Archivo por meses: septiembre 2012

Elijamos bien el super: podemos ahorrar más de mil euros a año

Tras unos días de aparente calma, se apoderan de este miércoles 26 de setiembre el miedo y la desazón que suceden a la cascada de malas noticias de estas últimas horas. Hagamos recuento: lo más inmediato y novedoso, la huelga general convocada para hoy –y, al parecer, seguida por buena parte de los trabajadores- por lo que se conoce como mayoría sindical vasca (toda, menos UGT y CCOO, aproximadamente), con los ya habituales e insidiosos problemas de este legítimo y comprensible pero muy mejorable -en las formas y en el fondo- ejercicio reivindicativo y de queja: piquetes -informativos, sí, pero de los otros también-, y tensiones con la policía y entre ciudadanos, servicios mínimos que generan perjuicios e incomodidades. Pero rivalizando por el marchamo de palpitante actualidad, tenemos el descalabro que desde buena mañana están registrando la Bolsa española (baja el Ibex más del 3,5%) y la prima de riesgo, que sube más del 8%, superando los 450 puntos. Y todo ello viene precedido de lo ocurrido ayer y anteayer, con incidentes graves y -todo apunta a- abusos policiales en la manifestación que pretendía asediar (no sabemos si solo simbólicamente o algo más, y no es baladí la diferencia) el Congreso de los Diputados y cuestionar la vigencia y legitimidad de la representación política de una de las instituciones esenciales de nuestra democracia. Mal asunto, proponer mudanza general en época de zozobra. En lo político, el órdago catalán con el anuncio de elecciones anticipadas tampoco aporta tranquilidad ni optimismo a la crítica situación española; y lo mismo puede decirse de la imagen que (¿somos, definitivamente, la Grecia del año pasado?) de nosotros están trasmitiendo y conformando medios de trascendencia internacional como el New York Times, que ayer, con esa portada -que recordaremos muchos años- con la foto a gran tamaño de un necesitado de Girona hurgando en un contenedor de basuras enfatizada con el titular “España: Austeridad y hambre” añade leña al fuego al empeorar en el exterior la percepción de cómo estamos afrontando nuestros acuciantes problemas.

Cuesta disociar las cosas y lo más normal es que caigamos en el desaliento y la resignación. Sigue subiendo el paro y con él el número de familias en situación insostenible, y continúan y se profundizan los recortes sociales (Euskadi, de momento, se salva de lo más cruento del tijeretazo), la recesión económica no parece querer ceder y quien quiere no puede invertir en su empresa (ya para poder continuar la actividad y, entre otras cosas, no despedir empleados; ya para abrir nuevas líneas de negocio) porque el sistema financiero no da créditos salvo a quien no los necesita; y además, y con razón, crece el descontento social. Y las contadas noticias positivas (solo recordamos dos: moderada y, casi seguro, coyuntural y engañosa bajada de la tarifa eléctrica; anuncio del Gobierno central de que las pensiones no solo no se congelarán sino que subirán lo mismo que el coste de vida), vienen acompañadas de otras pésimas nuevas que las tapan.

En estas, y remando contra corriente, las asociaciones de consumidores siguen trabajando y aportando

información e incluso éxitos a sus socios y a los ciudadanos en general. FACUA pide a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) que abra una investigación a Facebook por la posible publicación de mensajes privados de sus usuarios, en el último fiasco de este icono de las redes sociales en Internet. Y la OCU gana un importante juicio a Iberia, denunciada por cláusulas abusivas que ahora se declaran nulas y que deberá eliminar de sus contratos, entre otras una en la que Iberia indicaba que en caso de necesidad podrá hacerse sustituir por otra compañía aérea, y otra por la cual Iberia (y casi todas las aerolíneas) cancela el billete de vuelta cuando el pasajero no ha usado el de ida: el juez dice que esta medida “carece de justificación razonable”. ADICAE, por su parte, sigue litigando en defensa de los consumidores engañados por las entidades financieras que les ofrecieron participaciones preferentes en empresas sin explicarles que (por eso la rentabilidad era tan alta) si las cartas venían mal dadas podían perder parte de su inversión, al ir ligado el valor de venta de sus títulos a los resultados de las empresas que los pusieron en el mercado financiero. Y no hace falta decir cómo van las empresas en nuestro país.

