Sobre los orígenes evolutivos del altruismo

altruismo

Los seres humanos somos primates altruistas. En todas las sociedades humanas se comparten bienes y se divide el trabajo. Y la cooperación se extiende más allá de los límites del grupo familiar próximo y de las redes de individuos entre quienes existen relaciones de reciprocidad. ¿Es este un rasgo exclusivo de nuestra especie? ¿O lo compartimos con otros primates? Vayamos por partes.

El altruismo, sus componentes y sus bases, han sido materia de investigación, sobre todo en las últimas dos décadas. De los experimentos de “conducta económica” (en inglés “behavioural economics”, expresión para la que no me gusta la traducción “economía conductual”), se desprende que los seres humanos nos comportamos con generosidad y confianza, y que poseemos un claro sentido de la justicia. Esto es algo que resultará obvio para muchos, pero el hecho de que lo parezca no quiere decir que la cuestión esté tan clara.

Somos altruistas, sí, pero no lo somos de modo indiscriminado. Por una parte, todos tenemos una cierta tendencia a favorecer a los miembros del grupo frente a los extraños, tendencia que en sus versiones más extremas se traduce en nepotismo; y por otra, tendemos a favorecer relaciones de reciprocidad a largo plazo. Mostramos, además, una fuerte tendencia a la cooperación condicionada, esa forma de cooperación que se interrumpe si el otro no corresponde en una medida similar. Y dado que el mecanismo de la cooperación condicionada puede acabar ocasionando el colapso de la cooperación en el seno del grupo, es lógico que, para evitar ese colapso, se hayan desarrollado sanciones contra quienes no cooperan.

El problema de los experimentos de “conducta económica” citados antes, es que en ellos se pretende eliminar los posibles motivos “egoístas” del altruismo, -como pueden ser la mejor reputación ligada a la práctica altruista, o los beneficios a largo plazo por reciprocidad-, pero no está claro que sea posible eliminarlos completamente. Además, esos experimentos tampoco desentrañan los mecanismos psicológicos que subyacen a los comportamientos altruistas. Y sin conocer esos mecanismos no es fácil identificar sus verdaderas motivaciones. Por ello, aunque hay poderosas razones para aceptar que el altruismo es genuino, no debe descartarse que, en cierto grado al menos, también se vea afectado por motivaciones de carácter egoísta.

En principio, cabe pensar que las motivaciones del comportamiento altruista pueden ser de dos tipos. Por un lado, pueden obedecer a la empatía y la preocupación sincera por el bienestar de los demás. Pero, como he señalado, también pueden deberse a un propósito de obtener algún beneficio, como puede ser una buena reputación, alguna forma de reciprocidad futura o al de impedir algún castigo. También estas cuestiones se han estudiado de forma experimental y las conclusiones a las que se ha llegado es que en el comportamiento altruista existen componentes genuinas, y que no obedece, enteramente al menos, a motivaciones egoístas.

Otra cuestión es si el comportamiento altruista es exclusivo de nuestra especie o si es un comportamiento propio de otros animales, y más en concreto, de otros primates. Al parecer, los seres humanos no somos los únicos primates con comportamientos mutualistas y altruistas, y es muy posible que los comportamientos sociales de nuestros antepasados más próximos fueran muy similares a los de los primates actuales. Por ello, cabe suponer que esos comportamientos se basaron originariamente en motivaciones que facilitaron el altruismo para con familiares y compañeros con quienes se mantenían relaciones de reciprocidad, en actitudes mutualistas con los miembros del grupo, en el castigo a los competidores, en la hostilidad hacia los extraños y en la preocupación por la reputación propia.

chimpancésPero si bien nuestros ancestros quizás compartían esas motivaciones y actitudes con otros primates, hay importantes diferencias entre los seres humanos actuales y ellos. El altruismo de primates no humanos está, por comparación con el nuestro, muy sesgado hacia los familiares y los compañeros con los que se mantienen relaciones de reciprocidad; de hecho, nunca se hace extensivo a individuos extraños. También se diferencian de los seres humanos en que en los demás primates nunca se ha observado lo que se conoce como “castigo por un tercero” (third-party punishment”), comportamiento considerado esencial para poder hacer cumplir normas sociales con carácter estable. Y tampoco muestran aversión hacia la distribución desigual de los recursos cuando esa desigualdad beneficia a uno mismo.

