Archivo del Autor: Ricardo Oleaga

Peligros inminentes, soluciones a medio plazo

Menudo Martes de Pascua llevamos. Seguimos, y cada hora que pasa m√°s, sumidos en una situaci√≥n l√≠mite: la Administraci√≥n central adopta duras medidas de ajuste/recorte del gasto p√ļblico dise√Īadas para el medio y largo plazo (lo √ļltimo: 10.000 millones de euros de ahorro suplementario en materias tan sensibles como sanidad y educaci√≥n, recorte anunciado ayer por el Gobierno) pero quien debe interpretarlas ‚Äďpositivamente, se quisiera-, los mercados financieros que prestan dinero al Estado, act√ļan pensando en el ahora mismo, no se creen que las medidas se vayan a aplicar en toda su extensi√≥n y, por supuesto, carecen de √©tica o preocupaci√≥n social alguna, s√≥lo buscan un beneficio, a poder ser r√°pido y sin excesivo riesgo. Y es que somos un chollo como pa√≠s: a las cinco de la tarde, la prima de riesgo est√° ya por encima de 430 puntos, y el IBEX baja m√°s del 2%, una aut√©ntica ruina para nosotros, una mina para los inversores. Apenas nos sostenemos en pie sobre un terreno imprevisible y abonado para especuladores sin escr√ļpulos; vivimos meses, mejor dicho, a√Īos nefastos para el com√ļn de los ciudadanos. ¬°No hay tiempo, el cambio ha de ser inmediato¬°, pero hete aqu√≠ que el pa√≠s necesita tiempo para recuperarse un poco de enfermedad tan grave y poder generar confianza para que, una vez reducido el d√©ficit p√ļblico al menos hasta niveles viables, pueda crecer un poco la econom√≠a y recuperar la capacidad de crear riqueza y empleo. Pero es que la banca dice que no es que no quiera dar cr√©dito, sino que escasea la petici√≥n de pr√©stamo solvente, el que aporta suficientes garant√≠as de devoluci√≥n. Ya, esto me suena. A lo que √≠bamos: el miedo a ser intervenidos como antes lo fueron Grecia o Irlanda atenaza a los dirigentes pol√≠ticos y pone a temblar a cualquier persona que siga siquiera superficialmente la actualidad. ¬ŅQu√© hacer? Qui√©n lo sabe; se me ocurre alguna sugerencia a los l√≠deres pol√≠ticos del pa√≠s, pero esto es solo un blog de consumo y vida cotidiana, o sea que zapatero a tus zapatos.

En época de crisis, los consejos para ahorrar o eludir gastos evitables siempre son bienvenidos. Os sugiero que leáis, aquí un informe de Antonio Delgado para Eroski Consumer sobre aplicaciones para realizar llamadas gratuitas entre teléfonos móviles (no solo Viber, hay otras).

Volviendo al planteamiento del anterior post, os traslado algunas noticias interesantes, con breves comentarios míos.

El pueblo tarraconense de Rasquera decide hoy si cede a una asociaci√≥n cann√°bica tierras municipales para cultivar marihuana, a cambio de 1,3 millones de euros en dos a√Īos.Es un dinero muy atractivo para unas arcas p√ļblicas, las de este pueblo, a buen seguro exhaustas y necesitadas de suministro urgente, pero cabe preguntarse si un ayuntamiento puede destinar terrenos p√ļblicos a este uso tan inhabitual y controvertido. Hay productos y h√°bitos que no conviene trivializar, menos a√ļn desde instancias p√ļblicas, esa es mi reflexi√≥n.

El periodista Frank Bruni, hasta hace pocos meses cronista culinario de The New York Times, abandona su trabajo tras desvelar que padece gota, resultado de cinco a√Īos de gozoso trabajo describiendo la comida y el servicio de los mejores restaurantes del pa√≠s. La buena noticia es que tras modificar su dieta diaria cambiando carnes y mariscos suculentos, sabrosas salsas y los m√°s afamados vinos por cereales integrales, verduras y saludables vasos de agua, el periodista ha comprobado que los fuertes dolores causados por la gota remit√≠an m√°s pronto que r√°pido. Dice ahora estar convencido de que sustituir unos por otros productos no siempre tiene que ser desagradable. Seguro que echa de menos los banquetes, pero pocas cosas hay m√°s gratificantes que mejorar s√ļbitamente nuestro estado de salud. La salud es lo primero, sin duda, y podemos disfrutar comiendo sin da√Īarla demasiado, seguro que s√≠.

El aeropuerto de Loiu-Bilbao ha transportado un 12% menos de viajeros el d√≠a clave de esta Semana Santa (ayer, lunes de Pascua) que la del a√Īo anterior. Veo dos causas: la crisis, que crece y confirma que ha venido para quedarse, y los √©xitos europeos del Athletic que obligaron a muchos aficionados a destinar el gasto de vacaciones a los traslados a Manchester y a la ciudad minera alemana del Shalke 04. Si gastas de m√°s aqu√≠, tienes que quitarlo de all√≠; est√° claro.

El Tribunal Supremo, bas√°ndose en informes periciales que analizaron en laboratorio el producto, condena a la empresa que produce el Ceregumil (concebido en 1907 por un farmac√©utico) y ordena que se proh√≠ba su venta como complemento diet√©tico, ya que carece de propiedades terape√ļticas ni produce beneficios a ning√ļn colectivo concreto de personas. Lo he dicho muchas veces: productos milagro, stop, as√≠ de rotundo. No es desconfianza; es sensatez, y el resultado de la experiencia de muchso a√Īos, creedme.

A la banca espa√Īola le sobran 41.400 empleados, un 16% del total y una de cada tres oficinas, lo dice un estudio del Instituto de Estudios Burs√°tiles. No nos coge de nuevas que nuestro pa√≠s era el de mayor n√ļmero de oficinas por habitante del mundo (en enero hab√≠a unas 41.000 oficinas bancarias); lo que ignor√°bamos era que el exceso llegara a este nivel, m√°s a√ļn sabiendo que -por efecto de la crisis y tambi√©n debido al auge de la banca online- la banca llevaba a√Īos reduciendo su sobredimensionada red de oficinas. La duda que me surge, aunque me dura poco, es con qu√© dinero van a hacer esta reconversi√≥n. Porque no creo que, con la casi nula demanda inmobiliaria de nuestras ciudades, se pongan a malvender esos miles de oficinas que les sobran. Si no lo hacen con los pisos embargados… De momento, como era de esperar, parte de la factura de la crisis financiera, de sus errores empresariales la vamos pagando, qu√© remedio nos queda, los usuarios. Al dato: la banca ha subido en el √ļltimo a√Īo una barbaridad las comisiones por uso de tarjetas de cr√©dito (9% de media, han pasado de 18 a 20 euros) y d√©bito (11,6%, de 34 a 37,5 euros) en los √ļltimos doce meses (marzo 2011-marzo 2012), seg√ļn informe oficial del Banco de Espa√Īa. Adem√°s, tambi√©n ha encarecido (un 4,11% de media) la disposici√≥n de dinero a d√©bito en una sucursal de otra red (m√°s de un 4% de media). Y asimismo han subido, hasta un 22%, las comisiones semestrales por mantenimiento de cuentas corrientes y de ahorro. Y tambi√©n lo han hecho las comisiones de estudio, apertura, cancelaci√≥n y subrogaci√≥n de todo tipo de pr√©stamos. Ning√ļn otro sector se puede permitir estas alegres subidas de precios, hasta tal punto la banca nos tiene atrapados. Si no, ¬Ņc√≥mo, en plena crisis econ√≥mica, pueden aceptarse subidas tan onerosas de los servicios bancarios? No es que las aceptemos, lo que ocurre es que no tenemos otra opci√≥n: o bien estamos atados a nuestra entidad (por la n√≥mina, por los cr√©ditos, por…) o las subidas son generalizadas en el sector; o ambas cosas, claro.

Los pilotos de Iberia echan el resto y dan √≥rdago a la empresa (otra huelga, en traducci√≥n r√°pida), para evitar que se consume la creaci√≥n de Iberia Express, una l√≠nea filial lowcost para rutas de medio y corto radio. Solo en un d√≠a, el de ayer, impidieron la salida de 155 vuelos, el 40% de los previstos, y, seg√ļn dicen es nada m√°s que el comienzo). Recordemos que el pasado diciembre, los pilotos de Iberia realizaron 12 d√≠as de huelga. El reembolso a los clientes que contrataron estos vuelos cancelados, est√° garantizado. Seg√ļn FACUA, los afectados no deben conformarse con la devoluci√≥n del importe del billete si se cancela el viaje en lugar de modificar la fecha del vuelo, puesto que pueden exigir indemnizaciones por los da√Īos que el cambio les caus√≥. La empresa ha llevado al Sepla a los tribunales (pide que se declare ilegal la huelga y reclama una indemnizaci√≥n por los a√Īos causados por una protesta que estima ‚Äúabusiva‚ÄĚ) y, a su vez, el Sepla valora demandar a Iberia porque la creaci√≥n de la lowcost contraviene un convenio previo al respecto. Lo que est√° claro es que -una vez m√°s en un servicio esencial- los usuarios ejercemos el rol de rehenes, de -mediante la huelga y sus repercusiones-resorte a activar para conseguir objetivos sindicales.

