Cinco vidas frente a una (sobre el dilema del tranvía de Bilbao)

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Cinco trabajadores se encuentran en las vías del tranvía de Bilbao reparando un tramo que se han deteriorado. Están a unos metros del puente de Calatrava en dirección al museo Guggenheim. Se aproxima un tranvía a demasiada velocidad; el conductor ha visto a los trabajadores demasiado tarde y el tranvía no ha reducido la velocidad lo suficiente como para frenar antes de alcanzarlos. Si nada lo remedia arrollará a los trabajadores y morirán. Pero hay una posibilidad de que eso no ocurra. Tú te encuentras en la pasarela que añadió Isozaki al puente de Calatrava, un paso elevado sobre las vías, que se encuentra entre el tranvía y los trabajadores. Has visto la escena y has comprendido la situación de inmediato; junto a ti pasa un hombre gordo y de gran tamaño, y enseguida te das cuenta de que si ese hombre se encontrase en las vías, el obstáculo para que el tranvía avanzase sería suficiente como para provocar una disminución en su velocidad que evitaría la muerte de los cinco trabajadores. Tú, sin embargo, eres demasiado pequeño y no conseguirías nada arrojándote a las vías. Son cinco vidas frente a una. ¿Qué harías si te encontraras en esa situación?

Este es un dilema moral.

La cuestión de cómo resolver qué decisiones son las correctas ha sido tradicionalmente materia de la ética normativa. En este ámbito, uno de los debates más intensos se ha centrado en la determinación de los principios que debieran guiar nuestras evaluaciones morales. Y al respecto, dos han sido las alternativas por las que han optado la mayoría de los filósofos. Una es la que se conoce como aproximación deontológica; según esta, una serie de principios han de delimitar el ámbito de las actuaciones moralmente permisibles, y esos principios no tienen por qué depender de los resultados de las acciones. La otra es la que se conoce como aproximación utilitarista, según la cual cualquier decisión que haya de tomarse debe atenerse al principio de que sus resultados han de proporcionar el mayor bienestar total posible. La opción de tirar al gordo a las vías del tranvía es la que se derivaría de aplicar a esta situación una moral utilitarista.

A lo largo de la última década ha prevalecido la noción de que los individuos más racionales optan con mayor facilidad por la moral utilitarista, y varios estudios han puesto de manifiesto que las personas con una mayor capacidad de memoria operativa y las más reflexivas tienden a adoptar soluciones utilitaristas. De hecho, está muy extendida la idea de que la opción por soluciones morales deontológicas conduce a errores de juicio, pues se considera que la génesis de esas soluciones tiene una fuerte componente emocional y no racional. Y sin embargo, nueve de cada diez personas se negarían a arrojar al gordo a la vía del tranvía (y una de cada diez sí lo haría).

Para complicar algo más esta cuestión, resulta que hay estudios que muestran que no solo la capacidad reflexiva o deliberativa predispone a tomar decisiones basadas en la moral utilitarista. Personas que tienen dañada la corteza prefrontal ventromedial y que, como consecuencia, tienen déficits emocionales similares a los observados en ciertos psicópatas, tienen una mayor tendencia a tomar decisiones basadas en criterios utilitaristas.

En un estudio recién publicado se ha tratado de evaluar en qué medida la opción por unas u otras soluciones morales puede tener su origen en la personalidad de los sujetos. Y en concreto, se ha observado que la tendencia a optar por soluciones utilitaristas es mucho más fuerte en personas con puntuaciones altas en tres rasgos característicos, precisamente, de las personas consideradas “prototípicamente inmorales”. Estos son los rasgos: lo que en inglés se denomina life meaninglessness (nihilismo entendido como falta de sentido de la vida), la psicopatía y el maquiavelismo. Y un análisis estadístico (análisis de regresión múltiple) utilizado en el estudio para evaluar la incidencia de otros factores posibles permitió descartar todos los considerados salvo dos: el grado de psicopatía y el de maquiavelismo.

