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Con nuestra economía a punto de quebrar, la vida continúa…

(sigo reflexionando y recabando información sobre el tema de las preferentes, que hace unas semanas se convirtió en un escandaloso timo que sufrieron decenas de miles de ahorradores engañados por sus bancos y cajas, pero que, abordándolo en general, es un asunto más complejo de lo que a primera vista parece; no en vano, las participaciones preferentes son un producto financiero más; con sus peculiares características, sí, pero un medio más (perfectamente legal, normalizado y conocido por el mercado) al que algunas empresas recurren con el fin de conseguir dinero para sus inversiones. Lo dicho, en breve hablaremos de ello en el post correspondiente)

Se hace difícil –por su enorme trascedencia en nuestras vidas cotidianas de hoy, 24 de julio de 2012 y, sobre todo, de los próximos meses y años- escribir hoy sobre cualquier cosa que no sea la situación de pre-quiebra en que se encuentra nuestro país y su posible rescate europeo

y posterior gestión tecnócrata y externa, al modo en que han sido intervenidas las economías de Grecia, Portugal e Irlanda que, por cierto, no levantan cabeza desde entonces. Y más cuesta todavía sustraerse a este marronazo que enfanga nuestra vida al comprobar, como hago ahora mismo, que Catalunya ha solicitado auxilio financiero al Gobierno español, convirtiéndose -la segunda mayor comunidad autónoma del país- en la tercera autonomía en pedir el rescate, tras la asimismo relevante Valencia y la ya más menuda Murcia. Quiere ello decir que reconocen las autoridades catalanas que el único comprador de sus emisiones de deuda pública es el Gobierno central: nadie más se fía. Un trago duro e indigesto para una economía que hemos tenido siempre por pujante y para una sociedad con tan consolidada autoimagen como la catalana. Espero que no nos veamos obligados los vascos a pasar por ese trance; de momento, todo parece indicar que no, pero….

Los datos que llegan del mercado financiero, que nunca fueron seguidos por el público en general como ahora, al minuto y con tanto miedo, son preocupantes:

la prima de riesgo sigue hirviendo a borbotones y amenaza con desbordar la cacerola y quemarlo todo con sus 635 puntos básicos; y el famélico IBEX35, con las más rutilantes empresas españolas a precio de auténtico saldo en la Bolsa está bajando el 3% y naufraga ya por debajo de los 6.000 puntos: ¿recuerdan cuando nos quejábamos porque costaba superar la barrera de los 8.500?.
Somos muchos los periodistas que, sin ser especialistas en economía, nos esforzamos con denuedo -tal relevancia ha adquirido el asunto, a todos los niveles- en comprender qué está ocurriendo y, sobre todo, qué nos espera a los ciudadanos de a pie, que somos la inmensa mayoría y a los consumidores, que somos todos. Estamos en una situación límite, con un paquete de medidas drásticas de recorte del gasto público y de aumento de los impuestos que nos empobrecen día a día, no reactivan nuestra recesiva economía y que, como era de prever, están generando gran contestación social.

Podría comentarles aquí en qué medida -en todo caso, efectos negativos, no lo duden- nos podría afectar el rescate total europeo equivalente al efectuado con los tres países arriba citados o su sucedáneo (que algunos especialistas ven quizá más probable), el auxilio del fondo de rescate europeo (FEEF), que se pondría en marcha por primera vez con este objetivo y haría innecesaria la actuación del BCE controlado por Alemania. El FEEF adquiriría bonos de deuda soberana española, que ya ningún inversor extranjero quiere incorporar a su cartera de inversiones. Pero no lo haré, por no anticipar el dolor, más que nada; y porque, en su caso, tiempo habrá.

Me he desayunado esta mañana leyendo en la Red una amplia entrevista a Felipe González en El País en la que da su versión de cómo el país ha llegado hasta aquí y, no teman, reparte culpas entre Aznar y Zapatero y sitúa el comienzo del desastre en 1998, cuando se dieron todo tipo de facilidades (políticas y financieras) para ir edificando el boom inmobiliario que luego se convirtió en burbuja y posteriormente nos ha explotado en la cara. Además, dice el ex-presidente que el dinero que debe nuestro país no es tanto como para explicar nuestra situación de postración ante los mercados y ante el BCE. Poco después, en otra lectura que también les aconsejo, en un blog de la prensa especializada me informaba sobre por qué estamos abocados a un rescate total: nadie se fìa de que España pueda pagar sus deudas. Normal, si ayer el interés de la deuda española a 2 años estaba casi al mismo nivel que la de a 10 años, cuando, por ejemplo, la francesa a 2 años era del 0,19%, cuando su bono a 10 años rendía diez veces más, el 2,13%. Los números y su elocuencia, amigos.

