¿Menos hijos por tener más formación? ¿O más formación por tener menos hijos?

Familia

En la gran mayoría de las sociedades que progresan en términos económicos y de calidad de vida, se produce lo que se conoce como transición demográfica. La transición demográfica consiste en un descenso, normalmente muy marcado, de las tasas de natalidad. Se trata de un fenómeno prácticamente universal y está teniendo lugar en la actualidad en un buen número de países en el mundo. El ejemplo iraní es espectacular, pero no es el único.

Se trata de un fenómeno cuya verdadera naturaleza se desconoce. No se entienden bien las causas que subyacen al mismo. Y tiene una gran importancia, pues en este momento se están revisando las previsiones demográficas que se habían hecho en las décadas anteriores para el conjunto de la Humanidad. Hay demógrafos que sostienen que no se va a cumplir la previsión de que para 2050 llegaría a haber nueve mil millones de seres humanos en el planeta. Y se trata de una cuestión de la máxima importancia, pues de la corrección de las previsiones depende que se estimen bien variables relativas a las necesidades de alimentos de la población mundial, a las de materias primas, a la emisión de gases de efecto invernadero, etc.

Es sabido que, por regla general, las mujeres que al llegar, por ejemplo, a los 40 años han alcanzado un alto nivel educativo, han tenido menos hijos que las mujeres que llegan a esa edad con un nivel educativo inferior. Lo que ocurre es que los mecanismos causales que subyacen a esas diferencias son complejos y no es fácil identificarlos con precisión. En principio, el mismo hecho de contar con un nivel formativo superior puede ser el factor causante de una menor fecundidad; al fin y al cabo, un mayor nivel educativo genera espectativas profesionales que podrían verse comprometidas o defraudadas en caso de tener hijos, en mayor medida cuanto mayor sea el número de hijos. Igualmente, cabe pensar que otros factores, que están muy relacionados con el nivel educativo, como son los económicos o los relacionados con el entorno (en sus aspectos educativos), también pueden influir en las decisiones relativas a la descendencia deseada.

Sin embargo, hay otro posible mecanismo causal al que no se ha prestado la misma atención que a los anteriores. Se trata del efecto que tiene la maternidad o, expresado con mayor precisión, la fecundidad sobre el nivel educativo que puede alcanzar una mujer. Ese mecanismo es el que ha investigado un grupo de investigadores noruegos y estadounidenses. En realidad lo que han investigado es el sentido de la influencia; esto es, han tratado de determinar en qué medida afecta el nivel educativo a la fecundidad femenina y el efecto de sentido contrario, esto es, en qué medida  afecta la fecundidad al nivel educativo. Y lo han hecho con una cohorte de mujeres noruegas, -las nacidas en 1964-, utilizando datos anuales detallados correspondientes a un intervalo de edades comprendido entre 17 y 39 años.

Esa joven tendrá más dificultades que las que no son madres a edad tan temprana

Esa joven tendrá más dificultades que las que no son madres a edad tan temprana

La principal conclusión del análisis es que es más importante el efecto de la fecundidad sobre el nivel educativo de las mujeres que el efecto inverso, el del nivel educativo sobre la fecundidad. No haré una descripción pormenorizada del análisis que han realizado los autores (porque para empezar debiera conocerlo y entenderlo, cosa que no es así) para llegar a esa conclusión, pero daré una pista: no es lo mismo analizar este fenómeno a partir de los datos de fecundidad de mujeres que han completado su periodo de vida fértil, que hacerlo a partir de los datos de fecundidad para diferentes edades.

Los autores de este trabajo no sugieren que el nivel educativo no afecte a la fecundidad. De hecho, afirman que sí afecta, aunque lo hace en una pequeña medida. La influencia verdaderamente importante en el caso de las mujeres noruegas es la de la maternidad (fecundidad) sobre el nivel educativo. Esto es, si una mujer tiene un hijo a una edad relativamente temprana, sus posibilidades para seguir formándose se reducen. Y esa disminución es mayor cuantos más son los hijos que tiene cuando aún es joven.

Ese es el mecanismo principal que esos autores han identificado en el caso de las mujeres noruegas. Insisto en que no se descarta que se produzca el efecto en la dirección opuesta (menos hijos por tener más nivel formativo), pero lo que estos autores han encontrado es que la maternidad temprana dificulta la formación en años sucesivos, y ese parece ser el mecanismo más importante subyacente a la relación negativa entre fecundidad y nivel formativo.

Fuente: Joel E. Cohen, Øystein Kravdal, and Nico Keilman (2011): “Childbearing impeded education more than education impeded childbearing among Norwegian women” PNAS 108 (29): 11830-11835.

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