Este resultado es interesantísimo. Según los autores del estudio pone en cuestión los métodos que suelen utilizarse para evaluar los juicios morales. En su opinión, esas aproximaciones metodológicas conducen a la conclusión, -del todo contraintuitiva-, de que los individuos menos proclives a cometer errores de juicio moral poseen también el conjunto de rasgos psicológicos que muchos consideran (consideramos) propio de las personas malvadas.

No obstante, tengo la impresión de que los datos no avalan exactamente esa conclusión. En realidad, lo que cabe afirmar es que las personas con esos rasgos psicológicos tienden a optar por soluciones utilitarias, y no que las personas que optan por esas soluciones tiendan a tener esos rasgos psicológicos. Estadísticamente puede producirse una cierta confusión si solo nos fijamos en las correlaciones, pero la relación causal es la otra. Quiere esto decir que también puede concluirse que además de los sujetos más racionales o más reflexivos, los más malvados también optan por soluciones utilitarias en los dilemas morales. Y eso no quiere decir que los más racionales sean, además, los más malvados.

Fuente: Daniel M. Bartels y David A. Pizarro (2011): “The mismeasure of morals: Antisocial personality traits predict utilitarian responses to moral dilemmas” Cognition 121: 154–161

15 pensamientos sobre “Cinco vidas frente a una (sobre el dilema del tranvía de Bilbao)

  1. Ritx

    Si le tiro al gordo seria asesinato y si me tiro yo seria suicidio,aunque lo mas inteligente seria poder poner en sitios estrategicos algunas medidas de seguridad ,como en las playas ,si estas en la orilla y ves que el oleaje arrastra a una persona que harias? Te echarias al agua,siendo 2 personas a rescatar? O te harias con un minimo de seguridad para poder ayudar a esa persona(cosa que no hay en las playas)?

  2. José Luis Ferreira

    Creo que faltan algunas hipótesis por explorar. Tal vez haya una correlación entre ser más racional y tener una disciplina para atenerse a los datos del problema abstrayéndolos de un contexto más amplio, mientras que ser más emocional dificulta esta abstracción (lo cual no es, en principio ni bueno ni malo).

    Por ejemplo:

    Si se entiende que la arbitrariedad de tirar al gordo es parte (o ayuda a tener) una sociedad arbitraria en la que, por ejemplo, se puede matar a una persona para salvar a 5 con sus órganos y que en esa sociedad será fácil ver cómo la gente dedica muchos recursos e influencias a no ser la elegida, entonces tiene pleno sentido el rechazo a tirarlo. El poder abarcar todo eso tal vez sea un buen rasgo de las personas más sentimentales y más empáticas.

    Si se entiende el problema en solo sus términos: nacen esos personajes, su única interacción es el problema del tranvía, disfrutan de vivir o padecen el morir en esa situación y eso es todo, entonces tendrá sentido la resolución utilitarista. El poder resolver problemas desapasionadamente tal vez sea un buen rasgo de las personas más racionales.

    Hablé de esto aquí:

    http://todoloqueseaverdad.blogspot.com/2010/06/el-dilema-del-tranvia.html

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      Busqué alguna referencia en tu blog, porque sabía que te interesan estos temas, pero por alguna razón no la encontré (¡hasta escribí “tranvía” en el buscador!)
      Como comprenderás, mi texto es un resumen (no sé cuán afortunado) del artículo original. Y creo que la forma en que está redactado el último párrafo (tomado casi literal y acríticamente) del artículo original, quizás no se sostiene a partir de los datos de la investigación, no al 100% al menos. Porque lo que los datos indican es que las personas con los rasgos característicos de la “triada oscura” tienden a optar por soluciones utilitaristas, no que las personas que optan por esas soluciones exhiben esos rasgos. Estadísticamente sí los presentan en mayor medida, pero también ocurre con las personas más racionales, y esas no tienen por qué ser más malvadas. Espero haber aclarado algo el contenido del artículo, y por cierto, quizás modifique el párrafo final.