En los dos √ļltimos a√Īos, el abandono escolar (j√≥venes entre 18 y 24 a√Īos que dejan de estudiar sin terminar el bachillerato o la FP) ha pasado del 31% al 26%, la proporci√≥n m√°s baja desde que se mide este indicador. Ya no hay sector de construcci√≥n √°vido de mano de obra que tiente a los adolescentes a dejar de estudiar con lo que empollar sigue siendo -si no la mejor-, casi la √ļnica opci√≥n. Est√° bien, he aqu√≠ un efecto positivo de la crisis, que sintom√°ticamente coincide con una coyuntura de recortes en la educaci√≥n. No hay felicidad completa.

Un juzgado de Pamplona ha condenado al Gobierno foral a indemnizar, con el 50% de los da√Īos, a un ciclista por una ca√≠da producida a mediados de marzo de 2009 tras chocar contra otro ciclista que se hab√≠a ido al suelo al introducir la rueda delantera en una grieta del pavimento, en la carretera NA-411, en el t√©rmino de Ostiz. El magistrado considera que se produjo una concurrencia de culpas: de la Administraci√≥n por el mal estado de conservaci√≥n de la v√≠a y del propio ciclista por no respetar la distancia de seguridad, motivo por el cual s√≥lo condena al Gobierno foral a indemnizar por la mitad de los da√Īos causados. El ciclista recurrente “se encontr√≥ repentinamente con otro ciclista que hab√≠a ca√≠do al suelo al introducir la rueda delantera de su bicicleta en una grieta del pavimento“. “No pudo esquivarlo, por lo que lo alcanz√≥, cayendo al suelo”, explica la sentencia. Una sentencia que deja sentada la responsabilidad de la Administraci√≥n en algunos accidentes, y, por extensi√≥n, la conveniencia de denunciarlos ante la justicia si sospechamos que se deben al inadecuado mantenimiento de infraestructuras p√ļblicas, en este caso, viarias.

Termino con una informaci√≥n recogida en la web de OCU y que puede ayudarnos a reducir a casi la mitad el gasto en carburante para nuestro coche. Son siete pautas a seguir y un consejo final sobre la compra de combustible: 1) nunca superes los 120 km/hora; 2) no apures las marchas, cambia lo antes posible (de marcha inferior a superior, de segunda a tercera, de tercera a cuarta…), mant√©n el motor a bajas revoluciones y evita los acelerones bruscos; 3) apaga el motor en los atascos y paradas de m√°s de un minuto; 4) mant√©n la presi√≥n adecuada en los neum√°ticos: presi√≥n m√°s baja equivale a m√°s consumo; 5) evita frenazos innecesarios, reduce siempre la marcha con tiempo y mant√©n la distancia de seguridad con el resto de coches, 6) limita el uso del aire acondicionado a cuando realmente resulte necesario, 7) no transportes en el coche objetos pesados que no necesites. Y, por √ļltimo, localiza la gasolinera m√°s barata de tu entorno, reposta siempre que puedas en ella y,esto lo digo yo, si te queda lejos de tus rutas habituales, llena el dep√≥sito porque, si no, te dar√° pereza ir hasta all√≠ a poner 20 √≥ 30 euros de carburante.

La m√ļsica de despedida

la va a protagonizar hoy una joven promesa que, originaria de Portland (Oregon), a pesar de seguir siendo tenido por tal, dej√≥ de ser lo uno y lo otro hace ya tiempo, erigi√©ndose en uno de los m√°s consolidados representantes de la m√ļsica de autor con ra√≠ces folk y blues de estos √ļltimos a√Īos. Con todos vosotros, M. Ward, os dejo con The First Time I Ran Hawai, una canci√≥n de su esperado nuevo disco.

La huella social de nuestros zapatos y el coste de la seguridad

Antes de desarrollar el doble tema del post de hoy, me permito acercaros algunas noticias, todas ellas de esta semana en curso, con un breve comentario. Porque además de la huelga general de ayer, jueves 29 de marzo, y de los zarpazos de todo tipo que prodiga la crisis económica, temas ambos profusamente tratados en todas partes, hay otros asuntos a los que cabe prestar atención, pienso.

El suelo (tipo de inter√©s m√≠nimo) que establec√≠an muchas hipotecas firmadas en la √©poca del boom inmobiliario impedir√° que buena parte de los usuarios se beneficien de la √ļltima bajada del Euribor, que est√° ya por debajo del 1,5%. ¬ŅQui√©n nos iba a decir, cuando estaba al 5,5% (octubre 2008), que el Euribor iba a bajar hasta el 1,5%? Nos las promet√≠amos tan felices cundo se firmaron esas cl√°usulas suelo… En esto, bancas y cajas s√≠ fueron previsores y se cubrieron, por si acaso, las espaldas; si hubieran actuado con tanto celo y diligencia en otras operaciones, apuesto a que no estar√≠amos donde estamos o no tan mal, porque ya sabemos de d√≥nde viene esta crisis. Pero el partido no ha terminado. Una nueva sentencia, de la que tuvimos noticia ayer, jueves, y dictada por la Audiencia de Burgos considera abusivas estas cl√°usulas suelo. Si la quieres revisar un poco, puede verse aqu√≠, por deferencia de OCU.

McDonalds y Burger King aumentan, en 2011, n√ļmero de establecimientos, ventas y beneficios empresariales. De media, cada restaurante McDonalds factura cada a√Īo en nuestro pa√≠s 2,2 millones de euros. El negocio del fast food resiste a la crisis: ¬Ņes, la de estas multinacionales una f√≥rmula empresarial inexpugnable, han sabido adecuar tan bien sus negocios a la coyuntura de crisis, son los mercadona de la restauraci√≥n? ¬Ņen √©poca de crisis, tendemos m√°s a la comida r√°pida, sabrosa y, sobre todo, barata?

Las ventas del comercio minorista espa√Īol retrocedieron en febrero un 3,4% interanual. Se modera la ca√≠da de enero (4,6%), pero se suman ya 20 meses ininterrumpidos de bajadas, tendencia iniciada en julio de 2010, justo tras la subida del IVA. Cuesta encontrar mejor term√≥metro de la salud econ√≥mica de un pa√≠s que el dato de ventas del comercio. Refleja dos claves esenciales: la capacidad de gasto y el estado de √°nimo de la gente. Y da la impresi√≥n de que ambos est√°n escu√°lidos. Tenemos el mismo o menos dinero que hace dos a√Īos, y el futuro se ve sombr√≠o no, lo siguiente, como se dice ahora. Es as√≠ que respondemos, todos, gastando menos. Unos por razones obvias, otros por miedo o por prudencia. El escenario, muy problem√°tico: cierre progresivo de tiendas, m√°s paro en uno de los sectores m√°s empleadores (en el √ļltimo a√Īo se ha perdido m√°s del 1,5% del empleo del comercio en Euskadi), menos facturaci√≥n de las empresas…, s√≠, este c√≠rculo vicioso, de puro repetido, resulta agotador y deprimente. Pero, ¬Ņc√≥mo va a gastar la gente si no tiene dinero, ni confianza, ni humor para hacerlo?

Sube, por segunda vez este a√Īo, la factura de la luz. El precio aumentar√° en abril, entre el 3% y el 5%, y todo apunta a que, a no tardar, subir√° a√ļn m√°s, porque la deuda energ√©tica con las empresas productoras y distribuidoras todav√≠a no est√° saldada. Y no hay vuelta atr√°s: lo deja bien sentado el Tribunal Supremo, que dio recientemente la raz√≥n a las el√©ctricas. A los usuarios, estas decisiones nos dejan, perplejos y enfadados. Y es que no puede ser. Si dedicamos unos minutos a estudiar la factura de la luz, versi√≥n Tarifa √öltimo Recurso (TUR), la m√°s habitual en nuestro pa√≠s, y leemos un poco lo que se ha escrito al respecto, la indignaci√≥n es dif√≠cil de evitar: impuestos e IVA representan casi el 20% del total; las subvenciones a las renovables (s√≠, la e√≥lica, la solar…) se llevan otro casi 20%; y de los otros tres o cuatro pellizcos m√°s, destaquemos la amortizaci√≥n del d√©ficit de tarifas acumulado todos estos a√Īos. La producci√≥n y distribuci√≥n de la energ√≠a (incluidas las ayudas al carb√≥n) suponen s√≥lo el 46% de la factura. Un desatino, lo mires como lo mires; una aut√©ntica ruina, un aumento del gasto ineludible que atenta contra la econom√≠a dom√©stica de las familias y la productividad de las empresas. Cuesta creer que personas inteligentes en posesi√≥n de sus facultades hayan consentido en dejar gangrenar este asunto de las tarifas el√©ctricas durante d√©cadas y, lo peor, hayan pospuesto la cura de la enfermedad hasta un momento como el actual, en el que la terapia es tan inoportuna y agresiva como un zarpazo en plena cara nada m√°s despertar. Pensar que hasta hace pocos a√Īos viv√≠amos casi en la prosperidad y no se tomaron estas medidas. ¬°Pa√≠s!

