Archivo del Autor: Mikel Ayestaran

La impotencia de Karzai

KABUL. Las im√°genes de los soldados orinando sobre cad√°veres, las fotograf√≠as con s√≠mbolos nazis, la quema del Cor√°n, la matanza de Kandahar‚Ķ Todo en los primeros tres meses de 2012 ¬ŅQu√© ser√° lo siguiente? Es la pregunta que se hacen los afganos de a pie que en el transcurso de los √ļltimos once a√Īos han pasado de la esperanza de la llegada de la comunidad internacional a la desesperanza por un presente gris y un futuro negro. Hamid Karzai no quiere nuevos esc√°ndalos y por eso pidi√≥ al secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, la salida de las fuerzas de combate de las zonas rurales.

Hasta el ‚Äėcomunista‚Äô Najibul√° es m√°s popular que Karzai entre los suyos.

Hasta el ‚Äėcomunista‚Äô Najibul√° es m√°s popular que Karzai entre los suyos.

La petici√≥n del presidente es un mensaje a las familias de los 16 civiles asesinados el pasado domingo en un distrito de Kandahar a manos de un militar estadounidense. Est√° previsto que en las pr√≥ximas horas las v√≠ctimas lleguen a Kabul para recibir el p√©same del presidente en primera persona. Han tenido que desplazarse hasta su palacio, hasta su b√ļnker, el √ļnico lugar en el que sigue mandando un Karzai en plena cuenta atr√°s para el final del mandato y que, pese a todo el apoyo del mundo, no se ha ganado el respeto de los suyos, algo esencial en un pa√≠s como Afganist√°n.

A efectos pr√°cticos la petici√≥n de la salida de tropas de los n√ļcleos rurales no supone un gran cambio porque la segunda fase de la transferencia de seguridad est√° muy avanzada y en mayo entrar√° en vigor la tercera y definitiva. 33.000 soldados de Estados Unidos ya est√°n rumbo a casa, el resto de fuerzas de la coalici√≥n han empezado a replegarse de posiciones de combate avanzadas ‚ÄďEspa√Īa, por ejemplo, ya ha comenzado el repliegue del puesto de combate Hern√°n Cort√©s, del valle de Darrh i Bum- y sus lugares est√°n siendo ocupados por las fuerzas de seguridad locales cuyo entrenamiento se ha intensificado desde la Cumbre de Lisboa de 2010 en la que se fij√≥ 2014 como fecha para el fin de la misi√≥n.

Manifestación en Damasco

Tr√°fico detenido en el centro de Damasco. Una enorme bandera nacional acaba de tapar por completo uno de los edificios de la plaza Yousef Al Azmah. J√≥venes uniformados, y sin uniformar, bailan y cantan al ritmo de “Bashar, te quiero”, √ļltimo √©xito del cantante Saber Gabro que alaba la figura del presidente a ritmo de tecno y con estribillos pegadizos de la l√≠nea “Dios salve a Siria”.

La concentraci√≥n “se ha organizado por el boca a boca y pegando carteles en paredes, nada de redes sociales”, asegura uno de los organizadores que porta una pancarta con la fotograf√≠a de Al Assad. El resultado no es todo lo espectacular que esperaban y pese al cierre del tr√°fico apenas un pu√Īado de fieles se concentra frente a la enorme bandera nacional.

DAMASCO. Manifestación pro Al Assad from mikel ayestaran on Vimeo.

Ebadi, enemiga del pueblo

Shirin Ebadi es persona non grata para las autoridades isl√°micas que recibieron con gusto la noticia de su salida del pa√≠s tras las elecciones de 2009. Ahora algunos j√≥venes ligados al r√©gimen se dedican a publicar biograf√≠as ‘verdaderas’ sobre la abogada y Premio Nobel de la Paz 2003. La √ļltima se ha presentado esta semana y se titula algo as√≠ como ‘Caballer√≠a de mujeres’. Hoosein Alavi es el autor del libro de ‘investigaci√≥n’ para el que ‘no ha sido necesario una entrevista cara a cara con Ebadi porque todos sabemos qui√©n es’.

La primera mujer musulmana en recibir un galard√≥n tan importante es ‘una figura intrascendente dentro del pa√≠s’, teor√≠a que Alavi basa en que ‘nadie fue a esperarle al aeropuerto despu√©s de recibir tan sonado galard√≥n, nadie’. La definici√≥n de Ebadi para el ala dura del r√©gimen responde a una mujer ‘arist√≥crata, fiel seguidora del Sh√°, al servicio del sionismo y, por lo tanto, una enemiga del pueblo en toda regla’.ebadi

Pero lo que m√°s molesta a Alavi de la abogada es que ‘mientras alardeaba de tener una organizaci√≥n de derechos humanos en Teher√°n, nunca solt√≥ una l√°grima por los ni√Īos masacrados en Gaza por las bombas de Israel, ni tampoco muchos antes cuando nos ca√≠an los misiles de Sadam‘. Ejemplos sobre los que nunca ha preguntado a Ebadi, pero que presenta como verdades absolutas.

