Archivo por meses: abril 2012

la última aberración en dietas adelgazantes

Hoy os sugiero dos lecturas:
un original y oportuno comparativo de Eroski Consumer que analiza cuatro videoclubs on line (Filmin es la plataforma más completa; Youzee destaca por su sencillez de uso) para ver películas en nuestro ordenador, y una investigación de OCU que denuncia la mala calidad de la información que prestan los SAT –servicios de atención al cliente- de las compañías de gas y electricidad que operan en nuestro país.

Fue ayer noticia que un doctor, cuyo nombre no citaré por no darle una publicidad que en absoluto merece, está logrando cierto éxito en Miami (EEUU) con una dieta que promete eliminar diez kilos en otros tantos días y cuyo método es el siguiente: mediante una sonda gasonástrica -de las que se usan en los hospitales con los enfermos que no pueden ingerir alimentos por vía bucal- se suministra al cliente una solución de aminoácidos, vitaminas y minerales que le aporta unas 800 calorías/día. Antes, por supuesto, hay que introducir en el organismo del cliente un tubo nasogástrico que ha de llevar encima 24 horas al día durante la semana y media que dura el tratamiento. El mecanismo de adelgazamiento es sencillo, se trata de una propuesta radicalmente hipocalórica; pensemos en que la media de nuestra ingesta puede representar un aporte energético de entre 2.200 y 2.600 calorías diarias. La ventaja es que no hay que hacer nada, incluso puede seguirse sin salir de casa, y parece que no se pasa hambre. Hablemos ya en serio. El director del Centro de Investigación Preventiva de la Universidad de Yale, de nombre David Katz, haciendo alarde de sensatez, sin dejar pasar el tiempo ha denunciado que este nuevo método de adelgazamiento viola la ética profesional y supone un peligro para el hígado, los riñones y la estructura ósea de quien lo siga. Además, añade que “transforma un tratamiento médico en una indulgencia fácil a la vanidad impulsada por el capricho de adelgazar unos kilosâ€. El dr. Katz,sin renunciar a la ironía, ridiculiza esta nueva insensatez dietética diciendo que “básicamente apoya la idea de que cualquier medio es bueno para perder peso. Siendo así, ¿por qué no diez días prenupciales a base de cocaína? Funcionará tan bien o mejor, y al menos será más divertido que una sonda nasogástricaâ€. Tampoco es ociosa esta reflexión que hace sobre el nuevo método: “abre un nuevo mundo de ideas sorprendentemente malas, como ayudar a perder peso recomendando el vómito forzado, aplicando quimioterapia a alguien sano para provocarle vómitos, anestesiándole o induciéndole a un estado de comaâ€. Suenan un poco a boutade, pero no lo son tanto. Porque el nicho de mercado en el que ha triunfado este método es el de personas particularmente ilusionadas en perder peso en muy poco tiempo: novias a punto de casarse a las que les sobran kilos y redondeces y les faltan centímetros en el precioso traje encargado para la boda. Una vez más, el mercado ofreciéndose, con propuestas caras (1.500 euros sale la broma) y poco saludables -a pesar de su apariencia médico/científica-, dispuesto a solucionar problemas que está perfectamente en nuestra mano resolver. Por no decir que, en última instancia son el propio marketing y cierta industria alimentaria quienes contribuyen a crear ese problema, el sobrepeso, incitándonos a alimentarnos mal, a deshora y en exceso.

Entiendo a las personas que caen en estas burdas trampas, y es que pocas cosas resultan más tentadoras que la posibilidad de resolver grandes marrones (los kilos de más, en el caso que nos ocupa) rápidamente y sin apenas esfuerzo. La ilusión mueve montañas, pero también puede nublarnos la razón. Lo prometo: pocas debilidades humanas me resultan ajenas. Lo que no me impide estar convencido de que en materia de dietética deberíamos reflexionar un poco y asumir, de una vez por todas, la verdad verdadera: el mejor y más duradero modo de adelgazar es una dieta saludable y equilibrada, adecuada a nuestro organismo y a nuestros hábitos de vida. No hay milagros, no hay soluciones mágicas. Lo que hay es gastar dinero a lo tonto e, incluso, poner en riesgo nuestra salud. Fundamentalmente, la salud física, pero también la mental, porque nuestro equilibrio psicológico sufrirá si vamos cayendo (y me consta que a mucha gente le pasa) en estas dietas y soluciones milagro, una detrás de otra, porque ninguna es útil, para lograr un objetivo que, previa imprescindible concienciación, no es tan difícil de conseguir, salvo en casos excepcionales, y me refiero –lo dicen los especialistas en obesidad- a no más del 5% de las personas con sobrepeso, que requieren soluciones más complejas.

