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Precios baratos, una necesidad; y el comparativo de aceite de oliva virgen de la OCU

Nunca las cifras, tomadas así en general, resultaron tan aciagas incluso a quienes no se nos dan mal del todo. Crece sin control el desempleo, el PIB sigue con la marcha atrás puesta, la inflación imparable convierte en aún menores unos sueldos que llevan años a la baja, suben sin parar los impuestos, aumenta sin dar signos de moderación la deuda pública,se multiplican los EREs y cierres de empresas, los desahucios son ya casi “de la casa” (se ejecutan unos ocho de media al día, solo en Euskadi)…, cuesta horrores encontrar números que despierten un poco de esperanza.

Los hemos visto en dos empresas de distribución, Dia y Mercadona que, en plena crisis, incluso sumergidas en la específica del sector (dato de ayer: las ventas del comercio minorista a precios constantes -eliminado el efecto de la inflación- bajaron en septiembre un 12,6% con respecto al mismo mes de 2011, tras la entrada en vigor de la subida del IVA, en tanto que el empleo en el sector retrocedió un 1,2%), no solo sobreviven a la debacle sino que crean empleo y ganan dinero. Tanto una como otra tienen una cosa en común, que han priorizado en su marketing mix un elemento siempre importante, ahora esencial: el precio. Venden barato, menos caro que su competencia o, al menos, así lo piensan los consumidores, porque ese es su posicionamiento en la distribución alimentaria. Aún recordamos cuando Mercadona hace unos tres años, dio un insólito y quizá antipático golpe de autoridad al retirar de sus baldas cientos de productos de marcas líder y dejar (salvo contadas excepciones) solo los artículos de su marca blanca. Muchos dudamos de la viabilidad de una estrategia -más radical que innovadora- que ahorraba costes y era coherente en la búsqueda de sinergias favorables a su reconocida marca de distribuidor, pero que les enfrentaba a poderosas multinacionales del mundo de productos de gran consumo. Y que podía disgustar profundamente a los consumidores más fieles a sus marcas favoritas en ciertos productos; algunos especialistas incluso pronosticaron que la iniciativa estaba abocada al fracaso. Pero de fracaso, a la vista está, nada de nada; al revés. Yo no lo tenía muy claro, lo reconozco, porque tiro mucho de marcas blancas, una vez contrastada la calidad del género, pero…. La gente quiere (en distribución alimentaria, y cada vez en más sectores, hora es de que las empresas se vayan percatando) una buena -y, en algunos casos, basta con suficiente- calidad al precio más bajo posible, y cada vez va a ser más así. Poco ha tardado el grupo francés Leclerc en contrataatacar: ha lanzado hoy una web (buscaelmasbarato.com) que compara los precios de productos de otras empresas con los que vende en sus siete centros de Madrid. Y asegura que sus artículos son los más baratos (los de Mercadona, dice, son un 12,3% más caros que los suyos; y los de Carrefour un 11,5%). Lo comprobaremos y al final el consumidor decidirá, pero no está mal que las grandes cadenas compitan tan descarnada y abiertamente en precio: lo necesitamos de veras. Sólo unas pocas marcas pueden lograr que el cliente habitual de un super o hiper deje de frecuentarlo porque no tiene su producto. El ejemplo de Mercadona está ahí.

Otro tema: la publicación este pasado miércoles de los resultados del último análisis comparativo de OCU, que denuncia que de 40 marcas de aceite de oliva virgen (34 “extra” y el resto, solo “virgen”) estudiadas, tal y como leemos en la web de EITB “Nueve de ellas (…) cometen fraude y engañan al consumidor al vender un aceite etiquetado como “extra” cuando sólo es “virgen”. Además, dos de estas marcas carecen de proceso de refinado por lo que no son aptas para el consumo (si bien no entrañan riesgo para la salud)“ ha provocado la virulenta reacción de fuentes del sector y quejas de algunas marcas, algunas (incluídas las populares marcas blancas de algunas cadenas de distribución) de mucho prestigio y bien conocidas por los consumidores vascos.

Es este un tema recurrente en nuestra actualidad informativa (recordemos el caso del fraude en algunas marcas de leche entera UHT, en el que, por cierto, los tribunales han dado razón en primera instancia a la OCU y desestimado la demanda multimillonaria de la asociación más representativa del sector lácteo) que, a buen seguro, causa incertidumbre y preocupación no solo en los sectores y marcas afectados sino también en los propios consumidores, que no saben a qué carta quedarse. ¿Quién tiene razón? ¿Adolecerá, efectivamente, la marca de leche, aceite o cualquier otro producto que consumo cada día, de ese defecto de calidad o seguridad que denuncia la asociación de consumidores tras realizar su análisis comparativo? ¿Me estará engañando esa marca, o será la asociación de consumidores -por el motivo que sea, quizá para darse publicidad o por intereses aún menos confesables- quien distorsiona la realidad y perjudica gratuitamente a las marcas que quedan mal en el examen?

