Archivo por meses: mayo 2012

Alimentarse bien, ¿tarea de héroes?

Me pregunto yo:

Si la comida basura (me refiero a la fast food y a la comida procesada de los supermercados), es cada vez más sabrosa (la industria alimentaria sabe lo que se hace), más accesible (nos tienta sin desmayo, está por todos lados; cuesta evitarla), más barata (las hamburguesas y pizzas deben ser lo único que no encarece) y más publicitada (vean la tele)

Si las frutas y verduras frescas, paradigma de la alimentación saludable, son cada vez cada vez más insípidas y menos apetecibles, como revelaba ayer mismo un informe de OCU, con cata masiva de frutas y verduras de decenas de puntos de venta de cuatro grandes ciudades (ninguna vasca, error mayúsculo.)

Si nosotros, los consumidores, somos cada vez más comodones y, con la que está cayendo por todos lados, nos encontramos menos motivados para cualquier cosa que suponga un esfuerzo (hacer la compra y ordenar el género en casa, cocinar.., uffff, mucha faena) que no reporte gran satisfacción o, al menos, je, genere ingresos….

Si cada día que pasa tenemos menos dinero disponible para hacer frente a la faena diaria del sobrevivir, y está más que demostrado que la cesta de la compra con los alimentos que componen la dieta saludable y equilibrada (y que todos identificamos perfectamente; no hay excusa, amigos) sale bastante más cara que la comida sabrosota, rica en grasas, sal, azúcares, aditivos espesantes, saborizantes, aromatizantes….

¿Cómo demonios vamos a alimentarnos bien y mantener un buen estado de salud, si ese propósito tan loable lo tiene todo, pero absolutamente todo, en contra?

Somos humanos, por Dios. ¡Pero si incluso el 90%, por lo menos, de los comestibles menos aconsejables para el consumo cotidiano (ponga ud. el que quiera de sus preferidos) son los que mejor nos saben y más satisfacen a nuestro paladar, y por ende, los que más contruibuyen a generar esas micro-felicidades que hacen más viables las largas horas que trae consigo cada día!

En realidad, convengan conmigo, somos poco menos que unos héroes.

¿Y la música?

Pues ya que estamos, que no falte la épica, y saquemos el ánimo de donde sea, que seguro que algo nos quedaba por ahí. David Bowie, por siempre. Héroes siquiera por un día. ¿Este, quizá?

Alimentos funcionales: la mayoría, poco más que publicidad

Lo prometido es deuda, y sin ceder a la tentación de arremeter contra cierta clase política que nos ha caído en desgracia, que no en suerte, y contra el modus operandi de los mercados financieros (¡cómo hemos podido llegar a esto!: más de cinco millones de parados, el IBEX-35 en 6.400 –las mayores empresas españolas, y los ahorros de millones de ciudadanos, valen la mitad que hace solo unos años- y la prima de riesgo por encima de 500 puntos básicos –o lo que es lo mismo, un Estado casi en quiebra y un país del que nadie se fía), hablemos de los alimentos funcionales.

Cosa muy propia en una fecha como la de hoy, Día de La Nutrición, en el que hemos leído noticias sobre el asunto: iniciativas solidarias para combatir la desnutrición que deteriora la vida de un tercio de los pobladores del planeta; las autoridades de la cosa en España (AESAN) que descartan gravar con impuestos especiales a la comida rápida o comida basura; decálogos para evitar el sobrepeso y la obesidad; talleres de consumo para alimentarnos de un modo más saludable… Es evidente, lo que comemos/bebemos y lo que dejamos de comer/beber marca nuestra vida. Y merece, por tanto, que le dediquemos tiempo y esfuerzo a reflexionar sobre el particular y a tomar medidas que conduzcan a una alimentación saludable y equilibrada sostenida a lo largo de las décadas: unos pocos años virtuosos no sirven para nada. Sí, todo está escrito. Llevo más de 25 años informándome e informando sobre temas de alimentación, y las sorpresas y descubrimientos no han sido muchos ni importantes en este tiempo. Así, de memoria: el Omega-3 y las bondades del pescado azul y el aceite de oliva en la dieta cotidiana, la aparición de las nefastas grasas trans, el papel de la fibra alimentaria en el metabolismo, la vinculación entre grasas animales y enfermedades cardiovasculares, la importancia de la higiene en todo el proceso -desde la producción hasta el consumo- para evitar toxiinfecciones alimentarias en otro tiempo numerosoas y muy graves; la sal y la hipertensión; la obesidad como enfermedad y como puerta de entrada a otras dolencias. Siguen valiendo axiomas muy conocidos y nada novedosos, trataba de decir. Comer de todo un poco, priorizando verduras y frutas, cereales y legumbres; más pescado y menos carne, salvo de la de ave o conejo; desayunar en más cantidad y variedad, y ser más frugal en la cena; reducir el consumo de alimentos ricos en grasa -en general, y saturada en particular-, en sal y en azúcares; no abusar de las cantidades, mejor todo en plato pequeño; alcohol, nada, y en su caso, un poco de vino tinto en las comidas. Qué sencillo todo; de puro repetido debíamos de saberlo casi de memoria. En realidad, ya lo sabemos, pero… somos débiles y comer es ese tipo de satisfacción siempre a mano, y que casi nunca falla.

alimentos funcionales

Constituyen una de las mayores novedades de la industria alimentaria estos últimos años. Y no me refiero tanto a los ya veteranos productos light (bajos en grasa, en calorías, en sal…, según el alimento de que se trate) como a lo que ya se comienzan a denominar medicalimentos, que –según predican sus fabricantes- han sido creados de tal forma que contribuyen a mejorar nuestra salud de un modo distinto y superior al que cabe esperar de un mero alimento.

Enriquecidos en fibra (para ir con más frecuencia al baño y evitar el estreñimiento) o en Omega-3 (para mejorar la salud cardiovascular), con microorganismos probióticos (para aumentar la flora intestinal y mejorar las defensas), con adición de vitaminas o verduras o frutas (para ayudar al crecimiento y otras funciones), con fitosteroles añadidos (para reducir el colesterol malo), con bifidobacterias para potenciar la regularidad en la evacuación intestinal, con soja para reducir ciertos tipos de colesterol y prevenir enfermedades cardiovasculares. Dentro de estos productos de nueva generación los hay aún más sofisticados, como el lácteo de una conocida marca que promete “cuidar tu piel desde el interior”, por estar enriquecido con un complejo de vitamina E, omega-6 (de la borraja), antioxidantes (del té verde) y probóticos exclusivos de ese fabricante. Os adelanto que este producto va a tener que dejar de usar esta alegación.

Una larga lista de propiedades pseudomilagrosas, publicitada hasta la saciedad sobre todo en televisión y vehiculada por personajes famosos, que abre en el consumidor una nueva interrogante: la mayoría de estos alimentos están muy ricos y en buena parte se compran por esta idoneidad organoléptica, pero

¿merece la pena, en términos de salud, el sobregasto que supone comprar productos con alegaciones nutricionales?

