar a expensas de los recursos que pueda proporcionarles su pareja. Esa mayor capacidad se relaciona con mayores posibilidades de formación y de desarrollar una carrera profesional exitosa.

La respuesta a la pregunta que titulaba este artículo es, como en tantas otras ocasiones, que depende: depende de cuáles sean las perspectivas vitales de la mujer que debe hacer la elección.

Fuente: Fhionna Moore, Clare Cassidy, David I. Perrett (2010): “The Effects of Control of Resources on Magnitudes of Sex Differences in Human Mate Preferences” Evolutionary Psychology 8 (4): 720-735

7 pensamientos sobre “¿Cómo los prefieren ellas? ¿más atractivos o más pudientes?

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  2. uno

    Si el condicionamiento de verse atraídas hacia hombres con más ingresos es biológico entonces el que una tenga ingresos no lo modifica ya que son ingresos que suman. Si se empareja con uno que gane menos entonces se restan recursos.
    A las mujeres no les gustan los hombres que ganen menos dinero que ellas, al menos para relaciones estables. Cuando así sucede la pareja se suele romper. Otra cosa distinta sería para un rato, en ese caso es de imaginar que gana el hombre atractivo frente al rico.
    Lo malo del tema es que es políticamente incorrecto.

  3. Maria Eugenia

    Hola

    Es interesante el artículo, pero quizá sea demasiado general. Soy mujer, con una titulación universitaria y trabajo propio; lo que busco en una pareja, es el respeto, la admiración, por supuesto, el amor, la complicidad, el compromiso, el sexo… Después vendría lo físico, si me resulta atractivo será un plus, pero no determinante. Lo mismo pasaría con lo económico. Para mi, hay existen otras consideraciones más importantes que la economía y lo físico. ¿Seré rara? Se me olvidaba comentar que ahora tengo 44 años, pero cuando tenía 18 pensaba del mismo modo. Espero que cuando tenga 80 años siga pensando igual.

    Saludos.

  4. Victor

    El hecho de que las mujeres tengan formación y acceso a recursos es desde el punto de vista darwiniano relativamente reciente.
    La biología y por ende los impulsos no se han modificado mientras la estructura social si lo ha hecho.
    Hoy en día una mujer puede tener un crio con 40 tacos, hace eso que los hombres se sientan igual de atraidos (en general) por una de 40 que una de 20? Me temo que no, estamos programados para lo que estamos programados.
    La mujer siempre mira para arriba en la pirámide social. Cuanto mas arriba estén ellas mas arriban miran.

    Por eso hay tanta mujer con muy buena posición y sola. No hay suficientes hombres tan arriba (es una pirámide) y ademas esos hombres pueden mirar hacia abajo con lo cual el pool de mujeres disponibles para ellos es muy amplio.

    El tema es políticamente incorrecto pero es así.

    Saludos,

  5. Pitiklinov

    Siempre he tenido una duda con lo de igualar calidad genética con atractivo físico, que efectivamente es algo que se suele hacer sistemáticamente en estos estudios. ¿Tiene más calidad genética un bombero cachas que Emilio Botín? ¿ Con quién tienen más posibilidades tus genes de pasar a las siguientes generaciones?

  6. Pitiklinov

    Yo siempre he tenido la duda de si es correcto eso de que la calidad genética equivale a atractivo físico, es decir a genes físicos. ¿Es mayor la calidad genética de un bombero cachas que la de Emilio Botín? ¿Con quién tienen más probabilidades los genes de una mujer de pasar a las siguientes generaciones?

  7. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

    Se supone que el atractivo físico es un indicador fiable de buenas características genéticas en general [y digo que se supone, porque yo no estoy seguro de eso]. También se supone que la inteligencia, la salud y el atractivo físico (regularidad y simetría, o sea, indicadores de desarrollo normal) han sido sometidas a fuertes presiones selectivas pues inciden directamente en el grado de adecuación (fitness) de las personas y, por ende, en su valor reproductivo. En principio, al tratarse de caracteres “deseables”, la preferencia por ellos no debiera ser demasiado variable, ya que lo lógico es que todas las personas les den similar (y alto) valor. Y el hecho de que esos rasgos estén asociados tendría dos posibles explicaciones. Una sería que la asociación se deba a la existencia de genes con efectos pleiotrópicos (efectos múltiples en más de un carácter fenotípico) y la otra es que sea el resultado de lo que en inglés se conoce como “assortative mating” y que podría traducirse como emparejamiento según un conjunto (un surtido) de criterios definidos. Esa assortative mating sería el resultado de que a lo largo de generaciones se hayan preferido sistemáticamente y, por lo tanto se hayan seleccionado a la vez, esos rasgos. En este caso habrían sido la inteligencia y los que reflejan lo que podría considerarse como calidad genética del individuo. No sé si a Emilio Botín lo consideran atractivo las mujeres; precisamente lo que concluye este trabajo es que las mujeres con mayor capacidad de decisión acerca de sus destinos prefieren al bombero, no a Emilio Botín.

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