La pensi√≥n del abuelo, estirada a modo de chicle solidario. Las personas mayores acogen en casa a hijos y nietos, todos juntos a vivir de la pensi√≥n de jubilaci√≥n. En Espa√Īa, hace cinco a√Īos s√≥lo el 6% de los hogares sustentados por un mayor de 65 a√Īos ten√≠a a todos sus miembros en paro; hoy son el 18%, tres veces m√°s. M√°s de 300.000 familias en las que nadie trabaja conviven con un jubilado, de quien viven. Es una maravilla lo solidaria que es la gente (en este caso, los mayores) con sus familiares; felicit√©monos de ello, no en todos los pa√≠ses son as√≠ las cosas. Pero es una situaci√≥n insostenible en el tiempo. Los sacrificios deben tener fecha de caducidad, hay que poner fecha a la remontada. ¬Ņ Se atreve alguien?

Sigue la pol√©mica sobre el sistema de recogida de basuras implantado en un n√ļmero creciente de pueblos y ciudades guipuzcoanos. La discusi√≥n -dejando a un lado la confrontaci√≥n pol√≠tica- tiene varios frentes que nos afectan como usuarios. Destacar√≠a tres: la recogida selectiva de cada tipo de producto en d√≠as concretos, la separaci√≥n espec√≠fica de los residuos org√°nicos y, por √ļltimo, la negativa al uso de incineradoras para eliminar la basura org√°nica y no reciclable. El √ļltimo problema es que la ampliaci√≥n del Puerta a Puerta a m√°s pueblos guipuzcoanos ha aumentado, l√≥gicamente, la cantidad de materia org√°nica a tratar, llegando a colapsar la √ļnica planta de compostaje guipuzcoana y forzando a las autoridades del territorio a exportar cientos de toneladas de basura de(sa)gradable a Iparralde y a Castilla.
Esta sacudida al sistema convencional de recogida y tratamiento de basuras que supone el Puerta a Puerta guipuzcoano plantea muchas cuestiones importantes. Una es el mayor compromiso e implicaci√≥n que, d√≠a a d√≠a, exige a la ciudadan√≠a en un tema que no puede ser m√°s cotidiano y dom√©stico; y otras dos, no menores, son el relativo cuestionamiento que supone a la sociedad de consumo tal y como la conocemos y vivimos, y el debate que plantea sobre cu√°l es el sistema de recogida y tratamiento de residuos urbanos m√°s eficiente en lo econ√≥mico y m√°s sostenible en lo social y medioambiental. Dif√≠cil ecuaci√≥n: no se trata de matem√°ticas; es a√ļn m√°s complejo, pero habr√° que comenzar a despejar las inc√≥gnitas.

Muere un ni√Īo de 3 a√Īos atrapado en los barrotes de la valla que circunda su centro de educaci√≥n infantil de Tafalla. Un aut√©ntico drama y, por mucho que duela decirlo, evitable. Y lo mismo puede decirse de la tragedia que ha sufrido otra guarder√≠a, en este caso de Castelldefels (Barcelona), donde un ni√Īo de a√Īo y medio ha muerto despu√©s de atragantarse mientras com√≠a una pieza de fruta, lo que le ha provocado una parada cardiorrespiratoria. La seguridad, y reducir lo imprevisible y sus repercusiones a su m√≠nima expresi√≥n, es uno de los m√°s patrimonios m√°s identificativos de sociedades desarrolladas como la nuestra. Lo que explica que cuando ocurren accidentes como estos dos, en centros escolares y con v√≠ctimas tan vulnerables y necesitados de protecci√≥n como estos ni√Īos tan peque√Īos, los engranajes de toda nuestra estructura social chirr√≠en y las preguntas hirientes afloren. El drama, por evitable, resulta inasumible y buscamos responsables, porque alguien tiene que tener la culpa, ‚Äúlo normal es que esto no pase‚ÄĚ. La pregunta es: ¬Ņcu√°nto estamos dispuestos a pagar como sociedad ‚Äďmedidas de seguridad en los centros escolares, personal espec√≠fico para implantarlas y seguirlas cotidianamente, t√©cnicos especialistas que controlan el cumplimiento de la formativa…- para que no ocurran estos accidentes?, y ¬Ņhasta d√≥nde cabe exigir celo y control a los educadores y al personal no docente que velan por la seguridad de los peque√Īos?. Extremar las medidas de seguridad, adem√°s de resultar caro, deviene inc√≥modo, latoso y, muchas veces, resulta en exceso prolijo y poco pr√°ctico. Pero todos somos hijos de nuestro tiempo y al final acabamos comprendiendo que todo no se puede controlar, que las cosas ocurrieron de modo fortuito, y as√≠, poco a poco, va pasando el tiempo, se apaga la luz de alarma, y a otra cosa. Pero no veo yo
cómo plantear estas disquisiciones a quien alimenta fundadas sospechas de que su hijo seguiría vivo si las medidas de seguridad exigibles en una sociedad como la nuestra se hubieran respetado.

‚ÄúTrabajadores en condiciones de semiesclavitud en pa√≠ses del tercer mundo, maltrato animal, deforestaci√≥n… es la cara oculta de la industria del calzado. Estudiamos la √©tica de 17 conocidas marcas de zapatos, y encontramos una fea realidad‚ÄĚ. As√≠ resume la OCU la investigaci√≥n que compara la responsabilidad social de las empresas de calzado (condiciones de trabajo de las factor√≠as, impacto medioambiental del curtido de la piel, bienestar animal en el proceso de obtenci√≥n de la piel y transparencia informativa), tras una visita a sus factor√≠as de producci√≥n de Brasil e India. Muchas marcas suspenden (probablemente, una es la de los zapatos que llevas puestos): de un total de 17 s√≥lo aprueban 5; y 8 de ellas no alcanzan siquiera 10 puntos de los 100 posibles, cuando hay tres que llegan a los 75 puntos. No es nada nuevo ni desconocido. Todos lo sabemos, hasta el punto de que el modo inhumano e insensato en que se producen en los pa√≠ses de origen, inevitablemente subdesarrollados, art√≠culos que conforman ya nuestra vida m√°s cotidiana, es una de las heridas que m√°s supura en nuestra sociedad de consumo. Y la soluci√≥n al problema es enrevesadamente compleja. Pensemos en cu√°ntos de nosotros compramos productos de comercio justo. S√≠, esos que venden algunas ONGs -y ciertas cadenas de distribuci√≥n, pero de modo solo testimonial- y garantizan que en las f√°bricas o instalaciones en que se elaboraron rigen unas condiciones laborables dignas (en ese pa√≠s, no en el nuestro) y que sus trabajadores reciben un salario justo (id. de lo anterior), que no se explota a los ni√Īos y que no se agrade irremisiblemente al entorno natural, entre otros requisitos. Porque ese, el consumerismo activo y comprometido es un interesante camino para construir un mundo mejor. Y s√≠, claro que s√≠, los productos de comercio justo salen algo m√°s caros que los normales.

¬ŅY el postre musical?

Pues como sigue la racha de fant√°sticos conciertos en tierras vascas, aprovecho la ocasi√≥n para poneros una canci√≥n de Mr M, el nuevo disco de LAMBCHOP (act√ļan ma√Īana, 30 marzo, en Bilbao), unos Tindersticks en versi√≥n americana, esto es, con influencias m√°s del jazz y el country que del rock brit√°nico. La herencia del soul cadencioso y envolvente con ronca huella de songwritter, por suerte, la comparten las bandas lideradas por el dandi Stuart Staples y el afable Kurt Wagner, que tal es el nombre de este encantador personaje natural de Nashville, cuna del country cl√°sico.El disco de Lambchop, imponente y tranquilo, melanc√≥lico y desenga√Īado, adulto y rebelde, elaborado y seductor, lo compuso Wagner en homenaje a su amigo Vic Chesnutt, leyenda del folk-rock experimental dram√°ticamente desaparecido hace menos de tres a√Īos.
Que os guste.

Cambia tu seguro de coche

(antes de comenzar con el post de hoy, sugeriros dos informaciones muy interesantes que acabo de leer ahora mismo. Una, de CONSUMER, que nos da pistas para desentra√Īar el galimat√≠as de los resultados de los an√°lisis de sangre; y otro, de OCU, que ha analizado en laboratorio el IPad-3, la nueva tableta de Apple, que se pone hoy a la venta en nuestro pa√≠s tras el √©xito descomunal de ventas en todo el mundo en su primera semana en el mercado. Concluyen los t√©cnicos de OCU que no es para tanto, que el IPad3 aporta ventajas interesantes (mayor definici√≥n de imagen, mejor visualizaci√≥n de p√°ginas web, mejora de la c√°mara de fotos y v√≠deo) pero no definitivas, ya que el IPad2 ya era bueno en todo eso y el IPad3 requiere m√°s memoria, consume m√°s bater√≠a y la red de velocidad 4G con la que permite operar no est√° a√ļn implantada en Espa√Īa. Y al problema del calentamiento de esta nueva tableta del que tanto se ha hablado estos d√≠as, informan en OCU de que s√≠ se calienta un poco m√°s que el IPad2 (llega a 40 grados de temperatura frente a los 30 del modelo anterior), pero que es un problema de escasa relevancia tanto en t√©rminos de comodidad como de riesgo para el usuario. La duraci√≥n de la bater√≠a, por √ļltimo, sigue siendo parecida a la del IPad2, unas 10 horas. En resumen, que casi recomiendan comprar su antecesor, el IPad2 , un producto satisfactorio y m√°s barato (cuesta unos 400 euros) que este nuevo, por el que hay que pagar desde 479 hasta 799 euros, seg√ļn modelos. La info completa, aqu√≠ ).

