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Elijamos bien el super: podemos ahorrar más de mil euros a año

Tras unos días de aparente calma, se apoderan de este miércoles 26 de setiembre el miedo y la desazón que suceden a la cascada de malas noticias de estas últimas horas. Hagamos recuento: lo más inmediato y novedoso, la huelga general convocada para hoy –y, al parecer, seguida por buena parte de los trabajadores- por lo que se conoce como mayoría sindical vasca (toda, menos UGT y CCOO, aproximadamente), con los ya habituales e insidiosos problemas de este legítimo y comprensible pero muy mejorable -en las formas y en el fondo- ejercicio reivindicativo y de queja: piquetes -informativos, sí, pero de los otros también-, y tensiones con la policía y entre ciudadanos, servicios mínimos que generan perjuicios e incomodidades. Pero rivalizando por el marchamo de palpitante actualidad, tenemos el descalabro que desde buena mañana están registrando la Bolsa española (baja el Ibex más del 3,5%) y la prima de riesgo, que sube más del 8%, superando los 450 puntos. Y todo ello viene precedido de lo ocurrido ayer y anteayer, con incidentes graves y -todo apunta a- abusos policiales en la manifestación que pretendía asediar (no sabemos si solo simbólicamente o algo más, y no es baladí la diferencia) el Congreso de los Diputados y cuestionar la vigencia y legitimidad de la representación política de una de las instituciones esenciales de nuestra democracia. Mal asunto, proponer mudanza general en época de zozobra. En lo político, el órdago catalán con el anuncio de elecciones anticipadas tampoco aporta tranquilidad ni optimismo a la crítica situación española; y lo mismo puede decirse de la imagen que (¿somos, definitivamente, la Grecia del año pasado?) de nosotros están trasmitiendo y conformando medios de trascendencia internacional como el New York Times, que ayer, con esa portada -que recordaremos muchos años- con la foto a gran tamaño de un necesitado de Girona hurgando en un contenedor de basuras enfatizada con el titular “España: Austeridad y hambre” añade leña al fuego al empeorar en el exterior la percepción de cómo estamos afrontando nuestros acuciantes problemas.

Cuesta disociar las cosas y lo más normal es que caigamos en el desaliento y la resignación. Sigue subiendo el paro y con él el número de familias en situación insostenible, y continúan y se profundizan los recortes sociales (Euskadi, de momento, se salva de lo más cruento del tijeretazo), la recesión económica no parece querer ceder y quien quiere no puede invertir en su empresa (ya para poder continuar la actividad y, entre otras cosas, no despedir empleados; ya para abrir nuevas líneas de negocio) porque el sistema financiero no da créditos salvo a quien no los necesita; y además, y con razón, crece el descontento social. Y las contadas noticias positivas (solo recordamos dos: moderada y, casi seguro, coyuntural y engañosa bajada de la tarifa eléctrica; anuncio del Gobierno central de que las pensiones no solo no se congelarán sino que subirán lo mismo que el coste de vida), vienen acompañadas de otras pésimas nuevas que las tapan.

En estas, y remando contra corriente, las asociaciones de consumidores siguen trabajando y aportando

información e incluso éxitos a sus socios y a los ciudadanos en general. FACUA pide a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) que abra una investigación a Facebook por la posible publicación de mensajes privados de sus usuarios, en el último fiasco de este icono de las redes sociales en Internet. Y la OCU gana un importante juicio a Iberia, denunciada por cláusulas abusivas que ahora se declaran nulas y que deberá eliminar de sus contratos, entre otras una en la que Iberia indicaba que en caso de necesidad podrá hacerse sustituir por otra compañía aérea, y otra por la cual Iberia (y casi todas las aerolíneas) cancela el billete de vuelta cuando el pasajero no ha usado el de ida: el juez dice que esta medida “carece de justificación razonable”. ADICAE, por su parte, sigue litigando en defensa de los consumidores engañados por las entidades financieras que les ofrecieron participaciones preferentes en empresas sin explicarles que (por eso la rentabilidad era tan alta) si las cartas venían mal dadas podían perder parte de su inversión, al ir ligado el valor de venta de sus títulos a los resultados de las empresas que los pusieron en el mercado financiero. Y no hace falta decir cómo van las empresas en nuestro país.

