Los mapas corporales de las emociones

Emociones

Expresiones faciales de las emociones

Los sistemas emocionales nos preparan para hacer frente a diferentes situaciones, ajustando los sistemas cardiovascular, muscular (esquelético), neuroendocrino y nervioso autónomo. Como consecuencia, las emociones se manifiestan en forma de sensaciones en diferentes zonas de nuestra anatomía. Tienen, por así decirlo, un reflejo somático. Y ese reflejo no es el mismo para diferentes emociones. ¿Quién no ha experimentado sensaciones bien definidas en diferentes zonas del cuerpo motivadas por sentimientos de temor, de enfado o de alegría, por ejemplo?

Un grupo de investigadores ha hecho experimentos para evaluar si las sensaciones corporales que provocan las emociones son diferenciables entre sí de manera consistente, y además, comprobar si son universales o, por el contrario, dependen de cada persona o de la cultura a la que pertenecen. Han estudiado seis emociones “básicas”, enfado, miedo, disgusto, alegría, tristeza, sorpresa, y un estado neutral. Y también han analizado siete emociones complejas o “no básicas”: ansiedad, amor, depresión, desdén, orgullo, vergüenza y envidia.

Esquema del procedimiento experimental seguido

Esquema del procedimiento experimental seguido

El procedimiento básico consistió en pedir a los participantes (entre 36 y 302, dependiendo del experimento) que dibujaran en la silueta de una figura humana en qué zonas sentían que la actividad se intensificaba o se aceleraba, y en la silueta de otra figura, en qué zonas ocurría lo contrario, todo ello en respuesta a diferentes condiciones que explicaré un poco más adelante. A partir de esas dos siluetas dibujadas, los investigadores obtenían otra, combinación de las anteriores, en la que se reflejaba simultáneamente la activación o desactivación relativa de las diferentes áreas corporales mediante un código de colores (rojo = activación, azul = desactivación).

En el primer experimento pidieron a los participantes que rellenaran las siluetas al evocar las emociones analizadas. Para descartar que los resultados se vieran afectados por confusiones derivadas del uso de expresiones que incorporan menciones expresas de órganos corporales, se realizaron controles con hablantes de una lengua de diferente familia lingüística (la original era finés, y el control se hizo con hablantes de sueco). También se repitió el experimento con chinos taiwaneses, para valorar si la ubicación corporal de las sensaciones variaba con la cultura.

Para descartar que las respuestas obedeciesen estereotipos semánticos, en dos experimentos posteriores, en vez de utilizar los términos que nombran las emociones, a los participantes se les aplicaron dos técnicas de inducción emocional. La primera consistió en la lectura de historias cortas y la segunda en la visión de películas breves; ambas técnicas son eficaces para inducir emociones y a los participantes se les pedía que rellenaran las siluetas a que he hecho referencia antes mientras se encontraban leyendo las historias o viendo las películas en cuestión. Los resultados obtenidos en esos tres experimentos confirmaron que somos capaces de ubicar de manera coherente en diferentes áreas de la anatomía corporal las variaciones en el estado somatovisceral inducido por las emociones, que cada emoción induce un estado corporal fácilmente diferenciable de los que inducen las otras emociones, y que todo ello no depende del entorno cultural de las personas, sino que son universales.

Síntesis gráfica de los resultados globales

Síntesis gráfica de los resultados globales

En el cuarto experimento se les enseñaron a los participantes seis expresiones faciales; cada una correspondía a una de las emociones básicas, y se les pidió que repitieran el ejercicio de dibujar las siluetas, solo que en esta ocasión debían imaginar cómo se modificaría la actividad en las diferentes zonas de la anatomía de los sujetos cuyas caras se les mostraban. Se pretendía de esta forma comprobar la hipótesis de que entendemos las emociones de los otros al simular sus efectos en nosotros mismos; la lógica que subyace a ese experimento es que si, efectivamente, simulamos los estados emocionales de los demás, entonces deberíamos ser capaces de elaborar representaciones corporales de sus estados somatoviscerales. Las representaciones corporales obtenidas de este modo mostraron un alto grado de correspondencia con las de los experimentos anteriores en sus tres modalidades: evocación verbal, narraciones y películas.

Y en el último experimento, a un conjunto de personas (87) que no habían participado en los anteriores se les presentaron a las siluetas estándar o prototípicas para cada emoción obtenidas en el primer experimento y, se les pidió que les atribuyeran uno de los estados emocionales básicos. Y los resultados también mostraron un alto grado de acuerdo, muy superior al que hubiera resultado de elecciones al azar.

Agrupaciones de los estados emocionales en función de la similitud en las sensaciones corporales que provocan.

Agrupaciones de los estados emocionales en función de la similitud en las sensaciones corporales que provocan. En el árbol inferior se han diferenciado los resultados obtenidos en diferentes experimentos; cada letra indica el tipo de estímulo al que resspondieron los participantes (W: nombre de la emoción; S: inducción de la emoción mediante narración; M: inducción mediante la película; F: visión de una cara que “refleja” el estado emocional)

Vistos los resultados del trabajo, se puede afirmar que hay una asociación coherente entre los modelos de sensaciones corporales y cada una de las emociones básicas. Como era de suponer, los modelos de sensaciones discernibles asociados con cada emoción se corresponden bien con los principales cambios en las funciones fisiológicas asociadas con las diferentes emociones. La mayor parte de éstas se asocian con sensaciones en la zona superior del torso, probablemente porque corresponden a cambios en la respiración y al latido cardiaco. Las emociones también comparten sensaciones en el área facial debidas a cambios en los músculos faciales, la temperatura de la piel, o las glándulas lacrimales. Las sensaciones en las extremidades son más acentuadas cuando se experimentan emociones más orientadas a la aproximación a los otros, como la ira y la alegría, mientras que una reducción en su actividad es característica de la tristeza. Las sensaciones en el sistema digestivo y alrededor de la garganta se encontraron sobre todo en el disgusto. Y en contraste con todas las demás, la alegría provocaba sensaciones en todo el cuerpo. Por comparación con las emociones básicas, las complejas generan un nivel de sensaciones corporales muy inferior y menor diferenciación espacial entre ellas, con la excepción de las prolongaciones clínicas del miedo y la tristeza, que son la ansiedad y la depresión.

Aunque sería difícil evaluar conscientemente los cambios en los sistemas fisiológicos específicos implicados en cada experiencia emocional, lo cierto es que las sensaciones netas que emergen del conjunto de sistemas fisiológicos durante las experiencias emocionales son topográficamente distintas. Así pues, los resultados de mapas de sensaciones corporales obtenidos en este trabajo probablemente reflejan una medida compuesta de sensaciones procedentes de la musculatura esquelética y sensaciones viscerales, así como los efectos del sistema nervioso autónomo, que no somos capaces de separar de las anteriores.

En definitiva, aunque no somos capaces de diferenciar la influencia que ejerce la activación de los diferentes sistemas fisiológicos implicados en las respuestas emocionales, sus resultados netos son característicos de cada emoción; somos capaces de identificarlos, tanto en nosotros mismos como en los demás. Y muy probablemente intervienen en la comunicación interpersonal de estados emocionales, con todo lo que ello implica.

Fuente: Lauri Nummenmaa, Enrico Glerean, Riitta Hari y Jari K. Hietanen (2014): Bodily maps of emotions PNAS 111 (2): 646-651

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