Es difícil nombrar los olores…. en nuestra lengua

Paleta de colores de Munsell, con las agrupaciones de hablantes de lengua jahai y de hablantes de lengua inglesa; el color del fondo es el principal identificado para cada categoría.

Paleta de colores de Munsell, con las agrupaciones de hablantes de lengua jahai y de hablantes de lengua inglesa; el color del fondo es el principal identificado para cada categoría.

Identificamos y nombramos con mucha más facilidad colores que olores. Si se nos muestra un objeto y se nos pide que digamos de qué color es, no tenemos demasiada dificultad en hacerlo. Podemos dudar en algunos casos, pero raro sería que fuésemos incapaces de responder. No ocurre lo mismo con los olores. Dependiendo del olor, a veces lo denominamos por su similitud con el de algo conocido o acudiendo a su supuesta procedencia. El olor a almendras, por ejemplo, o el olor a sulfídrico –a huevos podridos-, característico de los sedimentos anóxicos, son fáciles de identificar pero no tienen una denominación precisa. Ocurre con muchos olores. Y otros ni siquiera son fáciles de identificar. Decimos “azul”, “rojo”, “verde” o cualquier otro color y los diferenciamos sin mayor problema, pero no somos capaces de hacer algo equivalente con los olores. Es como si fuésemos incapaces de elaborar abstracciones tal y como hacemos con los colores.

Esa incapacidad para denominar olores ¿es un rasgo universal o es propio de algunas culturas, como la nuestra? Hay enormes diferencias en todo tipo de aspectos de la vida cotidiana entre la gente de diferentes lugares del planeta. Desde el modo en que entendemos el mundo hasta los dilemas morales, pasando por las percepciones visuales y muchas cosas más, son muy distintas en las diferentes culturas y lugares. Y por supuesto, las categorías semánticas que utilizamos pueden ser extraordinariamente diferentes. Por esa razón, unos investigadores han considerado la posibilidad de que haya culturas en las que la denominación de los olores sea mucho más sencilla y normal que en la nuestra. Y han sometido esa hipótesis a prueba.

Hay culturas de las que era sabido que utilizan numerosas palabras para denominar olores. Algunas de esas culturas son las de la península malaya, en el sudeste asiático. Los investigadores han recurrido a una de las lenguas que se hablan en esa zona, la de los Jahai, cazadores-recolectores nómadas que viven en las selvas montañosas de la frontera entre Malasia y Tailandia. En lengua jahai hay al menos una docena de verbos relativos al acto de oler y se utilizan para describir un numeroso conjunto de olores. No obstante, podría ser que a pesar de contar con numerosos términos para nombrar olores, el hacerlo no les resulte fácil, y que se encuentren con dificultades similares a las que tenemos nosotros. Por esa razón, los investigadores decidieron abordar la cuestión mediante experimentos. En primer lugar, presentaron a dos grupos de personas un test olfativo (B-SIT: Brief Smell Identification Test) dando libertad a los sujetos para que denominasen los olores como quisiesen. Y en segundo lugar, también les aplicaron un test relativo a la identificación y denominación de los colores. Los dos grupos estaban formados por hablantes de lengua jahai, uno, y por anglohablantes el otro. De esa forma quisieron evaluar la codificabilidad para los dos tipos de estímulos, de color y de olor, por cada grupo de hablantes.

Los olores que presentaron a los participantes fueron canela, trementina, limón, humo, chocolate, rosa, disolvente (de pintura), plátano, piña, gasolina, jabón y cebolla. Para el test de colores utilizaron una paleta de 80 piezas de color del sistema Munsell, y la prueba tuvo dos fases. En la primera tenían que denominar 20 colores de la paleta. Y en la segunda se les mostró una lámina con los 80 colores y se les pidió que identificaran los mejores ejemplos de los colores nombrados con más frecuencia en el test anterior; mediante esta segunda fase querían delimitar las principales categorías de color en cada cultura.

Una vez realizados los test, los investigadores calcularon, para cada estímulo, el grado de acuerdo en la respuesta principal por parte de los participantes mediante el Índice de Diversidad de Simpson. Un 0 en ese índice quiere decir que cada participante, para denominar el estímulo, utiliza una palabra diferente, y un 1, que todos utilizan la misma palabra.

Para los hablantes de lengua jahai, los olores son igualmente codificables que los colores pero menos codificables que los colores en inglés. En inglés, sin embargo, los olores son mucho menos codificables que los colores. Las principales categorías de color son diferentes para los dos grupos de hablantes, pero los agrupamientos de los jahai son consistentes con los de otras culturas.

En la investigación no solo evaluaron la codificabilidad mediante el índice de diversidad, también midieron la longitud de las descripciones. Para los jahai las descripciones de los colores y de los olores son prácticamente  de la misma longitud. Sin embargo, para los hablantes de inglés, las descripciones de los olores son bastante más largas que las de los colores, cinco veces más, lo que indica que a los hablantes de inglés les resulta mucho más difícil describir un olor que un color.

El diagrama de barras muestra la codificabilidad de acuerdo con el índice de diversidad utilizado. Las tartas muestran la fracción de hablantes que recurren a palabras específicas (verde), relativa al origen del estímulo (naranja) o a evaluaciones (negro).

El diagrama de barras muestra la codificabilidad de acuerdo con el índice de diversidad utilizado. Las tartas muestran la fracción de hablantes que recurren a términos específicos (verde), palabras relativas al origen del estímulo (naranja) o a evaluaciones (negro).

Además de lo anterior, también midieron el porcentaje de ocasiones en que los participantes utilizaron, para denominar al estímulo, un término específico (rojo, mohoso), una palabra alusiva a su origen (del color de la hierba, como un plátano), o una evaluación (bueno, desagradable). Los hablantes de jahai utilizan en el 99% de las ocasiones, palabras específicas tanto para los colores como para los olores. Pero para los hablantes de inglés esas palabras solo fueron mayoritarias para los colores, y recurrieron en mucha mayor medida a las descripciones basadas en la procedencia supuesta.

En conclusión, este estudio muestra que no en todo el mundo tiene la gente las mismas dificultades para nombrar los olores que tenemos los occidentales. Los hablantes de jahai utilizan para los olores expresiones de la misma concisión que las que utilizan para los colores, y no parecen tener especiales problemas en ello. Los autores de la investigación sospechan, además, que sus resultados subestiman la capacidad para denominar olores de los hablantes de jahai. Lo creen así porque el test utilizado es un test con olores característicos de entornos occidentales. Muy probablemente si los olores hubiesen correspondido a productos, lugares, plantas, animales o estados de la materia en la selva malaya, el grado de codificabilidad obtenido habría sido muy superior. Es lógico, por otra parte, que los seres humanos que viven en un entorno en que los olores son elementos importantes a la hora de identificar alimentos, venenos, situaciones de peligro, etc., sean muy capaces de identificar esos olores y, además de identificarlos, de nombrarlos, para así proporcionar a los demás la información relativa a esos olores.

Es arriesgado extrapolar lo que sabemos de los hablantes de lenguas que nos son próximas a personas de otros lugares, climas, culturas y entornos, personas que hablan otras lenguas y que serán, seguramente, perfectamente adecuadas para nombrar lo que resulta importante para sus hablantes.

 

Fuente: Asifa Majid, Niclas Burenhult (2014): “Odors are expressible in language, as long as you speak the right language” Cognition 130: 266–270

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