Por cierto, acaba de llegar a mi ordenador la encuesta de precios de supermercados que anualmente hace OCU desde 1988, poco después de que quien firma se pusiera a trabajar en esto de informar al consumidor, y sus conclusiones tampoco contribuyen precisamente a insuflar ánimos u optimismo a la tristeza y preocupación del ambiente. Aquí van algunas. Aclaremos que este informe, que comprueba el nivel de precios de 1.194 establecimientos en 65 ciudades de toda España y 12 supermercados on line, consta de dos cestas de alimentos básicos y productos de higiene y droguería. La primera, la “Cesta Tipo”, incluye productos de marcas líderes y productos frescos; la segunda, la “Cesta Económica” recoge los productos más baratos del establecimiento, normalmente marcas blancas. No diremos aquí nombres de marcas, los tenéis aquí, pero sí contaremos las principales conclusiones: 1) Por ciudades, las más baratas teniendo en cuenta las dos cestas tipo son Córdoba, Vigo, Granada, Murcia, Pontevedra, Madrid Este, Palencia y La Coruña. Y las más caras son Bilbao, San Sebastián, Pamplona y las ciudades canarias. Por comunidades autónomas, las más caras son País Vasco, Canarias y Navarra. Y las más baratas, Murcia, Galicia, Extremadura, Andalucía y la Rioja. La conclusión más importante, por más útil, es la siguiente: en algunas ciudades, como Bilbao, elegir el super más barato puede suponer para una familia media más de 2.300 euros de ahorro al año. Preguntémonos, entonces, dónde estamos haciendo la compra, no sea que estemos derrochando el dinero. Porque, no lo olvidemos, hablamos de cestas compuestas por productos de idéntica o similar calidad. Purito precio, por tanto. La tercera conclusión es decepcionante: los precios en las principales cadenas han subido, aunque de forma moderada y dispar: los precios de la cesta económica sufrieron un oneroso incremento del 3,6%, mientras que en la cesta tipo se quedó en el 1%. A juicio de la OCU esta subida se debe al mayor encarecimiento de los productos de marca blanca frente a los de fabricante. Mala noticia, desde luego, que los productos más económicos sean los que más suben de precio. Otro tanto puede decirse del hecho de que un sondeo de este informe revela que la mayoría de cadenas de alimentación ha añadido la subida del IVA a sus precios. La conclusión que podemos hacer es doble y bien sencilla: por una parte, y como era bien sabido, continuamos, los consumidores, pagando la crisis. Y, por otra, aunque todos tengamos nuestras costumbres y preferencias, quizá tenemos que cuestionarnos si el super o hiper en el que compramos habitualmente es realmente competitivo en precio, o estamos, sin darnos cuenta, tirando el dinero. Más de mil euros de ahorro posible al año, solo por elegir las tiendas más baratas. Merece la pena reflexiónar un poco, y sondear los precios. Es bien sencillo, hagamos la misma compra (o muy parecida, porque no todos los supermercados tienen las mismas marcas, y además, cada una tiene su propia marca blanca) y comparemos, que tiempo habrá de sopesar (por algo vamos cada día a comprar a donde vamos, no somos tontos) y decidir. Lo que está claro es que todos, incluso quienes tienen trabajo y recursos económicos en cantidad suficiente, debemos velar por gastar lo justo, y por tomar decisiones acertadas en materia de consumo. Hoy más que nunca.

¿Y la música?