Al l√≠o: la lucha de precios en los seguros de coche est√° conduciendo a algunas compa√Ī√≠as de seguros (¬Ņos suena Axa?) a abandonar el ‚Äúramo autom√≥viles‚ÄĚ. Buena se√Īal. Eso quiere decir que est√°n compitiendo en lo importante, en el precio, y que la pelea va en serio. La crisis econ√≥mica tiene tambi√©n (pocos) efectos menos negativos. Lo percibimos a la hora de contratar servicios, como los seguros sanitarios privados o los seguros de coches, que protagonizan hoy esta bit√°cora. Porque la calidad y cobertura de pr√°cticamente todos los seguros es suficiente, incluso satisfactoria, por mucho que las p√≥lizas sean distintas y aun cuando, precisamente por ello, merezca la pena comparar en la amplia oferta disponible y elegir lo que m√°s nos convenga. El seguro del coche es uno de los contados productos de compra obligatoria. Tan seguro como la finitud de nuestra vida o que pagaremos impuestos, es que tendremos que contratar una p√≥liza de seguro para el coche; caso de que lo tengamos y queramos usarlo, claro. Ahora bien, ese seguro obligatorio del que no podemos escapar apenas cubre los da√Īos que nuestra impericia, imprudencia o, sin m√°s, mala suerte al volante, cause en terceros. Naturalmente, es la p√≥liza m√°s b√°sica y la m√°s barata que nos ofrece cualquier compa√Ī√≠a. Desde 2008, el riesgo cubierto por esta p√≥liza obligatoria ha aumentado mucho (llega hasta 70 millones de euros por da√Īos personales y hasta 15 millones de euros por da√Īos materiales), homolog√°ndonos con los est√°ndares europeos e, inevitablemente, encareciendo el seguro. Claro que cuesta pagar m√°s, pero es un cambio positivo: protege mejor al usuario, porque las consecuencias econ√≥micas de un accidente pueden ser absolutamente ruinosas para quien ya sufre ese castigo moral de saberse responsable de un hecho que ha causado v√≠ctimas o grandes da√Īos materiales. Pensemos que la cobertura econ√≥mica del seguro obligatorio actual es unas 200 veces superior a la del anterior, a todas luces insuficiente. Y no olvidemos que la p√≥liza obligatoria no cubre da√Īo propios, del usuario ni de su coche, ya que es un seguro “a terceros”. De todo hay entre los usuarios, pero lo m√°s habitual es que contratemos seguros a todo riesgo con o sin franquicia, si el coche es nuevo, porque un siniestro total significar√≠a casi la ruina; o ‚Äúa terceros ampliado‚ÄĚ, con coberturas como robo del coche, asistencia en viaje y rotura de lunas, o incluso defensa jur√≠dica, que muchos consideramos ya casi imprescindibles.
En Euskadi tenemos uno de los mayores √≠ndices de siniestralidad de todo el pa√≠s (¬Ņser√° todo por la intrincada orograf√≠a o habr√° algo m√°s?), lo que explica en parte que contratemos m√°s seguros a todo riesgo que la media nacional. Otra raz√≥n: a mayores nivel de renta, m√°s segurolas nos volvemos, y menos nos gustan los imprevistos y los riesgos; son cosas de la naturaleza humana: quien tiene, quiere conservar. En consecuencia, m√°s p√≥lizas de seguros contratamos (coche, vida, hogar, responsabilidad civil, viaje, e incluso para esquiar o hacer deporte de riesgo) y con coberturas m√°s amplias. Le√≠a el otro d√≠a en una revista especializada que una luz roja de emergencia se ha encendido en el seguro del autom√≥vil, debido a que el sector ha dejado de ganar dinero con la venta de p√≥lizas y sobrevive a duras penas apoyado en otros ramos del negocio, y en rendimientos financieros del dinero del usuario, que paga el importe de la p√≥liza antes de que la empresa lo utilice para pagar los da√Īos.

Pero, recapitulando, lo importante, para nosotros, es:

1) Dar con el tipo de seguro que nos conviene, y reflexionar a fondo sobre qué coberturas nos interesa contratar, entrando al detalle. Esta es quizá la decisión más importante, saber qué seguro necesitamos, queremos y podemos permitirnos contratar. No es lo mismo, si somos veteranos conductores que si acabamos de estrenar el carné; tampoco lo es que no sepamos lo que es causar un accidente que tener un historial vergonzoso de siniestros. Y, ya en lo referente a la póliza, es bien distinto lo que cuesta un a todo riesgo con y sin franquicia; ysiguiendo en el a todo riesgo, lo que habremos de pagar por uno con franquicia de 300 euros y otro de 700 euros. Y difiere mucho, asimismo, asegurar un coche para un conductor veterano que hacerlo para su hijo o hija, jóvenes e inexpertos; o un coche nuevo y uno de segunda mano; o una berlina de lujo y un utilitario; y para un coche que usamos a diario y para uno que movemos de pascuas a ramos; o para el coche familiar con el que hacemos frecuentes y largos viajes que para ese trasto viejo al que apenas damos un uso esporádico. Hay que pensar un rato, calibrar las cosas y decidir en consonancia. Y lleva su tiempo, sí, pero merece la pena.

2) Y, una vez sabido qu√© tipo de seguro queremos, llegamos al segundo paso: dar con la compa√Ī√≠a que nos ofrece, en esa modalidad elegida y con esas coberturas que hemos fijado como √≥ptimas, la mejor relaci√≥n calidad-precio. A nosotros, como conductores concretos y con un autom√≥vil determinado (no olvidemos que aseguramos el riesgo de causar da√Īos con nuestro coche pero -si no es a terceros-, tambi√©n nuestro veh√≠culo), porque una p√≥liza perfecta para nuestro vecino puede resultar poco ventajosa para nosotros. Cada compa√Ī√≠a de seguros tiene sus propias estrategias comerciales y decide a qu√© tipo de cliente quiere captar preferentemente y, por tanto, ofrecerle las mejores condiciones.

3) Y si esa compa√Ī√≠a no es la nuestra (que no lo ser√°, apostad por ello), teng√°moslo claro, la decisi√≥n acertada es cambiar de empresa; no pasa nada. Lo de la fidelidad comercial es un cuento chino, una filfa. Si realmente nos aprecian tanto, traslademos a nuestra compa√Ī√≠a los precios y coberturas que nos ha ofrecido la aseguradora que estamos tanteando y que los mejore, si puede y si quiere. La posibilidad de ahorro es muy grande, llega a varios cientos de euros al a√Īo entre p√≥lizas con coberturas similares. Seguro que ya lo sabes, pero para comparar como es debido debemos fijarnos, con todo detalle, en de qu√© modo cubren lo que sigue: da√Īos propios en caso de siniestro (incluido robo), asistencia en viaje cuando sufrimos un problema, responsabilidad civil voluntaria, defensa penal en caso de ser necesaria y reclamaci√≥n de da√Īos. Y preguntemos c√≥mo aplican la cl√°usula bonus-malus, que premia o castiga al asegurado en la prima del a√Īo siguiente seg√ļn los siniestros que declare, porque cada compa√Ī√≠a tiene su librillo.

En Consumidores, el programa televisivo (ETB-2) que ocup√≥ mis desvelos estos dos √ļltimos a√Īos, mostramos bien a las claras hasta qu√© punto es cierto lo que acabo de plantear. Es perfectamente posible evitar el gasto in√ļtil (y recurrente, cada a√Īo nos cobran la p√≥liza) que representa pagar m√°s de lo necesario por un servicio que no es mejor que el que nos puede ofrecer otra empresa. Os dejo un par de casos muy comunes, nada forzados, y sin marcas, para no despistar. Y porque hay aseguradoras muy convenientes para unos perfiles y nada ventajosas para otras. O sea que no os puedo quitar el trabajo, lo siento.

Caso 1: Para una mujer de 30 a√Īos con 12 de experiencia como conductora, con un coche nuevo peque√Īo/mediano y que no ha tenido accidentes, en la compa√Ī√≠a X le costar√≠a 392 euros al a√Īo una p√≥liza a todo riesgo con franquicia de 200 euros. Mientras que en la compa√Ī√≠a Y, un seguro id√©ntico en lo fundamental le saldr√≠a a esta misma usuaria 612 euros al a√Īo, es decir, 220 euros m√°s.

Caso 2: Hombre de 40 a√Īos y con 15 de carn√©. Su coche es viejo y su siniestralidad media, ha sufrido alg√ļn que otro accidente. Pues bien, con una aseguradora la p√≥liza a terceros ampliada le supondr√≠a 454 euros al a√Īo; con otra, deber√≠a pagar por una p√≥liza similar 678 euros, o lo que es lo mismo, 224 euros m√°s.