Lo primero que cabe matizar respecto de este análisis en concreto es una doble realidad: por un lado, que los datos provienen –fundamentalmente, que no solo- de una cata; todo lo oficial, rigurosa y representativa que se quiera (la de aceite es una de las más normativizadas, exigentes y con protocolos específicos para ese producto; como lo son las del vino o el queso), pero una cata (o análisis sensorial) no deja de ser una prueba en la que se suman resultados subjetivos, las apreciaciones que hacen los catadores –personas, no máquinas que miden objetivamente datos químicos y físicos) de las características organolépticas (sabor, color, olor, textura, olor…) de un producto. Simplificando, por mucho que unos cualificadísimos catadores concluyan que un aceite (o un vino) no tiene la calidad organoléptica requerida por la normativa que regula su elaboración y propiedades, si yo lo compro a menudo y a mí me convence, me gusta tanto o más que otros que quedan mejor en el análisis, poco me importa, yo a lo mío (es, por cierto, lo que ha ocurrido con la marca que compro, para mi disgusto). Porque hablamos de sabor, olor, color, etc y en eso cada tiene sus preferencias y sus gustos. Y, en segundo lugar, cabe subrayar que este análisis de aceite de oliva virgen extra deja bien sentado que este déficit de calidad en absoluto afecta a la higiene del producto o a lo que en general podríamos denominar calidad sanitaria. Matices, ambos, esenciales para hacer una interpretación correcta del análisis y sus resultados. Tengo en mis manos la revista de OCU del próximo mes de noviembre, que publica este comparativo. Y su espíritu queda bien claro, ya que insiste en este último aspecto. Es un fraude “solo” económico, en la medida que algunos aceites se arrogan en sus etiquetas una calidad “Virgen Extra” que su producto no alcanza, al no cumplir los requisitos (fundamentalmente, de cata, ya que es con este método analítico como está fijado que ha de determinarse) que para esa denominación comercial establece la norma. Los aceites, lo dice la OCU “ fueron sometidos a una batería de análisis químicos y a un análisis organoléptico, siguiendo los métodos analíticos oficiales que contempla la normativa vigente. La principal conclusión es que la gran mayoría de marcas cumple con la legislación y que 9 marcas engañan al consumidor vendiendo un aceite etiquetado como “extra” cuando resulta ser simplemente “virgen”. Se trata, por tanto, de un engaño económico, ya que se vende al consumidor aceite de menor calidad. Los resultados obtenidos muestran un claro engaño al consumidor porque se le vende un aceite de menor calidad a la que se indica en la etiqueta. Para la tranquilidad de todos los consumidores, OCU manifiesta que, en el caso de los 9 aceites etiquetados incorrectamente, no se trata de un problema de seguridad, sino un engaño al bolsillo. El precio medio del litro de aceite de oliva virgen ronda los 2,38 €, mientras que el litro del virgen extra es casi de un euro más. El análisis también detectó que uno de los aceites vendidos como aceite de oliva virgen extra y otro de los vendidos como aceite de oliva virgen son, en realidad, aceites de oliva lampante y por tanto no son aptos para la venta sin el proceso previo de refinado. A pesar de los problemas detectados, hay productos de muy buena calidad a precios razonables. “En el aceite, como en muchos otros productos, un precio elevado no siempre es indicativo de calidad”. La OCU ha puesto en conocimiento de las autoridades competentes los resultados de este análisis para que determinen si se ha cometido alguna infracción y, si procede, sancionen a aquellas marcas que puedan estar engañando al consumidor y perjudicando a un sector muy importante para la economía española. Además, en el ánimo de la OCU está el colaborar con la patronal aceitera para solventar y evitar que aceites mal etiquetados lleguen a los hogares de los consumidores. Por ello, ha invitado a la patronal a un encuentro cuyo principal propósito es trabajar en un objetivo común: ofrecer un aceite de calidad y excluir del mercado a aquellos que defraudan la confianza del consumidor y no juegan limpio con el resto de fabricantes.” Creo que quedan bien claras las cosas, ¿no les parece?

Las marcas/empresas/sectores que salen malparados de uno de estos análisis comparativos diseñados y realizados por uno o varios laboratorios acreditados –en este caso, también paneles de cata-, de referencia en el sector, y pagado y publicado por una asociación de consumidores acaban repitiendo una serie de patrones de conducta:

1) Objeciones a la honradez y neutralidad de las asociaciones de consumidores, que atenderían a oscuros y desconocidos intereses de las asociaciones, que en sus estudios comparativos benefician a unos y perjudican a otros, pero no basados en argumentos técnico-científicos honrados y demostrables, sino por razones de interés propio y muy poco honorables (acuerdos secretos con ciertas firmas, las que se beneficiaría, por ejemplo).

2) Objeciones legales/normativas/jurídicas: ¿quién es una asociación de consumidores para entrometerse en la realidad de un sector económico y señalar quiénes son los buenos y quiénes son los malos? Y de hacerlo ¿por qué no se hacen las tomas de muestras y los propios análisis ante notario?

3) Objeciones metodológicas: no se respetan los protocolos de la metodología oficial de los análisis de calidad del producto, comenzando por la toma de muestras (¿cómo puede criticarse la calidad de un producto y una marca analizando solo una muestra cuando en el mercado hay en ese mismo momento centenares de miles en las estanterías?) y por el propio desarrollo de la prueba (determinación de los ítems a medir y comparar, modo en que se relacionan unos y otros datos para llegar a las conclusiones, respeto a lo que dice la normativa en cada paso del análisis, acreditaciones de los laboratorios por los organismos normalizadores…; las casusas motivo de crítica pueden ser muchas, pero el caso es que los análisis (por reducir costes, por simplificar procesos y ahorrar tiempo y dinero…, no se hacen como debieran hacerse, sobre todo teniendo en cuenta la enorme repercusión que frecuentemente adquieren los resultados de los análisis en los medios de comunicación

4) Objeciones a la interpretación de los resultados del análisis, ya técnicas ya de traslación al lenguaje periodístico, en exceso divulgativo y simplificador de realidades complejas, que no respetaría los preceptos y matices técnico-científicos.

5) Quejas por las consecuencias que puede acarrear la difusión de los resultados del análisis, dañando gravemente la imagen o perjudicando las ventas de una marca o de un sector. Como también analizan marcas “blancas” o de distribuidor, hete aquí que en cada análisis quedan bien, mal o todo lo contrario también las grandes empresas de distribución, con lo que la afectación es aún mayor.

Saben algunos de ustedes que quien firma ha dirigido durante muchos años la única revista que junto a OCU publicaba análisis comparativos en este país. Y también están informados de mis excelentes relaciones con quienes dirigen desde hace más de 25 años la OCU (asociación con más de 300.000 afiliados, que pagan su cuota, y no barata, precisamente) basadas en que durante tan largo periodo hemos compartido (además de las críticas a nuestra labor de defensa de los derechos e intereses de los consumidores, que no otra cosa es un comparativo dcomo este de aceite, o lo fue en su momento el programa “Consumidores”, de ETB2-) la obsesión por el rigor técnico en el trabajo, la imparcialidad en las interpretaciones de los resultados y la moderación y el sentido de la medida como pauta comunicativa a la hora de dar a conocer las conclusiones de nuestros estudios; sin que ello impidiera, por supuesto, la búsqueda de expresiones y titulares rotundos y claros, cuando la ocasión lo requería. Como esta, sí. Lo que les quiero decir es que, en mi modesta opinión, las marcas que han salido malparadas en este análisis de aceite deberían quejarse menos y ponerse cuanto antes manos a la obra para mejorar la calidad de su producto, un artículo natural muy sensible y de la máxima calidad cuyo proceso de elaboración hay que vigilar al detalle, porque la normativa que establece sus parámetros de calidad, es muy exigente. En cualquier país que no sea España es tarea imposible encontrar un aceite de oliva virgen extra por menos de 8 o 10 euros el litro, y aquí tenemos algunos bien sabrosos en oferta en los supermercados por 2,5 ó 3 euros. No hay que dramatizar, en muchos casos ha podido ser (suele ocurrir) pura mala suerte del productor, pero al consumidor hay que darle (siempre, y no solo la mayoría de las veces) la calidad prometida (en la etiqueta del producto, en la publicidad de ofertas del establecimiento…), y cierto que puede haber sido solo una botella o un lote el de calidad insuficiente y que al productor afectado le tocó la china de que fuera esa muestra la analizada y que deviene muy oneroso castigo para la marca afectada, pero no es menos verdad que la labor de una asociación de consumidores es precisamente esa, mantener tensa la cuerda, en nombre del cliente, del consumidor, y dar algún que otro disgusto para que se cumplan las normas de calidad y seguridad en los productos y servicios y no se relajen ni productores, ni vendedores ni la Administración que los controla. Y resulta asimismo diáfano que las normativas de calidad de los productos no se fijan para que la mayoría de los productos concernidos la cumplan o lo hagan con la mayoría de los requisitos, sino para que lo hagan todos y cada uno de ellos en todas y cada una de las características descritas. Lo que quizá habría que replantearse es si la normativa no es en este caso demasiado estricta, por exigente en exceso, en ciertos productos de alimentación. No lo digo por decir, es una idea que llevo muchos años rumiando, al cotejar los resultados análiticos de ciertos alimentos, y al preguntarme por qué en productos de gran consumo el Extra (calidad objetiva y parametrizable de producto; nada tiene que ver con el concepto delicatessen) es casi imposible de conseguir normalizadamente con los costes que el mercado admite. Es una soga al cuello de los productores que quizá habría que replantearse. Porque lo primero que ha de ser una norma es realista, debe poder cumplirse. Y también cabría reflexionar si es lógico que un producto de élite, en su propio concepto –es prácticamente el mejor de los aceites- y en lo culinario, como un aceite de oliva virgen Extra puede costar 2,50 euros el litro.