Sonidos de querencia ochentera, con esa emblemática línea de bajos percutiendo con elegancia, negrura y pulsión rockera, con esos ritmos funkies de discoteca moderniqui, tan oscuros y bailables, y todo dentro de un estilo canalla chic que vira con naturalidad al post-punk y que destila toneladas de tensión soterrada y silencios estruendosos. Neo techno minimal, denominan a estos sonidos los críticos más a la page. Con su voz, tratada digitalmente hasta conseguir su aparente deshumanización, los factura Matthew Dear, compositor y productor tejano residente hasta hace poco en la industrial Detroit pero ya afincado en la acogedora y siempre emergente Nueva York. Es el video oficial de “Her Fantasy”, el tema que abre su nuevo y sabroso disco “Beams”. Tremendo.

Bernanke, Draghi, alimentos ecológicos, tasa cero al volante, refrescos…

(Ben Bernanke -presidente de la Reserva Federal, equivalente en EEUU al BCE liderado por el enigmático Mario Draghi– ha demostrado a la UE y sus dirigentes, para regocijo de los mercados europeos y de la Bolsa española -subre más de un 3% en este momento-, que sí se atreve a inyectar dinero público a espuertas -“dinero gratis”, ha llegado a decir-para fomentar la economía y el empleo. A pesar de que la inflación preocupe a todos, el desempleo y la intestabilidad financiera son aún más nocivos para el conjunto de la sociedad, parece querer decirnos Bernanke. Quizá no lo sean para los bancos y para ciertos postulados ideológicos, pero sí lo son -lo estamos comprobando día a día- para la gente y para la situación económica de los países con problemas. A ver si aprendemos un poco. Hoy, en oportuna entrevista mañanera en Radio Euskadi al filósofo Daniel Innerarity, este pensador decía que aunque California tiene más deuda pública que España o Italia, no es apetecible para los especuladores, que pasan de intentar sacar tajada de sus problemas financieros, ya que saben que EEUU, si es necesario, va a defender con beligerancia cualquier ataque a este y a cualesquiera otros estados nroteamericanos, porque cuenta con una única política fiscal y monetaria que le permite este tipo de actuación, rápida y contundente, frente a los agresores; a diferencia de lo que ocurre con la UE, con demasiados países improtantes que carecen de espíritu de unidad, que están en el proyecto europeo más para sacar provecho que para otra cosa, y que si no se ponen de acuerdo en nada relevante, mucho menos lo harán en temas esenciales como estos de la economía y las finanzas).

Estos últimos días se ha hablado de temas que nos interesan mucho a los consumidores. Veamoa algunos:

Los alimentos ecológicos (siempre bastante más caros) no son más saludables ni más nutritivos para quienes los consumen que los producidos de modo convencional

, con pesticidas, herbicidas, abonos “artificiales”, etc. Tanto OCU como Consumer , como otras fuentes, como Journal of the Science of Food and Agricultura en sus análisis de laboratorio e investigaciones llegaron a conclusiones similares en repetidas ocasiones estos últimos años, pero poco o nada influyeron en el estado de las cosas (aunque casi nadie compra alimentos ecológicos precisamente pro estas razones y porque tampoco aportan gran cosa en lo organoléptico, léase sabor, color, textura, etc), gozan de un prestigio social casi intocable). Quizá el macroestudio de la Universidad de Stanford publicado recientemente por Annals of Internal Medicine haga reflexionar a más de uno. Así lo espero. Me parece discutible incluso que la agricultura ecológica proteja más el medio ambiente (otro día hablaremos de ello, es un tema complejo y con muchas aristas) o constituya una solución al sector rural, pero está más que probado que no es más saludable para el consumidor y que no alimenta más ni mejor que la agricultura normal.

La libre competencia entre las empresas y profesionales que ofrecen productos y servicios a los consumidores es imprescindible para que los precios tiendan a ajustarse y para que el sistema económico funcione correctamente.

Cuanto antes se limiten, e incluso acaben, los privilegios o restricciones de la competencia en sectores como farmacias, gasolineras, electricidad, gas y en profesiones liberales como abogados, notarios, arquitectos etc, mejor para nosotros. El Gobierno dice que las gasolineras compiten muy poco en precio y que ello hace que los carburantes en España sean comparativamente muy caros respecto a otros países, y es más que cierto. ¡Pero como lo van a hacer, si es la propia Administración la que ha tolerado e incluso propugnado que montar una estación de servicio nueva sea más difícil que que te den hoy un crédito sin avales “reales”!