Por cierto, acaba de llegar a mi ordenador la encuesta de precios de supermercados que anualmente hace OCU desde 1988, poco después de que quien firma se pusiera a trabajar en esto de informar al consumidor, y sus conclusiones tampoco contribuyen precisamente a insuflar ánimos u optimismo a la tristeza y preocupación del ambiente. Aquí van algunas. Aclaremos que este informe, que comprueba el nivel de precios de 1.194 establecimientos en 65 ciudades de toda España y 12 supermercados on line, consta de dos cestas de alimentos básicos y productos de higiene y droguería. La primera, la “Cesta Tipo”, incluye productos de marcas líderes y productos frescos; la segunda, la “Cesta Económica” recoge los productos más baratos del establecimiento, normalmente marcas blancas. No diremos aquí nombres de marcas, los tenéis aquí, pero sí contaremos las principales conclusiones: 1) Por ciudades, las más baratas teniendo en cuenta las dos cestas tipo son Córdoba, Vigo, Granada, Murcia, Pontevedra, Madrid Este, Palencia y La Coruña. Y las más caras son Bilbao, San Sebastián, Pamplona y las ciudades canarias. Por comunidades autónomas, las más caras son País Vasco, Canarias y Navarra. Y las más baratas, Murcia, Galicia, Extremadura, Andalucía y la Rioja. La conclusión más importante, por más útil, es la siguiente: en algunas ciudades, como Bilbao, elegir el super más barato puede suponer para una familia media más de 2.300 euros de ahorro al año. Preguntémonos, entonces, dónde estamos haciendo la compra, no sea que estemos derrochando el dinero. Porque, no lo olvidemos, hablamos de cestas compuestas por productos de idéntica o similar calidad. Purito precio, por tanto. La tercera conclusión es decepcionante: los precios en las principales cadenas han subido, aunque de forma moderada y dispar: los precios de la cesta económica sufrieron un oneroso incremento del 3,6%, mientras que en la cesta tipo se quedó en el 1%. A juicio de la OCU esta subida se debe al mayor encarecimiento de los productos de marca blanca frente a los de fabricante. Mala noticia, desde luego, que los productos más económicos sean los que más suben de precio. Otro tanto puede decirse del hecho de que un sondeo de este informe revela que la mayoría de cadenas de alimentación ha añadido la subida del IVA a sus precios. La conclusión que podemos hacer es doble y bien sencilla: por una parte, y como era bien sabido, continuamos, los consumidores, pagando la crisis. Y, por otra, aunque todos tengamos nuestras costumbres y preferencias, quizá tenemos que cuestionarnos si el super o hiper en el que compramos habitualmente es realmente competitivo en precio, o estamos, sin darnos cuenta, tirando el dinero. Más de mil euros de ahorro posible al año, solo por elegir las tiendas más baratas. Merece la pena reflexiónar un poco, y sondear los precios. Es bien sencillo, hagamos la misma compra (o muy parecida, porque no todos los supermercados tienen las mismas marcas, y además, cada una tiene su propia marca blanca) y comparemos, que tiempo habrá de sopesar (por algo vamos cada día a comprar a donde vamos, no somos tontos) y decidir. Lo que está claro es que todos, incluso quienes tienen trabajo y recursos económicos en cantidad suficiente, debemos velar por gastar lo justo, y por tomar decisiones acertadas en materia de consumo. Hoy más que nunca.

¿Y la música?

Sonidos de querencia ochentera, con esa emblemática línea de bajos percutiendo con elegancia, negrura y pulsión rockera, con esos ritmos funkies de discoteca moderniqui, tan oscuros y bailables, y todo dentro de un estilo canalla chic que vira con naturalidad al post-punk y que destila toneladas de tensión soterrada y silencios estruendosos. Neo techno minimal, denominan a estos sonidos los críticos más a la page. Con su voz, tratada digitalmente hasta conseguir su aparente deshumanización, los factura Matthew Dear, compositor y productor tejano residente hasta hace poco en la industrial Detroit pero ya afincado en la acogedora y siempre emergente Nueva York. Es el video oficial de “Her Fantasy”, el tema que abre su nuevo y sabroso disco “Beams”. Tremendo.

Draghi, tarifa de la luz y las preferentes

“Una imagen vale más que mil palabras”, sí, puede servirnos cuando se trata de describir un sobrecogedor paisaje o los efectos devastadores de la guerra; pero en economía, unas pocas palabras no solo valen más que mi imágenes sino que crean infinidad de ellas, y contrapuestas, las de la euforia y las del pánico.

Lo estamos comprobando con

las dos frases de Draghi en los últimos días. Dijo hace justo una semana que haría “lo suficiente” para salvar el euro

y al de pocos minutos subió la Bolsa un 5% y bajó la prima de riesgo 100 puntos. Hoy, el mismo dirigente financiero de la UE nos ha cortado las alas y amargado el verano, al dejar sentado que “el BCE solo comprará deuda española si el Gobierno pide ayuda”, lo que en castellano corriente significa que si no hay rescate en toda regla –y la humillación y sometimiento como país que representa aceptarlo- el banco central europeo no comprará deuda soberana española e italiana. Draghi ha mirado para otro lado y ha derivado las compras de deuda al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). Para que el fondo de rescate actúe es imprescindible que los países soliciten la ayuda a cambio de “condiciones específicas”; sí, traduzcamos: aceptar recortes y más recortes y una aún mayor intromisión en la política económica española.