¿Y la música?

Esta siendo este un año de reapariciones de grandes figuras con discos estupendos (el soul de Bobby Womack, el country-rock de Neil Young, el folk rock de autor de Bill Fay, así citados de memoria), y el último del que tenemos noticia es el de DONALD FAGEN, exlíder de Steeley Dan, banda de referencia del negociado de la música más trabajada y exquisita de los 70s, ubicada entre los márgenes del jazz y el rock y con sabrosas concesiones al funk, al rhythm and blues y, por supuesto, al pop. Nos viene este mes de octubre Donald Fagen con “Sunken Condos”, su cuarto disco en solitario, dato que teniendo en cuenta que el primero lo grabó ya sin la banda hace 30 años, no permite tildarle de prolífico, precisamente. El disco está teniendo buena acogida en su país, EEUU, y la verdad es que escuchando este single, titulado “I’m Not the Same Without You” y anclado en esa estética atemporal de la música orquestal y grande en el buen sentido de la expresión, se entiende perfectamente el porqué.

Telefónica, los dividendos y la Bolsa, tema que nos afecta a todos

Hablemos también hoy un poco de la Bolsa y de la prima de riesgo: parece que, afortunadamente, las cosas se han calmado, aunque podría ser solo lo que los especialistas llaman rebote técnico. Estamos ala espera de noticias de Draghi y del BCE. A ver si de una vez, se portan como cabe esperar.
Pero, para que, en este compás de espera, no falte una mala noticia -parece que nos hemos hecho adictos a ellas- Telefónica, que supone ella sola buena parte de todo el selectivo Ibex35, muestra sus vergüenzas financieras y decide eliminar, dando un disgusto a sus accionistas, sus dos próximos pagos de dividendo. Me parece, he de adelantarlo, una decisión acertada y necesaria de la operadora de telecomunicaciones, y en mi ingenuidad, pensaba que el valor subiría en esta sesión. Por qué, se preguntarán. Pues porque las dificultades de financiación de esta empresa eran bien conocidas y porque renunciar a pagar dividendos equivale a disgustar y defraudar (alguno se sentirá incluso engañado, lo verán) a los accionistas y supone reconocer delante del todo el mundo que el problema financiero es, efectivamente, grave. Pero a la vez significa una cosa muy importante: un ejercicio de responsabilidad y seriedad por parte de la empresa, ya que evita, en un momento crítico como este, descapitalizarse; y puede guardar, así, ese dinero para cometidos más estratégicos. Pero hete aquí que no, que en la reacción de los mercados ante esta drástica decisión (Telefónica siempre ha destacado por sus suculentos y recurrentes dividendos) ha pesado más la cruda plasmación del reconocimiento y la asunción del problema por parte de la empresa que el otro problema, el que que hubiera supuesto la descapitalización que acarrea el pago de dividendos; no por otro motivo, tras esta recompensa al ahorrador/inversor la acción siempre pierde un poco de valor.
A las doce del mediodía, Telefónica pierde un 6%, una barbaridad, porque su acción vale poco más de 8 euros, cuando el precio que todos tenemos in mente para el papel de Telefónica ronda los 15-20 euros por acción, no en vano es en ese intervalo donde –salvo pequeños y puntuales descensos- se ha movido desde 2007 hasta setiembre del año pasado. Pues ya ven, para un día que se prometía tranquilo (la prima de riesgo ha bajado ya de los 600 puntos y, a pesar de Telefónica, el ibex sube ahora un 1%), millones de pequeños ahorradores ya tienen un disgusto, otro, que metabolizar este fin de semana.
Al margen, comentar que a pesar de que el Santander haya informado que sus beneficios son notablemente inferiores a los del pasado año –porque ha provisionado mucho dinero para sus créditos-, la Bolsa está acogiendo positivamente la noticia: está subiendo un 3% su cotización. Aunque si comprobamos que las santanderes están a 4,20 euros, dan ganas de llorar. Y, lo he dicho más de una vez, este de la marcha de la Bolsa española no es un asunto que efecte solo a los inversores en renta variable, qué va: con los dividendos y las plusvalías que de la Bolsa logran millones de ahorradores y pequeños inversores se pagan muchas vacaciones, muchos coches, muchas viviendas, muchas cervezas del bar y comidas de los restaurantes, muchos recitales de ópera o funciones de teatro, e incluso muchas compras del hipermercado y de las tiendas de ropa. Por ello, aunque no juguemos en Bolsa, lo que ocurre en el parqué madrileño, en concreto, estas miserables útilmas semanas, nos afecta directamente, a todos. Incluso a las peluquerías. Pero de eso hablaremos un poco más tarde.