La ciberrep√ļblica isl√°mica

S√≠, el rial est√° por los suelos y no hay otro tema de conversaci√≥n, pero hay vida m√°s all√° de la econom√≠a. El sentimiento de vivir en eterna crisis que se vive en Espa√Īa se respira en Ir√°n multiplicado por diez mil y con la incertidumbre que generan los tambores de guerra que suenan en el estrecho de Ormuz.

Las condiciones de trabajo de los ‘periodistas temporales’ que llegamos con cuentagotas al pa√≠s ha cambiado en los √ļltimos meses. Hasta ahora hab√≠a que pasar por el filtro de una ‘agencia de gu√≠a’ al informador extranjero y cerrar con ella los temas que se pensaban hacer, ahora hay que sumarle el ‘ok’ definitivo del ministerio de Cultura y Gu√≠a Isl√°mica a cada punto del programa con lo que los plazos se alargan de tal forma que para cuando llega alguna autorizaci√≥n la visa ha expirado (son de 7 d√≠as) y hay que volver a ponerse a la cola para un nuevo permiso.

Pero no hay que desanimarse, aunque no salgan las historias previstas siempre hay algo que hacer. En los cibercaf√©s est√°n que echan humo con la nueva legislaci√≥n que las autoridades quieren poner en marcha de forma ‘urgente’. Ir√°n no pierde de vista lo sucedido en los vecinos √°rabes y sobre todo no olvida el papel de las redes sociales en la ‘revoluci√≥n verde’ que estall√≥ tras las elecciones de 2009. A menos de dos meses de los comicios parlamentarios todas las alarmas est√°n encendidas y se quiere poner en marcha una nueva intranet (Irannet) y unas normas que obliguen a los lugares p√ļblicos donde se conecta la gente a Internet a ejercer un control directo sobre los usuarios. Las autoridades planean pedir a los due√Īos de los cibercaf√©s que exijan a sus clientes el documento de identidad antes de conectarse, que guarden durante seis meses las p√°ginas consultadas y que instalen c√°maras de seguridad las 24 horas del d√≠a. “Un primer paso antes de la orden de cierre”, comentaban algunos propietarios frustrados de este sector que est√° bajo continua sospecha y que es vigilado desde las alturas por una ciberpolic√≠a que cuenta con 250.000 agentes. Cada persona conectada a un ordenador es sospechosa de cometer un delito hasta que el ‘Historial’ de su navegador diga lo contrario.

El ‘gran juego’ iran√≠

El rial está en caída libre y en las casas de cambio de la calle Ferdosi lo celebran cada día con una orgía de dólares. Miles de personas se juntan en esta céntrica calle de Teherán para vender sus riales al mejor postor y hacerse con divisas. El negocio no es nuevo, pero ni los más antiguos de la zona habían visto semejante fluctuación en la moneda en tan corto espacio de tiempo. Es la economía paralela, el poder del bazar sobre los mercados oficiales, el poder de la gente que maneja el dinero en efectivo, que cuenta los billetes uno a uno, los huele y guarda en cajas hasta llenar almacenes enteros.

Es el √ļnico tema de conversaci√≥n. La ca√≠da del rial desde la firma de Barack Obama a favor de las sanciones al Banco Central ha eclipsado todo lo dem√°s. “Es como si el r√©gimen hubiera provocado esto para que nadie tenga preocupaciones pol√≠ticas”, suger√≠a un cambista que se frotaba literalmente las manos ante el futuro pr√≥ximo en el que seguir√° amasando una fortuna con la venta de moneda extranjera. A falta de mes y medio para las elecciones parlamentarias el clima en Teher√°n es extra√Īo, la gente dice no preocuparse por la pol√≠tica, pero todos tienen un ojo puesto en la pelea entre ultraconservadores que mantiene enfrentada a la c√ļpula del sistema como nunca hab√≠a ocurrido desde el triunfo de la revoluci√≥n.