En general, funciona muy bien esta combinación: comer menos cantidad en cada comida, alimentarnos con un poco más de conocimiento (merece la pena instruirse y leer un poco sobre nutrición) y conciencia, y hacer ejercicio todos los días. Las dos primeras medidas cuesta aplicarlas, porque comer sigue siendo un trámite agradable y además funciona como mecanismo cotidiano para combatir uno de nuestros grandes enemigos vitales: la ansiedad. Y la tercera, quemar calorías mediante la práctica frecuente de ejercicio físico también cuesta lo suyo ponerla en marcha, pero…
nadie dijo que adelgazar fuera fácil. Lo que sí aseguramos es que hacerlo de manera inadecuada no nos lleva a ningún sitio: sale caro, no funciona más allá de unas pocas semanas y puede perjudicar nuestra salud. Comer menos es más barato que comer mucho: al menos, tiene una ventaja directa en plena crisis económica, eso no me lo discutirá nadie.

Hablando ya de música

, el veraniego festival BBK Live, a celebrar en Bilbao a mediados de julio, ha confirmado que a su próxima edición acudirá James Murphy, artista norteamericano a quien conocimos hace no tantos años como emergente dj underground que tiraba de sonidos electrónicos enrevesados, sincopados y lúdicos; posteriormente lo vimos al frente de su celebrado proyecto de LCD Soundsystem (¿etiquetas?: dance, funk, punk, pop, de todo) y ahora, de nuevo boga en solitario. Baile y diversión con ritmos inteligentes y querencia vanguardista. Lo veremos pinchando en Bilbao en una sesión que puede sentar precedente, en el que diría que es el mejor cartel de los confeccionados por el BBK Live en sus siete ediciones, con dos nombres que quitan el hipo: Radiohead, la mejor banda rock de las últimas décadas, y The Cure, símbolo de los oscuros años 80 cuyos fantásticos singles siguen sonando perfectamente actuales. Os dejo con una canción de LCD Soundsystem, Daft Punk is playing at my house que anima a un muerto. Además, en directo. Disfrútese a alto volumen y con manos y piernas libres.Se quema calorías, sí.

La crisis entroniza lo funcional, pero ¿demonizará el glamour?

Ya es martes, y tras un lunes que se recordará por la expropiación forzosa de YPF -hasta ayer propiedad de Repsol- ejecutada por el gobierno argentino, ni siquiera acompaña el tiempo. Supongo que bastantes de nosotros hemos dedicado el despacible finde, hogareño casi por fuerza, a nutrirnos de periódicos y revistas hasta casi llegar a la sobredosis. Es entretenimiento barato, deprime un poco pero no engorda; y se amortiza esa calefacción de la que apenas disfrutamos, todo el día fuera de casa. Así que, además de atemorizados (el 90% de la población se reconoce, en encuesta de Metroscopia, “angustiada†por la situación de la economía), hayamos acabado la semana no solo malhumorados sino también resfriados. A la tormenta de números rojos que arrecia desde hace meses se le ha añadido un temporal de lluvia (implorado por agricultores y ganaderos: me alegro por ellos), viento y frío. En mi pobre e insolidaria interpretación urbanita, nubes grises a tutiplén, a juego con el estado de ánimo. Purito mimetismo, en definitiva. No nos extrañemos de que los datos confirmen lo que la intuición y experiencia ya adelantaban: el consumo fetén, el de lo más in, el de lo efímero, lo accesorio y superficial, se está quedando anticuado, hasta el punto de antojársenos anacrónico. Vuelve a apreciarse sobremanera lo práctico, lo sencillo, lo discreto, lo funcional y duradero. Y si no, al tiempo. Nunca había percibido tan fuera de sitio los bellos reportajes de moda y estilo de revistas y televisiones. A pesar de que, en época de tribulación como esta, necesitamos alicientes lúdicos y evasión, la -muy tenazmente propulsada por la publicidad- corriente de lo glamouroso, lo distinguido y seductor va cediendo el paso a otra poderosa e insospechada fuerza, esta de origen reactivo y natural, sin promoción alguna. Sí, sí,  hablo del consumo racional, del aprovisionamiento reflexionado, bien calculado y apañadito, muy ajustado al ambiente que impera. “Antes muerta que sencillaâ€, ¿recuerdan? No hace aún tantos años.. qué nostalgia…