Con nuestra economía a punto de quebrar, la vida continúa…

(sigo reflexionando y recabando información sobre el tema de las preferentes, que hace unas semanas se convirtió en un escandaloso timo que sufrieron decenas de miles de ahorradores engañados por sus bancos y cajas, pero que, abordándolo en general, es un asunto más complejo de lo que a primera vista parece; no en vano, las participaciones preferentes son un producto financiero más; con sus peculiares características, sí, pero un medio más (perfectamente legal, normalizado y conocido por el mercado) al que algunas empresas recurren con el fin de conseguir dinero para sus inversiones. Lo dicho, en breve hablaremos de ello en el post correspondiente)

Se hace difícil –por su enorme trascedencia en nuestras vidas cotidianas de hoy, 24 de julio de 2012 y, sobre todo, de los próximos meses y años- escribir hoy sobre cualquier cosa que no sea la situación de pre-quiebra en que se encuentra nuestro país y su posible rescate europeo

y posterior gestión tecnócrata y externa, al modo en que han sido intervenidas las economías de Grecia, Portugal e Irlanda que, por cierto, no levantan cabeza desde entonces. Y más cuesta todavía sustraerse a este marronazo que enfanga nuestra vida al comprobar, como hago ahora mismo, que Catalunya ha solicitado auxilio financiero al Gobierno español, convirtiéndose -la segunda mayor comunidad autónoma del país- en la tercera autonomía en pedir el rescate, tras la asimismo relevante Valencia y la ya más menuda Murcia. Quiere ello decir que reconocen las autoridades catalanas que el único comprador de sus emisiones de deuda pública es el Gobierno central: nadie más se fía. Un trago duro e indigesto para una economía que hemos tenido siempre por pujante y para una sociedad con tan consolidada autoimagen como la catalana. Espero que no nos veamos obligados los vascos a pasar por ese trance; de momento, todo parece indicar que no, pero….

Los datos que llegan del mercado financiero, que nunca fueron seguidos por el público en general como ahora, al minuto y con tanto miedo, son preocupantes:

la prima de riesgo sigue hirviendo a borbotones y amenaza con desbordar la cacerola y quemarlo todo con sus 635 puntos básicos; y el famélico IBEX35, con las más rutilantes empresas españolas a precio de auténtico saldo en la Bolsa está bajando el 3% y naufraga ya por debajo de los 6.000 puntos: ¿recuerdan cuando nos quejábamos porque costaba superar la barrera de los 8.500?.
Somos muchos los periodistas que, sin ser especialistas en economía, nos esforzamos con denuedo -tal relevancia ha adquirido el asunto, a todos los niveles- en comprender qué está ocurriendo y, sobre todo, qué nos espera a los ciudadanos de a pie, que somos la inmensa mayoría y a los consumidores, que somos todos. Estamos en una situación límite, con un paquete de medidas drásticas de recorte del gasto público y de aumento de los impuestos que nos empobrecen día a día, no reactivan nuestra recesiva economía y que, como era de prever, están generando gran contestación social.

Podría comentarles aquí en qué medida -en todo caso, efectos negativos, no lo duden- nos podría afectar el rescate total europeo equivalente al efectuado con los tres países arriba citados o su sucedáneo (que algunos especialistas ven quizá más probable), el auxilio del fondo de rescate europeo (FEEF), que se pondría en marcha por primera vez con este objetivo y haría innecesaria la actuación del BCE controlado por Alemania. El FEEF adquiriría bonos de deuda soberana española, que ya ningún inversor extranjero quiere incorporar a su cartera de inversiones. Pero no lo haré, por no anticipar el dolor, más que nada; y porque, en su caso, tiempo habrá.

Me he desayunado esta mañana leyendo en la Red una amplia entrevista a Felipe González en El País en la que da su versión de cómo el país ha llegado hasta aquí y, no teman, reparte culpas entre Aznar y Zapatero y sitúa el comienzo del desastre en 1998, cuando se dieron todo tipo de facilidades (políticas y financieras) para ir edificando el boom inmobiliario que luego se convirtió en burbuja y posteriormente nos ha explotado en la cara. Además, dice el ex-presidente que el dinero que debe nuestro país no es tanto como para explicar nuestra situación de postración ante los mercados y ante el BCE. Poco después, en otra lectura que también les aconsejo, en un blog de la prensa especializada me informaba sobre por qué estamos abocados a un rescate total: nadie se fìa de que España pueda pagar sus deudas. Normal, si ayer el interés de la deuda española a 2 años estaba casi al mismo nivel que la de a 10 años, cuando, por ejemplo, la francesa a 2 años era del 0,19%, cuando su bono a 10 años rendía diez veces más, el 2,13%. Los números y su elocuencia, amigos.

Pueden leer ambos materiales, y no perderán el tiempo, pero de todos modos me quedo con lo que dice Ignacio Marco Gardoqui hoy en El Correo

: “Nuestro problema es de dinero, claro está, pero en el mundo hay dinero en cuantía suficiente para sofocoar nuestras deudas; lo que no podemos ofrecer a cambio son garantías de pago y se empieza a hablar de “defaults” y de quitas, sin el más mínimo pudor. Y mientras Alemania se niegue a mutualizar los riesgos y las garantías, no habrá solución a nuestros males ni alivio a nuestros pesares. ¿Lo hará? Sólo si llega a la conclusión de que no hacerlo es peor para sus intereses y solo si Merkel llega a la conclusión de que tal cosa no le conduce al abismo electoral”.

Nuestro futuro, por tanto, queridos amigos, depende de que lo que piense y decida una implacable dirigente procedente de la Alemania del Este, la de la órbita exsoviética. Y matizo este particular para que nos hagamos una composición de lugar de la sublime representación que puede tener Angela Merkel de la idea de la construcción y consolidación del proyecto de la UE. En suma, nuestro futuro (¿cómo hemos sido tan irresponsables de llegar hasta este extremo?, alguien deberá dar explicaciones a las generaciones actuales y a las venideras) depende directamente de lo que a Merkel y a su entorno (pongamos aquí partido politico, la derecha alemana) le convenga. Así de sencillo, y de triste. Continuará… pero necesitamos, urgentemente, buenas noticias económicas: ¿quién puede aportarlas?.

De todos modos, nuestra azarosa vida de ciudadanos y consumidores continúa.

Se hacen las primeras pruebas de aplicación de la receta electrónica en Euskadi, se discute qué medidas de recorte de servicios del Gobierno Rajoy se aplicarán en la CAV, decenas de miles de usuarios temen haberse arruinado al comprar preferentes de bancos y cajas intervenidos por el Estado y por tanto en situación de quiebra, se dictará una normativa nacional que obliga a que las hamburguesas tengan menos grasa saturada y sal, al cine y al teatro ya no irán ni los taquilleros, la irresponsabilidad de dos fumadores que arrojaron sus colillas desde el coche se ha comprobado causa directa del dramático y enorme incendio de los bosques de Gerona, aprieta el calor en nuestra cornisa y el clima –este finde llegan, de nuevo, las lluvias y el fresco que otros llamarían frío- nos vuelve medio locos como siempre en verano, siguen muriendo niños en las piscinas (ayer una pequeña de dos años, en una piscina ¡hinchable! y ¡en una guardería! en Galicia: increíbles ambas cosas) y las fiestas de pueblos y ciudades siguen retando al malhumor y desesperanza de la gente…, todo marcha normal, entre tragedias, preocupaciones y ánimo festivo insobornable, como siempre…, somos así, ya lo decíamos ayer.