Esas diferencias entre los seres humanos y nuestros parientes más próximos son muy importantes, y quizás son debidas a la acción de presiones selectivas que han actuado de manera especialmente intensa en nuestra especie. Dichas presiones selectivas estarían relacionadas, posiblemente, con los especiales requerimientos derivados de criar una progenie de lento crecimiento, con unas formas de obtención de alimento muy intensivas en conocimiento, o con los riesgos derivados del incierto éxito de la caza. Esas presiones nos habrían transformado, dando lugar a grandes diferencias con los demás primates en el ámbito y en la escala de la cooperación, y al surgimiento de nuestra capacidad para la empatía y la compasión, así como para los sentimientos morales y la implantación de normas sociales definidas culturalmente.

Fuente: Joan B. Silk y Bailey R. House (2011): “Evolutionary foundations of human prosocial sentiments” PNAS vol. 108 (suppl. 2): 10910–10917

27 pensamientos sobre “Sobre los orígenes evolutivos del altruismo

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      Depende de cómo lo entiendas, ¿no? Con carácter individual, no lo es, o al menos eso es lo que sostienen los autores del artículo, que hay una componente genuina, no condicionada a la expectativa de obtener beneficio para uno mismo. Si lo consideras desde el punto de vista de la tribu o de la especie, la consideración cambia. Si se ha seleccionado, quiere decir que tiene valor adaptativo, y en ese sentido, sí sería muestra de un cierto “egoísmo”, pero el término egoísmo nunca se aplica al colectivo (tribu o especie), sino al individuo, y en todo caso a los parientes más próximos.

  1. Dumas

    Y qué defines como “altruísmo genuino”? Si no está condicionado por reputación, miedo a castigos o reciprocidad simplemente estará condicionado por ésa retroalimentación hormonal e instintiva de… cnoces ésa sensación tan plena y placentera que te invade cuando ves a niños jugando en un parque o a un discapacitado llegando a la cima de una montaña o cuando ves el crecimiento de tus hijos en un álbum de fotos? Todos son considerados instintivamente como “semejantes” por el subconsciente y entonces el cerebro te bombardea con drogas naturales como las endorfinas (no me critiquen, los nombres técnicos me la pueden chupar). Y nos gustan tanto que practicamos el “bien al prójimo” cada vez que podemos. Venga, que somos monos con un entrenamiento más refinado y complejo nada más. Y, o no leí tu blog lo bastante o tu enfoque es bastante ingenuo al plantear éso de “genuino”. Cierto o no?

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      1) Hay una diferencia importante entre el mutualismo o altruismo de motivación “egoísta” y el que no obedece a ese tipo de motivación. La hay desde el punto de vista evolutivo, desde luego. Porque la cuestión es, como decía antes, que si es “genuino”, entonces se han seleccionado comportamientos que no elevan nuestro valor reproductivo, y eso no es fácil de explicar desde el punto de vista evolutivo. ¿Cuál ha sido la presión selectiva que ha operado? Este es un tema de enorme interés en teoría evolutiva.
      2) No me interesan demasiado los mecanismos neuronales. Si existe el comportamiento, entonces es muy posible que se activen las vías de la recompensa. Eso, en el fondo, es trivial.
      3) No hago enfoque ninguno, porque lo que he escrito es una síntesis de la referencia que doy abajo. Y no tiene nada de ingenuo, chico duro.
      4) Expresiones groseras no son bienvenidas en este blog. Es la última vez que se publica un texto con una expresión de ese carácter.

  2. Dumas

    Bien… no acabo de ver cómo se podría llevar a cabo un comportamiento sin ningún fin de elevar nuestro valor reproductivo, a menos que sea totalmente arbitrario… un ejemplo ayudaría bastante a aclarar a qué se refieren con ésto…
    Y, sip, acabo de ver las referencias en cada artículo, por cierto, se agradecen bastante.
    Y con respecto a las expresiones soeces, Si los conceptos genéricos a los que hacen referencia son válidos o interpretables no veo cuál sea la diferencia. Eso, dsede mi punto de vista, es trivial. Sin embargo, tu blog, tus reglas jefazo.

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      Gracias por el comentario anterior, para empezar.
      Yo no creo que haya comportamientos “arbitrarios”; de hecho, estoy convencido de que el comportamiento altruista, su componente no directamente egoísta al menos, ha sido (y seguramente es) beneficioso para quien lo practica en términos adaptativos. Esto es, estoy seguro de que esos comportamientos son premiados en términos de valor reproductivo. Por otro lado, no es difícil imaginar los mecanismos neuronales que pueden intervenir, en la línea de lo que has apuntado antes. Pero a día de hoy no se entiende cuál es la vía de la recompensa reproductiva, o sea, ¿por qué razón quienes muestran esos comportamientos han transmitido ese carácter? ¿qué ventajas obtuvieron o han obtenido? El despiste es aún mayor si pensamos que también el egoísmo, limitado, eso sí, rinde beneficios. Es un puzzle evolutivo.