De los reformistas no hay noticias
. Los dos l√≠deres de las elecciones de 2009 ‚ÄďMir Husein Musavi y Mehdi Kerrubi– permanecen en arresto domiciliario y sus m√°s estrechos colaboradores est√°n encerrados en Evin. Su ausencia, sin embargo, no resta emoci√≥n a unos comicios en los que el presidente Mahmoud Ahmadineyad y los suyos luchan por hacerse con el control del parlamento, ahora en manos de los fieles al L√≠der Supremo. La lucha por el poder est√° m√°s al rojo vivo que nunca, una partida que se juega en las alturas, detr√°s de las cortinas y usando las calles de una Teher√°n vestida de invierno con las monta√Īas te√Īidas de blanco hasta muy abajo como tablero donde se resolver√° el control del sistema.

Primavera √°rabe, invierno islamista

‚ÄúTengo mucho miedo. Van a ganar seguro y pronto empezar√°n los problemas‚ÄĚ, Issa es cristiano. Su taxi luce una cruz que cuelga del retrovisor desde el que mira a los ojos de su pasajero para confesar sus temores. Nos dirigimos al cuartel general de los Hermanos Musulmanes. Despu√©s de toda una vida en la clandestinidad, la hermandad ocupa ahora un edificio de seis alturas en el barrio de Al Muqatam, a las afueras de la capital. En la puerta de acceso un cartel reza ‚ÄúNosotros llevamos el bien a toda la gente‚ÄĚ, no hay seguridad ni vigilancia de ning√ļn tipo. Una vez dentro un portero regordete me estrecha la mano y me se√Īala a las fotos de los nueve l√≠deres que ha tenido el grupo en su historia que cuelgan de la pared. Desde el fundador, Has√°n Al Banna, hasta Mohamed Badia.

Hay que esperar unos minutos. Llega el obligado t√© y tomamos asiento en unos tresillos versallescos herencia del anterior inquilino, el mobiliario no pega con el car√°cter austero de la hermandad. Mahmoud Ghozlan hace acto de presencia a la hora pactada. El portavoz de los Hermanos Musulmanes y miembro del Comit√© Ejecutivo es profesor de Bioqu√≠mica en la Facultad de Agricultura de la Universidad de Zagazig. Con traje oscuro, pero sin corbata, repasa sus a√Īos en la c√°rcel durante la √©poca de Hosni Mubarak antes de abordar el futuro pr√≥ximo del pa√≠s.

Pese a los a√Īos de persecuci√≥n, el partido creado por la hermandad es el mejor organizado y el m√°ximo favorito en los comicios. Ghozlan lo sabe y pide ‚Äúrespeto a la democracia‚ÄĚ. Su propuesta para Egipto pasa por la ‚Äúaplicaci√≥n de la sharia, pero solo para la poblaci√≥n musulmana, su entrada en vigor no afectar√° a las minor√≠as a las que no solo respeteramos, sino que protegeremos con especial √©nfasis‚ÄĚ y a nivel internacional piensan ‚Äúrevisar los t√©rminos del acuerdo de paz con Israel porque es injusto. El nuevo parlamento que salga de las urnas debe revisar el texto‚ÄĚ. Dos mensajes claros que provocan desconfianza entre la poblaci√≥n no musulmana del pa√≠s y encienden todas las alarmas en el vecino estado jud√≠o.

De confirmarse la victoria de la hermandad, Egipto se sumar√≠a al camino abierto por T√ļnez y que pronto puede seguir Libia. Los tres pa√≠ses del norte de √Āfrica donde han triunfado los procesos revolucionarios est√°n ahora en pleno proceso de transformaci√≥n pol√≠tica hacia una especie de democracias isl√°micas dirigidas por la hermandad. ‚ÄúEl caso de Egipto es especial porque es aqu√≠ donde est√° la sede central, la madre de todo el movimiento. Compartimos idearios y hemos compartido durante a√Īos torturas, exilios forzados y clandestinidad. Cada pa√≠s es independiente, no se puede aplicar la misma forma de gobierno aqu√≠ o en T√ļnez, lo importante es responder a las necesidades de la poblaci√≥n‚ÄĚ, asegura Ghozlan que explica su √©xito en ‚Äúel conservadurismo de la poblaci√≥n en todo el mundo √°rabe, es muy complicado que Occidente trate de imponer su modelo porque aqu√≠ la mayor parte del pueblo vive en base a tradici√≥n y religi√≥n‚ÄĚ.

La nueva cara del mundo √°rabe ya se ha dejado notar tambi√©n en la Liga √Ārabe que despu√©s de toda una vida sin capacidad ejecutiva ha adoptado unas sanciones sin precedentes contra el r√©gimen sirio. ‚ÄúLas revoluciones han sacudido al antiguo pensamiento, ahora ya no tenemos que callarnos ante los cr√≠menes‚ÄĚ, piensa Ghozlan que muestra su solidaridad con los miembros de la hermandad activos en territorio sirio en estos momentos a los que el presidente Bashar Al Assad se√Īal√≥ como ‚Äúterroristas‚ÄĚ.