Como quizá sepáis, colaboro, aportando lo que llamo “enfoque consumidor” en el exitoso programa de debate “Ni más ni menos”, presentado cada tarde (de cuatro y media a seis y media, más o menos) por Klaudio Landa en ETB-2

Ayer les envié algunas ideas sobre la posible desaparición de las Rebajas, el tema principal que van a debatir hoy, martes. Precisamente, hace ya unos días, cuando se hizo público que el Gobierno central barajaba eliminar las Rebajas tal cual las conocemos (casi) desde siempre para dejar que sean los propios comerciantes quienes decidan cuándo y cómo hacerlo, escribí esta banalidad en mi facebook personal:

“Nos reducen los sueldos y sube de precio prácticamente todo, incluso lo esencial, como los alimentos más sabrosos, el vino, la cerveza, el cine y el teatro, los libros, los discos y conciertos…, estamos tristes y desconcertados, la economía del país sigue a punto del dramático y hasta ahora esquivado rescate, y va el Gobierno y nos anuncia otra catástrofe, esta más emocional si se quiere: ¡VAN A DEJAR DE EXISTIR LAS REBAJAS!, al menos tal y cual las conocemos hoy. Una vez metabolizado –solo en primera instancia- el disgusto, me pregunto yo: ¿tendremos entonces que dejar de comprar ropa quienes solo lo hacíamos en Rebajas? La conclusión solo puede ser una: nos quieren no solo desnutridos, abstemios, deprimidos, pesimistas, aburridos y malhumorados, sino también ¡vestidos de cualquier manera! Y eso sí que no, hasta ahí podíamos llegar. Frente Pro-Rebajas, ya. No quiero ni escuchar los motivos para esta incomprensible medida. Bueno, es mentira: los conozco y no me convencen. Por eso, te los ahorro ¡Pero si el único atractivo de comprar ropa era que solo había que hacerlo de cuando en cuando, y en fechas fijas y muy anunciadas para que no se nos olvidara! ¡Y, sobre todo, que te imponías un par de veces al año el reto de lograr un objetivo casi erótico y al alcance de pocos habilidosos; y que de conseguirse, de paso, contribuía a reforzar un poco esa averiadita autoestima nuestra: soy la pera, he pillado una chaqueta de pana preciosa con un 75%! Conmigo que no cuenten, desde ya lo digo. Si no hay Rebajas, a mi no me ven por las tiendas. Me paso a la compra por catálogo; por supuesto, sección Ofertas.”

Bien, esta es una manera irónica y personalísima de ver el asunto, pero hay otra más sensata e informativa de hacerlo. Mañana lo veremos. El material lo tengo casi listo. Ya puedes ir preparando tu comentario, si te place hacerlo en el foro abierto que me gustaría fuera este blog sobre consumo y vida cotidiana.

¿Y la música?

No es fácil dar con algo interesante si uno busca pop o rock alemán, pero tengo in mente una banda berlinesa , Einstuerzende Neubauten (“Las nuevas casas que se derrumban/colapsan”,en español), de la que he encontrado una pieza estupenda de su sexto disco, “Ende Neu” (1998). En su rareza, estamos ante una canción convencional tratándose de esta banda, a la que tuve ocasión de ver en directo en un FIB de hace no menos de 8 años, desplegando en un concierto irrepetible un derroche de recursos tanto por su complicadísima música experimental/industrial/ruidista, con arrebatos de hard rock por momentos, como por una puesta en escena sorprendente, con instrumentos como bolsas de basura llenos, toneles desvencijados, cables y poleas, etc, etc. Y lo mejor es que la barbaridad sonaba fenomenal, divertida, diferente por supuesto a cualquier otra banda, pero atractiva, desconcertante y muy poderosa.

En esta canción del video se nota la influencia del estilo que asociamos al gran Nick Cave, y es ello muy normal, porque el lider de E. Neubauten es el guitarrista y posteriormente artista sin limitaciones conocidas Blixa Bargeld, que desde 1983 y hasta 20 años después compartió afanes con el genio australiano en los míticos grupos The Birthday Party y The Bad Seeds. Algunos fans de la música de Nick Cave de esa época siguen echando de menos al gran Blixa Bargeld, todo un personaje.

¡Qué pais! Tendremos que cambiar, pero ¿podremos? , y, sobre todo ¿queremos?

(una reflexión sobre la actualidad económico-política, a lunes 23 julio, un día que, espero que no, podríamos tener que recordar durante años)

Si ante la petición de socorro al erario público español de la supuestamente despilfarradora comunidad autónoma valenciana , que se ha puesto la primera a la cola para retirar dinero del fondo de liquidez habilitado por el Gobierno central para este cometido, sentimos aquí en Euskadi y me temo que el el resto del país, tanto desinterés y lejanía, ¿cómo esperamos que tecnócratas financieros y políticos alemanes, fineses, franceses o belgas se solidaricen con nuestras (hablo de España, con perdón) miserias, nos presten/regalen dinero a espuertas y nos perdonen la millonada que les debemos de antes?

De entrada, sabemos que este ejercicio de solidaridad/generosidad les supondría renunciar a una pequeña parte de un gran bienestar que han logrado a lo largo de décadas, actuando a modo de laboriosa y ahorradora hormiguita…, que envidia tanto como detesta (esto lo digo yo) a la cigarra sureña, holgazana y festiva que para ellos representamos nosotros.

¿Es, así, razonable exigir, como estamos haciendo, que nos rescaten para salir de un abismo financiero y económico en el que caímos hace ya varios años y del que no saldremos sin gruesa y resistente cuerda lanzada desde el exterior? Pero si nuestros ricos vecinos comunitarios apenas tienen nada en común con nosotros… Lo del aún reciente sueño europeo común nunca me lo terminé de creer, pido disculpas; y el transcurrir de la historia, repasémosla, ha sido lugar más de tensiones, guerras y desencuentros con todos ellos que otra cosa. Adoran, sí, nuestra comida, el vino, el jamón, el sol y las playas; y envidian el fútbol de una selección que maravilla, reconcilia con el deporte competitivo y llena de belleza y armonía estético/deportiva los salones de sus casas. Pero eso es poco nexo y muy circunstancial. Y, a la vista está, compartir proyecto monetario y moneda única tampoco ha estrechado los lazos ni los ha hecho más resistentes, ya que muestran su gran fragilidad a nada que la tensión crece y la pone a prueba.