Teniendo en cuenta que las dos m√°s baratas en estos dos casos son empresas tan reconocidas, fiables y consolidadas en el sector como las dos m√°s caras, la conclusi√≥n solo puede ser una: no podemos dejar de preguntarnos si tenemos asegurado el coche de la manera m√°s adecuada (el tipo de p√≥liza) y en la compa√Ī√≠a m√°s competitiva para nuestro perfil de conductores y nuestro coche. Es muy dif√≠cil ahorrar m√°s de 200 euros al a√Īo con una sola decisi√≥n y que adem√°s cuesta poco adoptar. Tom√©monos nuestro tiempo, pero tengamos en cuenta que algunas compa√Ī√≠as exigen un preaviso de dos meses antes de anular la p√≥liza en vigor. No estamos para tirar el dinero, me parece a m√≠.

¬ŅY la m√ļsica?

Pues como estas √ļltimas semanas la programaci√≥n de conciertos en las ciudades vascas es muy de mi agrado, cosa poco com√ļn, os dejo con una banda brit√°nica que toca hoy, viernes, en San Sebasti√°n. Tindersticks facturan un pop-rock sublime, exuberante en arreglos y detalles orquestales pero en absoluto superficial, pretencioso o grandilocuente; ep√≠tome de la elegancia no elitista, pleno de jondura y tendente a la introspecci√≥n, pero no a esa que conduce a la tristeza sino a la que potencia la inspiraci√≥n y la autoestima. Hacen la m√ļsica perfecta para, por ejemplo, ennoblecer y dignificar el rutinario y antiestimulante viaje findesemanal al hipermercado. No en vano Tindersticks llevan m√°s de una d√©cada disfrutando del status de banda de culto de moda permanente. Seguro que encandilan a los asistentes; Stuart Staples, su indiscutible l√≠der (una de las voces m√°s hermosas, magn√©ticas y personales del planeta pop), es de lo m√°s hipn√≥tico que se pueda ver sobre un escenario. Y no sabe lo que es dar un mal concierto, a m√≠ nunca me ha fallado, al menos, y los he visto muchas veces. Os dejo con “Medicine” una canci√≥n del disco nuevo que vienen a presentar.

Consumidores: ¬Ņsumisos ante la Banca?

En una coyuntura invadida por las malas noticias que, con una insistencia digna de mejor motivo, nos trae la crisis econ√≥mica, llega el 15 de marzo, D√≠a Mundial del Consumidor. ¬ŅLas noticias de consumo que han marcado estos √ļltimos d√≠as? Os cuento: ampliaci√≥n de horarios nocturnos en la hosteler√≠a vasca, agria pol√©mica por la gesti√≥n de las basuras en Gipuzkoa, disputa no menos amarga por el permiso (que no obligaci√≥n) de apertura en festivos -establecidos por la ley y concretados por el ayuntamiento- en los comercios bilba√≠nos; los precios de los carburantes en m√°ximos hist√≥ricos y subiendo obscenamente; el miedo a los recortes en servicios b√°sicos como sanidad y educaci√≥n como consecuencia de la necesidad de reducir el d√©ficit p√ļblico, la aceleraci√≥n -todav√≠a insuficiente: nadie compra, m√°s claro, agua- de la ca√≠da del precio de la vivienda tras casi cuatro a√Īos de abaratamiento, la segunda subida del a√Īo de la tarifa el√©ctrica (ser√° ya en abril, y se habla de ¬°un 17%!) y, una agradable noticia m√°s, los espa√Īoles tienen diez veces m√°s mercurio en el cuerpo que los alemanes, debido al saludable h√°bito de comer pescado (marino). Vaya panorama tenemos delante… todo un cuadro pero impresionante, que no impresionista. Y en estas and√°bamos cuando las asociaciones del ramo presentan, en el d√≠a mundial del consumidor, diversas iniciativas que coinciden en denunciar la posici√≥n de dominio de la banca frente a los usuarios. Las asociaciones de consumidores han cargado contra “la impunidad de los bancos”, a quienes culpan de buena parte de la crisis y han exigido m√°s competencia en este sector, una competencia que consideran “m√°s necesaria que nunca” debido a la concentraci√≥n de bancos y cajas como consecuencia de la crisis. (Inciso: uno de estos d√≠as escribir√© sobre el tema de la competencia, al que no se le da la importancia que merece. Incluso, a veces, cuando sale a colaci√≥n, se hace mucha demagogia, falsamente progresista, contra la competencia ‚Äď‚Äúsalvaje‚ÄĚ, se llega a decir-, que es uno de los elementos m√°s esenciales en el progreso econ√≥mico en esta sociedad de mercado que tenemos, y, sep√°moslo todos, del todo positivo y conveniente para los consumidores. Las restricciones de competencia, los acuerdos entre empresas distintas del mismo sector, sobre todo los de precios, son una ruina para los consumidores, y para la propia econom√≠a. Volveremos al asunto) Volvemos a la posici√≥n de dominio de la banca. Lo peor es que, como revela una encuesta online de la OCU a 3.000 personas estamos resignados, nos mostramos casi complacientes ante una sumisi√≥n que, he de decirlo, es perfectamente reversible; est√° en nuestra mano cambiar, siquiera en parte, este status quo que tanto nos perjudica. Nos tienen pillados, s√≠, pero podemos hacer algo. Un ejemplo: toda vez que el Banco de Espa√Īa apenas nos defiende (las resoluciones que dicta sobre las reclamaciones cursadas por los usuarios no son vinculantes, y la banca, consciente de su poder, hace caso omiso de la mayor√≠a de las sentencias del BE), la OCU pide al Gobierno la urgente creaci√≥n de una Agencia √önica de Protecci√≥n al Consumidor Financiero, que “reequilibre la relaci√≥n entre el consumidor y la banca”. Por su parte, la Confederaci√≥n Espa√Īola de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU) ha presentado una campa√Īa para exigir que el Banco de Espa√Īa fije topes a las comisiones bancarias que, como comprobamos en los extractos, andan desbocadas. Destacar√≠a tambi√©n la demanda que hace la Confederaci√≥n de Asociaciones de Consumidores y Usuarios (CECU) de medidas como ‚Äúla portabilidad de n√ļmero de cuenta para mantener el mismo n√ļmero independientemente del banco con el que operemos, la reducci√≥n de las comisiones bancarias, la mejora de la informaci√≥n que recibe el consumidor y que se impidan pr√°cticas comerciales como las promociones vinculantes o los paquetes de productos que atan al consumidor a su entidad durante largos periodos de tiempo‚ÄĚ. En pocas palabras, el movimiento de defensa de los consumidores exige que la Administraci√≥n p√ļblica adopte decisiones que reequilibren, en favor de los ciudadanos, el estado de las cosas en el mercado financiero (algo est√° haciendo con el dram√°tico problema de los desahucios, pero veremos en qu√© queda esa adhesi√≥n voluntaria de bancas y cajas) y permita algo que siempre he planteado, que la elecci√≥n de nuestro banco o caja de referencia (en el que tenemos las principales cuentas corrientes y los cr√©ditos m√°s importantes) debe ser tan libre y desprejuiciada como la del seguro del coche o el supermercado habitual; y nuestra actitud a la hora de solicitar un cr√©dito, otro tanto de lo mismo. Comparar, pidiendo toda la informaci√≥n relevante en cada oficina, el precio de los cr√©ditos y la rentabilidad de los dep√≥sitos e inversiones, y tomar las decisiones con frialdad y mucho sentido com√ļn. S√≠, lo s√©, en materia de cr√©ditos, actuar as√≠ hoy resulta complicado, porque ‚Äďsalvo a quienes tienen sus cuentan hipersaneadas- las entidades financieras se niegan en banda a dar cr√©ditos al consumo o hipotecarios, pero hasta hace pocos a√Īos era justo al rev√©s, se peleaban por conseguir nuestros favores, y tampoco entonces la mayor√≠a sac√°bamos provecho de tan favorable cinrcunstancia. Lo que hicimos fue sobreeendeudarnos, y ahora lo estamos pagando, y a base de bien. Y los bancos y cajas serios, entendiendo por tales los bien gestionados, siguen ganado dinero a espuertas, porque, quer√°moslo aceptar o no, siguen teniendo la sart√©n por el mango e imponiendo las condiciones. O lo tomas o lo dejas. El asunto es intentar, entre todos, que se nos tenga en cuenta, que los usuarios pintemos m√°s en esta pel√≠cula, en la que no es que no seamos actores principales; a veces me da la impresi√≥n de que no llegamos ni a extras.

Os dejo con John Cale (al que veremos en concierto en Bilbao el mi√©rcoles, 21 marzo) y una de su canciones m√°s conocidas, del m√≠tico √°lbum Paris 1919, grabado hace ya m√°s de 30 a√Īos.