Pautas defensivas, quizá aún no muy mayoritarias pero que lo serán en breve, es mi apuesta. Y no me refiero a iniciativas reprobables como la de darse a la fuga en la gasolinera sin pasar por caja una vez llenado el depósito del coche, sino a decisiones cotidianas y perfectamente encajables en la legalidad e incluso en la moral judeocristiana. Hablo del crecimiento en términos de récord de las marcas blancas (representan ya el 42% de la cesta de la compra cuando hace 10 años no llegaban al 20%), al estirar la vida del automóvil, la lavadora y el abrigo hasta longevidades desconocidas en las dos últimas décadas. El cambio ha afectado también a costumbres vinculadas al ocio, como el consumo de vino, cerveza y licores (aumenta el trasiego hogareño, cae en picado el de hostelería) o viajes áereos: casi todos son ya low cost, y una parte del tráfico aéreo se ha desviado ya a los trenes de alta velocidad.

Ayer por la mañana, en un estupendo espacio de Radio Euskadi un especialista en economía que buscaba explicaciones -psicosociológicas, me temo- a esta crisis, contaba que, en su viaje hasta Manchester con motivo del inolvidable partido entre el United y el Athletic, había comprobado que el aeropuerto de la segunda ciudad de una economía boyante de toda la vida como la inglesa (y no como la nuestra, flor de pocos días) era un viejo y simple “hangar†comparado con nuestra flamante Paloma de Loiu, cuya modernidad y elegancia, ¡qué menos se merece Bilbao! -daba a entender- nos colmó en su momento de orgullo identitario y satisfacción de nuevos ricos.

Nos lo creímos, nos pudo la fase alcista de la ciclotimia y no conformes con gastar lo que no teníamos nos fundimos también lo que, se está viendo, no era del todo seguro que pudiéramos devolver. La corriente optimista, la propensión a las burbujas puede con todo, somos así, quizá lo llevamos en los genes. En otras latitudes, lo llevan más crudo que en Euskadi, pero me temo que para todos es aplicable la cruda sentencia de Eduardo Mendoza que acabo de leer en un diario madrileño: “no debemos olvidar nunca que este es un país pobre y cutreâ€. Duele, sí, y parece desfasado, por no decir cenizo, pero revisemos la actualidad de estos últimos meses y reflexionemos. Otro gallo nos cantaría si hubiéramos sido menos manirrotos. Si los demás desconfían de ti (miremos lo que dicen de España los demás que importan, los mercados financieros: sigue bajando la Bolsa, ya hundida en simas de profundidad histórica; e insiste en subir la prima de riesgo, que roza ya las nubes y anuncia un futuro muy adverso del clima económico), quizá no todo se debe a que el dinero sea por antonomasia -que lo es- tímido, segurola y receloso; probablemente, una parte de la culpa es tuya. Quizá sea porque estás encañonado más allá de lo razonable y no das muestras de poder salir del agujero por tus propios medios. Excede de las intenciones de este blog (ganas no faltan, de todos modos) denunciar la perversidad de esta dictadura de los mercados o cuestionar la eficacia de los recortes implantados por este Gobierno o la tardanza en reaccionar frente a la crisis del anterior ejecutivo; no así, aportar alguna idea sobre nuestro comportamiento como consumidores. Y, de momento, pienso, nos pueden  el miedo y la prudencia. Que lamentablemente cursan con un temible efecto colateral: lastran y frenan sin remisión la actividad económica y la necesaria recuperación.Y todo esto, sin hablar del escenario realmente más duro, el de quienes sufren el paro prolongado y la incapacidad de acceder a un consumo básico, una lacerante realidad para decenas de miles de vascos y millones de españoles que quienes aún no la sufrimos –nadie está a salvo, no nos felicitemos en demasía- debemos tener en cuenta cada vez que nos quejamos de lo mal que lo vemos todo. Y, aunque soy persona más proclive a la duda y la reflexión que dotada de numerosas e infalibles certezas, hay un par de cosas que tengo bien claras. Una de ellas es que lo que más define un auténtico estado de bienestar es la suficiente protección de quienes carecen de lo mínimo para subsistir y poder soñar en un futuro mejor, particularmente cuando han quedado fuera del sistema por razones ajenas a su voluntad y a su esfuerzo.