La respuesta es que, de entrada y en general, no compensa, porque no es necesario y porque podemos confundir los conceptos. En primer lugar, porque esas primorosas y saludables funciones las encontramos en alimentos naturales, asequibles y nada difíciles de conseguir en nuestros mercados, tiendas y supermercados. Las contadas personas que sufren alergias a ciertos alimentos (al pescado, a ciertas frutas, a la leche, a los frutos secos) deberían, en este caso, buscar otros productos que contuvieran estas sustancias saludables (Omega-3, fibra, vitamina C, esteroles vegertales, calcio, etc) y que no les causen alergia , ya que en casi todos los casos es posible.

Y, segunda razón, porque el consumo -incluso frecuente- de estos alimentos funcionales tampoco es tan efectivo ni decisivo; que apenas afecta a la salud, vamos.

En algunos casos, como los enriquecidos en fibra o en Omega-3, lo sensato y adecuado es consumir alimentos que contienen de modo natural gran cantidad de estas sustancias: la fibra abunda en cereales –sobre todo, integrales-, verduras, frutas y frutos secos; y la grasa Omega-3, en el pescado azul. La vitamina C, en naranjas, kiwis y otras frutas… y seguiría la lista. Así de claro y de sencillo. En otros, la acción específica del superalimento no es tal o no deviene tan relevante, ya que no se ha podido demostrar en laboratorio ni en ensayos clinicos, que es donde y como procede hacerlo; es el caso de los productos con soja (en breve, no podrán mencionar que previene las enfermedades cardiovasculares mediante una disminución de ciertos tipos de colesterol), y las de leches fermentadas con microorganismos del tipo Lactobacillus casei inmunitass, que no podrán indicar en la etiqueta ni asegurar en su publicidad que “ayuda a tus defensas”; o de los yogures y similares con bifidobacterias que dicen mejorar la regularidad para ir al baño, la flora intestinal e incluso la digestión. Pero tampoco nos felicitemos en exceso. Fijémonos en cierto anuncio de un lácteo que hacía antes esta alegación y comprobaremos cómo hoy, en lugar de decirlo a las claras, lo sugieren tangencialmente recurriendo a un juego de frases, quedando en el telespectador la impresión de que el producto realmente ayuda a las defensas de su organismo. Y es que la retórica publicitaria da tanto juego a los anunciantes que a veces uno duda de si merece la pena que Administración y asociaciones de consumidores trabajen tanto en establecer controles y comprobar científicamente la veracidad de ciertas aseveraciones muy vendedoras (hablamos de beneficios para la salud mediante el consumo de alimentos, poco menos que una fiesta…) pero no demostrables científicamente, por tanto, no suficientemente ciertas.

Volvamos al asunto, de todos modos. Tras muchos años de trabajo, la UE (en concreto la EFSA, la autoridad europea en materia de seguridad alimentaria, el organismo que autoriza o prohíbe las alegaciones nutricionales y de salud que pueden usarse en el etiquetado y publicidad de los alimentos) ha publicado la lista de alegaciones sobre propiedades saludables de los alimentos que entrará en vigor el próximo mes de diciembre y que, en palabras de OCU, se trata de “otro paso más para aclarar las cosas, saber qué contienen realmente y limpiar las etiquetas de algunos alimentos con supuestas propiedades sobre la salud, que han venido luciendo en los últimos años sin un control adecuado”. La publicación de esta lista supone, nuevamente en palabras de OCU, “un importante avance”, y ello “a pesar de que aún falta que se pongan en funcionamiento algunos perfiles nutricionales previstos en la normativa”, como que alimentos muy ricos en grasas saturadas, azúcares o sal tengan prohibido usar leyendas sobre efectos para la salud para promocionarse. Algunas alegaciones, como las que he citado más arriba, no han sido autorizadas por la UE, por lo que esos productos no las podrán utilizar en sus etiquetas ni en su publicidad.

De todos modos, algunos de estos alimentos que hacen alegaciones nutricionales sí cumplen, al menos en parte, con lo que prometen. La mejor muestra de este reducido grupo la componen dos conocidas bebidas lácteas y una grasa untable a las que se han añadido esteroles vegetales y cuya publicidad se basa en que “Ayudan a reducir el colesterol”. Puede admitirse que cumplen su función, si bien estarían dirigidos únicamente a quienes necesitan reducir su colesterol malo. Además, los esteroles vegetales pueden incorporarse a la dieta de modo más sencillo y económico, pues se encuentran de forma natural en muchas frutas y verduras, frutos secos y semillas, en leguminosas y en los aceites.

Seguiremos con el tema, pero ya tenemos materia para hablar, si os parece; quedo a la espera de vuestros comentarios. ¿Os convencen los alimentos con alegaciones nutricionales? ¿Confíáis en ellos? ¿Los compráis?

¿Y la canción de hoy?

Ideal para bailar, os traigo hoy pop de ensueño. Sin alharacas de producción ni sobrearreglos innecesarios, y con la dosis exacta de naturalidad, rareza, repetición y ruido, con una sabia mezcla de ritmo y encanto. En cuanto a la originalidad y el talento, se le da por supuesto a Here We Go Magic, la estupenda banda radicada en Brooklyn cuyo factotum es el otrora cantautor Luke Temple. Acaban de sacar nuevo disco, pero esta canción, Fangela, venía en el primer álbum de Here We Go Magic, un gozoso descubrimiento que hicimos en 2009.

Sillas que no sujetan a los niños, gastamos menos en ropa, cajas que engañan a sus clientes, la Ota más cara…

Mañana publicaré una entrada sobre “Alegaciones nutricionales en los alimentos, ¿un engaño?”, pero hoy, a modo de aperitivo os acerco algunas noticias, reeelaboradas y un poco resumidas, que considero muy interesantes y que a menudo cuesta encontrar en los medios de comunicación.

Reparación de ordenadores: aceptable, pero con excepciones hirientes. OCU denuncia que algunos talleres de reparación de ordenadores portátiles en España han cobrado a sus técnicos hasta 138 euros por una reparación que consistía simplemente en conectar un cable. La investigación puso a prueba a 25 talleres de Barcelona, Madrid, Sevilla y Valencia, y a pesar de que se registraron varias irregularidades, los resultados fueron aceptables y mejores que los del anterior examen, realizado hace pocos años.

Niños inseguros en sus sillas de retención del automóvil. Una de cada cuatro sillitas de retención infantil para vehículos (27%) suspende en seguridad, protección de los niños y manejo, según un informe en el que ha participado el RACE, que informa de que durante 2010 fallecieron 53 niños como consecuencia de un accidente de tráfico, de los que casi el 70% eran ocupantes de un turismo o una furgoneta; de ellos, “la mitad no llevaba un sistema de retención adaptado a su talla y peso”. De los 33 modelos de sillitas analizados, 16 sistemas resultaron ‘satisfactorios’ y ninguno alcanzó la calificación de ‘muy satisfactorio’. Cinco de ellos se revelaron ‘muy insatisfactorios’, al presentar “importantes deficiencias” de seguridad y dos sillitas de retención se hicieron acreedoras a un ‘insatisfactorio’.