Mercadona, o la excepción vasca

Uno de los pocos misterios que quedan por desentra√Īar en la civilizaci√≥n occidental es la excepci√≥n vasca de Mercadona, el motivo por el que esta cadena de supermercados no se ha implantado a√ļn en Euskadi. Anteayer nos enter√°bamos de que abrir√° en Navarra 20 tiendas en los pr√≥ximos cinco a√Īos, la primera de ellas en 2013. ¬ŅTriunfar√≠a la empresa levantina en Euskadi? Nadie lo sabe, pero cuesta creer que miles de consumidores vascos se equivoquen cuando, desde hace a√Īos, se desplazan ‚Äďo aprovechan que pasaban por all√≠-, hasta los mercadonas de Miranda de Ebro, Haro, Santander y Jaca para regresar con el coche lleno de g√©nero.

Ayer, Juan Roig, presidente de Mercadona, present√≥ su datos de 2011: han creado, el funesto pasado a√Īo ep√≠tome de la crisis, nada menos que 6.500 puestos de trabajo nuevos fijos y netos, han abierto 60 nuevas tiendas, crecido en ventas un 4% a igualdad de superficie y anotado un 18% m√°s de beneficios que el a√Īo anterior.

(Inciso: justo lo contrario que otras grandes empresas del sector, que atraviesan graves dificultades, como todo quisque en nuestra exhausta economía. Lo que le pasa a este sector, gran creador de empleo directo e indirecto, es muy relevante para todos e influye en nuestra calidad de vida, en la acepción cotidiana del término. Digo esto porque a veces me parece que se le critica demasiado, y no se tiene en cuenta, no se le valora en lo que lo merece. No todo es construcción, nuevas tecnologías, turismo y automóvil: hay otros sectores estratégicos en nuestra economía. Pero este tema lo dejaré para otro día, que da mucho juego).

Volvamos a Roig, que dijo ayer -por primera vez, que yo sepa- que Mercadona ‚Äúestudiar√° su implantaci√≥n en Euskadi‚ÄĚ. Si indagamos qui√©n ha defendido p√ļblicamente la llegada de esta empresa a las ciudades vascas, tenemos a los siguientes actores, como se dice ahora. Comencemos por OCU, asociaci√≥n de consumidores de referencia absoluta en Espa√Īa: asegura que uno de los principales motivos de que los supermercados vascos sean los m√°s caros de toda Espa√Īa (lo demuestran sus informes, a√Īo tras a√Īo, y mira que duele) es precisamente la inexistencia de mercadonas en Euskadi. Sigamos por el Tribunal vasco de Defensa de la Competencia: hace ya varios a√Īos denunci√≥ que restricciones legales espec√≠ficas vascas imped√≠an la entrada de nuevos operadores de la distribuci√≥n y que estas barreras proteg√≠an y blindaban a quienes ya estaban en el mercado. Y finalicemos con la voz de muchos ciudadanos que ya a t√≠tulo personal en sus c√≠rculos de amigos y familiares, ya organizados en foros y blogs de Internet, llevan a√Īos manifestando su deseo, o exigencia, de la apertura de tiendas de esta marca en sus pueblos, barrios y ciudades.

La verdad es que no nos podemos quejar de escasez de oferta comercial en Euskadi: salvo esta empresa, tenemos aqu√≠ a todos los grandes operadores de la distribuci√≥n alimentaria con pr√°cticamente todos los formatos (tiendas de proximidad, supermercados, hard discount como Dia o Lidl, hipermercados grandes, medianos y peque√Īos, bazares chinos, en fin…). Aunque seguro que hay otras de tipo financiero e industrial (como la apuesta por el crecimiento org√°nico: crear incesantemente tiendas propias, una a una, y no crecer de golpe comprando cadenas de la competencia), me atrevo a aportar cuatro claves del √©xito de Mercadona: 1) el formato de tienda, supermercados grandes, casi hipermercados, de unos 1.500 metros cuadrados, ubicados en el centro de las ciudades y con parking propio, 2) la pol√≠tica de precios, muy ajustada y spb (siempre precios bajos), sin promociones ni ofertas coyunturales que requieren mucha dedicaci√≥n y gasto en publicidad, 3) una marca blanca muy competitiva por su buena y homog√©nea relaci√≥n calidad-precio, sin apenas productos mediocres; y, adem√°s y a diferencia de otros competidores, con una secci√≥n concreta que adoran sus clientes tanto como echan de menos algunas mujeres que no tienen cerca un Mercadona: la gama blanca de higiene personal y cosm√©tica, y 4) una¬† comunicaci√≥n eficiente que, sin gastar un euro en publicidad, logra una espec√≠fica y positiva imagen corporativa basando su estrategia en la satisfacci√≥n de sus clientes y ‚Äďen un planteamiento muy original- de sus trabajadores, a los que da la impresi√≥n de tratar bastante bien; no en vano, la empresa presume de carecer de empleo eventual y de mimar las condiciones laborales de sus empleados. Razones, todas ellas, de peso, basadas en gastar poco y bien, y que apelan al raciocinio de la gente, al consumidor inteligente y no a otras cuestiones tangenciales o de pura imagen, pensemos en la chispa de la vida, por ejemplo. Puede haber, y de hecho las hay (pensemos en Eroski y su liderazgo en informaci√≥n al consumidor, seguridad alimentaria y etiquetado nutricional) otras pol√≠ticas adecuadas, pero estas de Mercadona me parecen convincentes para los consumidores.

Se han arg√ľido muchas razones, varias de ellas especulativas e indemostrables, para explicar por qu√© no hay mercadonas en Euskadi. No me detendr√© en ellas. Yo creo que la causa principal es bien sencilla: en Euskadi (echemos la vista atr√°s unos 15 a√Īos, cuando comenz√≥ m√°s o menos la revoluci√≥n Mercadona, que no era todav√≠a un empres√≥n comparable a Eroski o Carrefour) los grandes super e hiper estaban aqu√≠ ya implantados -a diferencia de otras muchas zonas del pa√≠s- porque tuvieron un desarrollo muy r√°pido en las d√©cadas anteriores y las mejores ubicaciones urbanas estaban ya ocupadas. Lo que podr√≠a haber ocurrido es que, ahora, tras el enorme despliegue realizado por Mercadona en todo el suelo peninsular durante estos √ļltimos a√Īos, los emplazamientos que pens√≥ ideales ya los tenga ocupados la empresa valenciana, y como a quien le salen los n√ļmeros siempre quiere crecer m√°s, ser√≠a el momento de pensar en otras ubicaciones interesantes, m√°s dif√≠ciles de convertir en rentables, pero a√ļn atractivas comercialmente, como los de nuestros pueblos y ciudades, casi saturados de supermercados. As√≠, esta excepci√≥n vasca quiz√° ha dejado de tener sentido, y ello explicar√≠a el cambio de actitud mostrado ayer por Roig.

A nosotros, como consumidores, est√° claro lo que nos interesa: cuantas m√°s empresas de distribuci√≥n compitan por ganarse nuestro favor, mejor. Habr√° m√°s donde elegir, y m√°s espabilados andar√°n -por la cuenta que les tiene- los que ya est√°n asentados y gozan de nuestra confianza. Y si, adem√°s, la cadena que falta por llegar es una de las mejores, s√≥lo cabe decir una cosa: ya est√° tardando. ¬ŅOtra raz√≥n?. Si presumimos de que son muchas las empresas vascas que triunfan fuera del terru√Īo, tendremos que acoger y conceder oportunidad de √©xito a las que, provenientes de otras regiones o pa√≠ses, intentan asentarse entre nosotros. Digo yo.

La canci√≥n de hoy: Gillian Welch, una cantautora norteamericana que se prodiga muy poco y que (ya le cost√≥…) present√≥ en 2011 un disco precioso de folk ac√ļstico y de peque√Īas distancias con aromas country, bluegrass,…, una delicia. Adem√°s, en directo y con un sonido inmejorable. Atenci√≥n al guitarrista, clave en esta canci√≥n y en todo el disco.