Saltando a la música, traigo hoy una canción del primer disco en solitario de Simon Felice, miembro de The Felice Brothers, banda de folk-rock imaginativo originaria del New York montañoso y granjero, que también existe: es el Estado de N.York, y no la ciudad del mismo nombre.
You & I Belong,  de tono más animado y optimista que la mayoría de sus canciones, es un tema gospel country que puede gustaros. Quizá recordéis a Simon Felice de una gira que hizo uno o dos años atrás con su segunda banda, The Duke and the King, y recaló en Bilbao, dejando (si bien el excesivo toque soul de algunas canciones no me convenció) un grato recuerdo.

Peligros inminentes, soluciones a medio plazo

Menudo Martes de Pascua llevamos. Seguimos, y cada hora que pasa más, sumidos en una situación límite: la Administración central adopta duras medidas de ajuste/recorte del gasto público diseñadas para el medio y largo plazo (lo último: 10.000 millones de euros de ahorro suplementario en materias tan sensibles como sanidad y educación, recorte anunciado ayer por el Gobierno) pero quien debe interpretarlas –positivamente, se quisiera-, los mercados financieros que prestan dinero al Estado, actúan pensando en el ahora mismo, no se creen que las medidas se vayan a aplicar en toda su extensión y, por supuesto, carecen de ética o preocupación social alguna, sólo buscan un beneficio, a poder ser rápido y sin excesivo riesgo. Y es que somos un chollo como país: a las cinco de la tarde, la prima de riesgo está ya por encima de 430 puntos, y el IBEX baja más del 2%, una auténtica ruina para nosotros, una mina para los inversores. Apenas nos sostenemos en pie sobre un terreno imprevisible y abonado para especuladores sin escrúpulos; vivimos meses, mejor dicho, años nefastos para el común de los ciudadanos. ¡No hay tiempo, el cambio ha de ser inmediato¡, pero hete aquí que el país necesita tiempo para recuperarse un poco de enfermedad tan grave y poder generar confianza para que, una vez reducido el déficit público al menos hasta niveles viables, pueda crecer un poco la economía y recuperar la capacidad de crear riqueza y empleo. Pero es que la banca dice que no es que no quiera dar crédito, sino que escasea la petición de préstamo solvente, el que aporta suficientes garantías de devolución. Ya, esto me suena. A lo que íbamos: el miedo a ser intervenidos como antes lo fueron Grecia o Irlanda atenaza a los dirigentes políticos y pone a temblar a cualquier persona que siga siquiera superficialmente la actualidad. ¿Qué hacer? Quién lo sabe; se me ocurre alguna sugerencia a los líderes políticos del país, pero esto es solo un blog de consumo y vida cotidiana, o sea que zapatero a tus zapatos.

En época de crisis, los consejos para ahorrar o eludir gastos evitables siempre son bienvenidos. Os sugiero que leáis, aquí un informe de Antonio Delgado para Eroski Consumer sobre aplicaciones para realizar llamadas gratuitas entre teléfonos móviles (no solo Viber, hay otras).

Volviendo al planteamiento del anterior post, os traslado algunas noticias interesantes, con breves comentarios míos.

El pueblo tarraconense de Rasquera decide hoy si cede a una asociación cannábica tierras municipales para cultivar marihuana, a cambio de 1,3 millones de euros en dos años.Es un dinero muy atractivo para unas arcas públicas, las de este pueblo, a buen seguro exhaustas y necesitadas de suministro urgente, pero cabe preguntarse si un ayuntamiento puede destinar terrenos públicos a este uso tan inhabitual y controvertido. Hay productos y hábitos que no conviene trivializar, menos aún desde instancias públicas, esa es mi reflexión.