Efecto de las nuevas frasecitas de hoy de Draghi: la Bolsa ha bajando más de un 5% y la prima de riesgo ha iniciado con vigor la escalada que la sitúa por encima de los 600 puntos básicos (hemos partido el día de unos 525 puntos), que ponen en jaque el futuro de la economía española. O sea, que la alegría del jueves pasado ha tornado, con un ramillete de frases pronunciadas por la misma persona, en depresión, tristeza e incluso miedo. Y lo peor es la decepción que ha causado en los mercados esta respuesta tan esperada del BCE. Que, resulta evidente, ha atendido a las presiones de la poderosa y segurola Alemania y desoído la apremiante súplica de sus socios español e italiano. De todos modos, me pregunto por qué dio esperanzas de una actuación decisiva e inmediata del BCE el pasado jueves para una semana después decepcionar a todos, incluidos los mercados. Nos lo temíamos porque el jefe (Weidmann) del banco central alemán (Bundesbank) ya venía advirtiendo esta semana de que su peso en el BCE era superior al de los bancos centrales de los demás países miembros de la UE. Que ellos mandan mucho más, vamos. Lo hemos visto hoy, bien clarito.

Una cosa, espero, habremos aprendido: hay que endeudarse menos.

El que debe demasiado acaba convirtiéndose en juguete en manos de los acreedores, lo que a la larga le conduce, indefectiblemente, a perder su autonomía, su autoestima y, lo que es aún peor, a no poder disponer de su futuro. No sé si con los políticos que tenemos -en nuestro país y en la UE-, la situación española tiene remedio, pero sí me quedo con una certeza: haré todo lo posible por no pedir créditos que puedan hipotecar mi futuro y el de mi familia. Hay que saber parar la espiral del gasto y del consumo. Porque no quiero a ningún vecino de la comunidad (por mucho que sea mejor gestor que yo) imponiéndome, pistola en mano, cómo tengo que gestionar mi familia y disponer de mis presupuestos, qué puedo y qué no puedo hacer, cómo y en qué tengo que ahorrar y en qué puedo gastar y en qué no, si jamón cocido o serrano, o si mis hijos pueden o no estudiar carrera universitaria. Sin libertad de decisión y de acción, ¿qué es el ser humano, qué son los países, y qué es la democracia? Porque, además, la sospecha de que el vecino mandón va a aprovechar la circunstancia para sacar tajada no nos la quita nadie. No hace falta recordar que mantener esta coyuntura (lo está haciendo Alemania, al impedir el cambio) supone que ellos se siguen financiando al 0% mientras España lo hace al 7%.

En plena cascada de buenas noticias, nos enteramos -por la OCU, que ha hecho las cuentas y lo ha calculado, que no por el Gobierno- de que nos van a sablear –de aquí a diciembre-
entre 50 y 90 euros extra de recargo por hogar en el recibo de la luz
, por si no fuera suficiente con la subida de las tarifas, que fue de un 7% en abril y de otro 4% en julio. Otro notición para encarar con optimismo el futuro y las vacaciones de agosto, quien las tenga.

Abordemos, siquiera de modo sencillo, el problemón de las preferentes, que parece avanzar un poco en favor de los consumidores afectados.