Fraude en anuncios de empleo. Facua advierte del “aumento de fraudes en anuncios de empleo que aprovechan la coyuntura de crisis económica y las cifras de paro para ofertar falsas oportunidades laborales”. Denunci esta asociación que ciertas ofertas de trabajo publicadas en prensa ofrecen puestos de trabajo donde se indican números de teléfonos que remiten a números de tarificación adicional como los ‘807’, de un coste por minuto de 1,20 euros desde red fija y 1,57 euros por minuto desde dispositivos móviles. Facua destaca que el modo en que este número es ofrecido a los usuarios pretende evitar que el usuario se percate de que está llamando a un ‘807’.

Tirar de fondo de armario, medida anti-crisis. Gastamos un 40% menos en ropa que hace cinco años, y un 5% menos que el año anterior. Cada hogar español gastó una media de 1.130 euros en ropa, complementos y artículos textiles para el hogar en 2011, lo que supone un descenso del 5% respecto al año anterior (1.190 euros) y del 40% en los cinco últimos años (1.881 euros en 2006), según informe encargado por la patronal Acotex. Ligada a esta noticia, hemos podido leer otra, que comparte sentido: el gasto de una boda en España disminuye en 2012 por quinto año consecutivo, con una media de 13.190 euros por boda, un 8% menos que en 2011, según un estudio de FUCI para una boda con unos cien comensales.

En Euskadi todo es más caro, también aparcar. Las calles vascas tienen la OTA más cara de todo el país. Una exhaustiva investigación de OCU acaba de demostrar lo que quienes nos desplazamos a menudo en coche ya presumíamos: aparcar en las calles de las capitales vascas cuesta más que casi en cualquier otra ciudad española. Además, Vitoria lidera el ranking de las que han experimentado mayores subidas de tarifas: desde 2006, ha encarecido su sistema de aparcamiento regulado en superficie un 209%, un disparatado récord, cuando la siguiente ciudad que más las subió fueValencia, con un 47%. En Bilbao subieron un 15% y en Donosti, un 20%.

Ciudadanos engañados, en plena crisis, por entidades financieras de las que eran clientes. Adicae ha denunciado que las cajas de ahorros han utilizado a sus clientes para “tapar agujeros” mediante la colocación de acciones y participaciones preferentes. La asociación de consumidores especializada en temas financieros aseguró que Bankia, Caixabank y Banca Cívica “han encerrado los ahorros de toda la vida de miles de familias con el único objetivo de reforzar su capital”. El presidente de Adicae, Manuel Pardos, calificó de “engaño masivo” la colocación de acciones de los grupos de cajas fusionadas para convertirse en bancos, porque se centró en clientes y depositantes especializados, desconocedores de este tipo de mercados y a los que se convenció recurriendo a “información tendenciosa y engañosa y con políticas comerciales muy agresivas”. Estimó que unos dos millones de familias tienen su dinero atrapado en las acciones de estos tres grupos, que han perdido buena parte de su valor bursátil desde que empezaron a cotizar.

¿Y la canción?

“Boy With A Coin”, un temazo encuadrable en uno de mis palos predilectos, el folk-pop; en este caso, se trata del norteamericano Iron and Wine en su disco The Shepherd’s Dog, publicado en 2007. La estructura e identidad estilística de la canción es folkie, y el sonido muy lo-fi (en plan casi doméstico, vamos), pero los arreglos y la instrumentación del disco que la contiene ya superan esos vallados y nos trasladan a una experimentación que bebe del rock, el pop, la psicodelia, lo étnico, en fin, una rareza y una gozada.

Y para que comprobéis cuánto de folkie y de extraordinario artista es el amigo Sam Bean, que así se llama en la vida corriente, os dejo con este video en directo, de canciones pertenecientes su último y fantástico disco, Kiss Each Other Clean, del año pasado. Es un tubito largo, pero carece de un solo segundo de desperdicio. Tómate tu tiempo y sabrás lo que es bueno.

Cuidado: Phishing y timo en Internet en la oficina

A una compañera (llamémosle Ainara) de la tele le robaron este pasado jueves casi 6.000 euros, que desaparecieron de su cuenta corriente en el banco en que ingresa su nómina cada mes y en la que tiene su hipoteca. Los delincuentes hackearon la web del banco justo cuando Ainara comprobaba el estado de su cuenta corriente. En el centro de la home de la web del banco había un llamativo banner en el que se indicaba a los clientes que con el fin de “mejorar la seguridad de sus operaciones” facilitaran su número de móvil. Esto, por infrecuente, extrañó a Ainara pero como le era imposible continuar operando si no facilitaba su número de móvil introdujo en la casilla correspondiente su número de móvil. Al de pocos segundos, recibe un sms en su móvil que le pide que introduzca un número en el banner de la web del banco, que aún no había abandonado pues todo esto ocurre en menos de un minuto. Una vez cumple el requisito, sigue nuestra Ainara con sus operaciones en la web identificándose, como lo hace siempre, con su nº de DNI y su clave secreta. Los delincuentes (supimos después), ya en su poder los números de acceso de Ainara, ordenan haciéndose pasar por ella, dos transferencias desde su cuenta corriente a dos cuentas de otras tantas entidades financieras por importe de más 2.900 euros cada una (al parecer, cuando las transferencias son superiores a 3.000 euros, salta la alarma en los sistemas de seguridad web de los bancos). Fueron suficientes cinco minutos para que todo el proceso se ejecutara. La primera transferencia se hizo a las 16:37 horas y la otra a las 16:40 horas. De la conversación que mantuve con Ainara obtuve una información valiosa: ella no hizo transferencia alguna ese día (en realidad, usa Internet solo para consultas y casi nunca para hacer operaciones, al igual que quien suscribe) y no facilitó, ni se lo pidieron, su número de seguridad para ordenar transferencias, un filtro más de seguridad para evitar estos robos. A pesar de ello, como es obvio, sí lograron ordenar esas transferencias. ¿Cómo lo hicieron, cómo es que sabían esta segunda clave secreta? Obviamente, habían logrado ese dato de la web del banco mediante alguna manipulación previa.

No creo que sea casualidad que Ainara hubiera efectuado la semana anterior una transferencia desde la web de este mismo banco a una amiga para pagar un viaje que proyectan hacer juntas este verano.

¿Nos vamos haciendo cargo de cómo pudo ser el ataque a la web del banco, y de su temible vulnerabilidad? Sigamos con el relato.