El periodista Frank Bruni, hasta hace pocos meses cronista culinario de The New York Times, abandona su trabajo tras desvelar que padece gota, resultado de cinco años de gozoso trabajo describiendo la comida y el servicio de los mejores restaurantes del país. La buena noticia es que tras modificar su dieta diaria cambiando carnes y mariscos suculentos, sabrosas salsas y los más afamados vinos por cereales integrales, verduras y saludables vasos de agua, el periodista ha comprobado que los fuertes dolores causados por la gota remitían más pronto que rápido. Dice ahora estar convencido de que sustituir unos por otros productos no siempre tiene que ser desagradable. Seguro que echa de menos los banquetes, pero pocas cosas hay más gratificantes que mejorar súbitamente nuestro estado de salud. La salud es lo primero, sin duda, y podemos disfrutar comiendo sin dañarla demasiado, seguro que sí.

El aeropuerto de Loiu-Bilbao ha transportado un 12% menos de viajeros el día clave de esta Semana Santa (ayer, lunes de Pascua) que la del año anterior. Veo dos causas: la crisis, que crece y confirma que ha venido para quedarse, y los éxitos europeos del Athletic que obligaron a muchos aficionados a destinar el gasto de vacaciones a los traslados a Manchester y a la ciudad minera alemana del Shalke 04. Si gastas de más aquí, tienes que quitarlo de allí; está claro.

El Tribunal Supremo, basándose en informes periciales que analizaron en laboratorio el producto, condena a la empresa que produce el Ceregumil (concebido en 1907 por un farmacéutico) y ordena que se prohíba su venta como complemento dietético, ya que carece de propiedades terapeúticas ni produce beneficios a ningún colectivo concreto de personas. Lo he dicho muchas veces: productos milagro, stop, así de rotundo. No es desconfianza; es sensatez, y el resultado de la experiencia de muchso años, creedme.

A la banca española le sobran 41.400 empleados, un 16% del total y una de cada tres oficinas, lo dice un estudio del Instituto de Estudios Bursátiles. No nos coge de nuevas que nuestro país era el de mayor número de oficinas por habitante del mundo (en enero había unas 41.000 oficinas bancarias); lo que ignorábamos era que el exceso llegara a este nivel, más aún sabiendo que -por efecto de la crisis y también debido al auge de la banca online- la banca llevaba años reduciendo su sobredimensionada red de oficinas. La duda que me surge, aunque me dura poco, es con qué dinero van a hacer esta reconversión. Porque no creo que, con la casi nula demanda inmobiliaria de nuestras ciudades, se pongan a malvender esos miles de oficinas que les sobran. Si no lo hacen con los pisos embargados… De momento, como era de esperar, parte de la factura de la crisis financiera, de sus errores empresariales la vamos pagando, qué remedio nos queda, los usuarios. Al dato: la banca ha subido en el último año una barbaridad las comisiones por uso de tarjetas de crédito (9% de media, han pasado de 18 a 20 euros) y débito (11,6%, de 34 a 37,5 euros) en los últimos doce meses (marzo 2011-marzo 2012), según informe oficial del Banco de España. Además, también ha encarecido (un 4,11% de media) la disposición de dinero a débito en una sucursal de otra red (más de un 4% de media). Y asimismo han subido, hasta un 22%, las comisiones semestrales por mantenimiento de cuentas corrientes y de ahorro. Y también lo han hecho las comisiones de estudio, apertura, cancelación y subrogación de todo tipo de préstamos. Ningún otro sector se puede permitir estas alegres subidas de precios, hasta tal punto la banca nos tiene atrapados. Si no, ¿cómo, en plena crisis económica, pueden aceptarse subidas tan onerosas de los servicios bancarios? No es que las aceptemos, lo que ocurre es que no tenemos otra opción: o bien estamos atados a nuestra entidad (por la nómina, por los créditos, por…) o las subidas son generalizadas en el sector; o ambas cosas, claro.