Que timados, estafados, confundidos a propósito o sin intención de los bancarios (no será fácil probar cómo debe calificarse el hecho en cada caso), lo que queda claro es que, tal y como denunciaron muchos ahorradores, empleados de varias cajas de ahorros en situación crítica e incluso a punto de ser intervenidas consigueron la firma de decenas de miles de contratos de estas preferentes haciendo creer -¡a sus clientes de toda la vida!, tiene lo suyo la desvergüenza- que las participaciones preferentes emitidas por la caja eran una inversión equivalente a un depósito a plazo fijo, el producto financiero más conocido y común –por su seguridad y modesta pero asegurada rentabilidad-, solo que con un interés un poco mayor, por lo que les merecía la pena contratarlo y cambiar de producto financiero para sus ahorros. Obviaron explicar a sus clientes, a pesar de que por ley estaban obligados a hacerlo, las características –muy peculiares- de este producto financiero. Y actuaron así porque, de haber conocido de qué se trataba –en realidad, no es tan difícil de explicar ni de entender-, muy pocos de estos modestos ahorradores hubiera aceptado adquirir las preferentes.
Las preferentes son inversiones que se caracterizan por su escasa liquidez (no hay seguridad de venta de las participaciones: es posible que en el mercado no haya compradores y el inversor no pueda, en un momento concreto, convertir en dinero sus participaciones) y por su alta rentabilidad, superior a la de otras inversiones de mayor liquidez. La rentabilidad de las preferentes suele ser alta, pero no fija, ya que está vinculada a los beneficios de la empresa, que es quien establece cuánto va a pagar por las preferentes a sus inversosres en cada ejercicio. Con las preferentes, uno se liga a la empresa más que con las acciones de Bolsa; dicho de otra forma, tiene que estar muy convencido de la solvencia y del éxito de la empresa; si no, mejor no invertir en este producto. Pero es un producto financiero más, no hay por qué demonizarlo. Ello no obsta para que sea una auténtica locura que una familia de economía modesta invierta todos sus ahorros en preferentes. Por demasiado riesgo, sobre todo en una coyuntura económica tan poco segura para casi todas las empresas como la que generada por esta gravísima y duradera crisis. Y el empleado bancario que lo aconseja está cometiendo una absoluta desconsideración con su cliente, además de incurrir en delito si no informa -siguiendo las muy concretas pautas establecidas por ley- de las características de este producto. El problema será discernir en qué casos ha habido engaño a los clientes y en cuáles fueron debidamente informados por los empleados y los inversores eligieron comprarlas porque les pareció una oferta rentable e interesante. Y no será cosa fácil, porque los contratos están firmados, con su letra grande y pequeña, y difícilmente admitirán las entidades que mintieron u ocultaron partes significativas de la información a sus clientes. La resolución del caso es compleja, porque las soluciones que proponen cajas y bancos concernidos por el problema no convencen a nadie. Varias asociaciones de consumidores e incluso representantes institucionales han pedido tutela estatal a los ahorradores timados con estas preferentes, pero no son pocas las voces de ciudadanos leídas en Internet que se niegan a que el Estado se haga cargo de los errores cometidos por inversores que buscaban alta rentabilidad y la encontraron en productos poco seguros, o incluso que fueron engañados por los empleados de sus cajas de ahorro, y en ese caso seria responsabildiad que debería asumir el agujero esas cajas de ahorro, y no el conjunto de la sociedad.
Casos como Afinsa, Rumasa, etc. no han pasado en balde, dejan huella, y deberíamos haber aprendido de ellos, pero no hay manera. Por su parte, Adicae (Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros) ha pedido que los afectados por “la estafa” de las preferentes tengan una resolución institucional para que no estén “condenados a esperar” los dictámentes judiciales “durante años”, y matiza que la solución debería partir del acuerdo entre las entidades que emitieron las preferentes, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Hace poco más de dos meses, pudimos leer en los diarios que somos un país de analfabetos financieros y que las dos entidades públicas de control recién citadas pidieron al Gobierno que la educación financiera formara parte del currículo escolar. Sin duda, sería conveniente, pero de momento hay una generación perdida en este peculiar ámbito del saber, por lo que cabe pedir a los clientes menos versados en asuntos financieros que hagan gala de infinitas dosis de prudencia a la hora de invertir y que incluso acudan a asesores de confianza. Y a los empleados bancarios -además de la honradez y la decencia que cabe esperar en cualquier profesional-, hay que exigirles no solo el cumplimiento estricto de lo que estipula ley en esta actividad comercial, sino un esfuerzo adicional para explicar al detalle las caracterísitcas de los productos financieros que ofrecen a su clientes.

Desde luego, la imagen de la profesión bancaria ha quedado gravemente dañada por la actuación de unos cuantos directores y empleados irresponsables, que cometieron delito y que, por ello, deben ser juzgados y, en su caso, condenados. Y las empresas que engañaron a sus clientes deben pedir públicas y privadas disculpas, asumir su responsabilidad del tipo que fuere, devolver el dinero logrado de modo fraudulento y comprometerse en que nunca vuelva a ocurrir episodios tan lamentables como este. Si un banco o caja engaña y roba a sus clientes de toda la vida, tenemos un mundo insoportable. Habrá que arreglarlo.

¿Y la música?

Prefab Sprout, o los felices años 80.

