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En defensa de Osakidetza

De vez en cuando la actualidad nos sorprende con noticias que nos reconfortan, siquiera un poco. Y no me refiero a la bajada de la prima de riesgo y la subida de la Bolsa de ayer tras el compromiso del BCE de comprar sin límite deuda soberana de España, a cambio de pedir otro rescate y de asumir, por tanto nuevos y más profundos recortes, seamos realistas. Estamos consiguiendo un poco de aire para seguir corriendo, pero el aire, aun siendo imprescindible, no es suficiente para el atleta, que necesita alimentarse e hidratarse, al igual que nuestra economía no necesita solo préstamos al Estado no demasiado caros y que pueda algún día devolver (esto es lo que se está discutiendo con los países ricos del euro, y al parecer consiguiendo, que no otra cosa) para que la Administración pública (la central, y por ende, las autononómicas) pueda eludir la quiebra, sino medidas que generen riqueza y empleo. Dicho de otro modo, lo que realmente se necesita, y más pronto que tarde, es el flujo caudaloso de dinero, de créditos en condiciones viables para que empresas y emprendedore inviertan y generen empleo. Porque la capacidad de los poderes públicos de crear empleo es cero; miento: lo que están haciendo las diversas administraciones es destruir empleo, porque no pueden hacer frente a los gastos que generan tan amplias plantillas. Nuestro drama no es la deuda pública, ni siquiera la privada, sino el desempleo y la pobreza (e imposibilidad de consumir y de pagar los créditos), que les acompañan y constituyen el padre de todos los problemas. Si no creamos empleo, y a manta, estamos abocados a la ruina y a que la crisis dure toda esta década que casi acabamos de comenzar.

Pero vayamos con la buena noticia de hoy. La sanidad pública vasca (Osakidetza) recupera su tradicional liderazgo en calidad en nuestro país,

al ocupar el segundo lugar (posición que no lograba desde 2009), tras la navarra, en el informe anual realizado por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Salud Pública. ¿Las peores calificadas de todo el país? Valencia, Madrid, Murcia y Baleares. Osakidetza logra 37 puntos sobre 46 posibles y destaca sobremanera en el gasto sanitario por persona (1.557 euros al año, qué barbaridad; en Valencia, por ejemplo, no llegan a los 1.000 euros) y en el despliegue de médicos especialistas; apartados, ambos, en los que la CAV logra la primera posición de todas las comunidades autónomas. Los tres aspectos en que obtiene peor nota están relacionados con el consumo farmacéutico, tanto por el insuficiente gasto en genéricos como por la reducción del gasto farmacéutico en general. Otros ítem mejorables son el equipamiento médico (quinta posición en número de escáneres para TACs) y el número de camas hospitalarias, donde queda en sexto lugar del ranking. Destaquemos que la FADSP se declara, según leemos en El Correo, “apartidista, pero neutral, porque defendemos un sistema sanitario público, universal y redistributivo”; me gusta la definición, porque no creo nada en la neutralidad y sí –mucho, además- en el apartidismo, esto es, en que uno (me refiero, en este caso, a asociaciones, agentes sociales y a profesionales de la información y la opinión) tiene sus objetivos, sus sueños, sus rasgos de identidad y su manera pensar y de ver las cosas, incluso su ideología y sus preferencias políticas, pero actúa en conciencia, con vocación de servicio público y al margen de la dialéctica de partidos políticos, casi siempre maniquea (¿qué político reconoce algún mérito o acierto a quien gobierna, cuando su partido está en la oposición?) y poco orientada a informar y servir al ciudadano, por qué no decirlo. Es por eso que no hago lectura política de la noticia y me limito a señalar que podemos presumir de que Osakidetza ofrece uno de los mejores servicios sanitarios de todo el país. Creo que debemos estar orgullosos de ello y que debemos reconocer y reivindicar el trabajo de todo el personal, sanitario y no, de los cerca de 20.000 profesionales del sistema público vasco.