  3. un gordo

    Ya ni es persona, es un GORDO, que por ser gordo ya no tiene derecho ni a vivir, que ejemplo más asqueroso, mejor tirar a un minusválido, que con la silla de ruedas seguro que lo frena más, o a una persona con una minusvalía intelectual, que total para que sirve, no?, pero lo de avisar a los trabajadores con un grito a nadie se le pasa por la cabeza, eso no, es mejor matar al GORDO, acabar con una vida de discriminación y bejaciones. Mejor sería tirar a ciertos alcaldes por poner el tranvía.

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      Un gordo es un gordo, que es lo mismo que decir una persona gorda. Porque el dilema así lo exige. No es ninguna vejación, ni tan siquiera es bejación. Es solo una forma, correcta por otra parte, de denominar a una persona que está gorda. Creamé, se lo dice un gordo.

  4. Galder Gonzalez

    Este dilema, que aparece en bastantes test de psicológicos y que explica muy bien Dawkins en “El espejismo de Dios” tiene, sin embargo, una variante mucho más interesante. Se da la circunstancia que si la pregunta no es 5 contra 1 sino, vamos a imaginar, 1.000.000 contra 100.000 la contestación es diferente en muchos casos, incluso sin necesidad de que te digan, como indica Ander, quien es el gordo en cuestión.

    Es decir, no hace falta citar el clásico: si fueras al pasado y te encontraras con Hitler de niño sabiendo que es él… lo matarías? Este dilema va más alla en casos muy grandes, y yo creo que no es porque cambien la moralidad sino porque:
    – No somos muy buenos con cifras mayores de 10
    – Al matar a un gordo le pones cara, nombres y apellidos, familia… pero al matar a digamos 10.000 solo queda una sensación de una gran matanza, pero en la que se han salvado muchísimos más.

    Creo que esa variables es interesante para ver como pensamos.

    Además existe un interesante test con varias preguntas de este tipo (http://moral.wjh.harvard.edu/) en la que se ve que la lejanía con el sujeto a dejar morir o matar, la cercania de los que hay que salvar… también influyen. No es lo mismo la sensación de ver morir a 10 adultos que a 10 niños, o una excursión de japoneses o tu cuadrilla…

  5. Karlossapiens

    @un gordo
    Según esto gordo es igual a prescindible, porque no dicen por ejemplo que de dos personas que van a morir ahogadas solo puedes salvar a una y optas por las que más posibilidades tiene de vivir, no, dicen el matar a una persona para salvar a cinco, a cinco que trabajan sin las medidas de seguridad necesarias por su dejadez o la de quien los contrata, es como decir que matas a alguien para salvar a quien se pone en peligro con sus actos irresponsables, simplemente fabuloso, coincido en el asco que me produce el supuesto y que me recuerda a ciertos regímenes, eliminar a quienes no cumplan unos requisitos físicos o étnicos, ciudadanos de 2º. Espero que ningún psicópata decida probar el detener un tranvía empujando a las vías a alguien corpulento, como tantas veces se ha visto por tv que tiran a gente a las vías y si tienen suerte solo tendrán que vivir mutilados toda la vida, bueno aunque seguro que si el “gordo” es un banquero o político se dejarían morir no solo a 5 trabajadores, sino a toda una clase de preescolar.

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      Sr. Karlossapiens: El dilema está formulado así en su versión original. Sigo sin ver las implicaciones que expone en su comentario. En otros dilemas son otros tipos humanos los que pueden resultar sacrificados, pero con esos otros tipos no pasa nada. Ya no podemos decir “gordo”, como no podemos decir otras muchas cosas.
      E insisto, esto lo dice un gordo.

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  8. Mariam Lisset Escalante

    Estoy de acuerdo con todo. Soy una amante de la psicología, y supongo que salvar cinco vidas no perjudica ni beneficia, sólo deja una marca de que en algún momento se hizo lo correcto, sin hacer ninguna clase de prejuicio al gordo. Si éste estudiase el caso, estaría de acuerdo con salvar las vidas de personas que trabajan para la sociedad.
    Quizá mi comentario no sea el mejor, pero soy

    una obsesionada con las
    buenas y entre buenas y malas acciones, con la moral y la manera de ver la vida y los sacrificios que ésta implica. Y tengo 16 años.

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