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Telefónica, los dividendos y la Bolsa, tema que nos afecta a todos

Hablemos también hoy un poco de la Bolsa y de la prima de riesgo: parece que, afortunadamente, las cosas se han calmado, aunque podría ser solo lo que los especialistas llaman rebote técnico. Estamos ala espera de noticias de Draghi y del BCE. A ver si de una vez, se portan como cabe esperar.
Pero, para que, en este compás de espera, no falte una mala noticia -parece que nos hemos hecho adictos a ellas- Telefónica, que supone ella sola buena parte de todo el selectivo Ibex35, muestra sus vergüenzas financieras y decide eliminar, dando un disgusto a sus accionistas, sus dos próximos pagos de dividendo. Me parece, he de adelantarlo, una decisión acertada y necesaria de la operadora de telecomunicaciones, y en mi ingenuidad, pensaba que el valor subiría en esta sesión. Por qué, se preguntarán. Pues porque las dificultades de financiación de esta empresa eran bien conocidas y porque renunciar a pagar dividendos equivale a disgustar y defraudar (alguno se sentirá incluso engañado, lo verán) a los accionistas y supone reconocer delante del todo el mundo que el problema financiero es, efectivamente, grave. Pero a la vez significa una cosa muy importante: un ejercicio de responsabilidad y seriedad por parte de la empresa, ya que evita, en un momento crítico como este, descapitalizarse; y puede guardar, así, ese dinero para cometidos más estratégicos. Pero hete aquí que no, que en la reacción de los mercados ante esta drástica decisión (Telefónica siempre ha destacado por sus suculentos y recurrentes dividendos) ha pesado más la cruda plasmación del reconocimiento y la asunción del problema por parte de la empresa que el otro problema, el que que hubiera supuesto la descapitalización que acarrea el pago de dividendos; no por otro motivo, tras esta recompensa al ahorrador/inversor la acción siempre pierde un poco de valor.
A las doce del mediodía, Telefónica pierde un 6%, una barbaridad, porque su acción vale poco más de 8 euros, cuando el precio que todos tenemos in mente para el papel de Telefónica ronda los 15-20 euros por acción, no en vano es en ese intervalo donde –salvo pequeños y puntuales descensos- se ha movido desde 2007 hasta setiembre del año pasado. Pues ya ven, para un día que se prometía tranquilo (la prima de riesgo ha bajado ya de los 600 puntos y, a pesar de Telefónica, el ibex sube ahora un 1%), millones de pequeños ahorradores ya tienen un disgusto, otro, que metabolizar este fin de semana.
Al margen, comentar que a pesar de que el Santander haya informado que sus beneficios son notablemente inferiores a los del pasado año –porque ha provisionado mucho dinero para sus créditos-, la Bolsa está acogiendo positivamente la noticia: está subiendo un 3% su cotización. Aunque si comprobamos que las santanderes están a 4,20 euros, dan ganas de llorar. Y, lo he dicho más de una vez, este de la marcha de la Bolsa española no es un asunto que efecte solo a los inversores en renta variable, qué va: con los dividendos y las plusvalías que de la Bolsa logran millones de ahorradores y pequeños inversores se pagan muchas vacaciones, muchos coches, muchas viviendas, muchas cervezas del bar y comidas de los restaurantes, muchos recitales de ópera o funciones de teatro, e incluso muchas compras del hipermercado y de las tiendas de ropa. Por ello, aunque no juguemos en Bolsa, lo que ocurre en el parqué madrileño, en concreto, estas miserables útilmas semanas, nos afecta directamente, a todos. Incluso a las peluquerías. Pero de eso hablaremos un poco más tarde.

Nos quedamos sin Rebajas, ¿o no?

Nos recordamos, hace una semana, en plenas Rebajas y aprovechándolas quien podía y tenía humor para hacerlo, muy asustados por la dimensión de la crisis económica y por esas preocupantes noticias de los mercados financieros que han ido agravándose con el paso de los días, cuando

dentro del amplio paquete de medidas liberalizadoras del comercio impuestas por el Gobierno central nos topamos con una sorpresa: se van a eliminar las Rebajas tal y como las conocemos

esto es, reguladas por ley hasta su más ínfimo extremo, y cada comerciante podrá hacer –o no- rebajas cuando quiera y prácticamente como le venga en gana, sin atenerse a periodos concretos, reducciones mínimas de precio ni otros condicionantes específicos, como que el artículo rebajado hubiera estado a la venta antes de darse inicio a las Rebajas.

Unas de invierno, que daban inicio justo después de Reyes y por razones que no se le escapan a nadie, y otras de verano, que comenzaban a primeros de julio; en total, hacían cuatro meses al año de ventas a precio muy reducido, instaurados desde hace décadas con la finalidad que las tiendas puedan despachar lo que les queda por vender del género de temporada y sustituirlo en las baldas por el de la siguiente, ya con los nuevos diseños.

Se pretende, con esta medida, que cada empresa -grande,mediana o pequeña o ínfima- decida libremente si quiere o no hacer rebajas, en qué semanas o días concretos y durante cuánto tiempo. Por tanto, se elimina un elemento más del complejo y nutrido arsenal de intervenciones -que definiremos como no imprescindibles, para no polemizar- del Estado en la actividad empresarial; en este caso, en un sector muy concreto, el comercial, y dentro de él, fundamentalmente el de textil, complementos y afines. Da la impresión de que el Gobierno reacciona ante las presiones de la UE tomando decisiones que podrían ser más drásticas pero que no dejan por ello de ser importantes y de que lo hace sin reparar mucho en las quejas de más de la mitad del sector (todo lo que no es grandes centros comerciales, grosso modo) ni de los sindicatos. Cuando decimos “reacciona”, queremos decir que actúa urgido, presionado por una UE que exige la liberalización paulatina de un mercado que considera demasiado regulado por la Administración, particularmente en lo que atañe a la protección del pequeño comercio. La Comisión de Defensa de la Competencia, por cierto, lleva años pidiendo que la ley de Rebajas sea derogada.

Para comprender la coyuntura y el contexto en que se produce el cambio legislativo sobre las Rebajas y el alcance de la iniciativa, recordemos que el Gobierno central ha decidido ampliar a partir de 2013 los horarios comerciales del mínimo actual de 72 horas a 90 horas semanales, aumentar los domingos y festivos de apertura hasta un mínimo de 10 días al año frente a los ocho ahora vigentes, y potenciar las zonas de afluencia turística con una norma que obligará a 14 ciudades (entre ellas, Bilbao) a delimitar un área con libertad de apertura comercial en domingos y festivos. Asimismo, se dará completa libertad de apertura a cualquier establecimiento comercial de superficie inferior a 300 metros cuadrados, cuando anteriormente el máximo era de 150 metros cuadrados.

