“La conquista social de la Tierra” por E. O. Wilson

El antecedente

Consilience” fue, para mí, un verdadero descubrimiento. Junto con “Armas, gérmenes y acero” de Jared Diamond, y “La tabla rasa” de Steven Pinker, han sido, sin duda, los ensayos que más influencia han ejercido en la manera en que veo el mundo. “Consilience” es una obra grande, tanto por lo que cuenta como por la forma en que lo cuenta. Su propuesta central es la de recuperar el ideal de la Ilustración de la unidad del conocimiento, eso a lo que Holton denominó el “encantamiento jónico”, y que consiste en la confianza en que el universo es cognoscible, y que es cognoscible por nosotros. Eso es a lo que se refiere Wilson cuando dice que la ciencia es la metafísica más atrevida de nuestra época, y que está motivada por el convencimiento de que los problemas tienen solución. En “Consilience” propuso intentar volver a unir las ramas del conocimiento que se separaron tras el fin de la Ilustración. Propone, de hecho, que nos embarquemos en una nueva Ilustración.

Un resumen de “La conquista social de la Tierra”

Wilson empieza su ensayo planteando una triple cuestión: ¿Por qué existe la vida social en la naturaleza? ¿Por qué es tan rara? ¿Qué fuerzas la han impulsado? Y dedica parte del libro a responder a esas cuestiones. Los dos grupos animales que han conquistado la Tierra, según el autor, han sido los insectos sociales y la especie humana, la única especie, junto con dos ratas topo, de mamíferos que han llegado a ser eusociales, y el único primate de vida social avanzada. Por otro lado, si bien ambos, insectos sociales y seres humanos, han alcanzado la condición eusocial, lo han hecho siguiendo trayectorias diferentes y, además, la forma de eusocialidad en ellos ha sido diferente. Los insectos han evolucionado hacia la eusocialidad mediante selección de la estirpe de la reina, mientras que los humanos lo han hecho mediante una interacción permanente entre la selección individual y la selección de grupo, eso a lo que Wilson llama selección multinivel y que tan controvertido resulta.

A lo largo de varios capítulos repasa los hitos más importantes de la evolución de nuestra estirpe, y remarca la idea de que en dicha evolución resultó clave la concentración de los grupos humanos en lugares protegidos. La evolución humana se caracteriza, según Wilson, por los siguientes elementos básicos: intensa competencia entre grupos; composición inestable de los grupos; tensión constante entre los valores seleccionados en el nivel del grupo (tales como honor, virtud y deber), y los seleccionados en el nivel individual (como egoísmo, cobardía e hipocresía); y capacidad para captar las intenciones de los otros. Dada la importancia que él atribuye al grupo y a la selección de grupo, considera que el tribalismo es un rasgo humano fundamental, y que diferentes partes de nuestro cerebro han evolucionado, precisamente, como consecuencia de la selección de grupo y el resultado de tal evolución es la propensión a constituir grupos. También sostiene que la guerra es un producto genuino de las presiones selectivas que han actuado sobre nuestra especie, ya que es la consecuencia de la tendencia de los grupos a controlar y disponer de recursos, algo que conlleva, necesariamente, el conflicto con los demás grupos.

