Cada vez más inteligentes

James Flynn

A lo largo del pasado siglo veinte la gente ha venido siendo cada vez más inteligente.

El primero en poner de manifiesto ese fenómeno, aunque limitado a los japoneses, fue Richard Lynn, en sendos artículos de 1977 y 1982. El politólogo neozelandés James R. Flynn comprobó poco después que esa subida se había producido en varios países. En promedio, el índice de inteligencia (IQ) ha subido a razón de diez puntos por cada tres décadas o, aproximadamente, tres puntos por década. A ese fenómeno se le conoce desde entonces como efecto Flynn (o Lynn-Flynn), y constituye un verdadero rompecabezas para psicólogos e investigadores en ciencias cognitivas.

Contra lo que podría pensarse inicialmente, la elevación en el IQ no se produce tanto en las pruebas cuyos contenidos se refieren a materias que se aprenden, sino más bien en aquellas que exigen la resolución de problemas o la identificación de patrones abstractos. Lo primero tendría una explicación más sencilla, pues permitiría atribuir el fenómeno a los efectos de un conocimiento general cada vez mayor. Pero al concentrarse la subida en los aspectos más abstractos, la explicación del fenómeno se hace más difícil.

Hay especialistas que sostienen que no es un fenómeno genuino y sospechan que se trata de algún tipo de artefacto. Pero lo cierto es que no está claro qué tipo de artefacto podría ser el responsable de algo de tal magnitud. Otros especialistas, en la idea de que se trata de un fenómeno real, han propuesto diferentes hipótesis para explicarlo. Entre estas hipótesis, se han considerado las mejoras en la educación; y también una mayor confianza y mejores aptitudes para resolver las pruebas. Otros han propuesto que es el resultado de una mayor estimulación cognitiva de las personas; esa mayor estimulación sería el resultado de la complejidad creciente del entorno (incluido en ese entorno la televisión y los videojuegos) y, quizás también, del hecho de que las familias sean de menor tamaño y los padres dediquen mayor atención a los hijos en su desarrollo. También se ha propuesto que las cada vez más numerosas y complejas interacciones sociales han podido servir como multiplicadores de las capacidades cognitivas. Y ya en otra esfera, también se ha invocado el posible efecto del bienestar físico de las personas, a través de mejoras en la alimentación y el estado de salud, e incluso, de la heterosis (o vigor híbrido). Por supuesto, no se descarta que cada uno de estos factores contribuya en alguna medida al fenómeno y que el efecto se deba a una conjunción de ellos.

Recientemente se ha descubierto que el efecto Flynn no se limita al valor medio de IQ, sino que se produce en toda la distribución (conocida también como campana de Gauss) de cocientes de inteligencia y, más en concreto, que también se produce en su cola derecha, que es la que corresponde a los valores más altos del cociente. Se trata de un aspecto que no se había establecido con anterioridad y que tiene importantes implicaciones. Quiere decir que no solo se ha elevado el valor medio de IQ en las poblaciones y grupos humanos estudiados, sino que lo hace el conjunto de la curva y que, por lo tanto, también afecta a las personas más inteligentes. Además, y en concordancia con observaciones anteriores según las cuales el efecto Flynn se produce igualmente en hombres y en mujeres, en el extremo derecho de la distribución también se elevan por igual los valores correspondientes a los dos sexos. Y también se ha confirmado que las ganancias en IQ se producen sobre todo en los subtests cuyas pruebas tienen un carácter más abstracto, como los de matemáticas y en, general, en los no verbales.

El hecho de que el aumento del IQ se produzca a lo largo de todo el rango de niveles de inteligencia, sugiere que el efecto Flynn obedece a motivos diversos y, quizás, complementarios. La elevación de en la cola izquierda es fácilmente atribuible a la mejora en las condiciones nutricionales y de salud de la población, así como las mejoras educativas. Esa interpretación obedece al hecho conocido de que la enfermedad, la malnutrición y la falta de educación tienen efectos negativos sobre las capacidades cognitivas. La elevación en la cola derecha, sin embargo, obedece quizás a otros factores, como una escolarización más temprana y una mayor estimulación cognitiva. Y en todo caso, tampoco cabe descartar que todos los factores considerados actúen de hecho en el conjunto de la distribución de valores de IQ; esto es, aunque los aumentos en uno y otro extremo de la distribución son más fácilmente atribuibles a causas dispares, tampoco cabe descartar que obedezcan a las mismas causas.

Uno de los posibles factores que producen el efecto Flynn es la incidencia de enfermedades infecciosas

Para terminar, quiero comentar dos reflexiones que se me han ocurrido en relación con todo esto. Si, efectivamente, se trata de un efecto real y no de un artefacto, quizás carece de sentido esa queja permanente entre el profesorado de diferentes niveles de que los estudiantes van siendo peores conforme pasan los cursos. Siempre he pensado que los que así piensan sufren algún tipo de sesgo cognitivo (o cognitivo-profesional) que les lleva a tener esa idea pesimista, pero tranquiliza y reconforta constatar que, al menos en lo relativo a la inteligencia general y la capacidad de abstracción, los jóvenes cada vez están más capacitados.

Y la segunda reflexión se refiere a algo muy simple. Personas hoy consideradas muy inteligentes serían tenidas por normales dentro de treinta años. Y si miramos hacia atrás, grandes mentes del pasado serían vistas hoy por uno de nosotros como personas perfectamente normales. Da que pensar.

Nota: Joaquín Sevilla escribió hace unos años sobre esto aquí. Y yo mismo, me referido al efecto Flynn en relación con la salud y la alimentación aquí y aquí.

Fuentes:

J. R. Flynn (1984): “The mean IQ of Americans: Massive gains 1932 to 1978” Psychological Bulletin 95: 29–51

J. R. Flynn (1987): “Massive IQ gains in 14 nations: What IQ tests really measure” Psychological Bulletin 101: 171–191

R. Lynn (1977): “The intelligence of the Japanese” Bulletin of the British Psychological Society 30: 69-72

R. Lynn (1982): “IQ in Japan and the United States shows a growing disparity” Nature 297: 222-223

J. Wai y M. Putallaz (2011): “The Flynn effect puzzle: A 30-year examination from the right tail of the ability distribution provides some missing pieces” Intelligence 39: 443–455

5 pensamientos sobre “Cada vez más inteligentes

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  2. José Manuel

    Juan Ignacio, pero, biológicamente hablando, somos igual que hace 50000 años, por ejemplo, ¿no? Lo que supondría más un factor cultural que genético. La plasticidad de las conexiones del cerebro debe ser una “horquilla” bastante amplia. ¿Hay un límite?

    Postdata: Perdón. Me equivoqué de post. Ahora, sí. Saludos

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      Realmente no somos ahora igual que hace 50.000 años. Seguimos evolucionando y hemos cambiado en unas cuantas cosas. Por ejemplo: hace 50.000 años no éramos capaces de digerir la leche de adultos, y ahora unos cuantos seres humanos sí pueden. Es solo un ejemplo. Pero el aumento de la inteligencia no tiene nada que ver con eso, porque está ocurriendo, si es cierto, a toda velocidad. Parece más una cuestión de mejor entrenamiento intelectual o mejores estímulos, y también de mejor salud y alimentación. Gracias a esto último se pueden dedicar más recursos al encéfalo, y desde más pequeños. Yo estoy seguro de que eso es muy importante.

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