Pueden leer ambos materiales, y no perderán el tiempo, pero de todos modos me quedo con lo que dice Ignacio Marco Gardoqui hoy en El Correo

: “Nuestro problema es de dinero, claro está, pero en el mundo hay dinero en cuantía suficiente para sofocoar nuestras deudas; lo que no podemos ofrecer a cambio son garantías de pago y se empieza a hablar de “defaults” y de quitas, sin el más mínimo pudor. Y mientras Alemania se niegue a mutualizar los riesgos y las garantías, no habrá solución a nuestros males ni alivio a nuestros pesares. ¿Lo hará? Sólo si llega a la conclusión de que no hacerlo es peor para sus intereses y solo si Merkel llega a la conclusión de que tal cosa no le conduce al abismo electoral”.

Nuestro futuro, por tanto, queridos amigos, depende de que lo que piense y decida una implacable dirigente procedente de la Alemania del Este, la de la órbita exsoviética. Y matizo este particular para que nos hagamos una composición de lugar de la sublime representación que puede tener Angela Merkel de la idea de la construcción y consolidación del proyecto de la UE. En suma, nuestro futuro (¿cómo hemos sido tan irresponsables de llegar hasta este extremo?, alguien deberá dar explicaciones a las generaciones actuales y a las venideras) depende directamente de lo que a Merkel y a su entorno (pongamos aquí partido politico, la derecha alemana) le convenga. Así de sencillo, y de triste. Continuará… pero necesitamos, urgentemente, buenas noticias económicas: ¿quién puede aportarlas?.

De todos modos, nuestra azarosa vida de ciudadanos y consumidores continúa.

Se hacen las primeras pruebas de aplicación de la receta electrónica en Euskadi, se discute qué medidas de recorte de servicios del Gobierno Rajoy se aplicarán en la CAV, decenas de miles de usuarios temen haberse arruinado al comprar preferentes de bancos y cajas intervenidos por el Estado y por tanto en situación de quiebra, se dictará una normativa nacional que obliga a que las hamburguesas tengan menos grasa saturada y sal, al cine y al teatro ya no irán ni los taquilleros, la irresponsabilidad de dos fumadores que arrojaron sus colillas desde el coche se ha comprobado causa directa del dramático y enorme incendio de los bosques de Gerona, aprieta el calor en nuestra cornisa y el clima –este finde llegan, de nuevo, las lluvias y el fresco que otros llamarían frío- nos vuelve medio locos como siempre en verano, siguen muriendo niños en las piscinas (ayer una pequeña de dos años, en una piscina ¡hinchable! y ¡en una guardería! en Galicia: increíbles ambas cosas) y las fiestas de pueblos y ciudades siguen retando al malhumor y desesperanza de la gente…, todo marcha normal, entre tragedias, preocupaciones y ánimo festivo insobornable, como siempre…, somos así, ya lo decíamos ayer.

Como quizá sepáis, colaboro, aportando lo que llamo “enfoque consumidor” en el exitoso programa de debate “Ni más ni menos”, presentado cada tarde (de cuatro y media a seis y media, más o menos) por Klaudio Landa en ETB-2

Ayer les envié algunas ideas sobre la posible desaparición de las Rebajas, el tema principal que van a debatir hoy, martes. Precisamente, hace ya unos días, cuando se hizo público que el Gobierno central barajaba eliminar las Rebajas tal cual las conocemos (casi) desde siempre para dejar que sean los propios comerciantes quienes decidan cuándo y cómo hacerlo, escribí esta banalidad en mi facebook personal:

“Nos reducen los sueldos y sube de precio prácticamente todo, incluso lo esencial, como los alimentos más sabrosos, el vino, la cerveza, el cine y el teatro, los libros, los discos y conciertos…, estamos tristes y desconcertados, la economía del país sigue a punto del dramático y hasta ahora esquivado rescate, y va el Gobierno y nos anuncia otra catástrofe, esta más emocional si se quiere: ¡VAN A DEJAR DE EXISTIR LAS REBAJAS!, al menos tal y cual las conocemos hoy. Una vez metabolizado –solo en primera instancia- el disgusto, me pregunto yo: ¿tendremos entonces que dejar de comprar ropa quienes solo lo hacíamos en Rebajas? La conclusión solo puede ser una: nos quieren no solo desnutridos, abstemios, deprimidos, pesimistas, aburridos y malhumorados, sino también ¡vestidos de cualquier manera! Y eso sí que no, hasta ahí podíamos llegar. Frente Pro-Rebajas, ya. No quiero ni escuchar los motivos para esta incomprensible medida. Bueno, es mentira: los conozco y no me convencen. Por eso, te los ahorro ¡Pero si el único atractivo de comprar ropa era que solo había que hacerlo de cuando en cuando, y en fechas fijas y muy anunciadas para que no se nos olvidara! ¡Y, sobre todo, que te imponías un par de veces al año el reto de lograr un objetivo casi erótico y al alcance de pocos habilidosos; y que de conseguirse, de paso, contribuía a reforzar un poco esa averiadita autoestima nuestra: soy la pera, he pillado una chaqueta de pana preciosa con un 75%! Conmigo que no cuenten, desde ya lo digo. Si no hay Rebajas, a mi no me ven por las tiendas. Me paso a la compra por catálogo; por supuesto, sección Ofertas.”

