El sustrato neurológico del altruismo

La zona más oscura representa la corteza ventromedial prefrontal

Vimos hace unos meses aquí que el comportamiento altruista produce satisfacción y el egoísta rechazo a quienes los practican. Y de hecho, sabemos que la gente suele estar dispuesta a sacrificar sus propios recursos en aras de la equidad. Se trata de una actitud que se pone de manifiesto en diferentes circunstancias, tanto experimentales, como propias de la vida cotidiana.

Una investigación reciente, en la que se ha recurrido a la resonancia magnética funcional (IRMf), ha aportado información valiosa relativa a los procesos neurales que subyacen al comportamiento altruista. En resumen, se ha concluido que hay una zona específica en la corteza insular cuyo grado de activación está relacionado con la propensión a la equidad de las personas, y por lo tanto, que dicha zona constituye el sustrato neurológico del comportamiento altruista.

En el trabajo de investigación que produjo esas conclusiones se utilizó el juego[1] de ingresos aleatorios (random-income) para evaluar el grado de altruismo o propensión a la equidad de los participantes. En ese juego se asignan al azar diferentes cantidades de dinero a cada participante y se determina después hasta qué punto están dispuestos a sacrificar parte de sus ingresos para disminuir las diferencias entre unos y otros. Según los resultados obtenidos con ese juego en ocasiones anteriores, la gente está dispuesta a pagar dinero para compensar o neutralizar las diferencias de ingresos.

En el estudio, además de poner en práctica el juego de ingresos aleatorios y preguntar a los participantes acerca de su propensión al altruismo, se analizó el grado de activación de dos zonas del encéfalo a un conjunto de personas que habían participado en el juego. Una de las zonas fue la corteza prefrontal ventromedial (vmPFC). Tal y como se había observado en anteriores experimentos, se comprobó que la activación de ese área está asociada con la toma de decisiones en el juego de ingresos aleatorios. Pero no se observó relación alguna entre su nivel de activación y las preferencias igualitarias manifestadas o mostradas por los sujetos estudiados.

En rojo, la corteza insular

Además de la vmPFC, también se investigó la activación de la corteza insular, o ínsula. La razón para investigar este área en concreto obedeció al hecho de que en ocasiones anteriores se había observado que se trata de un sustrato neural implicado en las relaciones del individuo con otras personas. Se activa, por ejemplo, cuando el individuo experimental es tratado injustamente en el juego del ultimátum; y el nivel de activación en ese juego está relacionado con la probabilidad de rechazar ofertas injustas. La activación de la ínsula también se ha asociado con comportamientos de rechazo de la desigualdad o inequidad. Y también se ha observado en relación con el comportamiento prosocial inducido por la empatía que se siente hacia otras personas que sufren dolor emocional o físico.

Según los resultados obtenidos en este trabajo, hay una zona específica en la corteza insular cuyo grado de activación (tal y como muestra la FMRi) muestra una relación (estadísticamente) significativa con la propensión a la equidad de los individuos examinados; se trata de una región que se encuentra en el área de transición entre la circunvolución frontal inferior y la ínsula anterior. Los datos indican, por lo tanto, que la corteza insular anterior juega un papel importante en el comportamiento igualitario. Y esa conclusión es, además, coherente con la noción, más general, de que la corteza insular es un sustrato neural involucrado en el procesamiento de la relación del individuo con su entorno.

Se da la circunstancia, además, de que la ínsula está directamente implicada en el procesamiento de informaciones diversas relacionadas con funciones (de carácter fisiológico, relacionadas con la alimentación o relativas al dolor) esenciales para la supervivencia del individuo. Por ello, y según los autores, el hecho de que también esté implicada en el comportamiento prosocial, coloca a éste en el lote de esas funciones básicas de las que depende la continuidad del individuo y del grupo.

Las personas que se muestran más favorables a la equidad son también las que, en otros juegos, muestran una mayor propensión a penalizar de alguna forma a quienes no colaboran con los demás. De hecho, solemos experimentar sensaciones gratificantes cuando se penalizan los comportamientos antisociales de otros. Se cree que este set de comportamientos han sido y son claves en la especie humana ya que son los que promueven la cooperación, un rasgo de enorme valor para nuestra especie. Como se ha visto aquí, en la base de esos comportamientos hay unos circuitos neurales específicos, que son los implicados en la percepción y valoración del estado de los demás y del propio; y son ellos los que, en última instancia, promueven el comportamiento igualitario.

Fuente: Christopher T. Dawes, Peter John Loewen, Darren Schreiber, Alan N. Simmons, Taru Flagan, Richard McElreath, Scott E. Bokemper, James H. Fowler, and Martin P. Paulus (2012): “Neural basis of egalitarian behavior” Proceedings of the National Academy of Sciences 109 (17): 6479-6483 (www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.1118653109)


[1] En el sentido en que se utiliza el término juego en teoría de juegos.

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