Tasa cero de alcohol al volante, la DGT la ve con buenos ojos.

Hay países que han establecido normativamente la tasa cero para conductores profesionales (en España, es de 0,15 mg/l. de aire, cuando la de los no profesionales es de 0,25 g/.), pero también otros que admiten hasta 0,4 g/l. La principal pregunta sería: ¿está realmente demostrado que una persona que ha tomado un zurito o un vaso de vino con un pincho, o dos vasos de vino en la comida o cena está en condiciones inadecuadas para conducir? Procede hacerse la pregunta porque beber un poco (a diferencia de furmar, que ni lo uno ni lo otro) forma parte de nuestro estilo de vida y nuestra cultura y no es nocivo para la salud, y porque esta medida tendría una grave repercusión en sectores importantes de nuestra maltrecha economía, porque pude resultar muy impopular y, lo más importante, restringe demasiado la libertad de los ciudadanos, y no está muy claro que reducir al máximo la cantidad de alcohol admitida disuada a los alcohólicos y en general bebedores frecuentes; probablemente, solo fastidie a personas que consumen cantidades moderadas de bebidas de baja graduación Quizá lo que habría que hacer sería, manteniendo las tasas actualmente admitidas (ya bastante severas) extremar el control policial en las carreteras, aumentar hasta donde sea necesario las sanciones a quienes las incumplan, e invertir más y mejor en campañas de concienciación: al volante, alcohol cero. Porque poner una multa a quien ha bebido una caña o un vaso de vino comiendo o cenando roza lo ridículo. ¿No es más sensato penalizar más y controlar mejor a quien realmente bebe realmente tanto como para poner en peligro su seguridad y la de los demás?

¿Deben pagar los niños y adolescentes que hacen uso del comedor escolar pero en lugar de comer el menú del cole llevan el tupper de casa?

Es en el contexto actual de dramática crisis, que ha arruinado la economía de miles de familias vascas, y en las coordenadas reales del coste que supone el servicio del comedor escolar donde debemos situar el debate. Porque este del comedor escolar es uno de los contados gastos onerosos que aún pueden recortar y evitarse las familias. Hay que reducir gastos como sea, y este es un modo más. En ciertas autonomías españolas, las federaciones de asociaciones de padres y madres de alumnos (AMPA) cifran entre un 15% y un 20% las familias que han prescindido del servicio de comedor por motivos económicos. El comedor escolar está siempre subvencionado, no hay ningún alumno que pague el 100% del gasto que representa al centro; otra cosa es que hay también becas de comedor para las familias con menores posibilidades económicas. Comer en el colegio supone al centro (en este caso, a la Educación pública, al presupuesto del Estado o de la Comunidad Autónoma) gastos muy distintos del coste de la propia comida que ingieren los alumnos. Los más importantes: cuidadores (hacen falta muchos, y es por ello el coste específico más relevante) para que los niños se lo coman todo y no alboroten demasiado, el personal que sirve las comidas, los empleados que cada día limpian las instalaciones y, por último, todo ese apartado de gastos de reparación, mantenimiento, electricidad, agua, productos de limpieza, etc. Queda claro, por tanto, que en el coste final de la comida que se sirve en los centros escolares hay apartados ajenos al coste de la elaboración y, en su caso del transporte de la comida. Por tanto, parece lógico que si quienes hacen uso del servicio completo de comedor deben pagar (parte o todo) el gasto que supone el servicio a la Administración pública, lo hagan también quienes hacen un uso solo parcial (ya que se llevan la comida de casa) del servicio. Pero, teniendo en cuenta que quienes den este paso es porque tienen dificultades económicas, ¿no es socialmente más justo aceptar que no paguen nada o que lo hagan con un cantidad mínima, solo testimonial? Parece lo más lógico, pero ya hay alguna comunidad autónoma que (con las arcas públicas en precariedad casi absoluta, suponemos) propone que se pague 3 euros por niño con tupper. Así, de entrada, asemeja -a todas luces- un exceso. ¿No podría la solución ser que paguen, por ejemplo, 1 euro por niño y día?