Más difícil será, además, que decidan ayudarnos de verdad, si de momento (y mientras no se hunda del todo el sistema, lo que acabaría perjudicando gravemente también a estos países ricos)

no hacen, con esta crisis, sino ganar y ganar más y más dinero (se financian a entre el 0% y el 1%, mientras que nosotros lo estamos haciendo al 7%, lo decíamos en el post anterior) y acrecentar, por si no fueran ya enormes y enojosas, las diferencias entre ellos los ricos y racionales, y nosotros, los pobres e irresponsables mediterráneos, empeñados en disfrutar y vivir hoy lo mejor posible, porque mañana Dios proveerá y seguro que volverá a salir el sol.
Lo decía este finde el portavoz del Gobierno español: si el BCE quiere, el problema se acaba este fin de semana. Dos veces no: el banco europeo –compañero Draghi, que defiende los intereses de los países ricos, que lo pusieron ahí a dedo- no quiere; y tampoco es verdad que si el BCE comprara deuda española a mansalva y aliviara nuestra prima de riesgo, todo se resolvería. Porque cogeríamos un poco de aire para poder seguir corriendo unos metros más, pero los problemas de fondo del país, los que nos han traído hasta aquí, seguirían ahí, enquistados y sin resolverse, y acabarían ahogándonos y echándonos, por tanto, de la competición.

Porque este es el país que tenemos y sufrimos: si siempre nos obsesiona exclusivamente dar solución a lo urgente, es fácil pensar lo que ocurre cuando la situación es tan apurada como la actual.

Sólo nos agobia, y ocupa, combatir contra lo que nos puede matar y nos confundimos como hacía el Gobierno con la decisión del BCE: la solución, en el otro, y no en nosotros. Error. Porque nos inquieta menos lo importante, lo que podría garantizar un futuro en el que llegáramos a mantenernos en los primeros puestos de la carrera del bienestar y sin enfermar gravemente por crisis tan agudas como esta que nos llevan a los puestos de la vergüenza, junto al camión escoba; y no nos equivoquemos, todo apunta que la crisis es estructural, lo ve claro hasta un néofito como quien suscribe.

Ni burbuja inmobiliaria, ni estado autónómico despilfarrador e inviable, ni nada; siendo problemas enormes, no son lo más relevante, en mi opinión.

El problema lo llevamos en los genes. Nos encanta discutirlo todo y no avanzar nada, remarcar las diferencias y huir como de la peste de lo que nos une. Despreciamos la perfección (perfecccionismo, le llamamos, como si fuera una enfermedad, una obsesión contraproducente), huimos de la excelencia (el notable es una gran nota aunque con el bien basta; “para qué esforzarse tanto”, se lo decimos a nuestros hijos), la competitividad y la búsqueda de la diferenciación y de lo no convencional se nos antojan raras e incomprensibles, la investigacion básica es un despilfarro de ricos ociosos, recelamos de las nuevas tecnologías y añoramos el pasado que siempre fue mejor, los idiomas distintos del nuestro los percibimos como barrera y molestia más que como arma imprescindible de futuro, confundimos derechos esenciales con beneficios sociales adquiridos en época de vacas gordas, no me hables de moverme a otro sitio o país a trabajar o perfeccionarme profesionalmente que aquí estoy muy bien, y mi única adicción es la de mis amigos de toda la vida…;

en fin, queremos disfrutar de todo lo que tienen en los países ricos de la UE pero sin dejar de seguir siendo como somos. Y tendremos que elegir.

Partamos, para ello, de la realidad: nos supone, como país (y recordemos: tenemos los políticos que nos merecemos, nosotros los ponemos y quitamos de ahí), un ímprobo esfuerzo diseñar y acordar a largo plazo planes económicos, educativos, tecnológicos, cientificos e industriales; adecuar los curriculums educativos a estos proyectos y objetivos parece, de puro irrealizable, una utopía; por no hablar de que consensuar socialmente y entre los principales partidos políticos las líneas maestras del país, de su organización administrativa, de sus metas compartidas como entidad plurinacional que engloba a diferentes países o regiones que asumen un cierto destino común es directamente imposible.

En fin, que acabamos como siempre, en la paralizante sentencia de que somos como somos, y así nos pasa lo que nos pasa, a lo largo de toda nuestra historia. Es inevitable. Pero algún día tendremos que cambiar. O nos cambiarán (si quieren, y les interesa, que quizá tampoco). Todo lo dicho no obsta para que (y más con los datos de esta mañana de lunes: la prima de riesgo en 635 puntos básicos y el Ibex perdiendo un 4,5% después del casi 6% del pasado viernes) necesitemos ayuda exterior urgente. La pregunta es ¿la tendremos a tiempo o nos hundiremos tanto que requeriremos un rescate total a la economía española?

¿Y la música, qué?

Mientras termino de escribir el artículo sobre las famosas preferentes que han desquiciado y llevado a la ruina a decenas de miles de consumidores, os dejo con “Orange that” una de mis canciones sencillas favoritas de los últimos años, firmada por los indómitos y encantadores HERMAN DUNE, que cuentan para la ocasión con la adorable voz de la cantante franco-canadiense Julie Doiron.

Una oportunidad para cambiar (a mejor)

La mayoría de quienes tenemos la suerte de no haber perdido aún el puesto de trabajo, ganamos menos dinero que hace dos o tres años, con lo cual nuestra pérdida de poder adquisitivo es obvia, ya que la economía -aun deprimida, como está actualmente- siempre tiende a la inflación: la I de IPC es por “Incremento”; no es una “E” de Evolución, y por algo es ello.

Tener menos dinero para comprar cosas que, además, son más caras que antes no es bueno para nuestras cuentas domésticas ni para la marcha del país, porque impide el ahorro y, aún más importante, retira del consumo pasta que el sistema (la panadería, la tienda de ropa, el bar, los electricistas, las empresas de viajes, los supermercados…, incluso Hacienda) necesita cual alimento básico para sobrevivir, para poner freno a la espiral de destrucción de empleo y de recesión económica.

Así estábamos, con cinco millones de parados en España (y con Euskadi dejando de ser la excepción y apuntándose cifras de paro que comienzan también a ser dramáticas), intentando no naufragar del todo como país en medio de esta infernal tormenta, cuando llega la ola perfecta que da al traste con las escuetas maniobras de supervivencia. No de otra manera puede denominarse el drástico paquete de medidas impuesto estos días por el Gobierno central y “recomendado” por Bruselas como contraprestación por el crédito de rescate de una banca que en dos años ha tirado por la borda la imagen de eficiencia profesional (un poco usureros, pero -al menos- bueno en lo suyo, pensábamos) que le costó más de un siglo consolidar.