Volviendo al tema que nos convoca hoy, insisto: las Rebajas no están para beneficiar al cliente

se crearon hace décadas (si bien no fue hasta 1996 en que se normativizaron hasta casi el último detalle), para dar solución a un problema de los comerciantes. Ya después, se redactaron normas que preservaban los derechos de los consumidores, y la cosa ha funcionado más o menos correctamente desde entonces. Pero la cadencia de hechos es esta, no otra. En realidad, siempre ocurre así. Son muy pocos los cambios relevantes adoptados por el comercio, y por extensión, por la economía, con el objetivo de dar satisfacción a los consumidores: son otras las fuerzas y poderes que presionan a la Administración y que compiten entre sí en un pulso sostenido a lo largo del tiempo y consiguen que aquella dicte e implante normas y más normas (el del comercio es uno de los sectores más regulados en España, sino el que más) que acabarán convirtiéndose en costumbre, pero que no actuarán en beneficio de los consumidores y la ciudadanía en general, sino atendiendo a otros intereses.

Uno querría ir al banco, al restaurante, a las oficinas municipales, al bar, al dentista, al notario… y a comprar viandas o ropa cuando puede, cuando sus propios horarios laborales, personales o familiares se lo permiten o aconsejan; y, puestos a pedir, también cuando le apetece. Y dado que aun siendo caprichosos, insolidarios y egoístas no dejamos de ser razonables, nos conformaríamos con que las (presumiblemente, pocas) entidades y empresas que quisieran y pudieran atendernos cuando a nosotros nos es posible y nos place, puedan hacerlo.

Si prefiero comer a las doce y media, por mucho que el uso común sea hacerlo de una y media a tres de la tarde, me gustaría encontrar algún restaurante que comience a dar comidas a las doce o doce o media, aunque solo fueran un par de ellos en toda la ciudad. Probablemente, no seré el único cliente que prefiera alimentarse a esa hora; de hecho, es la costumbre en muchas ciudades europeas. Pero si los restaurantes, unidos como sector, acuerdan que permitir que se comience a servir comidas a esa hora –aunque, en la práctica, fueran solo el 1% de los existentes los establecimientos que lo hicieran- obliga a todos a hacer lo mismo, rompe el mercado y por ende, agrede la vida familiar o los derechos sindicales de los empleados, o supone competencia desleal con los que prefieren seguir con los horarios de siempre… el sector como tal acabará presionando a quien corresponda para que ningún restaurante pueda dar comienzo a sus comidas hasta la una y media de la tarde. Consecuencias de esta decisión sectorial: se restringirá la competencia, se alejará al cliente -insatisfecho- del sector y el cliente tendrá que resignarse y comer no a la hora que prefiere/necesita sino a la que le imponen los profesionales (o mejor dicho, el sector) de la restauración. Este consumidor “de las doce y media” muy probablemente opte por pasar de los restaurantes (que no le tienen en cuenta), llevarse el tupper de casa y comer tranquilamente en el parque. Y aún nos sorprende tener la economía como la tenemos, hecha unos zorros. Hay que cambiar, sí, eso lo sabemos todos, pero cuánto nos va a costar, cuántas cosas hay que mover de sitio…

No sabemos aún si esta liberalización de las Rebajas será positiva o no. De todos modos, me atrevo a aventurar que las cosas tampoco cambiarán tanto.

Los restos de las colecciones de temporada habrá que seguir retirándolas de las estanterías (y, por tanto, se tendrán que vender las piezas que quedan a precios muy inferiores al normal) y ello ocurrirá, a todo el sector más o menos en las mismas fechas y en todos los establecimientos de cada zona geográfica. De momento, las primeras reacciones a este cambio de las Rebajas han recordado mucho a las cosechadas tras la ampliación de días de apertura y de horarios comerciales: los pequeños comerciantes, en contra y los grandes centros comerciales, a favor.
Esto es un foro del consumidor, y lo que entendemos como positivo -y por tanto, aplaudimos- es lo que creemos que beneficia a los consumidores, a toda la gente en su faceta de cliente, compradora y usuaria. Y no en otros roles, porque todos somos trabajadores y cada uno de nosotros tenemos una manera de pensar, una ideología y/o un sistema de valores. Por ello, podemos concluir que vendrá bien este cambio en las Rebajas si nos permite comprar más barato durante más tiempo. Si algún comerciante se anima a hacer Rebajas antes del día de Reyes, podremos comprar regalos ahorrando un poco de dinero: no estaría mal esta repercusión del cambio de legislación, por ejemplo. La verdad es que es una incógnita, habrá que esperar al año que viene, en las fechas próximas a Reyes, para comprobar si el cambio ha surtido efecto, y cuáles han sido.

Hasta aquí, lo esencial. Si tienes ganas de leer más, que ya es tener ganas, puedes seguir, confío en que te merezca la pena. Si no, puedes hacer scroll y bajar hasta la canción de este post, que te levantará el ánimo: pop para bailar, un debutante dúo estadounidense que aúna rimto, calidad, originalidad y encanto, que no es poco, y más tratándose música para bailar.

Cómo funcionan las Rebajas:

Os voy a poner un ejemplo que nos permitirá hacer un cálculo bastante aproximado. El margen bruto de beneficio de las tiendas de moda y complementos, entendiendo por tal la diferencia entre lo que pagan a su proveedor y lo que cobran al consumidor, es alto: multiplican entre 2, 5 y 3 veces el precio que les cobran a ellos por la prenda o complemento. Traslademos todo esto a un sencillo ejemplo:

Una tienda compra 20 unidades de un modelo de falda, por las que paga a su proveedor 200 euros, a 10 euros la pieza. Las pone a la venta a 25 euros la unidad. Partamos de que las ventas se hicieron siguiendo esta pauta (los datos son cercanos a la realidad actual, en plena crisis -se vende casi todo en Rebajas-, y están muy contrastados) :

VENTAS:
a su precio normal, 5 uds vendidas…… 125 euros
en Rebajas, con descuento del 30%, 8 uds. vendidas… 140 euros
id, al 50%, 4 uds. vendidas….. 50 euros
id, al 70% 3 uds. vendidas… 22,5 euros

TOTAL FACTURADO POR VENTAS: 337,5 euros…. da un beneficio bruto de 137,5 euros, y un margen bruto del 68,75%

Para que nos hagamos una idea, el margen bruto medio de la distribución alimentaria es del orden del 20%-25%. Es otro negocio, sin duda (con mucho más volumen de venta, puede permitirse un menor margen unitario por producto). Por tanto, este casi 70% podría ser o no rentable para nuestra tienda, dependiendo de su estructura de gastos (alquiler lonja o en propiedad, número de empleados, familiares que ayudan, gastos de publicidad, gastos corrientes, en su caso pago de derechos de franquicia, etc), de su habilidad comercial, de su calidad de producto, de su ubicación, de su clientela fiel, etc. Pero

no es correcto, ni justo, pensar “¡cúanto nos están robando cuando nos venden la falda a su precio inicial, si cuando la venden con un descuento del 70% no pierden!