En la que es, quizás, la parte de lectura más ardua de su obra, Wilson explica las características de la eusocialidad de los insectos, y analiza las “preadaptaciones” (nido persistente y abastecimiento progresivo, principalmente) y las fuerzas selectivas que (en tan raras ocasiones) han conducido a la aparición de insectos eusociales. Analiza también la “teoría de la selección de parentesco”, -que yo prefiero denominar “hipótesis de la selección de parentesco”-, haciendo un repaso de su génesis histórica, a la vez que ofrece argumentos en contra de dicha hipótesis. Este apartado también entraña una cierta dificultad, porque se utilizan de manera constante nociones complejas. Además, parte del discurso se basa en la crítica de resultados obtenidos mediante modelos matemáticos (aunque no incluidos en el texto) y de lo que se entiende por parentesco. Según la hipótesis de la selección de parentesco (kin selection), el comportamiento altruista se selecciona cuando el perjuicio que causa al individuo tal comportamiento es superado por el beneficio que causa a sus parientes si tal beneficio se relativiza mediante un factor que representa el grado de parentesco entre el individuo que se comporta de forma altruista y el que se beneficia de aquél. Pero Wilson defiende que tal hipótesis ha sido refutada matemáticamente y que, además, son relativamente comunes los comportamientos humanos altruistas con personas con las que no se guarda parentesco alguno. En su lugar, él propone la selección multinivel, según la cual, los comportamientos egoístas son el resultado de la selección individual y los altruistas lo son de la selección de grupo. Su propuesta consiste, precisamente, en que ambas formas de selección se han producido de manera simultánea, y de la tensión entre ambas surge el comportamiento humano y el modo en que funcionan los grupos.

Uno de los aspectos a los que Wilson dedica más atención es a la interacción entre los genes y la cultura, y utiliza para ello ejemplos muy sugerentes. Uno es el de la adaptación a digerir la lactosa por parte de los adultos, relacionada con la extensión de la ganadería, y el otro es la interacción entre factores ambientales y culturales en la forma en que se perciben los colores. Según Wilson, la cultura humana es un producto genuino de la selección de grupo, y fue uno de los factores que ayudó a los miembros de nuestra especie a extenderse por casi todo el planeta. De la misma forma, el lenguaje, que jugó un papel crucial como herramienta de comunicación al servicio de la colaboración en el seno del grupo, fue una consecuencia de la selección en ese nivel. La moralidad, la religión, y hasta las artes creativas son, según Wilson, consecuencias de la selección natural, tal y como actúa de acuerdo con la hipótesis de la selección multinivel.

Valoración

Esta obra puede resultar chocante a quienes no estén familiarizados con la “ideología” de Wilson. Consilience anticipa algunas de las cuestiones que trata en “La conquista social de la Tierra”, o quizás sería más correcto decir que prosigue con la exploración de esa nueva Ilustración que persigue y propugna. En este trabajo ha relativizado, quizás, los términos de su propuesta original de unificación de todas las ramas del conocimiento. Aquí, más que de unificación, habla de la necesidad de que ciencias, humanidades y ciencias sociales caminen de la mano, se complementen unas a las otras para, de esa forma, avanzar hacia un mayor conocimiento y comprensión de la realidad. A eso se refiere cuando invoca una nueva Ilustración. Pero que nadie se engañe: Wilson sigue siendo un pensador naturalista. El siguiente párrafo, tomado del capítulo final del libro (titulado “Una nueva Ilustración), ilustra bien a las claras lo que quiero decir:

La humanidad es una especie biológica en un mundo biológico. En todas las funciones de nuestro cuerpo y nuestra mente, y a todos los niveles, estamos exquisitamente bien adaptados para vivir en este planeta concreto. Pertenecemos a la biosfera de nuestro nacimiento. Aunque exaltada de muchas maneras, la nuestra sigue siendo una especie animal de la fauna global. Nuestra vida está limitada por las dos leyes de la biología: todas las entidades y procesos de la vida obedecen a las leyes de la física y de la química, y todas las entidades y procesos de la vida han surgido por evolución mediante selección natural.

Cuanto más descubrimos acerca de nuestra existencia física, más evidente resulta que incluso las formas más complejas de comportamiento humano son, en último término, biológicas. Muestran las especializaciones que nuestros antepasados primates consiguieron mediante evolución a lo largo de millones de años. El sello indeleble de la evolución es claro en la manera idiosincrática en que los canales sensoriales humanos reducen nuestra percepción no asistida de la realidad. Resulta confirmado por la manera en que programas preparados y contrapreparados hereditariamente guían el desarrollo de la mente.”

Después de haber leído “Consilience”, “La conquista social de la Tierra” me ha sabido a poco. Quizás mis expectativas eran muy altas, o quizás en este trabajo Wilson se ha quedado a medio camino. No soy capaz de dirimir esa cuestión.