Hace tan solo dos años y medio que abandoné Lagun Aro (con una satisfactoria experiencia de usuario, en términos generales, a lo largo de más de dos décadas) y pasé a Osakidetza, y lo cierto es que aunque la comodidad es notablemente superior en esta red privada y en otras (como IMQ, cuyas prestaciones también conozco, por familiares y amigos), no tengo una sola queja relevante de nuestro sistema público de salud. Sólo una vez requerí de una atención médica compleja vinculada a una enfermedad crónica que padezco y la que recibí en el hospital de Cruces fue impecable; mejorable en lo que denominaríamos servicio hostelero (comida, ruido, trasiego nocturno, otros usuarios en la habitación y no precisamente amables ni silenciosos, régimen demasiado laxo en las visitas…), pero más que satisfactoria en lo puramente médico. El caso es que me moría de dolor, y al parecer, por muy agudo que fuera el brote de mi enfermedad no justificaba, no era compatible, con tanto sufrimiento como el que yo refería, que es como dicen los médicos -y abogados y policías- y es bonita expresión. Pues bien, durante tres días no pararon de moverme por las más diversas secciones del hospital para hacer pruebas y diagnósticos en las más sofisticadas máquinas. Me moría de miedo y de dolor en los incontables viajes camilleros que, con ese motivo, hice transportado por el amable personal del hospital, pero a la vez me decía: “qué bueno que, con nuestro trabajo e impuestos, podamos pagar este despliegue -público y a disposición de todos los ciudadanos- de médicos, enfermeras, personal no sanitario e infraestructuras y equipamientos y nuevas tecnologías; y qué desgracia que muchos países (EEUU entre ellos, no solo los subdesarrollados) no cuenten con él”. Cierto que, con los recortes a que nos obliga la crisis económica, se está reduciendo y lo hará aún más la calidad y las coberturas del sistema público vasco de salud, pero felicitémonos de tener Osakidetza, que es un logro de todos que debemos valorar, defender y proteger. Y otro tanto diría respecto de los recortes que afectarán a Osakidetza en breve: discutámoslos, incorporemos al debate tanto a los profesionales del sistema sanitario como a los usuarios y decidamos –dejando a un lado la lucha de instituciones y partidos políticos- qué hay que mantener, qué hay que ampliar y, sobre todo, qué se puede eliminar o reducir no solo a corto, sino también a medio y largo plazo. Porque, seamos realistas, el futuro es de recortes y nada, o bien poco, será mejor los próximos años.

¿Y la música?

Un disco recién publicado., que reúne al mito del funk blanco neoyorkino y más alternativo y moderniqui de los años 80, David Byrne (Talking Heads, sí) y a una joven artista del electropop más de hoy aunque anclado en ciertas revisiones del pasado, St Vicent. El tema que os dejo aquí abajo se titula “Who” y es una bomba, de precisión. Actual y añejo a la vez, perfecto.

Telefónica, los dividendos y la Bolsa, tema que nos afecta a todos

Hablemos también hoy un poco de la Bolsa y de la prima de riesgo: parece que, afortunadamente, las cosas se han calmado, aunque podría ser solo lo que los especialistas llaman rebote técnico. Estamos ala espera de noticias de Draghi y del BCE. A ver si de una vez, se portan como cabe esperar.
Pero, para que, en este compás de espera, no falte una mala noticia -parece que nos hemos hecho adictos a ellas- Telefónica, que supone ella sola buena parte de todo el selectivo Ibex35, muestra sus vergüenzas financieras y decide eliminar, dando un disgusto a sus accionistas, sus dos próximos pagos de dividendo. Me parece, he de adelantarlo, una decisión acertada y necesaria de la operadora de telecomunicaciones, y en mi ingenuidad, pensaba que el valor subiría en esta sesión. Por qué, se preguntarán. Pues porque las dificultades de financiación de esta empresa eran bien conocidas y porque renunciar a pagar dividendos equivale a disgustar y defraudar (alguno se sentirá incluso engañado, lo verán) a los accionistas y supone reconocer delante del todo el mundo que el problema financiero es, efectivamente, grave. Pero a la vez significa una cosa muy importante: un ejercicio de responsabilidad y seriedad por parte de la empresa, ya que evita, en un momento crítico como este, descapitalizarse; y puede guardar, así, ese dinero para cometidos más estratégicos. Pero hete aquí que no, que en la reacción de los mercados ante esta drástica decisión (Telefónica siempre ha destacado por sus suculentos y recurrentes dividendos) ha pesado más la cruda plasmación del reconocimiento y la asunción del problema por parte de la empresa que el otro problema, el que que hubiera supuesto la descapitalización que acarrea el pago de dividendos; no por otro motivo, tras esta recompensa al ahorrador/inversor la acción siempre pierde un poco de valor.
A las doce del mediodía, Telefónica pierde un 6%, una barbaridad, porque su acción vale poco más de 8 euros, cuando el precio que todos tenemos in mente para el papel de Telefónica ronda los 15-20 euros por acción, no en vano es en ese intervalo donde –salvo pequeños y puntuales descensos- se ha movido desde 2007 hasta setiembre del año pasado. Pues ya ven, para un día que se prometía tranquilo (la prima de riesgo ha bajado ya de los 600 puntos y, a pesar de Telefónica, el ibex sube ahora un 1%), millones de pequeños ahorradores ya tienen un disgusto, otro, que metabolizar este fin de semana.
Al margen, comentar que a pesar de que el Santander haya informado que sus beneficios son notablemente inferiores a los del pasado año –porque ha provisionado mucho dinero para sus créditos-, la Bolsa está acogiendo positivamente la noticia: está subiendo un 3% su cotización. Aunque si comprobamos que las santanderes están a 4,20 euros, dan ganas de llorar. Y, lo he dicho más de una vez, este de la marcha de la Bolsa española no es un asunto que efecte solo a los inversores en renta variable, qué va: con los dividendos y las plusvalías que de la Bolsa logran millones de ahorradores y pequeños inversores se pagan muchas vacaciones, muchos coches, muchas viviendas, muchas cervezas del bar y comidas de los restaurantes, muchos recitales de ópera o funciones de teatro, e incluso muchas compras del hipermercado y de las tiendas de ropa. Por ello, aunque no juguemos en Bolsa, lo que ocurre en el parqué madrileño, en concreto, estas miserables útilmas semanas, nos afecta directamente, a todos. Incluso a las peluquerías. Pero de eso hablaremos un poco más tarde.