Nueva York prohíbe el refresco XXL, al vetar la venta de bebidas azucaradas de casi medio litro (son 0,464 litros) en cines, estadios, restaurantes e incluso carritos callejeros.

La prohibición no afecta a supermercados. Cada año unos 5000 neoyorkinos mueren debido a la obesidad, auténtica epidemia en EEUU. Una medida polémica, que casi dos terceras partes de los neoyorkinos desaprueban. ¿En qué medida deben los administradores de la cosa pública inmiscuirse en la vida de la gente y en la actividad de los mercados? Espinosa pregunta, que obnviamente no admite una respuesta única.

Dejémoslo con un poco de música, que nos anime la entrada en el finde.

Calexico, un tema (“Para”), de su nuevo disco “Algiers”.

En defensa de Osakidetza

De vez en cuando la actualidad nos sorprende con noticias que nos reconfortan, siquiera un poco. Y no me refiero a la bajada de la prima de riesgo y la subida de la Bolsa de ayer tras el compromiso del BCE de comprar sin límite deuda soberana de España, a cambio de pedir otro rescate y de asumir, por tanto nuevos y más profundos recortes, seamos realistas. Estamos consiguiendo un poco de aire para seguir corriendo, pero el aire, aun siendo imprescindible, no es suficiente para el atleta, que necesita alimentarse e hidratarse, al igual que nuestra economía no necesita solo préstamos al Estado no demasiado caros y que pueda algún día devolver (esto es lo que se está discutiendo con los países ricos del euro, y al parecer consiguiendo, que no otra cosa) para que la Administración pública (la central, y por ende, las autononómicas) pueda eludir la quiebra, sino medidas que generen riqueza y empleo. Dicho de otro modo, lo que realmente se necesita, y más pronto que tarde, es el flujo caudaloso de dinero, de créditos en condiciones viables para que empresas y emprendedore inviertan y generen empleo. Porque la capacidad de los poderes públicos de crear empleo es cero; miento: lo que están haciendo las diversas administraciones es destruir empleo, porque no pueden hacer frente a los gastos que generan tan amplias plantillas. Nuestro drama no es la deuda pública, ni siquiera la privada, sino el desempleo y la pobreza (e imposibilidad de consumir y de pagar los créditos), que les acompañan y constituyen el padre de todos los problemas. Si no creamos empleo, y a manta, estamos abocados a la ruina y a que la crisis dure toda esta década que casi acabamos de comenzar.

Pero vayamos con la buena noticia de hoy. La sanidad pública vasca (Osakidetza) recupera su tradicional liderazgo en calidad en nuestro país,