Los pilotos de Iberia echan el resto y dan órdago a la empresa (otra huelga, en traducción rápida), para evitar que se consume la creación de Iberia Express, una línea filial lowcost para rutas de medio y corto radio. Solo en un día, el de ayer, impidieron la salida de 155 vuelos, el 40% de los previstos, y, según dicen es nada más que el comienzo). Recordemos que el pasado diciembre, los pilotos de Iberia realizaron 12 días de huelga. El reembolso a los clientes que contrataron estos vuelos cancelados, está garantizado. Según FACUA, los afectados no deben conformarse con la devolución del importe del billete si se cancela el viaje en lugar de modificar la fecha del vuelo, puesto que pueden exigir indemnizaciones por los daños que el cambio les causó. La empresa ha llevado al Sepla a los tribunales (pide que se declare ilegal la huelga y reclama una indemnización por los años causados por una protesta que estima “abusivaâ€) y, a su vez, el Sepla valora demandar a Iberia porque la creación de la lowcost contraviene un convenio previo al respecto. Lo que está claro es que -una vez más en un servicio esencial- los usuarios ejercemos el rol de rehenes, de -mediante la huelga y sus repercusiones-resorte a activar para conseguir objetivos sindicales.

En los dos últimos años, el abandono escolar (jóvenes entre 18 y 24 años que dejan de estudiar sin terminar el bachillerato o la FP) ha pasado del 31% al 26%, la proporción más baja desde que se mide este indicador. Ya no hay sector de construcción ávido de mano de obra que tiente a los adolescentes a dejar de estudiar con lo que empollar sigue siendo -si no la mejor-, casi la única opción. Está bien, he aquí un efecto positivo de la crisis, que sintomáticamente coincide con una coyuntura de recortes en la educación. No hay felicidad completa.

Un juzgado de Pamplona ha condenado al Gobierno foral a indemnizar, con el 50% de los daños, a un ciclista por una caída producida a mediados de marzo de 2009 tras chocar contra otro ciclista que se había ido al suelo al introducir la rueda delantera en una grieta del pavimento, en la carretera NA-411, en el término de Ostiz. El magistrado considera que se produjo una concurrencia de culpas: de la Administración por el mal estado de conservación de la vía y del propio ciclista por no respetar la distancia de seguridad, motivo por el cual sólo condena al Gobierno foral a indemnizar por la mitad de los daños causados. El ciclista recurrente “se encontró repentinamente con otro ciclista que había caído al suelo al introducir la rueda delantera de su bicicleta en una grieta del pavimento“. “No pudo esquivarlo, por lo que lo alcanzó, cayendo al suelo”, explica la sentencia. Una sentencia que deja sentada la responsabilidad de la Administración en algunos accidentes, y, por extensión, la conveniencia de denunciarlos ante la justicia si sospechamos que se deben al inadecuado mantenimiento de infraestructuras públicas, en este caso, viarias.

Termino con una información recogida en la web de OCU y que puede ayudarnos a reducir a casi la mitad el gasto en carburante para nuestro coche. Son siete pautas a seguir y un consejo final sobre la compra de combustible: 1) nunca superes los 120 km/hora; 2) no apures las marchas, cambia lo antes posible (de marcha inferior a superior, de segunda a tercera, de tercera a cuarta…), mantén el motor a bajas revoluciones y evita los acelerones bruscos; 3) apaga el motor en los atascos y paradas de más de un minuto; 4) mantén la presión adecuada en los neumáticos: presión más baja equivale a más consumo; 5) evita frenazos innecesarios, reduce siempre la marcha con tiempo y mantén la distancia de seguridad con el resto de coches, 6) limita el uso del aire acondicionado a cuando realmente resulte necesario, 7) no transportes en el coche objetos pesados que no necesites. Y, por último, localiza la gasolinera más barata de tu entorno, reposta siempre que puedas en ella y,esto lo digo yo, si te queda lejos de tus rutas habituales, llena el depósito porque, si no, te dará pereza ir hasta allí a poner 20 ó 30 euros de carburante.

La música de despedida

la va a protagonizar hoy una joven promesa que, originaria de Portland (Oregon), a pesar de seguir siendo tenido por tal, dejó de ser lo uno y lo otro hace ya tiempo, erigiéndose en uno de los más consolidados representantes de la música de autor con raíces folk y blues de estos últimos años. Con todos vosotros, M. Ward, os dejo con The First Time I Ran Hawai, una canción de su esperado nuevo disco.