¿Es la banca de todos? ¿Y qué enseñan en las escuelas de negocios y las universidades?

¿La banca es de todos? Lo pregunto porque sus excesos y desgobiernos los pagaremos a escote, vía comisiones y vía inyecciones de dinero público. Lo que temíamos (pero esperábamos y casi ansíabamos) ocurrió este sábado. Nos intervinieron. Sí, sí, porque si alguien te presta –no para caprichos, sino para que pongas orden en tu economía y puedas sobrevivir y hacer frente a los pagos de una deuda que te ahoga-, una cantidad de dinero que multiplica por mil lo que tienes en la cuenta corriente, estás atrapado y de por vida. Devolver ese dinero será tu pesadilla; y tu acreedor, el dueño de tus movimientos. Mejor mentalizarse. No sabemos si habrá más ajustes en el gasto público y con ello se reducirá aún más el papel corrector dela desigualdad que debe desempeñar el Estado, si subirá el IVA y se encarecerán aún más los precios o si se retocará la reforma laboral y habrá todavía más despidos, pero los presagios no son alentadores, no.

Parece que el riesgo al corralito, al desastre absoluto, desaparece, y no fuimos pocos quienes respiramos tranquilos este sábado tarde al enterarnos. En mi caso, en Markina tomando algo con los amigos de toda la vida tras la comida anual de cuadrilla. El comentario general fue de resignación pero no del todo negativo. Un mal necesario.

Pero, además de la decepción del día después operativo en la Bolsa (-0,5% este lunes, una amarga y desagradable sorpresa, tras haber llegado a subir casi el 6% durante las primeras horas de la jornada) y de que la prima de riesgo no solo no haya bajado sino ha escalado hasta un vertiginoso 520, hay dos cosas que me preocupan mucho a medio plazo. Me explico.

Una, que curar el envenenamiento inmobiliario (sanear me parece término demasiado optimista) del sistema financiero español sólo garantiza que la quiebra no se va a producir esta semana ni la siguiente. El problema es que para salir del agujero negro necesitamos mucho más que eso. La ayuda europea, la línea de crédito, el rescatillo o como prefiramos llamarlo, es el salvavidas que impide la muerte inminente, pero la costa se encuentra a decenas de millas, y no nos quedan fuerzas para nadar, ni agua ni alimento para aguantar. Yendo al grano, necesitamos crecimiento económico sostenido, que los agentes capaces de hacerlo puedan crear empleo. No podemos seguir con estas cifras pre-revolucionarias de desempleados, con millones de personas sumidas en la pobreza, con más millones aún de familias agobiadas y sin expectativas claras de futuro; todas, además, navegando en este mar de problemas en la peor de las coyunturas, con un Estado del Bienestar claro candidato a perder su noble denominación. Para ir generando actividad económica, los empresarios grandes y pequeños, los autónomos, requieren financiación, que se le preste dinero a un precio razonable y sin exigir imposibles. Para pagar las deudas más acuciantes y no verse obligados a despedir o, peor aún, a cerrar el negocio; o, en el mejor de los casos, para poner en marcha nuevos proyectos. Es decir, que este rescate europeo, que nos compromete a todos –no nos engañen, ya lo hicieron antes- debe revertir, y mejor pronto que tarde, en el conjunto de la sociedad, en, como se dice ahora, la economía real. Que está hecha unos zorros, con su problema histórico de falta de productividad/competitividad y de inadaptación al nuevo entorno tecnológico; un marrón que tendremos que comenzar a abordar también algún año de estos. Tememos que ese dineral prestado por la UE se destine en exclusiva a limpiar las excrecencias de la banca peor gestionada, la que antes ocultó y ahora luce, por imperiosa necesidad, sus vergonzosos números rojos. Una banca que hiede (se hablará del caso Bankia, lo verán) a pura estafa, y que (al tiempo, y tendrá lo suyo constatarlo), competirá -con dinero público y, por ello, de modo desleal- con la banca saneada, que fue gestionada sin tanto despropósito en los tiempos de euforia y que ahora se ve metida en el mismo saco de las entidades irresponsables y/o corruptas. Y algún día tendremos que plantearnos qué se enseña en las universidades y en las escuelas de negocios que nutren de profesionales al mundo de la política y las finanzas. Porque ética en el trabajo, rigor técnico y honorabilidad en la toma de decisiones, o compromiso personal con la sociedad cuyo bienestar deben procurar deben ser las marías, visto cómo actúan muchos de estos mandamases. ¡Menuda tropa de dirigentes que tenemos, cuánto chorizo irresponsable!. Leamos los editoriales de la prensa extranjera, es un ejercicio doloroso pero muy saludable, para irnos enterando. El Guardian británico dicelos españoles, que sufren la tasa de paro más alta de la UE, deberán responder por la deuda contraída con esta ayuda. Y pagar el rescate de unas cajas de ahorros gestionadas por directivos incompetentes y sus amiguetes“.