Las cuentas no son esas, sino las que hemos hecho arriba. Las unidades que se venden a ese espectacular 70% de descuento (muchas veces, ni se llega a esos porcentajes tan majos) son unas pocas de cada modelo; solo los últimos restos de las que han tenido buena salida o -si se ponen desde un principio con ese descuento- las que se piensa que no se van a vender con menos descuento, e incluso ese 70% de algunas prendas puede plantearlo el comerciante como mero gancho de atracción y poner con ese descuento solo una mínima parte del género al que necesita dar salida. El asunto es no quedarse con nada en el almacén. Si no se gana, o se pierde un poco con esos superdescuentos -aplicados a un reducido número de unidades de cada modelo, insisto- no pasa nada, lo que importa es no quedarse con el material y verse obligado después a casi regalárselo a los vendedores ambulantes o, estos últimos años, a pasárselos, también muy baratos, a los outlets.

Hasta ahora, la Ley de Ordenación del Comercio de 1996 distinguía diversos modos de ventas con descuentos: promoción, saldos, liquidaciones… y Rebajas

, el único modo de oferta al que se le imponía un acotamiento temporal (duraban como mínimo una semana y como máximo dos meses) y común a todo el sector. En función de estas reglas generales, cada comunidad autónoma fijaba el calendario de rebajas. A partir del año que viene, los comerciantes podrán adaptar sus Rebajas a los “periodos que consideren de mayor interés comercial y de los consumidores” y, muy importante, combinar en un mismo periodo las rebajas con cualquier otra promoción y no será necesario que antes de rebajar un producto este haya sido ofertado con anterioridad con un precio sostenido durante un tiempo. ¿Acabaría esta disposición con las Rebajas, entendiendo por tales los dos periodos más o menos concretos, verano e invierno, en el que los artículos se rebajan notablemente de precio y se convierten en más asequibles para los consumidores, hasta el punto de que son muchos los clientes que casi todo se lo acaban comprando en Rebajas? No lo sabemos, porque las temporadas de textil son comunes para todos y en teoría deberían necesitar cambiar las colecciones (y, por ello, vender los restos de temporada, a menor precio que en su inicio y desarrollo) más o menos en las mismas fechas. En teoría, para el comerciante debería ser mejor, porque le permite actuar según su conveniencia en cada caso. Aunque lo que resulta evidente es que sólo ponían en Rebajas los modelos y tallas que no conseguían vender en temporada.

Los pequeños empresarios del comercio se sitúan, como es habitual, justo enfrente de las grandes empresas, y dicen que la eliminación de las Rebajas podría desequilibrar y romper el mercado, pues los grandes centros comerciales y almacenes bajarían tanto los precios como hiciera falta para acabar con la competencia de las pequeñas tiendas. La patronal del comercio textil, Acotex, criticó la decisión del Gobierno porque “el sector no había reclamado esta medida y porque en el caso de España no tiene sentido, dado que los precios de productos textiles son ya un 15 % más bajos que la media europea”. Señalaron, asimismo, que “seguirán las promociones, pero no tiene sentido que haya rebajas todo el año, porque no se sostienen y no serían rebajas de verdad”. Argumentan tb que no se trata de una “medida necesaria”, porque ya existen los ‘outlets’, con descuentos todo el año, en un formato comercial que ha incrementado su cuota de mercado desde el 0,9% en 2001 hasta el 14% en 2011. La patronal de los centros comerciales (hay 530 en España, en los que operan 35.000 comercios de todos los tamaños) apoya esta medida, porque la liberalización administrativa es positiva para el comerciante, aunque “no conllevará a que haya rebajas todo el año, pues seguirán comenzando mayoritariamente en enero y julio”.

Cuesta prever cómo quedará el escenario, qué harán los comercios cuando puedan elegir la fecha y duración de sus Rebajas.

Y si conseguirán vender más o menos que antes de la promulgación de este cambio. Y si ello animará el sector y sus ventas, o no. Lo que está claro es que desaparecerá el poder de atracción, y su consiguiente enorme gancho comercial, de la palabra Rebajas, de uso muy restringido hasta ahora, limitado a las fechas concretas en que se permitían. Y habrá que mirar detenidamente cómo quedan –en la práctica- los derechos de los consumidores, anteriormente protegidos por una ley muy restrictiva, que acotaba qué se podía vender en Rebajas (solo lo expuesto y etiquetado con su precio en el punto de venta con anterioridad a las Rebajas), durante cuánto tiempo, con qué descuento mínimo, con qué garantías (modos de pago, devolución, etc). Coinciden algunos comerciantes y consumidores en que esta medida quita el sentido a lo que han sido siempre las Rebajas y en que para activar el consumo hay otras fórmulas comerciales: promociones, ofertas, liquidaciones…
No es fácil calcular los reales efectos de esta medida liberalizadora en términos de dinamización del consumo, creación de empleo, etc., pero lo que veo claro es que, en general,

todo lo que signifique fomentar la competencia y permitir que los comerciantes se acerquen a sus clientes y los atiendan lo mejor que sepan y puedan es, salvo que se demuestre lo contrario, positivo para los consumidores.

Y ello, mal que le pese a ese enorme y variopinto conglomerado de establecimientos que conocemos como pequeño comercio, hacia el que buena parte de la población sentimos mucha cercanía emocional debido a un buen montón de razones, desde su indudable aportación a la configuración urbanística y socio-comunitaria de nuestras ciudades y pueblos hasta su relevancia en el tejido laboral y económico; de hecho, ¿quién no tiene un amigo o familiar que gestiona o trabaja en uno de estos pequeños o medianos establecimientos comerciales?

Lo que está claro -desde un enfoque consumerista, que es el que rige este blog, aunque uno piensa que en realidad es lo que conviene a toda la economía, y a la sociedad en su conjunto- es que…

si queremos que nuestra economía sea eficiente, competitiva y capaz de afrontar el futuro con garantías, la estructuración comercial de la sociedad la debe ir perfilando poco a poco el conjunto de las necesidades y preferencias de los clientes, de todos y cada uno de ellos, y la satisfacción de sus expectativas. Y no -como se pretende hacer desde las más diversas instancias- la tradición, los intereses sectoriales del pequeño, mediano o gran comercio, las reivindicaciones y exigencias de los sindicatos o las conveniencias o servidumbres de los políticos que coyunturalmente gestionan la cosa pública. A pesar de su apariencia radical, este planteamiento, con tan escaso predicamento en Euskadi, es el más sencillo, moderado y diáfano posible. Y, sobre todo, el más realista, porque la razón de ser del comercio es servir a sus clientes y responder lo mejor posible a la evolución de sus necesidades y expectativas. En mi pueblo, hace poco más de tres décadas, había una docena de pequeños talleres industriales, garages y otros establecimientos industriales y de servicios en el casco urbano y sus inmediaciones; hoy no queda ni uno. Teníamos también varias pequeñas tiendas de ultramarinos con venta asistida, como se dice ahora; tampoco queda ninguna: dejaron paso a pequeños y medianos supermercados, más baratos, más profesionalizados, mejor ordenados y gestionados y con mayor gama de productos. Sí, perdió encanto y romanticismo nuestro pequeño mundo local del comercio, pero es ley de vida y no pasó nada. Todas las actividades económicas, incluso las que conforman nuestro más cercano terruño, evolucionan, cambian cada día y, al final, querámoslo o no, acaba imponiéndose el interés del cliente, que, en nuestro tema, no es otra cosa que el de la gente, el del conjunto de las personas, que además de trabajadoras, estudiantes o pensionistas, son consumidoras que eligen (en la medida de sus posibilidades), cada día y en cada momento, dónde y qué compran.

