Las relaciones sociales y sus requerimientos cerebrales

No es fácil mantener una amplia red de relaciones sociales; resulta costoso,además. Probablemente, a eso obedece el hecho de que el tamaño del cerebro de los primates, -y más en concreto, el de ciertas áreas cerebrales-, varíe de unas especies a otras a la vez que varía el tamaño del grupo social propio de cada una de ellas. De acuerdo con la hipótesis denominada “del cerebro social” esa relación obedecería al hecho de que el mantenimiento a lo largo del tiempo de la estabilidad y cohesión dentro del grupo es muy exigente desde el punto de vista cognitivo.

De entre todos los mamíferos, los primates tenemos los encéfalos más grandes en relación con el tamaño corporal. Y al parecer, el tamaño del grupo social propio de cada especie es el factor que mejor predice el tamaño relativo del encéfalo. Por otra parte, esa relación no se produce porque al variar el tamaño del grupo social varíe el tamaño de todas las estructuras encefálicas a la vez, sino que es el neocórtex, la capa exterior del cerebro, la estructura cuyas dimensiones están correlacionadas positivamente con el tamaño del grupo. Y la correlación mejora si del análisis se excluyen las regiones traseras de esa zona del cerebro, como por ejemplo la corteza visual. Según la hipótesis del cerebro social, el neocórtex proporciona la potencia computacional necesaria para manejar la compleja red de relaciones sociales que permite mantener la estabilidad y cohesión del grupo.

Localización de la corteza prefrontal orbital

En los seres humanos no cabe hablar de un tamaño de grupo característico en las sociedades modernas, ya que hay una gran diversidad de tamaños de grupos sociales. De hecho, cada uno de nosotros nos relacionamos con muy diferente número de personas. Por esa razón, se ha planteado, y sometido a contraste, la posibilidad de que la misma relación que se ha observado para el conjunto de las especies de primates exista también dentro de la especie humana. De acuerdo con los resultados obtenidos en el estudio en el que se abordó esta cuestión, la corteza prefrontal orbital es, de entre las diferentes áreas cerebrales, aquella cuyo volumen mejor predice el tamaño del grupo social.

Además de los anteriores, los autores han utilizado otros resultados obtenidos en un estudio paralelo, que formaba parte del mismo proyecto y en el que se había investigado lo que se conoce como “capacidad de intencionalidad” (intentionality competence). Con el término “intencionalidad[1]” (intentionality), los autores expresan la capacidad para explicar y predecir el comportamiento de los otros al atribuirles intenciones y estados mentales; la intencionalidad es considerada uno de los mecanismos cognitivos sociales que más han influido en la evolución reciente del cerebro humano. Se trata, de hecho, de una de las habilidades sociales más importantes.

Utilizando una técnica estadística denominada “análisis de ruta” o “análisis de camino” (path analysis), los investigadores han explorado las posibles relaciones causales que operan en el fenómeno observado, y han evaluado las respectivas probabilidades. Según los resultados de ese análisis, la relación entre el volumen de la corteza prefrontal orbital y el tamaño de la red social, está mediada por la capacidad de intencionalidad. Por otro lado, y aunque las mujeres suelen tener redes sociales más extensas que los hombres, el efecto del sexo no resultó, por muy poco (p<0,06) estadísticamente significativo.

El análisis de ruta muestra la secuencia de posibles relaciones causales. Como indican los valores de probabilidad (p), la secuencia causal liga el volumen de la corteza prefrontal orbital, la intencionalidad y el tamaño de la red social

Los autores del trabajo estiman que estos resultados constituyen un claro respaldo a la hipótesis del cerebro social, ya que la relación entre tamaño cerebral y amplitud de la red social no solamente existe en la comparación entre diferentes especies de primates sino que, tal y como se ha observado en este trabajo, también ocurre en la comparación entre diferentes individuos de una misma especie, la humana. Además, conceden especial relevancia al hecho de que esa relación venga mediada por las habilidades cognitivas sociales. Esto es, el tamaño del cerebro no condiciona de forma directa la extensión de la red social de la persona, sino que la capacidad de intencionalidad es la que está relacionada directamente con el tamaño de la corteza prefrontal orbital y, a su vez, de esa capacidad depende la amplitud de la red social. En otras palabras, las personas con una corteza prefrontal orbital de myor volumen tienen más capacidad para atribuir a otras personas intenciones y estados mentales concretos, y esa mayor capacidad les permite establecer más relaciones sociales.

Fuente: Joanne Powell, Penelope A. Lewis, Neil Roberts, Marta García-Fiñana and R. I. M. Dunbar (2012): Orbital prefrontal cortex volume predicts social network size: an imaging study of individual differences in humans Proc. R. Soc. B 279: 2157-2162 (doi: 10.1098/rspb.2011.2574)


[1] Intencionalidad es lo que en otros contextos se conoce como “teoría de la mente”.

Un pensamiento sobre “Las relaciones sociales y sus requerimientos cerebrales

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