Atención al cliente, la mejor inversión

Leo en las p√°ginas salm√≥n de El Pa√≠s de este pasado domingo que Jazztel ha conseguido por fin salir a flote y que lo ha hecho, sobre todo, gracias a su decidida apuesta por ‚Äúcall centers propios y con personal bien formado‚ÄĚ. En otras palabras, que esta compa√Ī√≠a telef√≥nica ha dejado a un lado los n√ļmeros rojos, dado la vuelta a su penosa situaci√≥n empresarial y logrado este pasado 2011 sus primeros datos positivos en mucho tiempo. Las cifras hablan por s√≠ solas: crecimiento anual del 30% en clientes, del 23% en ingresos y del 49% en beneficios. Que a las empresas les vayan bien las cosas es buena noticia, claro que s√≠. Pero de esta me alegro particularmente. Porque la clave de este extraordinario cambio de tendencia en los resultados econ√≥micos de la empresa ha sido la mejora lograda en atenci√≥n al cliente. Han centrado su esfuerzo en la formaci√≥n y motivaci√≥n de esos profesionales que atienden el tel√©fono al que llamamos cuando el servicio que nos presta la empresa no funciona como debiera. La mayor√≠a de las grandes compa√Ī√≠as han externalizado su servicio de teleoperadores que atiende a los clientes quejosos, no quieren tenerlo en sus propias oficinas, porque, deben entender (equivocadamente) que ‚Äúno aporta valor a√Īadido‚ÄĚ, que es pura casu√≠stica, un aluvi√≥n de miles de peticiones y reclamaciones con sus consiguientes respuestas, uff, cu√°nto trabajo no relacionado con las ventas y la captaci√≥n de clientes… qu√© pereza, por Dios. Y, una vez endosado el servicio a una empresa del sector, se obsesionan con optimizar su coste ‚Äďsin eufemismos: abaratarlo al m√°ximo- y exigir estad√≠sticas t√©cnicas: proporci√≥n de llamadas atendidas frente a las recibidas, tiempo de duraci√≥n de cada llamada, traslaci√≥n a un excel de todos los datos, adecuado tratamiento log√≠stico de la informaci√≥n, √≠ndice de satisfacci√≥n del cliente por el trato recibido. S√≠, claro que las empresas proporcionan a estos teleoperadores argumentarios espec√≠ficos para que cumplan con su cometido e informen lo mejor que puedan a los clientes que llaman, pero yerran al no dirigir sus esfuerzos e inversi√≥n a lo esencial: la satisfacci√≥n de todos sus clientes, de cada uno de ellos. Que, indefectiblemente, pasa porque los usuarios veamos resueltos nuestros problemas -o, en su caso, respondidas las dudas o quejas- de la manera m√°s r√°pida y diligente posible. Y es dif√≠cil que una empresa ajena -presionada hasta el l√≠mite para reducir sus costes y dedicada tambi√©n a otros asuntos- mime a los clientes de la empresa que les contrata como si fueran sus propios clientes. S√≠, desplegar un buen servicio de atenci√≥n al cliente es caro, pero sale rentable. Porque el cliente que tiene un problema con una empresa y ve que √©sta se lo resuelve, queda contento y repite. Ese es el asunto. Y comprenderlo, asumir ese coste como uno m√°s, tan o m√°s importante que cualquier otro, y trasladarlo a la cuenta de explotaci√≥n, significa que la empresa identifica lo primordial y act√ļa en consecuencia. En la mayor√≠a de las empresas (creo que Euskaltel es una de las pocas excepciones) quienes atienden a estos tel√©fonos, lo dice la informaci√≥n del diario citado, ‚Äúcobran por el n√ļmero de llamadas atendidas y no por el de problemas resueltos, cambian de sector continuamente y tienen escasas posibilidades de promoci√≥n‚ÄĚ, lo que conduce a que sus conocimientos espec√≠ficos sean escasos y su motivaci√≥n insuficiente; y a que ‚Äďpara desesperaci√≥n del usuario- hayan hecho costumbre de la penosa querencia de pasar la pelota a otro departamento, a otro compa√Īero. Que no sabe m√°s que ellos, pero no importa, lo que cuenta es haber atendido amablemente la llamada. Y a otra cosa, a otra llamada, que hay muchas esperando.

Mi experiencia personal: este pasado verano tard√© semana y media en resolver un problema con mi smartphone, con el que no pod√≠a conectarme a Internet en Portugal, debido a un sencillo error t√©cnico, perfectamente identificado desde un principio por la empresa, incluso antes de mi partida. Al grano. Tuve que hacer m√°s de 60 llamadas al SAT de mi telef√≥nica, media docena de ellas de pago porque se hicieron al ‚Äúservicio t√©cnico‚ÄĚ, cuyo n√ļmero no era un 900 sino un m√≥vil. Fue de no creer, parec√≠a un vodevil, de verdad que daba para un gui√≥n de teatro. A pesar de que mi problema, lo supe despu√©s, no pod√≠a ser m√°s simple de resolver, no hab√≠a manera de dar con alguien que supiera qu√© hab√≠a que hacer para lograrlo. ¬°Qu√© respuestas, qu√© circunloquios, qu√© explicaciones…!, unos teleoperadores atribu√≠an el problema a una causa y otros, a otra y a una tercera o una cuarta; unos aseguraban que el modo de solucionarlo era haciendo x, otros dec√≠an que y, y as√≠ indefinidamente. Yo -los primeros d√≠as. perplejo y malhumorado-, les reprochaba agriamente su falta de seriedad y profesionalidad. “¬°Pero si cada uno me dec√≠s una cosa distinta, c√≥mo es posible!”¬† Los familiares y amigos con quienes compart√≠a vacaciones en una casa de monte de la costa del sur de Lisboa se tronchaban de risa, y el cachondeo aumentaba conforme pasaban los d√≠as; incluso yo mismo acab√© tom√°ndolo un poco a broma, no hab√≠a otra manera inteligente de afrontar la situaci√≥n: eran mis vacaciones. Lo peor era que, por motivos de trabajo y financieros, necesitaba esa conexi√≥n a Internet. Tuve que tirar durante esos d√≠as de los m√≥viles de mi mujer y mi hija, menos adecuados que mi reci√©n estrenado Iphone para lo que necesitaba, navegar por decenas de p√°ginas web y descargar algunos ficheros. No os lo crer√©is, pero es cierto, y tengo testigos. Mientras dur√≥ la crisis habl√© con unas 60 personas de mi telef√≥nica (preguntaba por su nombre, siempre, a modo de entretenimiento) unas siete u ocho cada d√≠a, en torno a una hora cada ma√Īana, antes del desayuno ‚Äďme impuse este l√≠mite, no m√°s de una hora al d√≠a, para no acabar desquiciado-, todas ellas amables y educadas; y todas, menos las dos √ļltimas, id√©nticamente desinformadas. S√© lo que algunos de vosotros est√°is pensando: y s√≠, la mayor√≠a de estos pacientes seres humanos al otro lado del tel√©fono, eran sudamericanos, pero los nacionales no estaban m√°s preparados; se les entend√≠a mejor, eso s√≠, pero no eran m√°s eficientes. Tras la explicaci√≥n de mi problema, la respuesta era esta, una y otra vez: ‚Äúlo siento, pero no soy la persona indicada, espere un momento que le paso con el compa√Īero que le ayudar√° a resolver su problema‚ÄĚ. Parece que lo √ļnico que les hab√≠an ense√Īado era modales y paciencia; porque de conocimientos espec√≠ficos del tema, sab√≠an poco o nada. Pura parafernalia, oratoria en estado puro. Y mira que era cosa sencilla y previsible, la conexi√≥n a Internet en el extranjero, ¬°en pleno agosto! Tras cada llamada, adem√°s de la constataci√≥n de mi peque√Īez e insignificancia como usuario (una telef√≥nica de las grandes tiene varios millones de clientes), me quedaba la impresi√≥n de que el objetivo √ļltimo de quien instruye y paga a estos teleoperadores no era que mi m√≥vil de pen√ļltima tecnolog√≠a funcionara a satisfacci√≥n, sino que yo me sintiera, en cada llamada, tratado con amabilidad. ¬ŅTan imposible era para mi telef√≥nica resolver sin dilaciones el problema?

Una de las empresas de la competencia, por lo visto, ya entonces hab√≠a empezado a hacer las cosas de otro modo. Jazztel asegura que sus teleoperadores son empleados propios, adscritos al √°rea de Calidad, formados y supervisados espec√≠ficamente por la propia empresa e incentivados en funci√≥n de sus resultados, entendiendo por tales el n√ļmero de clientes satisfechos, y no por la amabilidad en el trato sino porque han resuelto el problema que motiv√≥ la llamada. Telef√≥nica y Vodafone han espabilado, y anuncian que van a revisar su sistema de atenci√≥n telef√≥nica al cliente, en el sentido de instalar centros con personal propio. L√≥gico: se han dado cuenta de que nadie cuida mejor a sus clientes que uno mismo. Y poco hay m√°s nuclear y propio de una empresa de servicios que la atenci√≥n -amable, diligente y eficaz- a sus clientes. El mensaje a las empresas (y no solo a las de telefon√≠a, pensemos en las de gas o electricidad, o las de distribuci√≥n)¬† se me antoja evidente, pero por si acaso, ah√≠ va: ahorren en otras cosas, pero no en la satisfacci√≥n del cliente, que es lo fundamental, en la medida que garantiza la supervivencia de la empresa. Porque cada vez tenemos m√°s problemas, y menos tiempo y paciencia para resolverlos. T√©nganlo en cuenta, y si no lo hacen motu proprio, h√°ganlo por conveniencia: casi seguro, les cuadrar√°n mejor las cuentas.

Os dejo hoy con Damien Jurado, a quien veremos en Donosti -con banda al completo y sobre las tablas del elegante teatro Victoria Eugenia- el próximo 16 de marzo, viernes. Folk rock de cantautor, purita miel con toque amargo.

Se acabaron los móviles de regalo

Movistar, l√≠der del sector, dejar√°, al parecer en cuesti√≥n de d√≠as, de regalar terminales (los m√≥viles propiamente dichos) como gancho promocional para que se contraten sus servicios de telefon√≠a m√≥vil. A nadie ha extra√Īado la iniciativa, y todos esperamos que los otros dos grandes operadores, Vodafone y Orange, secunden la medida. Y que, de inmediato, comiencen a librar la batalla en el terreno que corresponde: tarifas y calidad de servicio. Este sistema para captar clientes no les sal√≠a rentable, era evidente. Supongo que segu√≠an enmara√Īados en esta ruinosa espiral porque en un principio quiz√° funcion√≥ (el usuario se ahorraba el gasto en el m√≥vil, un producto en constante renovaci√≥n y sujeto a los vaivenes de la moda ‚Äďtecnol√≥gica, en este caso- como pocos de cambiarlo cada cierto tiempo) y porque se sumaron los competidores (los grandes, que no todos) y no pod√≠an parar. Pero los m√≥viles comenzaron a sofisticarse, llegaron los smartphone, mucho m√°s caros que los m√≥viles de la anterior generaci√≥n, y ya casi nadie quiere un m√≥vil normal.

Echemos cuentas: ‚Äúregalan‚ÄĚ el smartphone -o pagan hasta el 80% de su precio, si se trata de los m√°s caros, caso del coqueto Iphone– que cuesta hasta m√°s de 600 euros, cuando el gasto medio mensual de un usuario de m√≥vil en nuestro pa√≠s no llega siquiera a los 20 euros (llamadas y mensajes+Internet), y el compromiso de permanencia, que yo sepa, nunca excede de los dos a√Īos. 20 X 12 X 2= 480 euros de ingreso medio por cliente en esos dos a√Īos. Lo dicho,¬† no salen las cuentas.

Pero no hay de qu√© preocuparse, no pasa nada: las mejores promociones son las que rebajan directamente el precio de un producto o servicio y las que dan m√°s por el mismo precio. S√≠, me refiero a lo del dos por uno del supermercado ‚Äďel tres por dos es mucho menos interesante-, al 40% √≥ 50% de las rebajas en textil, a las ofertas de vuelos mucho m√°s baratos a determinadas horas o algunos destinos o en ciertos d√≠as concretos; o de habitaciones de hotel los findes a mitad de precio del d√≠a de labor. El regalo en especie no mola, salvo excepciones (y, ojo,que el del m√≥vil podr√≠a ser una de ellas), no apela al raciocinio, a la ventaja objetiva para el consumidor, sino a la compra por impulso, a la seducci√≥n del momento. Pensemos en la bater√≠a de cocina que utiliza como argumento publicitario el banco o caja por un dep√≥sito de m√°s de cinco mil euros o la tele de plasma por la domiciliaci√≥n de la n√≥mina; o en el juego de cuchillos o sartenes que regala el peri√≥dico por una cartilla de cupones que demuestre la fidelidad de compra del diario cada d√≠a en el quiosco (¬Ņcu√°ntos quioscos han desaparecido en Euskadi, por cierto?, qu√© pena).

Faltan clientes y atraerlos, y, sobre todo, fidelizarlos, es el gran objetivo de las empresas.¬† Cada uno tiene sus preferencias, pero yo pienso que lo m√°s conveniente es ‚Äúzapatero a tus zapatos‚ÄĚ: tarifas y precios lo m√°s econ√≥micos posible y servicios y productos de la m√°xima calidad para ese precio, ese y no otro deber√≠a ser el modo de lograr nuevos clientes y de mantenerlos. Porque ese planteamiento es una inversi√≥n de futuro, porque obliga a las empresas a repensarse, a atender m√°s eficazmente a sus clientes, porque promueve la b√ļsqueda de la excelencia, convierte en m√°s competitivas a las empresas y las prepara mejor para un futuro que hasta un ciego ve muy dif√≠cil. Lo dem√°s son parches, pan para hoy y hambre para ma√Īana. Aunque, pens√°ndolo bien, lo de que te regalaran el m√≥vil quiz√° tampoco era tan malo. Por algo dejar√°n de hacerlo…

El detalle musical viene hoy de la mano de Leonard Cohen, que, sorpresa,¬† con su impecable nuevo disco, Old ideas, ha vuelto a liar, emocion√°ndonos hasta donde no es pudoroso ni razonable.¬† Os dejo con¬† Going home, uno de los temas gloriosos de este¬† disco, a la altura de sus cl√°sicos de hace m√°s de 30 a√Īos. Un poeta/m√ļsico eterno, amigos.

Ansiedad y depresión menor: menos pastillas y más psicología, por favor

La OMS pronostica que en 2020, junto con las enfermedades cardiovasculares, la depresi√≥n ser√° la principal causa de discapacidad en el mundo. Y, no se hagan ilusiones, los vascos no constituimos la excepci√≥n. Por mucho que estemos encantados de conocernos, tengamos la mitad de paro que otras autonom√≠as y casi prefiramos morir que irnos a vivir lejos de nuestros familiares, amigos y bares, Osakidetza gasta cada a√Īo 23 millones de euros (una media de 10 euros por habitante) en ansiol√≠ticos y antidepresivos; y, en un dato quiz√° m√°s revelador, el consumo de estos psico-f√°rmacos ha crecido en los √ļltimos cinco a√Īos m√°s del 25%.

¬ŅEmpeora nuestra salud mental o, simplemente, somos cada vez m√°s blandos y resistimos peor esos problemas pu√Īeteros que insisten en fastidiar nuestro precario bienestar emocional? No tengo respuestas. No s√© si la infelicidad crece a pasos de gigante en una poblaci√≥n cada vez m√°s desencantada, -inmersa en la liturgia del consumismo- y desprovista de referentes ideol√≥gicos y morales a los que aferrarse; ni si nuestra capacidad para afrontar la frustraci√≥n merma sin parar y sin visos de cambio de tendencia. Pero s√≠ percibo dos cosas; una, que el pastilleo se va generalizando: esas miradas tristes, dopadas y huidizas, delatoras del consumo de psicof√°rmacos, las veo cada vez m√°s a menudo en las caras de quienes me encuentro en mis paseos con el perro; y otra, que si vas al m√©dico y no te receta algo, parece que el viaje y la consiguiente molestia (¬°qu√© comodones nos hemos vuelto!) no han servido para nada. ‚ÄúNo s√© qu√© me pasa, me siento triste, deca√≠do, ansioso, sin motivaci√≥n, como sin ganas de hacer nada…‚ÄĚ. As√≠ comienza el tema, y termina, casi siempre, en la farmacia, de la que salimos satisfechos con el doping-remedio a nuestros males.

En estas andaba pensando cuando mis amigos de la OCU publican un informe basado en una investigaci√≥n, que lo primero que dice es que la mayor√≠a de los problemas de salud mental ‚Äúest√°n relacionados con el estado de √°nimo, sobre todo con la ansiedad y la depresi√≥n menor‚ÄĚ, y que, equivocadamente ‚Äúen la mayor√≠a de los tratamientos se recurre a la medicaci√≥n: antidepresivos y tranquilizantes se prescriben en demasiadas ocasiones a pesar de que el tratamiento indicado para estos trastornos es la psicoterapia, alternativa a la que pocos pacientes tienen acceso‚ÄĚ a pesar de que quienes reciben este tratamiento se muestran m√°s satisfechos y de que la OMS lo recomienda, aconsejando evitar, en lo posible, el consumo de f√°rmacos.

La OCU entiende que ‚Äúel coste de la generalizaci√≥n de la psicoterapia se puede ver compensado con la reducci√≥n de las bajas laborales por este tipo de trastornos al recibir los pacientes un tratamiento m√°s r√°pido y adecuado a su dolencia‚ÄĚ. Se√Īalan que hay que concienciar a los pacientes sobre el uso responsable del sistema sanitario y explicarles que cualquier dificultad vital no tiene por qu√© llevar aparejada una soluci√≥n m√©dica. Los m√©dicos tambi√©n han de jugar su papel, promoviendo la administraci√≥n responsable de los f√°rmacos y haciendo o√≠dos sordos a las presiones de los pacientes y la industria.

Reclama asimismo la OCU que debe mejorar la dotaci√≥n de los centros de atenci√≥n primaria, ‚Äúcomo primera parada de un n√ļmero creciente de personas con dificultades para enfrentar los problemas de la vida cotidiana‚ÄĚ, y que hay que impartir formaci√≥n espec√≠fica a los m√©dicos de atenci√≥n primaria para mejorar sus habilidades en t√©cnicas de entrevista y escucha, adem√°s de acercar a los especialistas de salud mental a los centros de atenci√≥n primaria y crear terapias de grupo y talleres en este primer nivel de atenci√≥n, ya que pueden ser √ļtiles y menos costosos que los individuales, para ense√Īar a relajarse, elaborar el duelo, afrontar el estr√©s, dominar el insomnio, etc. El c√≠rculo virtuoso termina en la especializaci√≥n del personal de enfermer√≠a para administrar una parte de estas ense√Īanzas, mejorando as√≠ la eficiencia del sistema.

Estimados amigos, cuando uno lee informes tan reveladores y acertados como el de la OCU se ratifica en lo necesarias que son las asociaciones de consumidores para la mejora de la sociedad en que vivimos. Y en su irremplazable aportación específica, por su enfoque ciudadano e independiente (sin servidumbres ni intereses políticos, profesionales/sectoriales, ni empresariales) para la resolución de los problemas que lastran nuestra calidad de vida.

Os dejo con una canci√≥n de unos amigos del alma, los getxotarras Mcenroe, que acaban de publicar su nuevo disco, Las orillas. A ver si os gusta, la canci√≥n se titula “Mundaka“.