Tres oleadas de gentes provenientes de Asia poblaron América

Los seres humanos llegaron a América hace 15.000 años; ese fue, si excluimos a la Antártida, el último continente en ser ocupado por nuestra especie. A esa primera siguieron otras dos oleadas procedentes de Asia, antes de que llegaran los europeos a partir del siglo XVI.

A esa conclusión ha llegado un numeroso grupo de investigadores (64) que, utilizando técnicas de genética molecular, han determinado la distancia genética entre un conjunto amplio -aunque no completo- de pueblos nativos de América (52 grupos humanos) y de Siberia (17 grupos humanos), y los flujos génicos entre algunos de ellos. Han analizado 364.470 SNPs (polimorfismos de un único nucleótido) y, mediante tratamiento estadístico, han establecido el grado de proximidad entre unos grupos humanos y otros, así como la posible derivación de unos con respecto a los otros.

Localización de los grupos humanos estudiados en América; los colores representan las familias lingüísticas a que pertenecen los grupos

Los pueblos estudiados quedan agrupados de una forma que es bastante consistente con su actual distribución geográfica y con el grupo lingüístico al que pertenece el idioma que hablan. En un gran clado quedan, principalmente, los pueblos asiáticos, diferenciándose así de la mayoría de los pueblos americanos. Hay alguna excepción, y es que tres grupos humanos del noreste siberiano (chukchi, naukan y koryak) aparecen desgajados del resto de los asiáticos y en el mismo clado en que se encuentran los hablantes de lenguas de la familia esquimo-aleutiana: inuits groenlandeses y aleutas. Así pues, otro clado agrupa a esos tres pueblos asiáticos y a inuits y aleutas.

Distribución de las lenguas esquimo-aleutianas

A continuación van desgajándose una serie de ramas que, como era previsible, siguen una orientación norte-sur. A las de más al norte, siguen agrupaciones en Norteamérica septentrional, norte y centro de Méjico, sur de Méjico y Centroamérica inferior/Colombia, y tres grandes agrupaciones sudamericanas, la de los Andes, la del Chaco y la de Sudamérica oriental. El esquema es el que cabría esperar de una expansión en el eje norte-sur.

Esquema que representa el origen, deriva y diversificación de algunos grupos humanos estudiados en este trabajo. En negro aparecen las relaciones entre grupos no americanos; en azul se representan algunos pueblos procedentes de la primera oleada; en rojo y en verde los que recibieron patrimonio genético de las otras dos oleadas, los hablantes de lenguas esquimo-aleutianas (rojo) y los hablantes de lenguas na-dene (verde)

Distribución geográfica de las lenguas de la familia na dene en Norteamérica

Además, los autores del trabajo han identificado cuatro grupos humanos que muestran clara evidencia de haber recibido contribuciones de flujos génicos procedentes de Asia posteriores a la primera gran oleada. Esos grupos son los inuit (los del este y los del oeste de Groenlandia), los isleños de las Aleutianas, y los dene suliné (chipewyan people en inglés). De hecho, los datos correspondientes a los pueblos de Norteamérica solo pueden explicarse si ocurrieron, en total, tres episodios migratorios desde Asia con sus correspondientes flujos génicos. El primero de los flujos habría correspondido a la primera migración, la que dio lugar a la ocupación de todo el continente. Otro flujo es el que se infiere del genoma de los inuit y aleutas, lo que es consistente con el hecho de que las lenguas de estos dos grupos se encuentran emparentadas entre sí y, a su vez, con las de otros pueblos asiáticos (pertenecen a la familia de lenguas esquimo-aleutianas). Y el otro flujo fue el que se deduce del genoma de los dene suliné, que son hablantes de una lengua na-dene, familia lingüística que hablan otros grupos humanos de Norteamérica y también de Asia, y que no tiene ningún parentesco cercano con el resto de lenguas amerindias[1].

Familia dene suliné junto a la tienda

Que se hayan producido diferentes migraciones no quiere decir que los correspondientes linajes hayan permanecido aislados y que no haya habido cruces de unos con otros. De hecho, un 57% del genoma de los inuit y aleutas tiene su origen en amerindios provenientes de la primera migración, y un 90% del de los dene suliné tiene también ese origen. Así pues, si bien desde el punto de vista lingüístico se trata de grupos pertenecientes a diferentes familias, desde el punto de vista genético existe una gran proximidad, que sería el resultado de cruzamientos producidos después de ocurrir los episodios migratorios. Este aspecto de la cuestión tiene mucho interés, pues pone de manifiesto que un grupo humano puede ser hablante de la lengua que hablaban una parte muy pequeña de sus antecesores.

Igual que en la anterior figura, pero relativa a los pueblos procedentes de la primera migración que se habían seleccionado para analizar los flujos génicos en detalle..

Los cruzamientos o mezclas entre unos grupos humanos y otros no se han limitado a los que llegaron a América en las dos segundas migraciones. Entre los grupos en que se fue ramificando la primera oleada también se han producido ese tipo de fenómenos. Mediante un análisis realizado con 16 grupos humanos los investigadores han concluido que se han producido tres casos de mezcla o cruzamiento. Los inga tienen ancestros tanto amazónicos como andinos, lo que concuerda con el hecho de que hablen quechua (lengua de origen andino) y vivan en las laderas orientales andinas de Colombia, ya que al vivir en esa zona, interaccionan con los pueblos amazónicos de las tierras bajas. Por otro lado, los guaraníes proceden de dos linajes diferentes de Sudamérica oriental. Y el tercer cruzamiento es el de los cabécar de Costa Rica con poblaciones de lengua chibcha de la zona del istmo colombiano, una mezcla que habría resultado de un retorno hacia el norte del istmo de Panamá de gentes que lo habrían sobrepasado antes hacia el sur.

Cazador guaraní

La metodología utilizada en este trabajo permite alcanzar gran precisión en la caracterización de los movimientos humanos a lo largo del tiempo. Y su aplicación al estudio de la historia poblacional de los pueblos americanos procedentes de las migraciones precolombinas ha resultado especialmente útil. Aunque se cuenta con un volumen importante de información de tipo genético, arqueológico y lingüístico, la historia poblacional de los pueblos amerinidios tiene aún numerosos elementos oscuros. El número de migraciones desde Asia, por ejemplo, es una cuestión sometida a discusión. Y los modelos de dispersión en el interior del continente tampoco se conocen con precisión. Pues bien, esos son, precisamente, los aspectos a cuya clarificación puede contribuir en mayor medida la metodología utilizada en este trabajo.

Fuente: David Reich et al (2012): “Reconstructing Native American population history” Nature 488: 370-375


[1] Los navajos son el pueblo más numeroso de cuantos hablan alguna lengua na dene; los apaches también hablan una de esas lenguas.

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