Poco después, en torno a las diez de la noche de ese mismo 17 de mayo, la entidad bancaria se pone en contacto telefónico con Ainara para comunicarle “dos movimientos sospechosos de fraude” en su cuenta corriente. Ella, tan sorprendida como asustada, les confirma que nada sabe de esas transferencias. Y, naturalmente, exige que el banco adopte las medidas oportunas para que el menor plazo de tiempo se le reintegre el dinero desaparecido de su cuenta. Todo ello, según me cuenta la propia Ainara, no sin inquietud y un poco de vergüenza (cuando te engañan así, es inevitable sentirse un poco zoquete), pero en la confianza de que al tratarse de una violación de la web del banco por unos delincuentes, la entidad que gestiona su nómina, su hipoteca y su cuenta corriente se hará cargo del problema y lo resolverá sin dilación.

¿Y qué ocurrió a partir de aquí?
Anotamos en el habe del banco:

1) la rapidez (tardaron solo cinco horas) con que que el servicio antifraude del banco detectó la comisión del delito financiero y la comunicó al cliente

2) el propio técnico del banco que le llamó le tranquilizó asegurándole que iban a “parar” las transferencias y que todo se iba a resolver al día siguiente, viernes, cuando acudiera a su oficina habitual, ubicada en Galdakao (Bizkaia)

¿Y en el debe, en lo que podrían haber hecho mejor, qué ponemos? Veamos:

1) La vulnerabilidad de la web del banco, uno de los mayores del país y del mundo, por cierto. La facilidad con que hackearon durante unos minutos su página web; y que, además, pudieran hacerse con la segunda clave secreta de la cliente, que había utilizado esa clave ¡una semana antes! para ordenar una trasnferencia

2) Que, al día siguiente, la directora de la sucursal del banco a la que Ainara acude a hacer sus gestiones presenciales, mostró una actitud bien distinta: le comunica que se ha puesto en contacto con el departamento de Fraudes de su banco y que es Ainara quien debe tomar la iniciativa; en concreto, cursar una denuncia en la Ertzaintza, cosa que hace esa misma mañana, la del pasado viernes, no sin emplear dos horas en el cometido. Cuando minutos después, envía por email la denuncia a la directora de la sucursal, esta le dice que no puede garantizar nada y que las diligencias siguen su curso. Planchazo. Además se sumirle en el temor y la desesperanza, esta actitud le sorprende, pues le han robado casi 6.000 euros de su cuenta corriente en un banco cuya web han violado los delincuentes, y parece que la culpa se la echan a ella. Unos delincuentes cuya estrategia se basa en hacer creer al cliente que la página web del banco que han vulnerado es la web original, y que la información que le piden es solicitada por el propio banco, y no por unos cacos. Parece obvio que la seguridad de la web que el banco ofrece a los usuarios para que estos hagan sus gestiones es responsabilidad exclusiva del propio banco, y no de sus clientes. ¿o no es así?

¿Y cómo concluye la historia?

Aún no lo sabemos, pero pinta bien. Quiero pensar que en parte se debe a una larga y documentada reclamación que enviamos al servicio de atención al cliente del banco el mismo viernes exigiendo que se hiciera cargo del problema. Más que nada, para que se dieran cuenta de que la cliente no se chupa el dedo ni está rumiendo su desconsuelo, paralizada por el miedo y poseída por la pegajosa vergüenza de no haber reparado en el engaño. Hoy, lunes, acaba de recibir llamada de la directora de la sucursal que, desprovista de empatía o amabilidad alguna, le asegura que recuperará su dinero en uno o dos días; no sin eximirse ella de la responsabilidad, ya que, según manifiesta, el problema nada tiene que ver con su trabajo ni con su sucursal; da a entender que es un asunto “de los de Internet del banco” y de la propia Ainara, que ha caído en la trampa urdida por los ladrones. Estos, los de seguridad de la web, acaban de enviar un mail a Ainara (“…verificamos que con fecha 17 de mayo tiene aperturado un procedimiento de fraude…”), en el que reconocen que las “dos transferencias fraudulentas se realizaron a través de la página web de nuestro banco”. Algo es algo.

Los 6.000 euros que volaron de la cuenta corriente de Ainara volverán a su sitio, estoy seguro, pero ello no va impedir que nos quede a ambos un regusto amargo tras valorar lo ocurrido desde el jueves. El comportamiento del banco en lo que a atención al cliente y protección de sus intereses y derechos respecta, ha sido insatisfactorio. El banco debería haber asumido desde un principio que el origen del problema estuvo en la inseguridad de su web y, partiendo de ahí, tranquilizar a su cliente y garantizarle desde el minuto uno que iba a recuperar su dinero. Y no tenerle cuatro días con la duda de si podía perderlo.

Este de Ainara es solo uno de los cientos de casos de estafas en la web registradas en los archivos policiales. Y no nos equivoqueños: se trata de una treintañera inteligente y despierta, lo que nos habla de que todos (y no sólo los mayores, los niños, los poco iniciados en la Red o el personal extremadamente ingenuo, que de todo hay) tenemos que permanecer alerta; cualquiera de nosotros puede ser víctima de un timo en Internet.

Y como nunca está de más, permitidme que os proponga diez medidas de prevención para minimizar la posibilidad de que nos roben en la Red mediante el phising o robo de datos; seguro que las conocéis, pero no nos vendrá mal repasarlas.

1) Nuestras contraseñas y claves secretas para operar en la web de bancos y cajas son un tesoro, deben ser aleatorias y no obvias (nombres de familiares, fechas señaladas…) ni lógicas; nadie ha de conocerlas y no debemos dejarlas al alcance de nadie (¡si hay quien las lleva en la cartera, y quien las tiene en la oficina a la vista de todo el mundo!)

2) Si la web de nuestro banco o caja nos pide algo que nunca ha solicitado, sospechemos. Los ladrones se aprovechan de nuestros descuidos, y su objetivo es hacerse con nuestras claves de acceso para operar como si fuéramos nosotros.

3) Y qué decir de los emails que parecen proceder de nuestro banco o caja. Nunca nos va a enviar mensajes para solicitarnos nuestras contraseñas o claves. Es así de rotundo: quien lo hace es siempre un ladrón cibernético, que envía millones de emails; le basta con que uno de cada diez mil usuarios pique y le proporcione sus datos. El año pasado, clientes de una gran entidad bancaria española recibieron un mensaje que les comunicaba que su tarjeta había quedado bloqueada o que su cuenta va a ser cancelada, indicando que se pinchara en un link que dirigía a una página web en la que les solicitaban las claves de acceso o datos de la tarjeta de crédito.

4) El protocolo de acceso a nuestras cuentas es siempre el mismo y no es por casualidad: esta rutina es una medida de seguridad. Recelemos de cualquier mensaje que sugiera una modificación en este acceso. La web del banco (por mucho que comprobemos que seguimos en ella, por ejemplo mirando la url) puede haber sido hackeada, y de ser así, dejaría de ser segura.

5) Las operaciones bancarias por Internet, y sirve también para las compras y para ver el correo, hagámoslas desde nuestro ordenador personal o smartphone, que habremos blindado convenientemente contra estos ataques; evitemos ordenadores públicos, de cafeterías y del trabajo, mucho más vulnerables.