Con nuestra economía a punto de quebrar, la vida continúa…

(sigo reflexionando y recabando información sobre el tema de las preferentes, que hace unas semanas se convirtió en un escandaloso timo que sufrieron decenas de miles de ahorradores engañados por sus bancos y cajas, pero que, abordándolo en general, es un asunto más complejo de lo que a primera vista parece; no en vano, las participaciones preferentes son un producto financiero más; con sus peculiares características, sí, pero un medio más (perfectamente legal, normalizado y conocido por el mercado) al que algunas empresas recurren con el fin de conseguir dinero para sus inversiones. Lo dicho, en breve hablaremos de ello en el post correspondiente)

Se hace difícil –por su enorme trascedencia en nuestras vidas cotidianas de hoy, 24 de julio de 2012 y, sobre todo, de los próximos meses y años- escribir hoy sobre cualquier cosa que no sea la situación de pre-quiebra en que se encuentra nuestro país y su posible rescate europeo

y posterior gestión tecnócrata y externa, al modo en que han sido intervenidas las economías de Grecia, Portugal e Irlanda que, por cierto, no levantan cabeza desde entonces. Y más cuesta todavía sustraerse a este marronazo que enfanga nuestra vida al comprobar, como hago ahora mismo, que Catalunya ha solicitado auxilio financiero al Gobierno español, convirtiéndose -la segunda mayor comunidad autónoma del país- en la tercera autonomía en pedir el rescate, tras la asimismo relevante Valencia y la ya más menuda Murcia. Quiere ello decir que reconocen las autoridades catalanas que el único comprador de sus emisiones de deuda pública es el Gobierno central: nadie más se fía. Un trago duro e indigesto para una economía que hemos tenido siempre por pujante y para una sociedad con tan consolidada autoimagen como la catalana. Espero que no nos veamos obligados los vascos a pasar por ese trance; de momento, todo parece indicar que no, pero….

Los datos que llegan del mercado financiero, que nunca fueron seguidos por el público en general como ahora, al minuto y con tanto miedo, son preocupantes:

la prima de riesgo sigue hirviendo a borbotones y amenaza con desbordar la cacerola y quemarlo todo con sus 635 puntos básicos; y el famélico IBEX35, con las más rutilantes empresas españolas a precio de auténtico saldo en la Bolsa está bajando el 3% y naufraga ya por debajo de los 6.000 puntos: ¿recuerdan cuando nos quejábamos porque costaba superar la barrera de los 8.500?.
Somos muchos los periodistas que, sin ser especialistas en economía, nos esforzamos con denuedo -tal relevancia ha adquirido el asunto, a todos los niveles- en comprender qué está ocurriendo y, sobre todo, qué nos espera a los ciudadanos de a pie, que somos la inmensa mayoría y a los consumidores, que somos todos. Estamos en una situación límite, con un paquete de medidas drásticas de recorte del gasto público y de aumento de los impuestos que nos empobrecen día a día, no reactivan nuestra recesiva economía y que, como era de prever, están generando gran contestación social.

Podría comentarles aquí en qué medida -en todo caso, efectos negativos, no lo duden- nos podría afectar el rescate total europeo equivalente al efectuado con los tres países arriba citados o su sucedáneo (que algunos especialistas ven quizá más probable), el auxilio del fondo de rescate europeo (FEEF), que se pondría en marcha por primera vez con este objetivo y haría innecesaria la actuación del BCE controlado por Alemania. El FEEF adquiriría bonos de deuda soberana española, que ya ningún inversor extranjero quiere incorporar a su cartera de inversiones. Pero no lo haré, por no anticipar el dolor, más que nada; y porque, en su caso, tiempo habrá.

Me he desayunado esta mañana leyendo en la Red una amplia entrevista a Felipe González en El País en la que da su versión de cómo el país ha llegado hasta aquí y, no teman, reparte culpas entre Aznar y Zapatero y sitúa el comienzo del desastre en 1998, cuando se dieron todo tipo de facilidades (políticas y financieras) para ir edificando el boom inmobiliario que luego se convirtió en burbuja y posteriormente nos ha explotado en la cara. Además, dice el ex-presidente que el dinero que debe nuestro país no es tanto como para explicar nuestra situación de postración ante los mercados y ante el BCE. Poco después, en otra lectura que también les aconsejo, en un blog de la prensa especializada me informaba sobre por qué estamos abocados a un rescate total: nadie se fìa de que España pueda pagar sus deudas. Normal, si ayer el interés de la deuda española a 2 años estaba casi al mismo nivel que la de a 10 años, cuando, por ejemplo, la francesa a 2 años era del 0,19%, cuando su bono a 10 años rendía diez veces más, el 2,13%. Los números y su elocuencia, amigos.

Pueden leer ambos materiales, y no perderán el tiempo, pero de todos modos me quedo con lo que dice Ignacio Marco Gardoqui hoy en El Correo

: “Nuestro problema es de dinero, claro está, pero en el mundo hay dinero en cuantía suficiente para sofocoar nuestras deudas; lo que no podemos ofrecer a cambio son garantías de pago y se empieza a hablar de “defaults” y de quitas, sin el más mínimo pudor. Y mientras Alemania se niegue a mutualizar los riesgos y las garantías, no habrá solución a nuestros males ni alivio a nuestros pesares. ¿Lo hará? Sólo si llega a la conclusión de que no hacerlo es peor para sus intereses y solo si Merkel llega a la conclusión de que tal cosa no le conduce al abismo electoral”.