Elegir dónde, cuándo, cuánto y cómo comprar es (cuando se nos deja, y en la medida en que se nos deja) nuestro pequeño acto de libertad cotidiana como consumidores.

Los empresarios, y por supuesto, en este caso, los comerciantes que mejor lo entiendan -pienso yo- serán los que se mantendrán en el mercado y los que afrontarán el futuro con mayores perspectivas de éxito. Evítense, sí, siempre que los hubiera, los posibles abusos (casi siempre cosa de los grandes), pero foméntese la competencia y la modernización: necesitamos, y cada día más a tenor de cómo marchan las cosas, productos y servicios de calidad y al menor precio posible.

¿Y la música?

Hoy traigo una novedad absoluta, un joven dúo estadounidense que lanza su primer disco grande, editado por 4AD, sello que nos suena mucho a los fanáticos del pop menos comercial que superamos holgadamente los cuarenta, ya que cimentó su prestigio hace décadas y sigue en lo suyo, descubrir bandas que enriquezcan la paleta sonora de nuestras vidas. Se llaman PURITY RING, hacen un electropop nada tonto ni superfluo; bailable sí que es, pero también oscurito, con una pizca de misterio e introspectiva poética, encanto a raudales y, esto es lo mejor, piezas muy escuchables en el móvil o en casa. Junto al de Hot Chip, mi disco dance del año, de momento. Suenan así de potentes, apúntatelo: Purity Ring.

Con nuestra economía a punto de quebrar, la vida continúa…

(sigo reflexionando y recabando información sobre el tema de las preferentes, que hace unas semanas se convirtió en un escandaloso timo que sufrieron decenas de miles de ahorradores engañados por sus bancos y cajas, pero que, abordándolo en general, es un asunto más complejo de lo que a primera vista parece; no en vano, las participaciones preferentes son un producto financiero más; con sus peculiares características, sí, pero un medio más (perfectamente legal, normalizado y conocido por el mercado) al que algunas empresas recurren con el fin de conseguir dinero para sus inversiones. Lo dicho, en breve hablaremos de ello en el post correspondiente)

Se hace difícil –por su enorme trascedencia en nuestras vidas cotidianas de hoy, 24 de julio de 2012 y, sobre todo, de los próximos meses y años- escribir hoy sobre cualquier cosa que no sea la situación de pre-quiebra en que se encuentra nuestro país y su posible rescate europeo

y posterior gestión tecnócrata y externa, al modo en que han sido intervenidas las economías de Grecia, Portugal e Irlanda que, por cierto, no levantan cabeza desde entonces. Y más cuesta todavía sustraerse a este marronazo que enfanga nuestra vida al comprobar, como hago ahora mismo, que Catalunya ha solicitado auxilio financiero al Gobierno español, convirtiéndose -la segunda mayor comunidad autónoma del país- en la tercera autonomía en pedir el rescate, tras la asimismo relevante Valencia y la ya más menuda Murcia. Quiere ello decir que reconocen las autoridades catalanas que el único comprador de sus emisiones de deuda pública es el Gobierno central: nadie más se fía. Un trago duro e indigesto para una economía que hemos tenido siempre por pujante y para una sociedad con tan consolidada autoimagen como la catalana. Espero que no nos veamos obligados los vascos a pasar por ese trance; de momento, todo parece indicar que no, pero….

Los datos que llegan del mercado financiero, que nunca fueron seguidos por el público en general como ahora, al minuto y con tanto miedo, son preocupantes:

la prima de riesgo sigue hirviendo a borbotones y amenaza con desbordar la cacerola y quemarlo todo con sus 635 puntos básicos; y el famélico IBEX35, con las más rutilantes empresas españolas a precio de auténtico saldo en la Bolsa está bajando el 3% y naufraga ya por debajo de los 6.000 puntos: ¿recuerdan cuando nos quejábamos porque costaba superar la barrera de los 8.500?.
Somos muchos los periodistas que, sin ser especialistas en economía, nos esforzamos con denuedo -tal relevancia ha adquirido el asunto, a todos los niveles- en comprender qué está ocurriendo y, sobre todo, qué nos espera a los ciudadanos de a pie, que somos la inmensa mayoría y a los consumidores, que somos todos. Estamos en una situación límite, con un paquete de medidas drásticas de recorte del gasto público y de aumento de los impuestos que nos empobrecen día a día, no reactivan nuestra recesiva economía y que, como era de prever, están generando gran contestación social.

Podría comentarles aquí en qué medida -en todo caso, efectos negativos, no lo duden- nos podría afectar el rescate total europeo equivalente al efectuado con los tres países arriba citados o su sucedáneo (que algunos especialistas ven quizá más probable), el auxilio del fondo de rescate europeo (FEEF), que se pondría en marcha por primera vez con este objetivo y haría innecesaria la actuación del BCE controlado por Alemania. El FEEF adquiriría bonos de deuda soberana española, que ya ningún inversor extranjero quiere incorporar a su cartera de inversiones. Pero no lo haré, por no anticipar el dolor, más que nada; y porque, en su caso, tiempo habrá.

Me he desayunado esta mañana leyendo en la Red una amplia entrevista a Felipe González en El País en la que da su versión de cómo el país ha llegado hasta aquí y, no teman, reparte culpas entre Aznar y Zapatero y sitúa el comienzo del desastre en 1998, cuando se dieron todo tipo de facilidades (políticas y financieras) para ir edificando el boom inmobiliario que luego se convirtió en burbuja y posteriormente nos ha explotado en la cara. Además, dice el ex-presidente que el dinero que debe nuestro país no es tanto como para explicar nuestra situación de postración ante los mercados y ante el BCE. Poco después, en otra lectura que también les aconsejo, en un blog de la prensa especializada me informaba sobre por qué estamos abocados a un rescate total: nadie se fìa de que España pueda pagar sus deudas. Normal, si ayer el interés de la deuda española a 2 años estaba casi al mismo nivel que la de a 10 años, cuando, por ejemplo, la francesa a 2 años era del 0,19%, cuando su bono a 10 años rendía diez veces más, el 2,13%. Los números y su elocuencia, amigos.