Bien, esta es una manera irónica y personalísima de ver el asunto, pero hay otra más sensata e informativa de hacerlo. Mañana lo veremos. El material lo tengo casi listo. Ya puedes ir preparando tu comentario, si te place hacerlo en el foro abierto que me gustaría fuera este blog sobre consumo y vida cotidiana.

¿Y la música?

No es fácil dar con algo interesante si uno busca pop o rock alemán, pero tengo in mente una banda berlinesa , Einstuerzende Neubauten (“Las nuevas casas que se derrumban/colapsan”,en español), de la que he encontrado una pieza estupenda de su sexto disco, “Ende Neu” (1998). En su rareza, estamos ante una canción convencional tratándose de esta banda, a la que tuve ocasión de ver en directo en un FIB de hace no menos de 8 años, desplegando en un concierto irrepetible un derroche de recursos tanto por su complicadísima música experimental/industrial/ruidista, con arrebatos de hard rock por momentos, como por una puesta en escena sorprendente, con instrumentos como bolsas de basura llenos, toneles desvencijados, cables y poleas, etc, etc. Y lo mejor es que la barbaridad sonaba fenomenal, divertida, diferente por supuesto a cualquier otra banda, pero atractiva, desconcertante y muy poderosa.

En esta canción del video se nota la influencia del estilo que asociamos al gran Nick Cave, y es ello muy normal, porque el lider de E. Neubauten es el guitarrista y posteriormente artista sin limitaciones conocidas Blixa Bargeld, que desde 1983 y hasta 20 años después compartió afanes con el genio australiano en los míticos grupos The Birthday Party y The Bad Seeds. Algunos fans de la música de Nick Cave de esa época siguen echando de menos al gran Blixa Bargeld, todo un personaje.

¡Qué pais! Tendremos que cambiar, pero ¿podremos? , y, sobre todo ¿queremos?

(una reflexión sobre la actualidad económico-política, a lunes 23 julio, un día que, espero que no, podríamos tener que recordar durante años)

Si ante la petición de socorro al erario público español de la supuestamente despilfarradora comunidad autónoma valenciana , que se ha puesto la primera a la cola para retirar dinero del fondo de liquidez habilitado por el Gobierno central para este cometido, sentimos aquí en Euskadi y me temo que el el resto del país, tanto desinterés y lejanía, ¿cómo esperamos que tecnócratas financieros y políticos alemanes, fineses, franceses o belgas se solidaricen con nuestras (hablo de España, con perdón) miserias, nos presten/regalen dinero a espuertas y nos perdonen la millonada que les debemos de antes?

De entrada, sabemos que este ejercicio de solidaridad/generosidad les supondría renunciar a una pequeña parte de un gran bienestar que han logrado a lo largo de décadas, actuando a modo de laboriosa y ahorradora hormiguita…, que envidia tanto como detesta (esto lo digo yo) a la cigarra sureña, holgazana y festiva que para ellos representamos nosotros.

¿Es, así, razonable exigir, como estamos haciendo, que nos rescaten para salir de un abismo financiero y económico en el que caímos hace ya varios años y del que no saldremos sin gruesa y resistente cuerda lanzada desde el exterior? Pero si nuestros ricos vecinos comunitarios apenas tienen nada en común con nosotros… Lo del aún reciente sueño europeo común nunca me lo terminé de creer, pido disculpas; y el transcurrir de la historia, repasémosla, ha sido lugar más de tensiones, guerras y desencuentros con todos ellos que otra cosa. Adoran, sí, nuestra comida, el vino, el jamón, el sol y las playas; y envidian el fútbol de una selección que maravilla, reconcilia con el deporte competitivo y llena de belleza y armonía estético/deportiva los salones de sus casas. Pero eso es poco nexo y muy circunstancial. Y, a la vista está, compartir proyecto monetario y moneda única tampoco ha estrechado los lazos ni los ha hecho más resistentes, ya que muestran su gran fragilidad a nada que la tensión crece y la pone a prueba.