Nuestro futuro, por tanto, queridos amigos, depende de que lo que piense y decida una implacable dirigente procedente de la Alemania del Este, la de la órbita exsoviética. Y matizo este particular para que nos hagamos una composición de lugar de la sublime representación que puede tener Angela Merkel de la idea de la construcción y consolidación del proyecto de la UE. En suma, nuestro futuro (¿cómo hemos sido tan irresponsables de llegar hasta este extremo?, alguien deberá dar explicaciones a las generaciones actuales y a las venideras) depende directamente de lo que a Merkel y a su entorno (pongamos aquí partido politico, la derecha alemana) le convenga. Así de sencillo, y de triste. Continuará… pero necesitamos, urgentemente, buenas noticias económicas: ¿quién puede aportarlas?.

De todos modos, nuestra azarosa vida de ciudadanos y consumidores continúa.

Se hacen las primeras pruebas de aplicación de la receta electrónica en Euskadi, se discute qué medidas de recorte de servicios del Gobierno Rajoy se aplicarán en la CAV, decenas de miles de usuarios temen haberse arruinado al comprar preferentes de bancos y cajas intervenidos por el Estado y por tanto en situación de quiebra, se dictará una normativa nacional que obliga a que las hamburguesas tengan menos grasa saturada y sal, al cine y al teatro ya no irán ni los taquilleros, la irresponsabilidad de dos fumadores que arrojaron sus colillas desde el coche se ha comprobado causa directa del dramático y enorme incendio de los bosques de Gerona, aprieta el calor en nuestra cornisa y el clima –este finde llegan, de nuevo, las lluvias y el fresco que otros llamarían frío- nos vuelve medio locos como siempre en verano, siguen muriendo niños en las piscinas (ayer una pequeña de dos años, en una piscina ¡hinchable! y ¡en una guardería! en Galicia: increíbles ambas cosas) y las fiestas de pueblos y ciudades siguen retando al malhumor y desesperanza de la gente…, todo marcha normal, entre tragedias, preocupaciones y ánimo festivo insobornable, como siempre…, somos así, ya lo decíamos ayer.

Como quizá sepáis, colaboro, aportando lo que llamo “enfoque consumidor” en el exitoso programa de debate “Ni más ni menos”, presentado cada tarde (de cuatro y media a seis y media, más o menos) por Klaudio Landa en ETB-2

Ayer les envié algunas ideas sobre la posible desaparición de las Rebajas, el tema principal que van a debatir hoy, martes. Precisamente, hace ya unos días, cuando se hizo público que el Gobierno central barajaba eliminar las Rebajas tal cual las conocemos (casi) desde siempre para dejar que sean los propios comerciantes quienes decidan cuándo y cómo hacerlo, escribí esta banalidad en mi facebook personal:

“Nos reducen los sueldos y sube de precio prácticamente todo, incluso lo esencial, como los alimentos más sabrosos, el vino, la cerveza, el cine y el teatro, los libros, los discos y conciertos…, estamos tristes y desconcertados, la economía del país sigue a punto del dramático y hasta ahora esquivado rescate, y va el Gobierno y nos anuncia otra catástrofe, esta más emocional si se quiere: ¡VAN A DEJAR DE EXISTIR LAS REBAJAS!, al menos tal y cual las conocemos hoy. Una vez metabolizado –solo en primera instancia- el disgusto, me pregunto yo: ¿tendremos entonces que dejar de comprar ropa quienes solo lo hacíamos en Rebajas? La conclusión solo puede ser una: nos quieren no solo desnutridos, abstemios, deprimidos, pesimistas, aburridos y malhumorados, sino también ¡vestidos de cualquier manera! Y eso sí que no, hasta ahí podíamos llegar. Frente Pro-Rebajas, ya. No quiero ni escuchar los motivos para esta incomprensible medida. Bueno, es mentira: los conozco y no me convencen. Por eso, te los ahorro ¡Pero si el único atractivo de comprar ropa era que solo había que hacerlo de cuando en cuando, y en fechas fijas y muy anunciadas para que no se nos olvidara! ¡Y, sobre todo, que te imponías un par de veces al año el reto de lograr un objetivo casi erótico y al alcance de pocos habilidosos; y que de conseguirse, de paso, contribuía a reforzar un poco esa averiadita autoestima nuestra: soy la pera, he pillado una chaqueta de pana preciosa con un 75%! Conmigo que no cuenten, desde ya lo digo. Si no hay Rebajas, a mi no me ven por las tiendas. Me paso a la compra por catálogo; por supuesto, sección Ofertas.”

