¿Eran necesarios los padres?

Hembra de Homo antecessor

Hembra de Homo antecessor

Es posible que, como había ocurrido durante los anteriores 50 millones de años de evolución de los primates, durante la mayor parte de la historia humana las madres “solteras” hayan sido la norma. Tal y como ha argumentado Sarah Blaffer Hrdy en Mother Nature, las hembras humanas han heredado un rico lote de adaptaciones físicas y mentales que son más que suficientes para sacar adelante a la progenie con una ayuda mínima por parte de los machos. La ayuda masculina pudo haber sido un lujo bienvenido, pero no una necesidad.

Probablemente, muchas madres del Pleistoceno tenían novio. Pero podía ocurrir que ese novio no fuera el padre de ninguno de sus hijos. O quizás era el padre del hijo más reciente de la mujer. E incluso así, es dudosa cuál habría sido su contribución a la crianza de ese hijo. Quizás proporcionaba algo de alimento a la madre y a su prole, y es posible que los haya protegido de otros hombres, pero los antropólogos creen que ese comportamiento, de haberse producido, tenía más de cortejo que de dedicación paterna.

Es muy improbable que los homínidos machos se ocupasen de tareas paternas de forma directa. En casi todos los mamíferos y en todos los primates son las hembras las que se ocupan del cuidado de los hijos casi en su totalidad. El macho no podía estar seguro de si los genes que portaban los hijos de la novia eran los suyos (los del macho), mientras que la hembra sabía lo propio con certeza. Esa incertidumbre masculina acerca de la paternidad es la razón por la que la mayor parte de los machos de mamíferos dedican mucho más esfuerzo a buscar nuevas oportunidades sexuales que a atender a su supuesta progenie.

Como ocurre en todos los demás primates, la unidad social básica entre nuestros ancestros estaba formada por la madre y sus hijos. Las mujeres se agrupaban para proporcionarse ayuda mutua y protección. Los machos homínidos, como los de los demás primates, eran quizás marginales. Probablemente, grupos de adolescentes machos deambulaban en torno a los grupos de hembras, viviendo en un estado de sexualidad frustrada, escuálida, esperando crecer lo suficiente para poder ser aceptado en algún grupo de hembras.

El punto de vista tradicional, de que las mujeres necesitaban hombres que las protegiesen de los depredadores, ha sido puesto en cuestión debido a la cada vez mejor comprensión del comportamiento de los primates y de los cazadores-recolectores. A nuestro juicio, hay una diferencia notable de tamaño y fuerza entre hombres y mujeres, pero para un gran depredador que busca una presa fácil de matar, las hembras humanas solo habrían sido un poco menos peligrosas que los machos. Los machos adultos pueden ser más precisos arrojando objetos, pero las mujeres tienden a ir juntas en grupos a recolectar alimentos, con muchos ojos y muchas manos para ofrecer vigilancia y protección. Una hembra habría estado mucho más segura en un grupo de una docena de hermanas, tías y amigas, que con un único macho en una familia nuclear. Las hembras humanas están entre los primates más grandes que haya habido nunca y uno de los omnívoros más fuertes de África. No necesitaban, de manera forzosa, la ayuda de parejas masculinas que solo eran un 10% más altos que ellas mismas. Es muy improbable que las hembras homínidas fueran tan vulnerables como se supone que lo han sido las mujeres bajo el patriarcado. Al imaginar a una hembra humana que se enfrenta a un depredador no la debemos representar con la imagen de Marilyn Monroe gimoteando y encogida de miedo; debemos pensar que se trataba de Steffi Graf blandiendo una antorcha en vez de una raqueta de tenis.

El mismo efecto de protección de grupo habría resguardado a las hembras de los depredadores sexuales. Las mujeres ancestrales podían protegerse unas a otras del acoso y la violación, del mismo modo a como hacen otras hembras de primates. Desde un punto de vista femenino, una pareja masculina fuerte habría sido una bendición relativa. Podría ahuyentar la atención indeseada de otros machos, pero también podría maltratarla si estaba irritado o celoso. En los estudios de elección de pareja las mujeres suelen preferir a hombres altos y fuertes, pero eso quizás refleja la preferencia por unos buenos genes y alta adecuación (fitness), más que por un macho capaz de ejercer violencia física e intimidación que bien podrían volverse contra ella o contra sus hijos.

Las entrevistas realizadas por antropólogas, como Marjorie Shostack, a mujeres cazadoras-recolectoras contemporáneas, han revelado que esas mujeres ven a los hombres más como un problema que otra cosa. Si los hombres están con ellas, normalmente comen más que la comida que aportan, y demandan más atención que la que ellos mismos proporcionan a los hijos. Si son hombres de alto nivel de adecuación (fitness), entonces sus buenos genes, buen sexo, y buena conversación pueden compensar por su incordio y su aletargamiento. Pero si solo son medianos, su potencial para estar celosos y su irritabilidad violenta pueden hacer que resulten más una carga que un apoyo.

Nota: Este artículo es la traducción (libre) del capítulo “Were Fathers important?” (salvo los dos últimos párrafos) del libro “The Mating Mind” de Geoffrey Miller (2000). La edición que yo he manejado es la de Anchor Books de 2001 (pp: 189-191). He leído otras reconstrucciones del pasado de la familia humana, y aunque todas son demasiado especulativas, creo que esta visión tiene suficiente interés como para haberla traído aquí.

4 pensamientos sobre “¿Eran necesarios los padres?

  1. Io

    Pues es bien interesante para mí el poder leer lo que ha volcado en esta entrada, ni que sea en traducción libre.
    Su sentido del humor me lleva a sonreir. Me resulta extraño que los machos de nuestros antepasados pudieran tener preocupaciones sobre qué genes llevaba o dejaba de llevar la cría de la hembra que había aceptado el apareamiento con él.
    Saludos.

  2. Pingback: Es posible que, como había ocurrido durante los anteriores 50 millones de años de evolución de los primates, durante la mayor parte de la historia humana las madres “solteras” hayan sido la norma. « Milenio

  3. yo

    Los hombres buscan a toda costa cualquier indicio que los libre de toda responsabilidad. Más allá de todo esto, los humanos tenemos conciencia de nosotros mismos y podemos abstraernos de ciertas cuestiones instintivas, como lo hemos hecho con casi todo en nuestra vida (alimentación, relación con la naturaleza, etc.) y podemos tener una buena convivencia.
    Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *