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Ley antitabaco, necesaria y bien aceptada

Volvemos al trabajo y nos topamos con las pésimas noticias macroeconómicas (PIB, desempleo, rescates) y también de nuestra economía doméstica. Sabemos que las siguientes facturas de electricidad y gas serán más onerosas que nunca, y nos informan hoy mismo de que el precio de los carburantes llega a máximos históricos (el gasóleo, que superará los 1,45 euros el litro por la adecuación al nuevo IVA, sale por primera vez más caro que en Francia, y llenar el depósito nos costará entre dos y tres euros más) y de que una de cada tres familias con niños sufrirá en nuestro país (afortunadamente, en Euskadi la situación será algo mejor) graves dificultades para comprar los libros escolares, que se estima han subido de media un 2,4%, sobrecoste al que hay que sumar, en la vuelta al cole de setiembre, el encarecimiento del material escolar con motivo de la subida del IVA que soportan artículos tan primariso como bolis, cuadernos o o sacapuntas, que pasa del 4% al 21%.

Pero hoy no hablaremos de la crisis, sino de un tema que recurrentemente resurge y reaparece en los debates mediáticos y en nuestras conversaciones con familiares, amigos y compañeros de trabajo.

¿Ha sido positiva la ley antitabaco, que prohibe fumar en todos los establecimientos públicos?

Sin rémoras: creo que, definitivamente, ha sido positiva, incluso mucho, ya que:

1) sigue disminuyendo el consumo de tabaco y el número de fumadores, y ceder en esta ley podría implicar el cambio de tendencia. Actualmente, en Euskadi el 28 por ciento de la población se considera fumadora habitual y el 25 por ciento no fuma pero sí lo ha hecho en el pasado. Sigue descendiendo, si bien lentamente, el número de fumadores.

2) la implantación de leyes antitabaco como la puesta en marcha en España hace un par de años ha logrado reducir en experiencias europeas similares la prevalencia de enfermedades vinculadas al consumo de tabaco; en concreto, se redujeron de media entre un 10 y 20 por ciento los infartos, principalmente entre los jóvenes y los fumadores pasivos.

3) la mayoría de la población apoya la medida: el 82 por ciento de los españoles no está de acuerdo con que se vuelva a la situación anterior y, de ese modo, se permita fumar en locales públicos y cerrados

4) no hay muchos incumplimientos ni denuncias: desde la entrada en vigor de la Ley Antitabaco se han interpuesto poco más de 300 denuncias en la CAV, más de tres cuartas partes en la hostelería. Es una ley que apenas genera conflictividad ni contestación social.

5) si casi la mitad (el 49%) de los vascos fumadores quiere dejar el vicio y es evidente que los ambientes con humo propician y animan al consumo de tabaco, parece obvio que mantener la prohibición de fumar en lugares públicos ayuda al fumador a dejar el hábito y, en su caso -que también deviene relevante- a fumar menos.

6) la repercusión negativa de la ley en el sector de la hostelería no parece ser tan importante: el 93 por ciento de los vascos dice acudir “igual o más” a los locales de hostelería tras la puesta en marcha de la Ley. Y el cierre de establecimientos estos dos últimos años se debe, seguramente, mucho más a la crisis económica que a la ley antitabaco. Además, no son pocos los no fumadores que desde que los bares y restaurantes son espacios sin humo, frecuentan más estos locales y permanecen más tiempo en ellos, y con esas personas hacen lo propio sus acompañantes, por supuesto.

En resumen, pienso que es una medida positiva y de progreso, con vocación de salud pública (el tabaco es un veneno cuyo consumo mata a largo plazo y, además de generar enfermedades muy graves, causa multimillonarios gastos al sistema sanitario; conviene recordarlo de vez en cuando) y de priorización del interés general sobre el particular

que ha resultado eficaz y que la inmensa mayoría de la población aprueba decididamente. No cuesta nada reconocer que esta regulación legal (como otras muchas) restringe la libertad de los ciudadanos y que estos primeros años de aplicación serán los más cuestionados ya que se prohíbe una actividad que durante décadas se realizó sin apenas limitaciones: fumar en la mayoría de los espacios públicos. Tampoco cuesta nada comprender que, como era previsible, la medida puede perjudicar a algunos negocios, y no solo la hostelería sino también la industria tabaquera y el sector primario vinculado a ella, pero igualmente lo hace –quién se toma hoy una copa después de cenar en el restaurante si sabe que va a dar “positivo” en lso controles de alcoholemia- la estricta limitación del consumo de alcohol a los conductores, y nadie con dos dedos de frente se queja: cómo hacerlo si se ha reducido, con su aplicación, a menos de la mitad el número de víctimas mortales en nuestras carreteras. Podemos, asimismo, aceptar que esta ley de restricción del consumo de tabaco sufre algunos problemas de aplicación y genera indeseables y nada nimios efectos secundarios (el más importante: aumento del ruido y la suciedad en las aceras y alrededores de los locales, pues los clientes salen de ellos para poder fumar), pero a nada que tengamos en cuenta la descomunal dimensión sanitaria del tema (mueren cada año en España 50.000 personas debido a enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco, veinte veces más que por accidentes de tráfico) nos cercioraremos de que las medidas de limitación, lejos de suavizarse, quizá deberían endurecerse. Una de ellas sería esta -bastante radical- que se adoptará en Australia, de tinte más comercial que otra cosa, pero de mucha relevancia ya que dificulta el marketing-diferenciar la marca es siempre la clave- y la publicidad de las tabaqueras.

En Euskadi, la mortalidad atribuible al tabaco se sitúa en 2.600 personas al año. En las mujeres, el porcentaje desciende hasta el 3 por ciento de los fallecimientos, mientras que en el de los hombres alcanza el 23 por ciento. Cada año, se diagnostican más de 1.300 casos de cáncer de pulmón en el País Vasco. Continuando con datos de nuestro ámbito más cercano,

el 80 por ciento de los vascos vería mal que se derogase la Ley Antitabaco y solo un 11 por ciento está en desacuerdo con la Ley, y el 93 por ciento dice acudir “igual o más” a los locales de hostelería tras la puesta en marcha de la Ley

El tabaco es la principal causa de muerte prevenible en el mundo y el único producto de consumo que, utilizado siguiendo las recomendaciones de los fabricantes, es capaz de matar. Lo dice la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Además, provoca el fallecimiento “a más de un tercio de las personas que lo consumen regularmente: un fumador tiene una esperanza de vida 10 años menor que un no fumador. La última noticia sobre esta ley era de antes del verano, y se refería a la posibilidad de que se modifique para que se pueda fumar en casinos y bingos, con motivo de favorecer la implantación del polémico Eurovegas en Madrid; son bien conocidas las demandas del sector del juego para que con sus locales se haga una excepción a la ley y se permita fumar en casinos y casas de juego. Una de las entidades sociales que más admiro, el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) pidió el pasado 31 de mayo, Día Mundial sin Tabaco, que no se dé “ni un paso atrás” en la Ley Antitabaco, que ha generado importantes beneficios en la salud de la población. Volver a permitir fumar “menoscabaría los derechos laborales de los trabajadores y supondría una pérdida de eficacia de la Ley del Tabaco como herramienta de Salud Pública”. Además, “supondría un agravio económico para con la hostelería en general y contaría con la oposición de una ciudadanía ejemplar que lleva año y medio apostando por la Ley Antitabaco y que no entendería excepciones interesadas”, dice el CNPT.

Algunos expertos afirman que hay que seguir actuando para que se fume menos. Medidas como la arriba citada tomada por Australia (por si no has hecho clik en el enlace: el empaquetado será genérico desde el próximo 1 de diciembre y restringirá los logotipos de la industria tabacalera, las imágenes de marca, los colores y el texto promocional) que ayuden a que los jóvenes no comiencen a fumar o a que abandonen lo antes posible esta insana práctica, como subir el precio del tabaco o ayudar a los adictos al tabaco a dejar de fumar, cuentan con mi apoyo y aprobación. Pienso que, sin agobiar en exceso a los fumadores -que bastante tienen con lo suyo y son los primeros interesados en abandonar su letal adicción- hay que insistir en iniciativas y disposiciones legales que logren reducir el consumo de tabaco.

¿Y la música?

Una de mis bandas nacionales favoritas, quizá la que más, MCENROE, acaba de publicar un deuvedé con cinco canciones, la mayoría de su nuevo disco, el aclamado “Las orillas”. Esta que os presento hoy, muhco menos conocida que hits del indie-rock nacional como “Tormentas” o “Los valientes” se titula “Al sur de mi vida”, pertenece a su primer disco, del mismo título y grabado hace casi diez años, es una de las que más me gusta de estos getxotarras.