Bien, esta es una manera irónica y personalísima de ver el asunto, pero hay otra más sensata e informativa de hacerlo. Mañana lo veremos. El material lo tengo casi listo. Ya puedes ir preparando tu comentario, si te place hacerlo en el foro abierto que me gustaría fuera este blog sobre consumo y vida cotidiana.

¿Y la música?

No es fácil dar con algo interesante si uno busca pop o rock alemán, pero tengo in mente una banda berlinesa , Einstuerzende Neubauten (“Las nuevas casas que se derrumban/colapsan”,en español), de la que he encontrado una pieza estupenda de su sexto disco, “Ende Neu” (1998). En su rareza, estamos ante una canción convencional tratándose de esta banda, a la que tuve ocasión de ver en directo en un FIB de hace no menos de 8 años, desplegando en un concierto irrepetible un derroche de recursos tanto por su complicadísima música experimental/industrial/ruidista, con arrebatos de hard rock por momentos, como por una puesta en escena sorprendente, con instrumentos como bolsas de basura llenos, toneles desvencijados, cables y poleas, etc, etc. Y lo mejor es que la barbaridad sonaba fenomenal, divertida, diferente por supuesto a cualquier otra banda, pero atractiva, desconcertante y muy poderosa.

En esta canción del video se nota la influencia del estilo que asociamos al gran Nick Cave, y es ello muy normal, porque el lider de E. Neubauten es el guitarrista y posteriormente artista sin limitaciones conocidas Blixa Bargeld, que desde 1983 y hasta 20 años después compartió afanes con el genio australiano en los míticos grupos The Birthday Party y The Bad Seeds. Algunos fans de la música de Nick Cave de esa época siguen echando de menos al gran Blixa Bargeld, todo un personaje.

¡Qué pais! Tendremos que cambiar, pero ¿podremos? , y, sobre todo ¿queremos?

(una reflexión sobre la actualidad económico-política, a lunes 23 julio, un día que, espero que no, podríamos tener que recordar durante años)

Si ante la petición de socorro al erario público español de la supuestamente despilfarradora comunidad autónoma valenciana , que se ha puesto la primera a la cola para retirar dinero del fondo de liquidez habilitado por el Gobierno central para este cometido, sentimos aquí en Euskadi y me temo que el el resto del país, tanto desinterés y lejanía, ¿cómo esperamos que tecnócratas financieros y políticos alemanes, fineses, franceses o belgas se solidaricen con nuestras (hablo de España, con perdón) miserias, nos presten/regalen dinero a espuertas y nos perdonen la millonada que les debemos de antes?

De entrada, sabemos que este ejercicio de solidaridad/generosidad les supondría renunciar a una pequeña parte de un gran bienestar que han logrado a lo largo de décadas, actuando a modo de laboriosa y ahorradora hormiguita…, que envidia tanto como detesta (esto lo digo yo) a la cigarra sureña, holgazana y festiva que para ellos representamos nosotros.

¿Es, así, razonable exigir, como estamos haciendo, que nos rescaten para salir de un abismo financiero y económico en el que caímos hace ya varios años y del que no saldremos sin gruesa y resistente cuerda lanzada desde el exterior? Pero si nuestros ricos vecinos comunitarios apenas tienen nada en común con nosotros… Lo del aún reciente sueño europeo común nunca me lo terminé de creer, pido disculpas; y el transcurrir de la historia, repasémosla, ha sido lugar más de tensiones, guerras y desencuentros con todos ellos que otra cosa. Adoran, sí, nuestra comida, el vino, el jamón, el sol y las playas; y envidian el fútbol de una selección que maravilla, reconcilia con el deporte competitivo y llena de belleza y armonía estético/deportiva los salones de sus casas. Pero eso es poco nexo y muy circunstancial. Y, a la vista está, compartir proyecto monetario y moneda única tampoco ha estrechado los lazos ni los ha hecho más resistentes, ya que muestran su gran fragilidad a nada que la tensión crece y la pone a prueba.