En lo relativo al debate entre los partidarios de la selección de grupo y los de la selección de parentesco, no cuento con la preparación necesaria para inclinarme por alguna de las posturas en conflicto. Y creo que merece la pena leer la crítica que hace David Sloan Wilson a los defensores de una (Edward O. Wilson) y de la otra (Richard Dawkins). Por otro lado, y a pesar de su enorme predicamento, no me gusta la forma (arrogante) en que se expresa Dawkins en relación con este (y todos los demás) asuntos y, además, me siento intelectual, -y creo que ideológicamente-, más próximo a E. O. Wilson. El tiempo le dio la razón en el fondo del debate acerca de la sociobiología: la naturaleza humana existe, y es más que los efectos que ejercen en nosotros la educación y el ambiente; nuestra mente no es, como sostuvo John Locke y promovió posteriormente Jean J. Rousseau, una tabula rasa. Y sospecho que, de alguna forma, el tiempo le acabará dando la razón en relación con este debate.

Este libro, como ya he dicho, no me ha llenado como lo hizo “Consilience”. Es irregular; alterna capítulos brillantes con otros que, -quizás por sabidos para mí-, me han parecido de menor enjundia; combina explicaciones prolijas en relación con algunos asuntos con afirmaciones para las que no aporta los argumentos necesarios para sostenerlas. Y la traducción es mala, muy mala, impropia de Jandomènec Ros.

Pero sea como fuere, “La conquista social de la Tierra” rezuma optimismo, es a ratos brillante, y está muy bien escrito (cuando la traducción lo ha respetado). Y es que Edward O. Wilson es un escritor excelente; escribe de una forma especial, muy bella. Creo, finalmente, que este libro es de lectura muy recomendable (aunque no me atrevería a decir que imprescindible), sobre todo para todas aquellas personas a quienes interese la naturaleza humana.

Ficha: Autor: Edward O. Wilson; Título: La conquista social de la Tierra; Editorial Debate, 2012 [“The Social Conquest of Earth” 2012]

Para saber algo más de Edward O. Wilson, puedes ver este video que publicó Naukas.com hace unos días.

3 pensamientos sobre ““La conquista social de la Tierra” por E. O. Wilson

  1. mikel

    Eskerrik asko por estos informes tan magnificos. no conozco este libro y ya me han entrado ganas de comprarlo hoy mismo. Algo que hare.
    Tambien para mi fue un descubrimiento ARMAS, GERMENES Y ACERO y no asi los demas libros que publico Jared Diamond.
    Por si sirve de algo, para mi otro libro muy atractivo en el apartado de divulgacion cientifica fue UNA BREVE HISTORIA DE CASI TODO.
    Y muchos mas, que la ciencia es apasionante, el descubrir es apasionante.
    Eskerrik asko por este trabajo JI

  2. Dani

    Gran reseña. Muchas gracias, Iñako. Coincido con lo que dices de “Consilience” y “La tabla rasa”; ahora bien, es la primera noticia que tengo de “Armas, gérmenes y acero”. Queda apuntado. Muy grande Wilson.

    Salud!

  3. Juanjoide

    Primero de todo, darte la enhorabuena por tu blog , Juan Ignacio. No lo conocía y me estoy llevando una grata sorpresa. Buscaba alguna reseña sobre el último libro de Wilson en la que se corroborase algo que he percibido a los cinco minutos de comenzar a leerlo: PÉSIMA TRADUCCIÓN. Es algo en lo que estoy total y absolutamente de acuerdo contigo. Es más, antes de terminar el prólogo volví a la librería donde lo había adquirido para devolverlo. Prometia mucho, pero no estoy dispuesto a emplear los 24 € que vale, en una traducción que rivaliza con la precariedad de un traductor online de los de hace diez años.
    Joandomènec Ros destroza literalmente una obra que prometía mucho. Un alumno de la ESO lo haría un par de cientos de veces mejor. Flaco favor le ha hecho a Edward Wilson. Una pena, y muy grande.

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