Pueden leer ambos materiales, y no perderán el tiempo, pero de todos modos me quedo con lo que dice Ignacio Marco Gardoqui hoy en El Correo

: “Nuestro problema es de dinero, claro está, pero en el mundo hay dinero en cuantía suficiente para sofocoar nuestras deudas; lo que no podemos ofrecer a cambio son garantías de pago y se empieza a hablar de “defaults” y de quitas, sin el más mínimo pudor. Y mientras Alemania se niegue a mutualizar los riesgos y las garantías, no habrá solución a nuestros males ni alivio a nuestros pesares. ¿Lo hará? Sólo si llega a la conclusión de que no hacerlo es peor para sus intereses y solo si Merkel llega a la conclusión de que tal cosa no le conduce al abismo electoral”.

Nuestro futuro, por tanto, queridos amigos, depende de que lo que piense y decida una implacable dirigente procedente de la Alemania del Este, la de la órbita exsoviética. Y matizo este particular para que nos hagamos una composición de lugar de la sublime representación que puede tener Angela Merkel de la idea de la construcción y consolidación del proyecto de la UE. En suma, nuestro futuro (¿cómo hemos sido tan irresponsables de llegar hasta este extremo?, alguien deberá dar explicaciones a las generaciones actuales y a las venideras) depende directamente de lo que a Merkel y a su entorno (pongamos aquí partido politico, la derecha alemana) le convenga. Así de sencillo, y de triste. Continuará… pero necesitamos, urgentemente, buenas noticias económicas: ¿quién puede aportarlas?.

De todos modos, nuestra azarosa vida de ciudadanos y consumidores continúa.

Se hacen las primeras pruebas de aplicación de la receta electrónica en Euskadi, se discute qué medidas de recorte de servicios del Gobierno Rajoy se aplicarán en la CAV, decenas de miles de usuarios temen haberse arruinado al comprar preferentes de bancos y cajas intervenidos por el Estado y por tanto en situación de quiebra, se dictará una normativa nacional que obliga a que las hamburguesas tengan menos grasa saturada y sal, al cine y al teatro ya no irán ni los taquilleros, la irresponsabilidad de dos fumadores que arrojaron sus colillas desde el coche se ha comprobado causa directa del dramático y enorme incendio de los bosques de Gerona, aprieta el calor en nuestra cornisa y el clima –este finde llegan, de nuevo, las lluvias y el fresco que otros llamarían frío- nos vuelve medio locos como siempre en verano, siguen muriendo niños en las piscinas (ayer una pequeña de dos años, en una piscina ¡hinchable! y ¡en una guardería! en Galicia: increíbles ambas cosas) y las fiestas de pueblos y ciudades siguen retando al malhumor y desesperanza de la gente…, todo marcha normal, entre tragedias, preocupaciones y ánimo festivo insobornable, como siempre…, somos así, ya lo decíamos ayer.

Como quizá sepáis, colaboro, aportando lo que llamo “enfoque consumidor” en el exitoso programa de debate “Ni más ni menos”, presentado cada tarde (de cuatro y media a seis y media, más o menos) por Klaudio Landa en ETB-2

Ayer les envié algunas ideas sobre la posible desaparición de las Rebajas, el tema principal que van a debatir hoy, martes. Precisamente, hace ya unos días, cuando se hizo público que el Gobierno central barajaba eliminar las Rebajas tal cual las conocemos (casi) desde siempre para dejar que sean los propios comerciantes quienes decidan cuándo y cómo hacerlo, escribí esta banalidad en mi facebook personal:

“Nos reducen los sueldos y sube de precio prácticamente todo, incluso lo esencial, como los alimentos más sabrosos, el vino, la cerveza, el cine y el teatro, los libros, los discos y conciertos…, estamos tristes y desconcertados, la economía del país sigue a punto del dramático y hasta ahora esquivado rescate, y va el Gobierno y nos anuncia otra catástrofe, esta más emocional si se quiere: ¡VAN A DEJAR DE EXISTIR LAS REBAJAS!, al menos tal y cual las conocemos hoy. Una vez metabolizado –solo en primera instancia- el disgusto, me pregunto yo: ¿tendremos entonces que dejar de comprar ropa quienes solo lo hacíamos en Rebajas? La conclusión solo puede ser una: nos quieren no solo desnutridos, abstemios, deprimidos, pesimistas, aburridos y malhumorados, sino también ¡vestidos de cualquier manera! Y eso sí que no, hasta ahí podíamos llegar. Frente Pro-Rebajas, ya. No quiero ni escuchar los motivos para esta incomprensible medida. Bueno, es mentira: los conozco y no me convencen. Por eso, te los ahorro ¡Pero si el único atractivo de comprar ropa era que solo había que hacerlo de cuando en cuando, y en fechas fijas y muy anunciadas para que no se nos olvidara! ¡Y, sobre todo, que te imponías un par de veces al año el reto de lograr un objetivo casi erótico y al alcance de pocos habilidosos; y que de conseguirse, de paso, contribuía a reforzar un poco esa averiadita autoestima nuestra: soy la pera, he pillado una chaqueta de pana preciosa con un 75%! Conmigo que no cuenten, desde ya lo digo. Si no hay Rebajas, a mi no me ven por las tiendas. Me paso a la compra por catálogo; por supuesto, sección Ofertas.”

Bien, esta es una manera irónica y personalísima de ver el asunto, pero hay otra más sensata e informativa de hacerlo. Mañana lo veremos. El material lo tengo casi listo. Ya puedes ir preparando tu comentario, si te place hacerlo en el foro abierto que me gustaría fuera este blog sobre consumo y vida cotidiana.

¿Y la música?

No es fácil dar con algo interesante si uno busca pop o rock alemán, pero tengo in mente una banda berlinesa , Einstuerzende Neubauten (“Las nuevas casas que se derrumban/colapsan”,en español), de la que he encontrado una pieza estupenda de su sexto disco, “Ende Neu” (1998). En su rareza, estamos ante una canción convencional tratándose de esta banda, a la que tuve ocasión de ver en directo en un FIB de hace no menos de 8 años, desplegando en un concierto irrepetible un derroche de recursos tanto por su complicadísima música experimental/industrial/ruidista, con arrebatos de hard rock por momentos, como por una puesta en escena sorprendente, con instrumentos como bolsas de basura llenos, toneles desvencijados, cables y poleas, etc, etc. Y lo mejor es que la barbaridad sonaba fenomenal, divertida, diferente por supuesto a cualquier otra banda, pero atractiva, desconcertante y muy poderosa.