Más difícil será, además, que decidan ayudarnos de verdad, si de momento (y mientras no se hunda del todo el sistema, lo que acabaría perjudicando gravemente también a estos países ricos)

no hacen, con esta crisis, sino ganar y ganar más y más dinero (se financian a entre el 0% y el 1%, mientras que nosotros lo estamos haciendo al 7%, lo decíamos en el post anterior) y acrecentar, por si no fueran ya enormes y enojosas, las diferencias entre ellos los ricos y racionales, y nosotros, los pobres e irresponsables mediterráneos, empeñados en disfrutar y vivir hoy lo mejor posible, porque mañana Dios proveerá y seguro que volverá a salir el sol.
Lo decía este finde el portavoz del Gobierno español: si el BCE quiere, el problema se acaba este fin de semana. Dos veces no: el banco europeo –compañero Draghi, que defiende los intereses de los países ricos, que lo pusieron ahí a dedo- no quiere; y tampoco es verdad que si el BCE comprara deuda española a mansalva y aliviara nuestra prima de riesgo, todo se resolvería. Porque cogeríamos un poco de aire para poder seguir corriendo unos metros más, pero los problemas de fondo del país, los que nos han traído hasta aquí, seguirían ahí, enquistados y sin resolverse, y acabarían ahogándonos y echándonos, por tanto, de la competición.

Porque este es el país que tenemos y sufrimos: si siempre nos obsesiona exclusivamente dar solución a lo urgente, es fácil pensar lo que ocurre cuando la situación es tan apurada como la actual.

Sólo nos agobia, y ocupa, combatir contra lo que nos puede matar y nos confundimos como hacía el Gobierno con la decisión del BCE: la solución, en el otro, y no en nosotros. Error. Porque nos inquieta menos lo importante, lo que podría garantizar un futuro en el que llegáramos a mantenernos en los primeros puestos de la carrera del bienestar y sin enfermar gravemente por crisis tan agudas como esta que nos llevan a los puestos de la vergüenza, junto al camión escoba; y no nos equivoquemos, todo apunta que la crisis es estructural, lo ve claro hasta un néofito como quien suscribe.

Ni burbuja inmobiliaria, ni estado autónómico despilfarrador e inviable, ni nada; siendo problemas enormes, no son lo más relevante, en mi opinión.

El problema lo llevamos en los genes. Nos encanta discutirlo todo y no avanzar nada, remarcar las diferencias y huir como de la peste de lo que nos une. Despreciamos la perfección (perfecccionismo, le llamamos, como si fuera una enfermedad, una obsesión contraproducente), huimos de la excelencia (el notable es una gran nota aunque con el bien basta; “para qué esforzarse tanto”, se lo decimos a nuestros hijos), la competitividad y la búsqueda de la diferenciación y de lo no convencional se nos antojan raras e incomprensibles, la investigacion básica es un despilfarro de ricos ociosos, recelamos de las nuevas tecnologías y añoramos el pasado que siempre fue mejor, los idiomas distintos del nuestro los percibimos como barrera y molestia más que como arma imprescindible de futuro, confundimos derechos esenciales con beneficios sociales adquiridos en época de vacas gordas, no me hables de moverme a otro sitio o país a trabajar o perfeccionarme profesionalmente que aquí estoy muy bien, y mi única adicción es la de mis amigos de toda la vida…;

en fin, queremos disfrutar de todo lo que tienen en los países ricos de la UE pero sin dejar de seguir siendo como somos. Y tendremos que elegir.

Partamos, para ello, de la realidad: nos supone, como país (y recordemos: tenemos los políticos que nos merecemos, nosotros los ponemos y quitamos de ahí), un ímprobo esfuerzo diseñar y acordar a largo plazo planes económicos, educativos, tecnológicos, cientificos e industriales; adecuar los curriculums educativos a estos proyectos y objetivos parece, de puro irrealizable, una utopía; por no hablar de que consensuar socialmente y entre los principales partidos políticos las líneas maestras del país, de su organización administrativa, de sus metas compartidas como entidad plurinacional que engloba a diferentes países o regiones que asumen un cierto destino común es directamente imposible.

En fin, que acabamos como siempre, en la paralizante sentencia de que somos como somos, y así nos pasa lo que nos pasa, a lo largo de toda nuestra historia. Es inevitable. Pero algún día tendremos que cambiar. O nos cambiarán (si quieren, y les interesa, que quizá tampoco). Todo lo dicho no obsta para que (y más con los datos de esta mañana de lunes: la prima de riesgo en 635 puntos básicos y el Ibex perdiendo un 4,5% después del casi 6% del pasado viernes) necesitemos ayuda exterior urgente. La pregunta es ¿la tendremos a tiempo o nos hundiremos tanto que requeriremos un rescate total a la economía española?

¿Y la música, qué?

Mientras termino de escribir el artículo sobre las famosas preferentes que han desquiciado y llevado a la ruina a decenas de miles de consumidores, os dejo con “Orange that” una de mis canciones sencillas favoritas de los últimos años, firmada por los indómitos y encantadores HERMAN DUNE, que cuentan para la ocasión con la adorable voz de la cantante franco-canadiense Julie Doiron.