  3. Dumas

    Oh, me corrijo, una completa arbitrariedad o un error en el diseño de la maquinaria… si una máquina viviente no trata de sobre-vivir se puede considerar defectuosa no? O sea, una simple singularidad o imprefección en la formación del cerebro me parece la única forma plausible de un comportamiento así.

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  5. Dumas

    Ni hablar, el despiste mayor lo tengo ahora yo… o sea que todo comportamiento suele ser detonado por una recompensa, sea de valor o adaptativa, Hasta ahí OK. Pero con éso de “no se entiende cuál es la vía de la recompensa reproductiva”… sólo me viene a la mente la definición de “a mayor valor más posibilidad de tener prole”, y suena demasiado ingenua de mencionar en éste contexto… creo que el concepto al que te refieres es otro. Y lo del egoísmo me parece bastante evidente en situaciones de escasez o en la existencia de insumos de muy diferenciada calidad, por poner ejemplos… reduciéndola a círculos de semejanza tan variados como familiar, tribal hasta simplemente personasl en último caso… como en la mención que hace el artículo sobre el nepotismo, por ejemplo.
    Y un caso de comportamiento no ligado a ningún tipo de recompensa, ése sí sería meramente arbitrario e incluso casi totalmente hipotético verdad? O hay algún caso estudiado? Su misma definición lo sacaría de contexto verdad (es lo que me temo…)?

  6. Dumas

    Oh, no pude evitar leer el comentario de Jesús sobre el egoísmo inteligente… no es una cuestión simplemente de definiciones? Porque los mecanismos de selección natural funcionan siempre sobre especies, no individuos, y si tratas de aplicarles un término definido como no individual (“pero el término egoísmo nunca se aplica al colectivo”) pues siempre será una contradicción o error lógico. Lo cual no respondería a la proposición de Jesús, que me parece es un pelín más retórica… creo…

  7. Cintia refojo

    Un post muy interesante y un tema muy complejo y fascinante. Personalmente creo que establecer las diferencias entre humanos y chimpancés en este tipo de conductas es una tarea difícil, si consideramos, como plantea Frans del Waal, la diferencia entre la definición del altruismo para la biología, donde se caracteriza como un “comportamiento costoso para el agente y beneficioso para quien lo recibe sin tomar en cuenta sus intenciones o motivos”, del altruismo intencional, que le preocupa a la moralidad, y para el cual importa el conocimiento de “los motivos detrás del comportamiento”, es sin duda probable que los humanos seamos los únicos capaces de un altruismo en este último sentido. Sin embargo, la realidad es que los humanos y el resto de simios compartimos las famosas “neuronas espejo” y la capacidad de empatía, base del altruismo “no egoísta”. Esto si consideramos “no egoísta” que el altruismo active los centros del placer de nuestro cerebro.

    En cualquier caso, tal y como manifiestas en los comentarios, lo interesante es conocer las presiones evolutivas que llevaron a desarrollar las conductas altruistas y (en caso de ser así) a diferenciar las del ser humano a las de otros animales. Creo que para ello hacen falta muchos más estudios y, especialmente, estudios de campo. Los experimentos pueden dar algunos pistas sobre ello, pero algunas conductas observadas casualmente (recientemente los medios se hacían eco de un orangután salvando a un pájaro de morir ahogado) y otros estudios que indican que este tipo de conductas pueden estar vínculadas a determinadas condiciones socio-ecológicas) (http://www.plosone.org/article/info:doi/10.1371/journal.pone.0008901), muestran la importancia de abordar más estudios de campo en este sentido.

    Disculpa la extensión del comentario.

  8. Io

    Leo el artículo después de pasar por Atapuerca.
    Me traje de allí un breve librito de uno de sus co-directores, José María Bermúdez de Castro, ” La evolución del talento. Cómo nuestros orígenes determinan nuestro presente”
    Lo leo sin prisas, tratando de digerir tanta información.

    Comienza esta entrada con una frase contundente: ” Los seres humanos somos primates altruistas.”

    Releo en el librito citado y me quedo con la duda de si no seremos más bien, primates con cultura: cultura cuya más extraordinaria manifestación es el arte. Y en esa cultura, la tecnología disponible ejerce su presión sobre nuestra especie y no siempre en onda con la propia biología…si es que entendí algo de lo expuesto por el profesor Bermúdez de Castro.

    Lo del altruismo me deja en suspenso. Pensaré en ello.

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