La percepción en la ciudadanía es muy negativa, ha calado profundamente, y con razón, la sensación de que son las clases media y baja (el 90% de la población, la gente de economía común) quienes soportan todo el peso de la crisis, cuando no fueron precisamente las que se beneficiaron de la época boyante, si es que la hubo alguna vez.

Subir el IVA a la mayoría de productos y servicios, y quitar una paga extra a los funcionarios son dos medidas radicales, ya en su mero enunciado pero sobre todo por los millones de personas que ven reducida, y de modo notable, su capacidad adquisitiva. Por no hablar de la rebaja de las prestaciones de desempleo, que sufren otro cruento mordisco económico, se dice que para incentivar así la búsqueda de empleo. ¡Como si lo hubiera!

Todo va a convertirse en más caro (sube, y notablemente, el IVA en la mayoría de productos y servicios, incluso en los esenciales), y millones de funcionarios van a ver menguados su ingresos con esa grosera extripación de una paga extra que siempre ha servido para tapar agujeros o darse alguna pequeña alegría. Sumar tres pp (puntos porcentuales) al Iva general (era del 18% y pasa al 21%) y dos pp el reducido (pasa del 8% al 10%) supone que en el primer caso que lo que nos costaba 118 euros saldrá a 121 euros, y en el segundo que lo que suponía 108 euros costará 110 euros. OCU ha cifrado en 415 euros al año de media el importe en cada familia de esta subida impositiva, pero otras organizaciones han llegado, en sus cálculos, a costes aún mayores: la CEACCU denunció ayer que supondrá unos 600 euros al año por familia. Y la cosa puede empeorar. No son pocos los expertos en temas de fiscalidad que apuntan la posibilidad de que, a nada que la recaudación no mejore lo deseado o que Bruselas siga insistiendo en sus pretensiones, el superreducido del 4% se aplique a una lista mucho menor de la actual de productos y servicios, tenidos hasta ahora como “de primera necesidad” y que el resto pasen a engrosar el capítulo de los del 10% del reducido. Hablamos del IVA de la compra de vivienda habitual, diarios, revistas, libros, álbumes, mapas, cuadernos de dibujo y objetos de material escolar. Incluso se estudia elevar el tipo de prótesis, prótesis e implantes internos para personas con minusvalía.

La economía es una pseudociencia, casi esoterismo (los gurús predicen, solo algunos aciertan, lo hacen solo parcialmente y nunca son los mismos) pero, sin embargo, está gobernando nuestras vidas. Los mercados dirigen no solo la deuda soberana y su prima de riesgo, sino también nuestro presente y futuro. Pueder ser que (mal gobernados por los políticos, y animados por una parte infecta de la banca, que actuó de modo codicioso e irreponsable), nos comportamos estos últimos años infundadamente crédulos y optimistas, siendo así que gastamos (familias, empresas, ayuntamientos y gobiernos) lo que no teníamos, con la resultante de que nos endeudamos por encima de lo sensato. Y ahora vienen los acreedores, que -es connatural a su existencia-, quieren cobrar y, en el fondo es lo mismo, asegurarse de que algún día podrán hacerlo. Nos diseñan los planes de actuación, nos sacan los colores, y nos tenemos que callar, y comer el orgullo de un país que comenzaba a sentirse importante y pecó de mentalidad de nuevo rico, sin serlo.

Vamos a sufrir mucho, sobre todo lo harán los parados de larga duración y las capas más desfavorecidas de la sociedad, pero tenemos que aprovechar la lección para plantearnos qué tipo de sociedad y qué tipo de economía tenemos y hacia dónde debemos dirigirnos. Porque así, de no corregir el rumbo, vamos directamente al desastre, y porque a los jóvenes hay que darles la posibilidad de tejer su propio futuro. Lo que comienza por ofrecerles expectativas reales de conseguir un empleo.

Tenemos que reflotar la economía para evitar que empeore aún más la situación, y atender en todo lo posible a los millones de personas que carecen de medios para subistir. Y hacer las dos cosas a la vez. Nos va la vida en ello. Tenemos que diseñar una economía más competitiva y eficiente, más ágil y moderna, y dotarnos de una Administración pública viable, que garantice los grandes capítulos del Estado de Bienestar, anime la economía y no gaste un euro más de lo imprescindible. ¿Podremos hacerlo?

¿Y la música?

Pues después del conciertazo que dieron ayer en el BBK Live (la vida continúa, era el comentario general, no te puedes dejar vencer por la coyuntura, quien pueda permitírselo tiene que hacer gasto y seguir adelante) tenía que ser la de The Cure. El video es de un coincierto de hace cuatro años. Ayer sonó incluso mejor. Enorme Smith, qué canciones, qué voz. Menos mal que nos queda el pop, amigos.

¿Es la banca de todos? ¿Y qué enseñan en las escuelas de negocios y las universidades?

¿La banca es de todos? Lo pregunto porque sus excesos y desgobiernos los pagaremos a escote, vía comisiones y vía inyecciones de dinero público. Lo que temíamos (pero esperábamos y casi ansíabamos) ocurrió este sábado. Nos intervinieron. Sí, sí, porque si alguien te presta –no para caprichos, sino para que pongas orden en tu economía y puedas sobrevivir y hacer frente a los pagos de una deuda que te ahoga-, una cantidad de dinero que multiplica por mil lo que tienes en la cuenta corriente, estás atrapado y de por vida. Devolver ese dinero será tu pesadilla; y tu acreedor, el dueño de tus movimientos. Mejor mentalizarse. No sabemos si habrá más ajustes en el gasto público y con ello se reducirá aún más el papel corrector dela desigualdad que debe desempeñar el Estado, si subirá el IVA y se encarecerán aún más los precios o si se retocará la reforma laboral y habrá todavía más despidos, pero los presagios no son alentadores, no.

Parece que el riesgo al corralito, al desastre absoluto, desaparece, y no fuimos pocos quienes respiramos tranquilos este sábado tarde al enterarnos. En mi caso, en Markina tomando algo con los amigos de toda la vida tras la comida anual de cuadrilla. El comentario general fue de resignación pero no del todo negativo. Un mal necesario.

Pero, además de la decepción del día después operativo en la Bolsa (-0,5% este lunes, una amarga y desagradable sorpresa, tras haber llegado a subir casi el 6% durante las primeras horas de la jornada) y de que la prima de riesgo no solo no haya bajado sino ha escalado hasta un vertiginoso 520, hay dos cosas que me preocupan mucho a medio plazo. Me explico.

