Estatus social masculino y descendencia

Familia tsimane

Familia tsimane

Numerosos estudios han concluido que los hombres de mayor estatus social han tenido, históricamente, mayor descendencia. Dos casos muy llamativos en el pasado fueron los de Niall Noígíallach y Gengis Khan, personajes a los que se les ha atribuido un gran número de descendientes (tratados aquí). Se trata de un fenómeno bien caracterizado en cuanto a sus efectos, aunque no tanto en lo relativo a sus mecanismos.

El estatus social puede definirse como el acceso relativo a recursos que se encuentran bajo disputa en un grupo social. En principio, cabe suponer que son varias las vías a través de las cuales puede producirse el efecto descrito. Un mayor estatus puede otorgar mayores posibilidades de emparejamiento con mujeres más fértiles o, lo que es equivalente, más jóvenes. También puede facilitar el tener más parejas reproductivas tanto si se trata de esposas en sociedades poligínicas, como si se trata de parejas fuera del matrimonio en sociedades monógamas[1]. Igualmente, puede proporcionar más recursos económicos que faciliten la supervivencia de los descendientes, o puede facilitar las alianzas o apoyos por parte de otros miembros de la comunidad que faciliten la supervivencia de la progenie. Finalmente, pueden también beneficiarse de una mayor deferencia por parte de los competidores potenciales.

En un estudio reciente se han evaluado esas posibles vías mediante las que el estatus social determina la descendencia en una sociedad de etnia tsimane, formada principalmente por comunidades de agricultores-cazadores de las tierras bajas de Bolivia. Los investigadores que lo han desarrollado han pretendido, de ese modo, contar con información relativa a los mecanismos a través de los cuales un mayor estatus conduce a una progenie más numerosa.

De acuerdo con los resultados de ese estudio, un mayor estatus conduce a un mayor número de descendientes vivos, sobre todo cuando ese mayor estatus está basado en un mayor prestigio social. Y esa relación se debe a varios factores. Para empezar, los hombres de mayor prestigio social suelen tener más hijos y, aunque este efecto es algo menor, sus hijos sufren también una menor mortalidad. Esa mayor fertilidad de los hombres de mayor estatus social se debe, en gran medida, a que se casan con mujeres jóvenes. Sorprendentemente, y al contrario de lo que ocurre en otras sociedades, no son más jóvenes que ellos mismos, sino que ambos, los hombres de mayor estatus y las mujeres que matrimonian con ellos, se casan más jóvenes que los otros miembros de la comunidad y debido a ello suelen tener más hijos, pues tienen una vida reproductiva más larga por delante.

Aunque en otras etnias estudiadas la productividad de las mujeres es un factor determinante del potencial reproductivo de la pareja, este no es el caso en los tsimane bolivianos, ya que en estos, los varones con mayor prestigio social se benefician de una mayor capacidad para obtener alimento mediante la caza y de un mayor apoyo de familiares y aliados. La razón por la que la habilidad cazando proporciona mayor éxito reproductivo no tiene que ver, curiosamente, con el rendimiento en alimento de dicha actividad, sino con el prestigio social que reporta. Los varones de mayor prestigio también se benefician de una mayor deferencia por parte de potenciales competidores, algo que probablemente se deba a que de esa forma esos competidores potenciales evitan los costes que supondría entrar en una disputa por los recursos.

Finalmente, los hombres de mayor prestigio tienen también más relaciones extramatrimoniales, lo que eleva el éxito reproductor, sumándose ese efecto al que ya se producía dentro del propio matrimonio.

Un único estudio no permite extrapolar. Muy probablemente, los mecanismos mediante los que el estatus masculino determina el valor reproductivo son diferentes en unas sociedades y en otras. Pero el estudio es interesante, porque aporta datos para caracterizar un fenómeno de cuya existencia se tiene clara constancia. Es interesante, además, porque se refiere a unas condiciones socio-económicas que seguramente han sido muy comunes en nuestra historia como especie. Porque no debemos pensar que los únicos varones cuyo estatus ha permitido que tengan gran descendencia han sido emperadores, sultanes o, en general, potentados que en la historia ha habido. Los antes citados Niall Noígíallach y Gengis Khan constituyen casos extremos, pero el estatus social ha ejercido un efecto muy fuerte sobre el valor reproductivo. Por esa razón, los caracteres que determinan el estatus social, si son heredables, han estado sometidos a fuertes presiones selectivas y han sido importantes factores de evolución.

Fuente: Christopher von Rueden, Michael Gurven y Hillard Kaplan (2011): “Why do men seek status? Fitness payoffs to dominance and prestige” Proc. R. Soc. B, 278: 2223-2232 (doi: 10.1098/rspb.2010.2145)


[1] Me refiero, lógicamente, a monogamia social, no biológica.

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