Y dos, me temo que aunque pueda discutirse si los ciudadanos vamos a pagar (es decir, el Estado español) esta “línea de crédito” de hasta cien mil millones de euros (en letra parece menos, ¿no?), porque el FROB que los va a gestionar con los bancos y cajas solicitantes de ayuda no deja ser del Estado y, que se sepa, el Estado somos todos y el dinero de todos, hay algo que les aseguro va a a ocurrir. El saneamiento del negocio bancario, es decir, la corrección de los errores cometidos estos últimos años de excesos, despropósitos y, me atrevo a decir, robos en algunos casos, lo vamos a pagar, si no a escote, casi, los usuarios bancarios, es decir, todos nosotros. Porque, para pagar la monumental deuda contraída, cajas y bancos van a tener que poner en rentabilidad sus negocios. Y, como nada hace pensar que de pronto les dé por volver a conceder créditos a empresas y particulares al ritmo normal de antes de la crisis, ¿de dónde van a lograr tanto beneficio como necesitan obtener? A las medidas higiénicas inevitables -y en ciertos casos dramáticas- que ya podemos dar por descontadas (eliminar gastos superfluos, despedir a un buen número de trabajadores, reducir el desmesurado número de oficinas….), le va a suceder un fenómeno que no por ya detectado por casi todos nosotros, duele menos: el encarecimiento abusivo de unas comisiones bancarias que -muchas de ellas antes gratuitas-, ya se habían puesto a precios desconocidos. Según todos los analistas, el crédito tardará meses, si no años, en florecer; entonces, ¿de dónde lograrán bancos y cajas esos beneficios que tanto necesitan? Pues de ahí, de sangrar, poco a poco e intentando que no se note demasiado, nuestras cuentas corrientes, no lo duden. Es lo que más sencillo les resulta, subir las comisiones, y como nos tienen atrapados, somos presa fácil. Algo habrá que hacer para evitar el saqueo, seguiremos con este asunto.

Para terminar, y por no dejarlo en un punto tan deprimente, dos noticias pequeñas pero significativas en pleno fragor de la batalla financiera.

El 27% de los clientes de entidades financieras españolas sopesan cambiar de entidad bancaria por no considerar a su banco o caja “una entidad solvente”, según un estudio reciente de Nielsen España. Es un paso, a ver si nos ponemos de una vez las pilas, que ya es hora. El banco es una tienda más. Y la fidelidad, tal y como se plantea por las entidades en su publicidad, un cuento chino, que además nos sale muy caro. Deme bueno y barato, tanto servicio como producto, y me tendrá como cliente; si no, olvídese de mí.

2) La crisis impulsa un proyecto innovador: los préstamos p2p, entre personas, sin recurrir a bancos o cajas. No sé si es viable a estas alturas pero al menos tiene buena pinta, siquiera como presión a un sistema que no respeta a sus clientes. “Egoísmo bancario” dice un editorial de la revista financiera de la OCU, que denuncia no solo la pésima gestión que ha caracterizado a muchos bancos, y sobre todo, cajas de ahorros estos últimos años, sobreexponiéndose al ladrillo y concediendo créditos a tutiplén, infravalorando los riesgos. Pone el dedo en la llaga la OCU, al apuntar al “egocentrismo” que ha llevado a bancos y cajas a cometer el grave error de mirarse demasiado al ombligo y “olvidarse del cliente”. Pues eso.

¿Y qué música puede resarcirnos un poco de tanta zozobra?

Pues, forzosamente, un video que aporte tranquilidad y perspectiva, mediante, por supuesto, música hermosa, inspiradora y emocionante. A ver si os gusta, es una de mis bandas favoritas, los nórdicos Kings of Convenience, que nos regalaron (fue gratis) un maravilloso concierto hace dos o tres años en el escenario verde de La Zurriola con motivo del festi jazz de cada verano.