6) Atentos a los redireccionamientos, que pueden llevar a webs falsas idénticas a las originales. Para acceder al correo, a las web de los bancos y a esas páginas donde compramos productos o servicios usemos siempre nuestra carpeta de “Favoritos”. Es una medida de seguridad sencilla; no es infalible (a Ainara no le hubiera servido, por ejemplo), pero no cuesta nada adquirir ese hábito.

7) Usemos filtros de seguridad específicos para evitar que los phisher puedan usar programas que se instalan en nuestros ordenadores para espiar y posteriormente registrar los datos y claves que manejamos en nuestras operaciones bancarias o de compra.

8) Otro plus de seguridad es usar, si lo tenemos, el DNI electrónico para acceder a la web de nuestro banco o caja.

9) Mantengamos siempre actualizados el sistema operativo de nuestro ordenador, el navegador y los programas antivirus: Y contemos con un cortafuegos que logre aislar nuestro PC de ataques.

10) Hacer operaciones bancarias, y lo mismo puede predicarse de las compras mediante Internet, es seguro. Te pueden robar en la Red, pero no más que en la calle. Por entendernos: a nadie se le ocurre salir de un cajero contando con deleite y ostentación un montón de billetes de 200 euros. En la Red también hay normas de prevención y seguridad; no son tan intuitivas como las del mundo físico ni estamos tan familiarizadas con ellas, pero si las conocemos y aplicamos con cierto rigor podemos operar en Internet con unos parámetros de seguridad más que razonables. Y, de ese modo, no renunciar a la comodidad y a todas las facilidades que la Red nos aporta.

¿ Y la música?

Os traigo hoy a Michael Kiwanuka, cantautor y guitarrista británico de origen ugandés que le da al soul con ricas influencias del blues y el folk, cuyo álbum de debut, ‘Home Again’, se publicó a finales de marzo. Como efecto de renombrados premios recogidos por este disco (el de la BBC, entre ellos), Kiwanuka es ya bastante conocido entre nosotros. No deja de sonar convencional su música, pero el disco, en parte por muy bien arreglado y producido, se hace de escucha fácil y contiene varios temas de factura impecable, como este Tell me a tale, de tempo ágil y ritmo animado: Lo escuchamos, y vemos, interpretado en un brillante directo de Michael Kiwanuka con la nutrida banda que le acompaña sobre los escenarios.

Todos, consumidores

No es la primera vez que en este blog ensalzo el trabajo de Eroski Consumer y de OCU, dos proyectos muy útiles para el conjunto de los consumidores, y no solo para sus usuarios más habituales. Uno, el primero, va dirigido al conjunto de la sociedad, mientras que el otro (OCU) se destina preferentemente a sus socios, aunque buena parte de sus iniciativas e informaciones llegan a todo el mundo.

Quiero hoy trasladar un reconocimiento muy sentido tanto a uno como a otro proyecto y a quienes los hacen posible.

A Eroski Consumer, en concreto a su página web, por su trabajo cotidiano informando a los ciudadanos de los asuntos de la vida cotidiana de los que hablamos en este blog y en su momento en el programa de ETB-2 “Consumidores”, que quizá algunos recordáis aún. La portada de hoy de Eroski Consumer, lunes 14 de mayo, conviene fijarse en los temas que aborda, todos ellos de creación propia y desarrollados con suficiente profundidad: ensaladas refescantes para el verano, cómo formalizar una reclamación contra un banco, qué hacer para reducir el riesgo de accidente de nuestros hijos pequeños, cinco formas para evitar que nuestro perro se aburra, información útil para la Declaración de la Renta 2011, nuevas redes sociales de recomendación de productos, cómo conservar mejor la especias, y el riesgo para el cerebro que pueden entrañar ciertos deportes de riesgo. No busquéis resultados deportivos, ni información política, ni cotilleo ni pasarelas de moda ni nada sobre famosos, ni sección de televisión…; solo hay info útil sobre temas prácticos y cotidianos, sobre las cosas que más nos afectan como ciudadanos en tanto que consumidores, y siempre bien presentada, además de impecablemente organizada, para su más fácil localización y uso. Pues bien, Eroski Consumer (junto a RTVE a la carta y Trip Advisor, nada menos) ha logrado ser finalista, entre más de 600 web presentadas, del premio anual a mejor web española, concedida por la AUI, la asociación de usuarios de Internet. Mi enhorabuena desde aquí a todo el equipo, con el que tuve la suerte de compartir sueños y esfuerzo durante muchos años. Estar ahí es ya todo un éxito para Consumer, y lo mejor es que a nadie extrañaría que ganara el premio, tan indiscutible es la calidad informativa de este ambicioso y veterano proyecto en Internet.. Se lo merece Eroski, por más de tres décadas informando desinteresadamente al consumidor y se lo merece el amplio equipo de periodistas y técnicos que lo hace realidad cada día. Todo un orgullo para Euskadi que una empresa nuestra compita ahí, a ese nivel, la excelencia en Internet, para entendernos.