al ocupar el segundo lugar (posición que no lograba desde 2009), tras la navarra, en el informe anual realizado por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Salud Pública. ¿Las peores calificadas de todo el país? Valencia, Madrid, Murcia y Baleares. Osakidetza logra 37 puntos sobre 46 posibles y destaca sobremanera en el gasto sanitario por persona (1.557 euros al año, qué barbaridad; en Valencia, por ejemplo, no llegan a los 1.000 euros) y en el despliegue de médicos especialistas; apartados, ambos, en los que la CAV logra la primera posición de todas las comunidades autónomas. Los tres aspectos en que obtiene peor nota están relacionados con el consumo farmacéutico, tanto por el insuficiente gasto en genéricos como por la reducción del gasto farmacéutico en general. Otros ítem mejorables son el equipamiento médico (quinta posición en número de escáneres para TACs) y el número de camas hospitalarias, donde queda en sexto lugar del ranking. Destaquemos que la FADSP se declara, según leemos en El Correo, “apartidista, pero neutral, porque defendemos un sistema sanitario público, universal y redistributivo”; me gusta la definición, porque no creo nada en la neutralidad y sí –mucho, además- en el apartidismo, esto es, en que uno (me refiero, en este caso, a asociaciones, agentes sociales y a profesionales de la información y la opinión) tiene sus objetivos, sus sueños, sus rasgos de identidad y su manera pensar y de ver las cosas, incluso su ideología y sus preferencias políticas, pero actúa en conciencia, con vocación de servicio público y al margen de la dialéctica de partidos políticos, casi siempre maniquea (¿qué político reconoce algún mérito o acierto a quien gobierna, cuando su partido está en la oposición?) y poco orientada a informar y servir al ciudadano, por qué no decirlo. Es por eso que no hago lectura política de la noticia y me limito a señalar que podemos presumir de que Osakidetza ofrece uno de los mejores servicios sanitarios de todo el país. Creo que debemos estar orgullosos de ello y que debemos reconocer y reivindicar el trabajo de todo el personal, sanitario y no, de los cerca de 20.000 profesionales del sistema público vasco.

Hace tan solo dos años y medio que abandoné Lagun Aro (con una satisfactoria experiencia de usuario, en términos generales, a lo largo de más de dos décadas) y pasé a Osakidetza, y lo cierto es que aunque la comodidad es notablemente superior en esta red privada y en otras (como IMQ, cuyas prestaciones también conozco, por familiares y amigos), no tengo una sola queja relevante de nuestro sistema público de salud. Sólo una vez requerí de una atención médica compleja vinculada a una enfermedad crónica que padezco y la que recibí en el hospital de Cruces fue impecable; mejorable en lo que denominaríamos servicio hostelero (comida, ruido, trasiego nocturno, otros usuarios en la habitación y no precisamente amables ni silenciosos, régimen demasiado laxo en las visitas…), pero más que satisfactoria en lo puramente médico. El caso es que me moría de dolor, y al parecer, por muy agudo que fuera el brote de mi enfermedad no justificaba, no era compatible, con tanto sufrimiento como el que yo refería, que es como dicen los médicos -y abogados y policías- y es bonita expresión. Pues bien, durante tres días no pararon de moverme por las más diversas secciones del hospital para hacer pruebas y diagnósticos en las más sofisticadas máquinas. Me moría de miedo y de dolor en los incontables viajes camilleros que, con ese motivo, hice transportado por el amable personal del hospital, pero a la vez me decía: “qué bueno que, con nuestro trabajo e impuestos, podamos pagar este despliegue -público y a disposición de todos los ciudadanos- de médicos, enfermeras, personal no sanitario e infraestructuras y equipamientos y nuevas tecnologías; y qué desgracia que muchos países (EEUU entre ellos, no solo los subdesarrollados) no cuenten con él”. Cierto que, con los recortes a que nos obliga la crisis económica, se está reduciendo y lo hará aún más la calidad y las coberturas del sistema público vasco de salud, pero felicitémonos de tener Osakidetza, que es un logro de todos que debemos valorar, defender y proteger. Y otro tanto diría respecto de los recortes que afectarán a Osakidetza en breve: discutámoslos, incorporemos al debate tanto a los profesionales del sistema sanitario como a los usuarios y decidamos –dejando a un lado la lucha de instituciones y partidos políticos- qué hay que mantener, qué hay que ampliar y, sobre todo, qué se puede eliminar o reducir no solo a corto, sino también a medio y largo plazo. Porque, seamos realistas, el futuro es de recortes y nada, o bien poco, será mejor los próximos años.

¿Y la música?

Un disco recién publicado., que reúne al mito del funk blanco neoyorkino y más alternativo y moderniqui de los años 80, David Byrne (Talking Heads, sí) y a una joven artista del electropop más de hoy aunque anclado en ciertas revisiones del pasado, St Vicent. El tema que os dejo aquí abajo se titula “Who” y es una bomba, de precisión. Actual y añejo a la vez, perfecto.