En esta canción del video se nota la influencia del estilo que asociamos al gran Nick Cave, y es ello muy normal, porque el lider de E. Neubauten es el guitarrista y posteriormente artista sin limitaciones conocidas Blixa Bargeld, que desde 1983 y hasta 20 años después compartió afanes con el genio australiano en los míticos grupos The Birthday Party y The Bad Seeds. Algunos fans de la música de Nick Cave de esa época siguen echando de menos al gran Blixa Bargeld, todo un personaje.

¡Qué pais! Tendremos que cambiar, pero ¿podremos? , y, sobre todo ¿queremos?

(una reflexión sobre la actualidad económico-política, a lunes 23 julio, un día que, espero que no, podríamos tener que recordar durante años)

Si ante la petición de socorro al erario público español de la supuestamente despilfarradora comunidad autónoma valenciana , que se ha puesto la primera a la cola para retirar dinero del fondo de liquidez habilitado por el Gobierno central para este cometido, sentimos aquí en Euskadi y me temo que el el resto del país, tanto desinterés y lejanía, ¿cómo esperamos que tecnócratas financieros y políticos alemanes, fineses, franceses o belgas se solidaricen con nuestras (hablo de España, con perdón) miserias, nos presten/regalen dinero a espuertas y nos perdonen la millonada que les debemos de antes?

De entrada, sabemos que este ejercicio de solidaridad/generosidad les supondría renunciar a una pequeña parte de un gran bienestar que han logrado a lo largo de décadas, actuando a modo de laboriosa y ahorradora hormiguita…, que envidia tanto como detesta (esto lo digo yo) a la cigarra sureña, holgazana y festiva que para ellos representamos nosotros.

¿Es, así, razonable exigir, como estamos haciendo, que nos rescaten para salir de un abismo financiero y económico en el que caímos hace ya varios años y del que no saldremos sin gruesa y resistente cuerda lanzada desde el exterior? Pero si nuestros ricos vecinos comunitarios apenas tienen nada en común con nosotros… Lo del aún reciente sueño europeo común nunca me lo terminé de creer, pido disculpas; y el transcurrir de la historia, repasémosla, ha sido lugar más de tensiones, guerras y desencuentros con todos ellos que otra cosa. Adoran, sí, nuestra comida, el vino, el jamón, el sol y las playas; y envidian el fútbol de una selección que maravilla, reconcilia con el deporte competitivo y llena de belleza y armonía estético/deportiva los salones de sus casas. Pero eso es poco nexo y muy circunstancial. Y, a la vista está, compartir proyecto monetario y moneda única tampoco ha estrechado los lazos ni los ha hecho más resistentes, ya que muestran su gran fragilidad a nada que la tensión crece y la pone a prueba.

Más difícil será, además, que decidan ayudarnos de verdad, si de momento (y mientras no se hunda del todo el sistema, lo que acabaría perjudicando gravemente también a estos países ricos)

no hacen, con esta crisis, sino ganar y ganar más y más dinero (se financian a entre el 0% y el 1%, mientras que nosotros lo estamos haciendo al 7%, lo decíamos en el post anterior) y acrecentar, por si no fueran ya enormes y enojosas, las diferencias entre ellos los ricos y racionales, y nosotros, los pobres e irresponsables mediterráneos, empeñados en disfrutar y vivir hoy lo mejor posible, porque mañana Dios proveerá y seguro que volverá a salir el sol.
Lo decía este finde el portavoz del Gobierno español: si el BCE quiere, el problema se acaba este fin de semana. Dos veces no: el banco europeo –compañero Draghi, que defiende los intereses de los países ricos, que lo pusieron ahí a dedo- no quiere; y tampoco es verdad que si el BCE comprara deuda española a mansalva y aliviara nuestra prima de riesgo, todo se resolvería. Porque cogeríamos un poco de aire para poder seguir corriendo unos metros más, pero los problemas de fondo del país, los que nos han traído hasta aquí, seguirían ahí, enquistados y sin resolverse, y acabarían ahogándonos y echándonos, por tanto, de la competición.

Porque este es el país que tenemos y sufrimos: si siempre nos obsesiona exclusivamente dar solución a lo urgente, es fácil pensar lo que ocurre cuando la situación es tan apurada como la actual.

Sólo nos agobia, y ocupa, combatir contra lo que nos puede matar y nos confundimos como hacía el Gobierno con la decisión del BCE: la solución, en el otro, y no en nosotros. Error. Porque nos inquieta menos lo importante, lo que podría garantizar un futuro en el que llegáramos a mantenernos en los primeros puestos de la carrera del bienestar y sin enfermar gravemente por crisis tan agudas como esta que nos llevan a los puestos de la vergüenza, junto al camión escoba; y no nos equivoquemos, todo apunta que la crisis es estructural, lo ve claro hasta un néofito como quien suscribe.

Ni burbuja inmobiliaria, ni estado autónómico despilfarrador e inviable, ni nada; siendo problemas enormes, no son lo más relevante, en mi opinión.

El problema lo llevamos en los genes. Nos encanta discutirlo todo y no avanzar nada, remarcar las diferencias y huir como de la peste de lo que nos une. Despreciamos la perfección (perfecccionismo, le llamamos, como si fuera una enfermedad, una obsesión contraproducente), huimos de la excelencia (el notable es una gran nota aunque con el bien basta; “para qué esforzarse tanto”, se lo decimos a nuestros hijos), la competitividad y la búsqueda de la diferenciación y de lo no convencional se nos antojan raras e incomprensibles, la investigacion básica es un despilfarro de ricos ociosos, recelamos de las nuevas tecnologías y añoramos el pasado que siempre fue mejor, los idiomas distintos del nuestro los percibimos como barrera y molestia más que como arma imprescindible de futuro, confundimos derechos esenciales con beneficios sociales adquiridos en época de vacas gordas, no me hables de moverme a otro sitio o país a trabajar o perfeccionarme profesionalmente que aquí estoy muy bien, y mi única adicción es la de mis amigos de toda la vida…;

en fin, queremos disfrutar de todo lo que tienen en los países ricos de la UE pero sin dejar de seguir siendo como somos. Y tendremos que elegir.

Partamos, para ello, de la realidad: nos supone, como país (y recordemos: tenemos los políticos que nos merecemos, nosotros los ponemos y quitamos de ahí), un ímprobo esfuerzo diseñar y acordar a largo plazo planes económicos, educativos, tecnológicos, cientificos e industriales; adecuar los curriculums educativos a estos proyectos y objetivos parece, de puro irrealizable, una utopía; por no hablar de que consensuar socialmente y entre los principales partidos políticos las líneas maestras del país, de su organización administrativa, de sus metas compartidas como entidad plurinacional que engloba a diferentes países o regiones que asumen un cierto destino común es directamente imposible.