Más difícil será, además, que decidan ayudarnos de verdad, si de momento (y mientras no se hunda del todo el sistema, lo que acabaría perjudicando gravemente también a estos países ricos)

no hacen, con esta crisis, sino ganar y ganar más y más dinero (se financian a entre el 0% y el 1%, mientras que nosotros lo estamos haciendo al 7%, lo decíamos en el post anterior) y acrecentar, por si no fueran ya enormes y enojosas, las diferencias entre ellos los ricos y racionales, y nosotros, los pobres e irresponsables mediterráneos, empeñados en disfrutar y vivir hoy lo mejor posible, porque mañana Dios proveerá y seguro que volverá a salir el sol.
Lo decía este finde el portavoz del Gobierno español: si el BCE quiere, el problema se acaba este fin de semana. Dos veces no: el banco europeo –compañero Draghi, que defiende los intereses de los países ricos, que lo pusieron ahí a dedo- no quiere; y tampoco es verdad que si el BCE comprara deuda española a mansalva y aliviara nuestra prima de riesgo, todo se resolvería. Porque cogeríamos un poco de aire para poder seguir corriendo unos metros más, pero los problemas de fondo del país, los que nos han traído hasta aquí, seguirían ahí, enquistados y sin resolverse, y acabarían ahogándonos y echándonos, por tanto, de la competición.

Porque este es el país que tenemos y sufrimos: si siempre nos obsesiona exclusivamente dar solución a lo urgente, es fácil pensar lo que ocurre cuando la situación es tan apurada como la actual.

Sólo nos agobia, y ocupa, combatir contra lo que nos puede matar y nos confundimos como hacía el Gobierno con la decisión del BCE: la solución, en el otro, y no en nosotros. Error. Porque nos inquieta menos lo importante, lo que podría garantizar un futuro en el que llegáramos a mantenernos en los primeros puestos de la carrera del bienestar y sin enfermar gravemente por crisis tan agudas como esta que nos llevan a los puestos de la vergüenza, junto al camión escoba; y no nos equivoquemos, todo apunta que la crisis es estructural, lo ve claro hasta un néofito como quien suscribe.

Ni burbuja inmobiliaria, ni estado autónómico despilfarrador e inviable, ni nada; siendo problemas enormes, no son lo más relevante, en mi opinión.

El problema lo llevamos en los genes. Nos encanta discutirlo todo y no avanzar nada, remarcar las diferencias y huir como de la peste de lo que nos une. Despreciamos la perfección (perfecccionismo, le llamamos, como si fuera una enfermedad, una obsesión contraproducente), huimos de la excelencia (el notable es una gran nota aunque con el bien basta; “para qué esforzarse tanto”, se lo decimos a nuestros hijos), la competitividad y la búsqueda de la diferenciación y de lo no convencional se nos antojan raras e incomprensibles, la investigacion básica es un despilfarro de ricos ociosos, recelamos de las nuevas tecnologías y añoramos el pasado que siempre fue mejor, los idiomas distintos del nuestro los percibimos como barrera y molestia más que como arma imprescindible de futuro, confundimos derechos esenciales con beneficios sociales adquiridos en época de vacas gordas, no me hables de moverme a otro sitio o país a trabajar o perfeccionarme profesionalmente que aquí estoy muy bien, y mi única adicción es la de mis amigos de toda la vida…;

en fin, queremos disfrutar de todo lo que tienen en los países ricos de la UE pero sin dejar de seguir siendo como somos. Y tendremos que elegir.

Partamos, para ello, de la realidad: nos supone, como país (y recordemos: tenemos los políticos que nos merecemos, nosotros los ponemos y quitamos de ahí), un ímprobo esfuerzo diseñar y acordar a largo plazo planes económicos, educativos, tecnológicos, cientificos e industriales; adecuar los curriculums educativos a estos proyectos y objetivos parece, de puro irrealizable, una utopía; por no hablar de que consensuar socialmente y entre los principales partidos políticos las líneas maestras del país, de su organización administrativa, de sus metas compartidas como entidad plurinacional que engloba a diferentes países o regiones que asumen un cierto destino común es directamente imposible.

En fin, que acabamos como siempre, en la paralizante sentencia de que somos como somos, y así nos pasa lo que nos pasa, a lo largo de toda nuestra historia. Es inevitable. Pero algún día tendremos que cambiar. O nos cambiarán (si quieren, y les interesa, que quizá tampoco). Todo lo dicho no obsta para que (y más con los datos de esta mañana de lunes: la prima de riesgo en 635 puntos básicos y el Ibex perdiendo un 4,5% después del casi 6% del pasado viernes) necesitemos ayuda exterior urgente. La pregunta es ¿la tendremos a tiempo o nos hundiremos tanto que requeriremos un rescate total a la economía española?

¿Y la música, qué?

Mientras termino de escribir el artículo sobre las famosas preferentes que han desquiciado y llevado a la ruina a decenas de miles de consumidores, os dejo con “Orange that” una de mis canciones sencillas favoritas de los últimos años, firmada por los indómitos y encantadores HERMAN DUNE, que cuentan para la ocasión con la adorable voz de la cantante franco-canadiense Julie Doiron.