¿Y la OCU? Pues podría felicitarles por haber ganado (en primera instancia) hace pocas semanas el juicio al que les llevó Fenil, la patronal de la industria lechera, por un análisis comparativo de su revista OCU-Compra Maestra que denunciaba que la leche UHT entera (en tetrabrik, la más consumida) había bajado de calidad estos últimos años, y que algunas conocidas marcas no respetaban algunos parámetros de calidad establecidos por la norma. Los análisis comparativos son la seña de identidad de las revistas de consumo, lo que las diferencia -por su rigor técnico, su independencia y su credibilidad; y por qué no decirlo, por el dineral que cuesta hacerlos- de cualesquiera otras publicaciones, y no sería bueno para los ciudadanos ni para el propio mercado que la Justicia pusiera en entredicho su fiabilidad técnica y su independencia absoluta de los avatares del mercado. Porque estos comparativos no solo constituyen una referencia de valor insustituible para los ciudadanos que gustan de elegir con conocimiento de causa lo que compran, ya sea una lavadora, una lata de atún, un seguro de hogar, un neumático o un programa para el ordenador; es que, además, estimulan a los fabricantes y distribuidores a mejorar sus productos, y al mercado en general le inducen a enfocar su trabajo hacia lo que de veras importa: la satisfacción de las expectativas del consumidor, de sus clientes. Pero no, quiero reconocer el trabajo de la OCU por un tema menos mediático que el del análisis de leche, pero que remite de modo diáfano al papel insustituible que juegan las asociaciones de consumidores en la sociedad del gasto en la que intentamos vivir. Al asunto: la denuncia ante los tribunales que OCU, junto a otras asociaciones de consumidores europeas, hizo de la práctica ilegal de Apple de dotar de solo un año de garantía (deben tener dos años, así lo estipula la legislación europea y española) a dispositivos tan implantados en el mercado como los Ipad, los Ipod y los Iphone y al conjunto de ordenadores de la marca de la manzana verde, obligó a la multinacional norteamericana a rectificar e informar de que sus productos, en Europa, cuentan con los dos años de garantía preceptivos. Y no es un tema menor: son tan caros estos artefactos, tenemos tanto miedo de estropearlos, que Apple vende un seguro específico (Apple Care Protection se llama el invento, y cuesta en torno a 70 euros/año para un Iphone, por ejemplo) para ampliar la cobertura de la garantía legal. Lo leo, aún hoy, en la propia página web de Apple: “Todos los iPhone incluyen garantía limitada de un año1 y hasta 90 días de asistencia técnica telefónica gratuita Apple Care Protection Plan para el iPhone amplía esta cobertura a dos años a partir de la fecha de compra del teléfono. Con solo una llamada te ayudaremos a resolver tus dudas relacionadas con iOS, las aplicaciones diseñadas por Apple para el iPhone y los problemas de conexión entre el iPhone y tu Mac o PC”: Tenemos que hacer clik en ese superíndice 1 de la garantía para que en la web de Apple se nos informe de que “Para aquellos consumidores protegidos por las normas en materia de consumidores y usuarios aplicables en sus países de compra respectivos o, si fuera diferente, en su país de residencia, los beneficios previstos en estas garantías de Apple se suman a los derechos y acciones reconocidos por las referidas normas en materia de consumidores y usuarios, y en ningún caso contrarios a éstas, que incluyen sin limitación: Derechos legales adicionales para consumidores en España.” Lo que deberíamos preguntarnos es lo siguiente: ¿por qué no obligan las autoridades a Apple a que en los productos que comercializa en España especifique que su garantía es de 2 años? ¿Quizá porque de este modo se suscribirían menos Apple Care Protection Plan? Por cierto, esta de reducir la garantía legal de sus productos es una práctica común en el mercado de la informática; lo dice la OCU, que señala otras muchas marcas que hacen lo mismo.

Lo dicho, las entidades y publicaciones que informan sobre los temas de la vida cotidiana, y muy en concreto las que lo hacen con el rigor, el compromiso y la imparcialidad de Eroski Consumer y OCU merecen el reconocimiento de sus beneficiarios, que no somos otros que los consumidores en general. Vayan estas sentidas líneas de aplauso para ellos.

La música, pues…

Muchos amantes del pop, el folk o el rock, incluso de lo que se entiende como música clásica, reconocen aburrirse y no poder con el jazz. Para ellos, vaya My Funny Valentine, hipnótica canción de los años treinta interpretada por el trompetista y cantante Chet Baker; a ver qué tal. Una maravilla, avisados quedáis.

¿Más impuestos a la comida basura?

(perplejos y decepcionados por el papelón protagonizado estas últimas semanas por Banco de España, Gobierno actual, oposición cuando fue gobierno y, por supuesto, los responsables directos de la entidad, seguimos asistiendo al culebrón Bankia. Y nos preguntamos cómo se ha dejado agravar la enfermedad -me temo que no solo ha sido la contaminación del ladrillo- hasta el punto de llegar a la tesitura de operación a vida o muerte que supone la intervención por el Estado; y cómo puede justificarse que se haya hecho tan tarde, con ese coste tan desmesurado para el erario público, con esa imagen tan lamentable trasmitida a los mercados y al mundo en general en este dramático momento de la economía española y con tantos ciudadanos inocentes perjudicados; y es que no puedo dejar de pensar en los miles de accionistas que acudieron confiados a la salida a Bolsa de la nueva empresa hace aún pocos meses. ¿Se exigirán responsabilidades a los dirigentes -económicos y políticos- que han consentido la quiebra de una entidad que integraba, entre otras, a dos cajas de ahorros cruciales en el sistema financiero patrio como Caja Madrid y Bancaja? Todos echan balones fuera, el fracaso no tiene padres. Y mira que sería edificante que cada uno se hiciera cargo de su parte de responsabilidad en el desastre: aportaría un mínimo de esa confianza que está en niveles subterráneos desde hace demasiado tiempo. Y sin confianza no hay economía que crezca, ni tasa de desempleo que se reduzca).

(Euskadi, se ha comunicado hoy, entra oficialmente en recesión, ya que su economía ha decrecido –respecto del mismo periodo del año anterior- dos trimestres consecutivos. Es la segunda desde que se inició esta crisis que marcará los inicios del actual siglo: la primera recesión se fecha en el ya lejano 2007, lo que nos da una idea de lo mal que marchan los números, también para los vascos, estos últimos meses)

(he aquí, ¡albricias! -como se decía antes en los comics- una noticia positiva-: dos constructores han sido condenados por un Juzgado de lo Mercantil de Bilbao a indemnizar con 2,98 millones de euros a los propietarios de un edificio de viviendas de Barakaldo -un rascacielos de 22 plantas levantado hace siete años- por las graves deficiencias de que adolecen sus pisos. Los constructores denunciados por los vecinos propietarios deberán responder con su propio patrimonio, toda vez que la sociedad que construyó las viviendas está en concurso de acreedores y que el juez ha considerado que los constructores son responsables directos de la insolvencia de la empresa. Los vecinos han necesitado 5 años y acudir a varios juzgados para resolver la batalla legal, pero no han conseguido una indemnización suficiente para solucionar los problemas de sus pisos, que un perito tasó en 4,68 millones de euros).

Estamos programados para que nos guste comer, y de hecho es una de las pocas cosas que resulta agradable a todo el mundo, a pesar de lo redundante de la operación. Como seres inteligentes que somos, las acciones que repetimos cada día tendemos a mejorarlas e historiarlas un poco; nos lo pide el cuerpo. No otra cosa que este espíritu de hacer cada vez mejor lo que debemos hacer a menudo es el origen del desarrollo y el progreso económico y social, diría yo. De esta imperiosa necesidad de nutrirnos hemos hecho virtud y pacientemente, generación tras generación y siglo tras siglo, hemos ido convirtiendo este acto tan cotidiano y necesario en fuente no solo de satisfacción inmediata, sino también de entretenimiento y socialización definitoria de las costumbres, la economía y la cultura de cada etnia y zona del planeta. Algo tremendo. Si hemos llegado a calificar de arte al proceso de hacer comestibles, hermosos y digeribles los alimentos que ingerimos, reparen en hasta qué punto hemos sofisticado una acción tan prosaica como llenar la panza y proveernos de energía para seguir levantándonos cada mañana con ganas de hacer cosas.