En fin, que acabamos como siempre, en la paralizante sentencia de que somos como somos, y así nos pasa lo que nos pasa, a lo largo de toda nuestra historia. Es inevitable. Pero algún día tendremos que cambiar. O nos cambiarán (si quieren, y les interesa, que quizá tampoco). Todo lo dicho no obsta para que (y más con los datos de esta mañana de lunes: la prima de riesgo en 635 puntos básicos y el Ibex perdiendo un 4,5% después del casi 6% del pasado viernes) necesitemos ayuda exterior urgente. La pregunta es ¿la tendremos a tiempo o nos hundiremos tanto que requeriremos un rescate total a la economía española?

¿Y la música, qué?

Mientras termino de escribir el artículo sobre las famosas preferentes que han desquiciado y llevado a la ruina a decenas de miles de consumidores, os dejo con “Orange that” una de mis canciones sencillas favoritas de los últimos años, firmada por los indómitos y encantadores HERMAN DUNE, que cuentan para la ocasión con la adorable voz de la cantante franco-canadiense Julie Doiron.

UE, juicio a Consumidores y empresas que reaccionan como es debido frente a la crisis

¿Se puede hablar de una unión política, la UE, y una comunidad de países embarcados en un mismo proyecto cuando los más ricos y poderosos se financian –y, con él, sus empresas- a menos del 1% mientras los países – y sus empresas- más acuciados por esta crisis salvaje, de origen sobre todo financiero, sufren horrores y se ven obligados a maltratar a sus ciudadanos para conseguir dinero en el mercado a un precio siete veces superior? No, no exagero en absoluto: España ha colocado hoy, jueves 19 de julio, algo más de 1.000 millones de euros en bonos con vencimiento a cinco años al 6,45% de interés, mientras que Francia ha vendido 4.500 millones al mismo plazo con un interés del 0,86%. Por su parte, el jefe de todo esto, Alemania, consigue financiación aún más barata, a casi el 0%. Menuda familia bien avenida constituimos los miembros de la UE, unos a punto de quebrar y los otros resistiéndose a socorrer al necesitado porque quizá (que tampoco es seguro: nosotros somos cliente principal de la industria germana y francesa) podrían peligrar unos privilegios y una zona de confort que no hacen sino crecer con la crisis que a otros nos está matando. Ya se sabe, nada pone tan en riesgo el entendimiento entre personas como el dinerito; si, eso tan vulgar, egoísta y frío que acaba desvelando lo peor del ser humano.

El juicio:

Los pasados miércoles y jueves tuvieron lugar en los Juzgados de Bilbao las dos sesiones del juicio contra “Consumidores” –programa de ETB-2 en que trabajé hasta hace menos de medio año-; bueno, en realidad, contra sus máximos responsables, uno de ellos quien suscribe. El juicio versaba sobre la demanda interpuesta por el Colegio de Ópticos por el contenido de un programa emitido en mayo del pasado año que consistía en los resultados de una prueba práctica en la que visitamos un buen número de establecimientos de óptica de Bilbao y Donosti. La investigación, y por consiguiente, el programa, dejó muy bien parados a unos establecimientos y bastante mal a otros (los que recomendaron comprar gafas a una cliente ficticia que ni las había llevado nunca ni las necesitaba), como ocurre siempre en un comparativo realizado con enfoque consumidor, como este. Nos demandó el colegio de ópticos por intromisión al honor y por denostar su imagen pública, por lo que exigían las pertinentes indemnización y rectificación. Fue un tema que nos dio muchos dolores de cabeza en su momento y que defendimos como trabajo bien hecho, por lo que entendíamos que no cabía rectificación alguna; pero, pese a todas las explicaciones que hicimos llegar al Colegio de Ópticos y que en su momento se publicaron en el blog del programa, siguieron adelante con la reclamación, y nos llevaron a juicio. No se ha dictado aún la sentencia, pero espero daros buenas noticias al respecto, y en breve.

Nos encontramos en una coyuntura crítica, y ya no solo económica sino también social y política:

se ha convocado hoy en Euskadi una huelga general para setiembre. Y, estando como está el equipo dirigente de la cosa nacional y autonómica, concentrado, tembloroso y absorto en lo urgente, la cirugía al gasto público realizada no solo tarde y con el organismo casi gangrenado por completo, sino sin apenas anestesia, pues apenas quedan tiempo ni fuerzas para lo importante: implantar medidas que estimulen el crecimiento y promuevan cambios eficaces en el modelo productivo del país. Padecemos -como país, si no como sociedad- una enfermedad crónica, que necesita, efectivamente, una cirugía de urgencia, pero también tratamientos de recuperación posterior. Y estos últimos no los vemos por ningún lado. Sufrimiento y desesperanza para años, eso es lo que hay. Cuesta horrores en este escenario deprimente, y antesala de dramas aún de mayor calado, rescatar (con lo bonito que es este verbo, qué mal suena últimamente; lo mismo que las primas, con las sugerentes ensoñaciones que siempre nos han producido , sobre todo las que entrañaban riesgo) algo positivo para traerlo a este blog, pero no vamos a rendirnos y aquí seguiremos, erre que erre, aferrándonos al –poco- optimismo que nos queda y prefiriendo, siempre, ver lo que queda lleno del vaso, por insignificante que sea la cantidad y por turbio que se encuentre el líquido que contiene. Sin ir más lejos, hay empresas que ante la crisis reaccionan como cabe esperar, haciéndose más competitivas y reduciendo precios. Air Europa, por ejemplo, no aplicará la subida de las tasas aéreas a los billetes adquiridos con anterioridad a su entrada en vigor, el 1 de julio, aunque podría prefectamente hacerlo, porque para la compañía representan un sobrecoste con el que habrá de cargar. Otro caso: la cadena de tiendas de ropa Kiabi (con 59 establecimientos en nuestro país) ha anunciado que bajará sus precios de venta al público un 20% a pesar de la subida del IVA impuesta por el Gobierno. Dice Kiabi que traslada a sus clientes la bajada de costes de las materias primas, en especial el algodón, y que el descenso de precios lo han logrado también por el compromiso y esfuerzo de sus empleados, orientado hacia la eficiencia. Recordemos que El Corte Inglés adoptó una iniciativa similar en sus supermercados. Ahí tenemos un efecto positivo de esta crisis, y un corolario: debe mejorar, rápidamente y de modo notable, la eficiencia y competitividad de las empresas, que han de ser capaces de ofrecer a sus clientes el mismo o similar producto que antes pero más barato. Porque todos tenemos menos dinero para gastar, y porque queda mucho, en casi todas las empresas, por mejorar en eficienciay productividad. Al final, quedarán las que antes, más y mejor reaccionaron, las que supieron eliminar gastos innecesarios y las que más pensaron en sus clientes. Lamentablemente, algunas sufrirán e incluso se verán abocadas al cierre, al igual que muchos de nosotros nos fuimos al paro o acabaremos sufriéndolo. Será triste y doloroso, y generará sufrimiento, pero confío en que las empresas que sobrevivan lo hagan porque fueron mejores y supieron comprender mejor esta crisis -y sus exigencias de cambio en profundidad- que sus competidoras.

