Dos millones de años cocinando

Es posible que en un periodo de tiempo relativamente breve, hace cerca de dos millones de años, se redujera de forma muy rápida el tiempo que nuestros antepasados del género Homo dedicaban a alimentarse, así como el tamaño de sus piezas molares. Y quizás esos rápidos cambios tuvieron relación directa con el inicio de la cocción y otras formas de preparación de los alimentos.

Hay antropólogos que sostienen que la cocción de los alimentos comenzó muy temprano en la historia del linaje humano. Hace algo más de un año escribí aquí sobre el asunto. La tesis de esos investigadores es que hace cerca de dos millones de años, un miembro de la especie Homo erectus o algún miembro de una especie anterior se encontró con comida que había sido cocinada accidentalmente por algún fuego, y vio que era comestible y le encontró un cierto gusto. A partir de ahí habrían sido los propios seres humanos los que empezaron a tratar de forma intencionada la comida con fuego, con las ventajas, en términos de tiempo y rendimiento energético, que ello supuso. Gracias a ello, en vez de dedicar a comer y masticar el alimento casi la mitad del tiempo diario, pudieron dedicar una fracción mucho menor, y eso les habría ofrecido múltiples oportunidades para utilizar ese tiempo en otras tareas de utilidad.

Pues bien, ese grupo de antropólogos acaba de publicar los resultados de un trabajo en el que han analizado con cierto detalle estas cuestiones. Se trata de un trabajo eminentemente teórico, con las limitaciones que ello comporta. Establecen, para un buen número de especies de primates, dos relaciones, la que existe entre el tiempo dedicado a la alimentación y el tamaño corporal, por un lado, y la de la superficie de las piezas molares con el tamaño, por el otro. Y, además, realizan un análisis filogenético de esas variables.

Los seres humanos dedicamos a comer del orden de un 5% del tiempo[1]. Es el menor tiempo del de todos los primates, y si se compara con los de tamaño similar al nuestro (chimpancés, orangutanes y gorilas), la diferencia es enorme, ya que esas especies destinan casi la mitad del tiempo a la tarea de ingerir y masticar lo ingerido hasta que se ha generado un bolo alimenticio que puede ser engullido. Y en lo relativo a los molares, también es menor su superficie en nuestra especie por comparación con la de los de los primates actuales de tamaño similar. Según los autores del análisis, ambos rasgos, menores tiempos de alimentación y menor superficie de molares están ligados a la dieta, y en concreto, al hecho de que la dieta humana sea de fácil procesamiento por haber sido cocinada y, por lo tanto, hecho más lábil frente a la acción digestiva mecánica y química.

Hasta aquí hay pocas novedades en relación con el artículo que escribí el año pasado. El elemento nuevo de este último trabajo consiste en la estimación que, utilizando métodos filogenéticos (matemáticos), hacen los autores de la rapidez con la que se han producido esos cambios en la anatomía y el comportamiento alimenticio.

Los datos relativos a los molares indican que Homo sapiens y Homo neanderthalensis tienen unos molares muy similares y de superficie inferior, no solo a la de los primates no humanos actuales, sino también a la de los primates extintos de nuestro linaje. Homo erectus tiene molares de superficie algo mayor, aunque dentro del rango de variación de Homo sapiens, mientras que Homo habilis y, sobre todo, Homo rudolfensis, los tienen mayores.

De acuerdo con el análisis de los autores, tanto el tiempo dedicado a la alimentación como el tamaño de los molares son rasgos que variaron lentamente en los primeros miembros del género Homo (H. erectus y H. rudolfensis) y en consonancia con la evolución craneodental y del tamaño corporal. Pero los de H. erectus, H. neanderthalensis y H. sapiens no pueden ser explicados por esos factores. Por eso, sostienen que las adaptaciones relativas al procesamiento del alimento se produjeron en un periodo muy breve de tiempo, hace alrededor de 1’9 millones de años, y tuvieron lugar antes o a la vez que evolucionó Homo erectus, y por lo tanto, antes de que nuestro linaje saliera del continente africano.

Fuente: Chris Organ, Charles L. Nunn, Zarin Machanda, y Richard W. Wrangham (2011): Phylogenetic rate shifts in feeding time during the evolution of Homo PNAS 108 (35): 1455-1459 (www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.1107806108)

Nota: la imagen está enlazada de aquí


[1] Me ha resultado sorprendente que en ese tiempo no hayan incluido el que se dedica a la preparación de los alimentos. No tiene importancia desde el punto de vista fisiológico, pero sí la tiene en cuanto a las implicaciones prácticas de la ventaja que otorga el no tener que dedicar demasiado tiempo a alimentarse, porque si se incluye este tiempo, la ventaja es algo menor, sobre todo para quien prepara el alimento.

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