Al igual que resulta placentero el trámite que procura la reproducción humana, el hecho de que comer sea una satisfacción (la única de ciertos días oscuros, sí) es un medio de garantizar la pervivencia de la especie. Ahora bien, ¿por qué, a pesar de tantos años de trabajo denonado con los productos, con sus preparaciones y con los platos, a pesar de haber convertido el quehacer culinario en carrera casi universitaria, lo que más nos gusta, por sabroso y apetecible, es casi siempre lo más calórico, salado, azucarado y rico en grasa; o sea, lo que más perjudica, a la larga, nuestra salud? ¿Para esto tanta evolución tecnológica? No niego que también se disfruta lo suyo dando cuenta de una imaginativa ensalada condimentada con originalidad y delicadeza, y un buen pescado fresco asado con esmero a la brasa. Pero este saludable menú, además de exigir entrenamiento gustativo y suponer un presupuesto poco coherente con los tiempos de crisis que padecemos, difícilmente nos deparará la satisfacción esencial de un chuletón con pimientos, una paella bien surtida de marisco y pollo, unas alubias con sus obscenos sacramentos o un plato de pasta con abundante nata y bacon. O, ya abandonando cualquier atisbo de mesura, pocas cosas resultan más tentadoras, cuando el hambre hace resonar el estómago, que una hamburguesa doble con queso y bacon, cebolla frita, mostaza y ketchup, acompañado todo de una gran caja de patatas fritas, un refresco dulzón o una cerveza y una copa de helado tamaño extra.

Sirva este prolijo preámbulo para situar el tema de esta semana, la comida rápida, o comida basura, que tantos aficionados lleva décadas cautivando, muy especialmente entre niños y jóvenes. Sabrosa al paladar y barata para el bolsillo. Dos cualidades que a nadie disgustan. Además, todo en los restaurantes fast-food es sencillo y rápido, por no requerir protocolo alguno no se necesita ni destreza con los cubiertos. Todo fácil y sin problemas.Y con dos vectores de refuerzo: las multimillonarias inversiones en campañas publicitarias que asocian esta comida a la juventud, la felicidad, la armonía familiar, la calidad nutricional, el sabor…; y por otro lado, la investigación de la industria alimentaria, dirigida a encontrar (o crear) las materias primas más sabrosas; y los aditivos, ingredientes y mezclas que más las realcen en sabor, aroma, textura y color; y las presentaciones más llamativas del producto, que hagan a estas comidas irresistibles; y vaya que lo logran: se discute, incluso, si son adictivas.

Científica y socialmente hay consenso. La obesidad y las enfermedades cardiovasculares (más en concreto, su mayor prevalencia) están directamente asociadas a las dietas demasiado calóricas, grasientas, saladas y azucaradas. Exactamente, y uno a uno, los atributos que definen la comida basura.

Tenemos encima de la mesa de debate social una interesante iniciativa, ya aplicada en algunos países y propuesta por cierto partido republicano catalán: gravar con impuestos especiales la comida basura, al modo en que se hace con el tabaco o las bebidas alcohólicas, y destinar ese dinero a la educación nutricional de la población y a fomentar el consumo de alimentos saludables. Tras reflexionar sobre la conveniencia de este impuesto específico para la comida basura durante unos días, se me ocurre esto:

Argumentos a favor de subir los impuestos a la comida basura:

Es una batalla más en la guerra -estratégica y de gran relevancia sanitaria-, que libran médicos, autoridades sanitarias y consumidores contra la obesidad, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, vinculados tanto al consumo frecuente de comida rápida y procesada como al abandono de la dieta equilibrada, que tiene una adecuada aportación de vitamina, minerales y fibra, de lo que carece la comida rápida.

– Es un modo de conseguir que las multinacionales de comida rápida paguen y se hagan responsables de las repercusiones que sus productos y campañas publicitarias logran: el empeoramiento de los hábitos alimentarios, y por ende, de la salud de la población.

– Si la comida basura sube de precio, es más que probable que se reduzca su consumo. El encarecimiento del tabaco se ha demostrado una eficaz medida para que se fume menos.

– Si la comida basura aumenta los gastos sanitarios al favorecer la obesidad y las enfermedades a ella asociadas, es justo y razonable que aporte al sistema parte de esos gastos extra que genera

– El dinero que suponen esos impuestos especiales se puede destinar a campañas de educación nutricional, y a subvencionar alimentos saludables. Una compensación justa, vamos.

Los poderes públicos defienden y se comprometen con la salud de la gente, por lo que fomentan la dieta saludable, y penalizan la dieta -y el consumo de productos- que conduce a la enfermedad.

– Es un modo de alertar a la población de que el consumo frecuente de comida basura conduce a la obesidad y a las enfermedades cardiovasculares

– Subir los impuestos a la comida rápida e informar más sobre su contenido en calorías ayudar a limitar su consumo; es la conclusión de un estudio reciente de la Universidad de Maastricht.

– Médicos británicos de todas las especialidades han criticado duramente hace pocas semanas que su Gobierno “deja la responsabilidad en la industria para que voluntariamente rebaje las calorías, el tamaño de las porciones y asesore a los consumidores sobre la manera de comer saludablemente”. Y piden que no se permita que marcas como McDonalds y Coca-Cola patrocinen acontecimientos deportivos como los Juegos Olímpicos ni que famosos publiciten comida insana para niños.

Argumentos en contra de subir los impuestos a la comida basura:

No será eficaz, no logrará que se reduzca el consumo de comida basura ni que se reeduque a la población en materia de nutrición y dietética. No es tan sencillo cambiar los comportamientos de la gente, que por algo decide lo que decide en cada acto de consumo.

Subirá el precio de una comida popular y económica, y en tiempo de crisis, con muchas familias sin apenas recursos ni siquiera para la alimentación, eso es un error y una injusticia. Lo insano es el consumo excesivo, pagarían todos por la desmesura de unos pocos. Además, los de fast food son los restaurantes más baratos. ¿A dónde iremos, si se encarecen significativamente los menús de estos locales, cuando no tenemos dinero y necesitamos o nos apetece comer fuera de casa?

– Puede propiciar que la industria reduzca la calidad de sus materias primas y/o de otros elementos de la cadena de producción (servicio, seguridad alimentaria, condiciones de trabajo de los empleados, responsabilidad social)

– Es un exceso intervencionista del Estado, y una manera disimulada de subir los impuestos. Total, para que nada cambie…

– Es injusto con la industria alimentaria de comida rápida y procesada, que paga sus impuestos y, además, está sujeta a limitaciones específicas en materia de promoción, información, composición de los platos, etc.

Los ciudadanos son suficientemente maduros como para tomar las decisiones que más les convienen. Más aún, en un tema como el de la alimentación, en el que la información es abundante y está disponible (ese Internet) para quien desee hacerse con ella.

– Es desviar la atención y un ejercicio de hipocresía, ya que la responsabilidad de que niños y jóvenes se alimenten correctamente es de padres y educadores, del sector médico y sanitario, de los poderes públicos y en última instancia, del conjunto de la sociedad; y no de las multinacionales de la comida rápida y de la publicidad que estas hacen.

– La industria alimentaria tiene que cumplir la ley y ofrecer estándares satisfactorios y conforme a norma de calidad de producto y servicio, y de seguridad alimentaria. Y con eso debe ser suficiente; el resto es cosa del mercado libre y de la soberana decisión del consumidor.

