Los movimientos del baile masculino en que se fija el ojo de la mujer

Elvis

Hace más de dos años me referí aquí a la danza y a las posibles razones por las que bailamos. Somos el único primate que lo hace, y no está claro cuál es, si es que tiene alguno, el valor adaptativo de la danza. David Sloan Wilson, un biólogo que ha estudiado numerosas manifestaciones de la naturaleza humana a la luz de la teoría evolutiva, sostiene que la danza y en concreto la danza en grupo facilita la cooperación. Según él, el extraordinario placer que experimentamos cuando desarrollamos una serie de movimientos rítmicos en coordinación con los demás miembros del grupo es consecuencia de la importancia que tiene para los individuos humanos el sentirse parte integrante de un grupo. Y el hecho de que no sea posible describir verbalmente ese placer es indicio, según Wilson, de sus profundas raices en el tiempo.

Otros investigadores sostienen, por el contrario, que la danza constituye una herramienta de cortejo, equivalente, en cierto modo, a las paradas o rituales de emparejamiento características de otras especies animales, como es el caso de muchas aves. Al fin y al cabo, y como vimos aquí en su día, los locales de baile son lugares en los que se emparejan los jóvenes y el baile en la plaza, en torno a los kioscos de música de pueblos y ciudades, ha sido tradicionalmente ocasión para encontrar pareja.

De acuerdo con la hipótesis de su relación con el cortejo, la danza actuaría como un conjunto de señales “fiables” de la calidad genética de los individuos que la practican. De ser ese punto de vista correcto, la danza, -los movimientos característicos de la danza o algunos de ellos-, serían rasgos sometidos a un proceso de selección sexual, ya que habrían sido uno de los criterios de elección de pareja.

Un equipo de investigación se ha propuesto identificar las características que ha de tener la danza de un hombre para que sea bien valorada por las mujeres. Si, efectivamente, la danza constituye un mecanismo de señalización fiable cuyos destinatarios son parejas potenciales, es posible que puedan identificarse aspectos concretos de la danza cuyas características sean las que determinan su calidad. Al grupo de investigación le interesaba identificar esos aspectos porque, más adelante, se propone realizar experimentos concretos con el propósito de verificar o, en su caso, refutar la hipótesis de la señalización valiosa de cara al emparejamiento.

dancingPara identificar los que podríamos considerar movimientos y rasgos críticos, filmaron a 19 hombres jóvenes bailando durante 30 s siguiendo todos ellos el mismo ritmo. A los danzantes les colocaron unos adhesivos en puntos clave de la anatomía para poder reconstruir posteriormente todos los movimientos realizados. La reconstrucción permitió, mediante una aplicación informática, reproducir la danza mediante un avatar, una figura “humana” virtual, y las reproducciones así obtenidas les fueron mostradas a 37 mujeres heterosexuales, quienes valoraron a cada danzante. El uso de avatares persiguió eliminar de la valoración elementos distintos de la propia danza, como podían ser el atractivo del bailarín, el atuendo, u otros, que podían haber afectado a la valoración. Caracterizaron los movimientos que componen el baile diferenciando distintas partes de la anatomía (tronco, cuello, partes de los brazos, piernas, etc.), identificando los tipos de movimientos realizados (flexión, extensión, rotación, etc.) y midiendo la amplitud, variabilidad y velocidad de los movimientos.

¡Atención hombres danzantes! Las conclusiones del estudio fueron que las mujeres otorgaban una calificación más alta a los bailarines que desplegaban una mayor amplitud y variabilidad de movimientos de tronco y cuello, con independencia de la velocidad a la que se realizaban esos movimientos, así como a los que exhibían  una mayor velocidad de movimientos de la rodilla derecha (según los investigadores porque las personas diestras manejan mejor la pierna derecha). En definitiva, no todos los movimientos parecen tener el mismo valor indicador.

De lo aquí visto se desprenden dos interesantes conclusiones. Una lo es para los investigadores: en lo sucesivo ya saben en qué movimientos y en qué características de esos movimientos deben incidir a la hora de hacer simulaciones que permitan averiguar si la danza es, efectivamente, un sistema de señales de emparejamiento. Y la otra conclusión es interesante para los hombres escasamente dotados para el baile: si hay alguna posibilidad de superar la rigidez propia de los malos bailarines, concéntrense en mejorar los movimientos del tronco y del cuello haciéndolos más amplios y variados. Olvídense de agitar los brazos desaforadamente, no salten sin mesura en medio de la pista de baile, ni se muevan a lo largo de la pista desplazando a los demás bailarines; nada de eso funciona. 😉

Fuente: Nick Neave, Kristofor McCarty, Jeanette Freynik, Nicholas Caplan, Johannes Hönekopp y Bernhard Fink (2011): Male dance moves that catch a woman’s eye. Biology Letters 7: 221-224 (10.1098/rsbl.2010.0619)

3 pensamientos sobre “Los movimientos del baile masculino en que se fija el ojo de la mujer

  1. bdellovibrium

    jajaja, eso apoya mi teoría de los bailarines pecho-palomo y gallinas cluecas, que son los que acaban ligando siempre en las discos si pierdes el tiempo como mera observación XD

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