El hospital de los mártires

Nasser Al Ajmed nunca pensó que fuera a vivir algo parecido. Como otro día cualquiera acudió a su puesto de trabajo como médico en prácticas del hospital Jalaa, pero no fue un día más, fue el inicio de la revolución y de cinco días de actividad sin descanso. “Yo conté 27 muertos el primer día, 21 el segundo, 18 el tercero y después dejé de contar. Después estaba el gran número de heridos de bala de todas las edades, fue una masacre”, recuerda mientras participa en una protesta frente a la Corte Suprema, al lado del puerto de Bengasi, el equivalente a la plaza Tahrir egipcia en esta ciudad libia. Desde entonces el hospital ya es conocido como “hospital de los mártires”.

La revolución ha triunfado en esta parte del país, pero el día a día no es sencillo. Hoy es el día marcado para recibir el suelo mensual y Nasser se encuentra, como el resto de funcionarios, a la espera de saber si Trípoli abonará o no sus nóminas. “No creo que nos paguen, por eso ya hay bancos como el Wahda que está concediendo créditos a cada familia, sabíamos que no sería cosa fácil, pero no es hora de pensar en dinero“, sentencia animado por los gritos de la multitud que vitorean a un joven que se abre paso con su coche saludando desde la apertura del techo al estilo Gadafi.

Cientos de heridos se recuperan en los dos hospitales de Bengasi. Decenas de cuerpos in identificar esperan que los forenses les pongan nombre y apellido apilados en bolsas verdes. Los familiares pegan las fotos de sus seres queridos desaparecidos en las paredes y cada día se juntan a las puertas de las morgues a la espera de noticias. Filas de ataúdes esperan inquilino. La represión fue brutal en esta ciudad que ahora celebra el fin de cuatro décadas de tiranía. “Yo no había conocido otra cosa que Gadafi, todo es nuevo para nosotros, no podemos perder un solo minuto”, advierte Nasser antes de perderse entre una multitud que, como cada tarde, colapsa la calle del puerto.

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