Pues apuntados quedan los pros y contras de esta posible medida. Seguro que queda alguno por apuntar, ¿quién se anima?

Vamos ya con la música.

El Primavera Sound es un festival incomparable en calidad y cantidad a cualquier otro evento de música popular (pop, folk, rock, electrónica…, se entiende) que se celebre en España. A finales de mayo, dentro un par de semanas, congregará en Barcelona a miles de aficionados a la mejor música del momento, con indisimulada querencia a los sonidos (norte) americanos y a lo que se conoce como música independiente; traduzco: la ajena al paripé de los grandes sellos discográficos, el gran mercado, las canciones predigeridas y las emisoras de radiofórmula. Este 2012 será el primero que el Primavera no me contará entre sus asistentes, y eso que lleva ya una docena de ediciones. En cada una, de los en torno a 130 programados, hay una treintena de conciertos ineludibles para quienes perdemos buena parte de nuestro tiempo de ocio siguiendo la actualidad musical. Y de ese ramillete de shows seleccionados con deleite durante las semanas previas al acontecimiento, siempre hay un concierto particularmente ansiado, ese que no piensas perderte por nada del mundo. Esta vez, hubiera sido la actuación de Jeff Mangum, alma mater de Neutral Milk Hotel, la efímera banda de indie-rock de Lousiana (EEUU) a la que nadie ha visto por aquí en directo y que creó en 1998 un disco de culto que llevamos años escuchando y que fue el segundo y último de su carrera. Se titula “In the Aeroplane Over the Sea” y esta es la canción que da título al disco.

Las buenas noticias de la crisis

La insoportable sucesión de malas noticias de tinte económico, laboral y social, además de tentarnos a eludir los informativos, que apenas hablan de otra cosa que la crisis, no solo abusa obscenamente de nuestra paciencia. Pone, además, a prueba la capacidad de resignación que -inconscientes de nuestra anterior dicha-, habíamos casi relegado al ámbito de lo puramente personal/familiar: la salud, el bienestar emocional, el llevarse bien con los hijos, la pareja y los amigos; y en ese plan. Hoy, a nadie le faltan motivos para deprimirse; si no es por uno, lo hará por los demás. Y es que, resulta casi más difícil encontrarse con alguien que nos diga que todo le va estupendamente que tropezar con un lince ibérico al salir a la calle.

Pero me he propuesto no echar más paladas de pesimismo al montón que nos tapa el futuro, y ver qué puede aportarnos de positivo estos catastróficos años de incremento del paro (del desastre en la Bolsa hablaremos dentro de un rato), pérdida del poder adquisitivo, recortes en servicios públicos básicos y penosas perspectivas, así en general.

Desde luego, los más desprendidos habrán aprendido a valorar el dinero y a comprender el sentido del ahorro (hasta hace bien poco, el ahorrador era poco más que un pringado; hoy se ha convertido, a ojos de quienes le criticaban, en inteligente previsor); la necesidad acuciante de muchos ha relanzado el espíritu solidario de la gente; la escasez y el pesimismo nos ha conducido a todos a evitar gastos superfluos y a mostrar más respeto al futuro; los recortes en lo público tendrán un doble efecto positivo (los negativos están expuestos hasta la saciedad, dejémoslos por hoy): racionalizará el gasto del dinero de todos y lo dirigirá a lo esencial, y, por otro lado, nos hará comprender la importancia de evitar el derroche de los recursos públicos y nos concienciará de que lo público es muy valioso y patrimonio de todos, y que fallamos a la comunidad cuando hacemos un mal uso de lo público; por ejemplo, cuando se va a Urgencias sin necesitarlo, o se alarga por pura vagancia o desidia, o falta de valores, diría yo, una baja laboral; o se hace uno con más medicinas de las que necesita; o cuando se evita pagar el IVA al fontanero, o se inflan irregularmente las deducciones en la declaración de la Renta.

Sin ser conscientes de ello, hemos vivido (la sociedad en su conjunto, me refiero) como ricos, como estrellas del reparto cuando éramos solo meritorios, que han acabado siendo lo que fueron, casi pobres.

Recuerdo que hace cinco años mal contados, un directivo de una caja de ahorros vasca dijo en una conferencia ¡en Logroño! que íbamos a acabar siendo un 25% más pobres de lo que éramos entonces, y que cuando antes nos mentalizáramos y actuáramos en consonancia, tanto mejor nos iría. Llamó, y mucho, la atención su premonición –obviamente, acertada-, pero no estábamos para agoreros ni cenizos, queríamos seguir instalados en el sueño. No le hicimos, a él y a otros muchos como él que tras dela cortina ya veían lo que se avecinaba, ningún caso (políticos, empresarios, banca, trabajadores y consumidores: todos miramos a otro lado), y así nos va. La adaptación está siendo cruel, por drástica y por demasiado rápida. Se discute si había otros ritmos –viables- de reducción del gasto y la inversión públicos (la marcha ruinosa de la Bolsa y de la prima de riesgo parace ponerlo en duda), pero todos estamos de acuerdo en que está siendo muy duro el reajuste, y en que durará lo suyo.

Hoy hace dos años el IBEX estaba en 9.859 puntos, el lunes abrirá en 6.876 puntos; es decir, un 30% menos; eso es, euro arriba o abajo, lo que han perdido los ahorradores (hay unos 9 millones de personas en nuestro país que tienen inversiones en Bolsa, no es una elitista minoría,), y lo que han empobrecido las empresas cotizadas en este periodo. Una barbaridad, se mire por donde se mire.

Al menos, apreciaremos en el futuro más los servicios que pagamos con el dinero de todos; e, incluso, quién sabe, quizá dejemos de ser tan complacientes con quienes no pagan sus impuestos, no reinvierten sus beneficios empresariales, destrozan lo público o abusan de prestaciones públicas que a otros les faltan cuando las necesitan de veras.

Hay pocas noticias económicas pasables pero, tras denodada búsqueda, algunas aparecen: habrá aún más vuelos baratos y más destinos desde Loiu, entre ellos Madrid, Barcelona y Sevilla; se abaratan las hipotecas y el alquiler de vivienda; comienzan a institucionalizarse los convenios de mediación para evitar desahucios; empresas de todo tipo exploran el territorio low cost para cobrar solo lo esencial de productos y servicios. No es gran cosa, pero si lo sumamos a los efectos beneficiosos de la crisis, algo tenemos para encarar el fin de semana con un poco de optimismo; sin dinero ni ganas de gastarlo, pero al menos más animados. ¿Y con la lección bien aprendida? Pues quizá no, pero lamentablemente tendremos tiempo para aplicarnos.

Y la música

, buena e inspiradora, como siempre; y nostálgica, como casi nunca en este blog. Os dejo con Fire and Rain, mítica canción del veterano James Taylor, de innecesaria presentación y muy próximo, y carísimo, concierto en Bilbao. Es un directo de hace más de cuatro décadas.