¿Sigue quedándonos humor para la música?

Claro que sí. La del estadounidense BON IVER, que viene este domingo a Bilbao, al Palacio Euskalduna. Lo vemos en este video haciendo en solitario y en acústico “Flume“, un melancólico tema de su gran primer disco, escuchado a fondo en 2.008 y posteriores, je. En directo BON IVER (lo vi hace ahora cuatro años, en Barcelona, en un impecable set) suena mucho más fuerte, casi contundente, con banda y toda la pesca, pero así, en plan intimista también convence; a mí, al menos.

Una oportunidad para cambiar (a mejor)

La mayoría de quienes tenemos la suerte de no haber perdido aún el puesto de trabajo, ganamos menos dinero que hace dos o tres años, con lo cual nuestra pérdida de poder adquisitivo es obvia, ya que la economía -aun deprimida, como está actualmente- siempre tiende a la inflación: la I de IPC es por “Incremento”; no es una “E” de Evolución, y por algo es ello.

Tener menos dinero para comprar cosas que, además, son más caras que antes no es bueno para nuestras cuentas domésticas ni para la marcha del país, porque impide el ahorro y, aún más importante, retira del consumo pasta que el sistema (la panadería, la tienda de ropa, el bar, los electricistas, las empresas de viajes, los supermercados…, incluso Hacienda) necesita cual alimento básico para sobrevivir, para poner freno a la espiral de destrucción de empleo y de recesión económica.

Así estábamos, con cinco millones de parados en España (y con Euskadi dejando de ser la excepción y apuntándose cifras de paro que comienzan también a ser dramáticas), intentando no naufragar del todo como país en medio de esta infernal tormenta, cuando llega la ola perfecta que da al traste con las escuetas maniobras de supervivencia. No de otra manera puede denominarse el drástico paquete de medidas impuesto estos días por el Gobierno central y “recomendado” por Bruselas como contraprestación por el crédito de rescate de una banca que en dos años ha tirado por la borda la imagen de eficiencia profesional (un poco usureros, pero -al menos- bueno en lo suyo, pensábamos) que le costó más de un siglo consolidar.

La percepción en la ciudadanía es muy negativa, ha calado profundamente, y con razón, la sensación de que son las clases media y baja (el 90% de la población, la gente de economía común) quienes soportan todo el peso de la crisis, cuando no fueron precisamente las que se beneficiaron de la época boyante, si es que la hubo alguna vez.

Subir el IVA a la mayoría de productos y servicios, y quitar una paga extra a los funcionarios son dos medidas radicales, ya en su mero enunciado pero sobre todo por los millones de personas que ven reducida, y de modo notable, su capacidad adquisitiva. Por no hablar de la rebaja de las prestaciones de desempleo, que sufren otro cruento mordisco económico, se dice que para incentivar así la búsqueda de empleo. ¡Como si lo hubiera!

Todo va a convertirse en más caro (sube, y notablemente, el IVA en la mayoría de productos y servicios, incluso en los esenciales), y millones de funcionarios van a ver menguados su ingresos con esa grosera extripación de una paga extra que siempre ha servido para tapar agujeros o darse alguna pequeña alegría. Sumar tres pp (puntos porcentuales) al Iva general (era del 18% y pasa al 21%) y dos pp el reducido (pasa del 8% al 10%) supone que en el primer caso que lo que nos costaba 118 euros saldrá a 121 euros, y en el segundo que lo que suponía 108 euros costará 110 euros. OCU ha cifrado en 415 euros al año de media el importe en cada familia de esta subida impositiva, pero otras organizaciones han llegado, en sus cálculos, a costes aún mayores: la CEACCU denunció ayer que supondrá unos 600 euros al año por familia. Y la cosa puede empeorar. No son pocos los expertos en temas de fiscalidad que apuntan la posibilidad de que, a nada que la recaudación no mejore lo deseado o que Bruselas siga insistiendo en sus pretensiones, el superreducido del 4% se aplique a una lista mucho menor de la actual de productos y servicios, tenidos hasta ahora como “de primera necesidad” y que el resto pasen a engrosar el capítulo de los del 10% del reducido. Hablamos del IVA de la compra de vivienda habitual, diarios, revistas, libros, álbumes, mapas, cuadernos de dibujo y objetos de material escolar. Incluso se estudia elevar el tipo de prótesis, prótesis e implantes internos para personas con minusvalía.

La economía es una pseudociencia, casi esoterismo (los gurús predicen, solo algunos aciertan, lo hacen solo parcialmente y nunca son los mismos) pero, sin embargo, está gobernando nuestras vidas. Los mercados dirigen no solo la deuda soberana y su prima de riesgo, sino también nuestro presente y futuro. Pueder ser que (mal gobernados por los políticos, y animados por una parte infecta de la banca, que actuó de modo codicioso e irreponsable), nos comportamos estos últimos años infundadamente crédulos y optimistas, siendo así que gastamos (familias, empresas, ayuntamientos y gobiernos) lo que no teníamos, con la resultante de que nos endeudamos por encima de lo sensato. Y ahora vienen los acreedores, que -es connatural a su existencia-, quieren cobrar y, en el fondo es lo mismo, asegurarse de que algún día podrán hacerlo. Nos diseñan los planes de actuación, nos sacan los colores, y nos tenemos que callar, y comer el orgullo de un país que comenzaba a sentirse importante y pecó de mentalidad de nuevo rico, sin serlo.

Vamos a sufrir mucho, sobre todo lo harán los parados de larga duración y las capas más desfavorecidas de la sociedad, pero tenemos que aprovechar la lección para plantearnos qué tipo de sociedad y qué tipo de economía tenemos y hacia dónde debemos dirigirnos. Porque así, de no corregir el rumbo, vamos directamente al desastre, y porque a los jóvenes hay que darles la posibilidad de tejer su propio futuro. Lo que comienza por ofrecerles expectativas reales de conseguir un empleo.

Tenemos que reflotar la economía para evitar que empeore aún más la situación, y atender en todo lo posible a los millones de personas que carecen de medios para subistir. Y hacer las dos cosas a la vez. Nos va la vida en ello. Tenemos que diseñar una economía más competitiva y eficiente, más ágil y moderna, y dotarnos de una Administración pública viable, que garantice los grandes capítulos del Estado de Bienestar, anime la economía y no gaste un euro más de lo imprescindible. ¿Podremos hacerlo?

¿Y la música?

Pues después del conciertazo que dieron ayer en el BBK Live (la vida continúa, era el comentario general, no te puedes dejar vencer por la coyuntura, quien pueda permitírselo tiene que hacer gasto y seguir adelante) tenía que ser la de The Cure. El video es de un coincierto de hace cuatro años. Ayer sonó incluso mejor. Enorme Smith, qué canciones, qué voz. Menos mal que nos queda el pop, amigos.