Una, que curar el envenenamiento inmobiliario (sanear me parece término demasiado optimista) del sistema financiero español sólo garantiza que la quiebra no se va a producir esta semana ni la siguiente. El problema es que para salir del agujero negro necesitamos mucho más que eso. La ayuda europea, la línea de crédito, el rescatillo o como prefiramos llamarlo, es el salvavidas que impide la muerte inminente, pero la costa se encuentra a decenas de millas, y no nos quedan fuerzas para nadar, ni agua ni alimento para aguantar. Yendo al grano, necesitamos crecimiento económico sostenido, que los agentes capaces de hacerlo puedan crear empleo. No podemos seguir con estas cifras pre-revolucionarias de desempleados, con millones de personas sumidas en la pobreza, con más millones aún de familias agobiadas y sin expectativas claras de futuro; todas, además, navegando en este mar de problemas en la peor de las coyunturas, con un Estado del Bienestar claro candidato a perder su noble denominación. Para ir generando actividad económica, los empresarios grandes y pequeños, los autónomos, requieren financiación, que se le preste dinero a un precio razonable y sin exigir imposibles. Para pagar las deudas más acuciantes y no verse obligados a despedir o, peor aún, a cerrar el negocio; o, en el mejor de los casos, para poner en marcha nuevos proyectos. Es decir, que este rescate europeo, que nos compromete a todos –no nos engañen, ya lo hicieron antes- debe revertir, y mejor pronto que tarde, en el conjunto de la sociedad, en, como se dice ahora, la economía real. Que está hecha unos zorros, con su problema histórico de falta de productividad/competitividad y de inadaptación al nuevo entorno tecnológico; un marrón que tendremos que comenzar a abordar también algún año de estos. Tememos que ese dineral prestado por la UE se destine en exclusiva a limpiar las excrecencias de la banca peor gestionada, la que antes ocultó y ahora luce, por imperiosa necesidad, sus vergonzosos números rojos. Una banca que hiede (se hablará del caso Bankia, lo verán) a pura estafa, y que (al tiempo, y tendrá lo suyo constatarlo), competirá -con dinero público y, por ello, de modo desleal- con la banca saneada, que fue gestionada sin tanto despropósito en los tiempos de euforia y que ahora se ve metida en el mismo saco de las entidades irresponsables y/o corruptas. Y algún día tendremos que plantearnos qué se enseña en las universidades y en las escuelas de negocios que nutren de profesionales al mundo de la política y las finanzas. Porque ética en el trabajo, rigor técnico y honorabilidad en la toma de decisiones, o compromiso personal con la sociedad cuyo bienestar deben procurar deben ser las marías, visto cómo actúan muchos de estos mandamases. ¡Menuda tropa de dirigentes que tenemos, cuánto chorizo irresponsable!. Leamos los editoriales de la prensa extranjera, es un ejercicio doloroso pero muy saludable, para irnos enterando. El Guardian británico dicelos españoles, que sufren la tasa de paro más alta de la UE, deberán responder por la deuda contraída con esta ayuda. Y pagar el rescate de unas cajas de ahorros gestionadas por directivos incompetentes y sus amiguetes“.

Y dos, me temo que aunque pueda discutirse si los ciudadanos vamos a pagar (es decir, el Estado español) esta “línea de crédito” de hasta cien mil millones de euros (en letra parece menos, ¿no?), porque el FROB que los va a gestionar con los bancos y cajas solicitantes de ayuda no deja ser del Estado y, que se sepa, el Estado somos todos y el dinero de todos, hay algo que les aseguro va a a ocurrir. El saneamiento del negocio bancario, es decir, la corrección de los errores cometidos estos últimos años de excesos, despropósitos y, me atrevo a decir, robos en algunos casos, lo vamos a pagar, si no a escote, casi, los usuarios bancarios, es decir, todos nosotros. Porque, para pagar la monumental deuda contraída, cajas y bancos van a tener que poner en rentabilidad sus negocios. Y, como nada hace pensar que de pronto les dé por volver a conceder créditos a empresas y particulares al ritmo normal de antes de la crisis, ¿de dónde van a lograr tanto beneficio como necesitan obtener? A las medidas higiénicas inevitables -y en ciertos casos dramáticas- que ya podemos dar por descontadas (eliminar gastos superfluos, despedir a un buen número de trabajadores, reducir el desmesurado número de oficinas….), le va a suceder un fenómeno que no por ya detectado por casi todos nosotros, duele menos: el encarecimiento abusivo de unas comisiones bancarias que -muchas de ellas antes gratuitas-, ya se habían puesto a precios desconocidos. Según todos los analistas, el crédito tardará meses, si no años, en florecer; entonces, ¿de dónde lograrán bancos y cajas esos beneficios que tanto necesitan? Pues de ahí, de sangrar, poco a poco e intentando que no se note demasiado, nuestras cuentas corrientes, no lo duden. Es lo que más sencillo les resulta, subir las comisiones, y como nos tienen atrapados, somos presa fácil. Algo habrá que hacer para evitar el saqueo, seguiremos con este asunto.

Para terminar, y por no dejarlo en un punto tan deprimente, dos noticias pequeñas pero significativas en pleno fragor de la batalla financiera.

El 27% de los clientes de entidades financieras españolas sopesan cambiar de entidad bancaria por no considerar a su banco o caja “una entidad solvente”, según un estudio reciente de Nielsen España. Es un paso, a ver si nos ponemos de una vez las pilas, que ya es hora. El banco es una tienda más. Y la fidelidad, tal y como se plantea por las entidades en su publicidad, un cuento chino, que además nos sale muy caro. Deme bueno y barato, tanto servicio como producto, y me tendrá como cliente; si no, olvídese de mí.

2) La crisis impulsa un proyecto innovador: los préstamos p2p, entre personas, sin recurrir a bancos o cajas. No sé si es viable a estas alturas pero al menos tiene buena pinta, siquiera como presión a un sistema que no respeta a sus clientes. “Egoísmo bancario” dice un editorial de la revista financiera de la OCU, que denuncia no solo la pésima gestión que ha caracterizado a muchos bancos, y sobre todo, cajas de ahorros estos últimos años, sobreexponiéndose al ladrillo y concediendo créditos a tutiplén, infravalorando los riesgos. Pone el dedo en la llaga la OCU, al apuntar al “egocentrismo” que ha llevado a bancos y cajas a cometer el grave error de mirarse demasiado al ombligo y “olvidarse del cliente”. Pues eso.

¿Y qué música puede resarcirnos un poco de tanta zozobra?

Pues, forzosamente, un video que aporte tranquilidad y perspectiva, mediante, por supuesto, música hermosa, inspiradora y emocionante. A ver si os gusta, es una de mis bandas favoritas, los nórdicos Kings of Convenience, que nos regalaron (fue gratis) un maravilloso concierto hace dos o tres años en el escenario verde de La Zurriola con motivo del festi jazz de cada verano.