A la c√°rcel por ser violada

La madre de Guinaz sali√≥ una ma√Īa de casa para ir al m√©dico. Esta ausencia fue aprovechada por un familiar para entrar en la casa y violar a la joven de 19 a√Īos. Guinaz guard√≥ silencio durante cuatro meses hasta que le result√≥ imposible disimular el embarazo fruto del ataque. Call√≥ por miedo a la deshonra, por terror a las consecuencias que en una sociedad extremadamente tradicional tienen para las mujeres este tipo de agresiones. Su silencio, sin embargo, fue tambi√©n el argumento que llev√≥ a la Justicia a encerrarle bajo la acusaci√≥n de ‚Äúesconder la agresi√≥n durante demasiado tiempo‚ÄĚ, seg√ļn el portavoz del fiscal general de la capital afgana, Rahmatullah Nazari, que argument√≥ que ‚Äúcon el paso de tanto tiempo no se pueden tener pruebas de un ataque‚ÄĚ por lo que tipificaron el caso como adulterio.

C√°rcel para mujeres de Herat (M.A, 2010)

Su caso es uno de los muchos que se producen a diario en el pa√≠s, la gran diferencia es que Guinaz ha decidido contarlo con detalle ante las c√°maras de la cadena CNN desde la celda en la que permanece encerrada desde hace dos a√Īos junto a su beb√©. El C√≥digo Penal afgano no reconoce la violaci√≥n como un delito, en cambio, s√≠ que considera que lo es el adulterio, como destacaba en su art√≠culo de elmundo.es M√≥nica Bernab√©. El sexo fuera del matrimonio es motivo de largas condenas en un pa√≠s al que llegaron las fuerzas internacionales hace diez a√Īos. El peso de la tradici√≥n es tan fuerte que poco importan los millones de d√≥lares gastados en proyectos de distintas ONG o de ayuda a la reconstrucci√≥n del sistema judicial, es lo que ha vuelto a sacar a la luz un caso como el de Guinaz que supone una lecci√≥n de realismo para una comunidad internacional que ya ha dejado atr√°s su planes ut√≥picos de democratizar y occidentalizar el pa√≠s asi√°tico para centrarse en una retirada lo m√°s decorosa posible en 2014.

El enlace con su violador podr√≠a salvarle de cumplir condena (al originalmente de doce a√Īos, pero reducida a tres), pero tambi√©n lo puede hacer la presi√≥n internacional generada por su aparici√≥n ante las c√°maras ya que ‚Äúpronto obtendr√° el perd√≥n presidencial‚ÄĚ, declar√≥ a la CNN Nazari.

Cadenas, pan y agua

Hay que salir de Kabul a primera hora para poder regresar antes del anochecer. El camino a Jalalabad, 150 kilómetros al sureste de la capital, es el mismo que va a Pakistán y constituye la principal ruta de abastecimiento de las fuerzas de la OTAN. Por lo tanto es objetivo de los grupos insurgentes que tienen el control de las zonas rurales de Afganistán.

El fotoperiodista Diego Ibarra (Zaragoza, 1982) prepara sus c√°maras e inicia el camino hacia el santuario Al√≠ Baba Mia, un viaje directo a un lugar donde poder retratar sin filtros algunas de las consecuencias ocultas de tres d√©cadas de conflicto en el pa√≠s asi√°tico. El lugar se encuentra m√°s all√° de Jalalabad, se trata de un peque√Īo complejo formado por el santuario donde descansan los restos del santo suf√≠, un cementerio y una decena de celdas donde enfermos mentales y drogadictos buscan la curaci√≥n.

Las familias llevan a los suyos guiados por la fe en la figura de Ali Baba Mia. El milagro de la sanación pasa por un tratamiento de choque en los que los pacientes pasan cuarenta días encadenados a la pared a base de pan y agua, una terapia que busca limpiar cuerpos y mentes de todo mal.
Mental illnes in Afghanistan: the invisible consequences of war

“Es un lugar que da miedo, miserable y donde los enfermos sobreviven en condiciones dur√≠simas“, recuerda Diego que ha visitado el santuario en dos ocasiones como parte de un amplio proyecto sobre centros psiqui√°tricos que desarrolla en Afganist√°n y Pakist√°n para mostrar las huellas menos visibles de los conflictos en la regi√≥n. “El impacto es brutal, pero la prisa apremia porque hay que trabajar con rapidez antes de que se difunda en el √°rea la noticia sobre la presencia de un extranjero, todo un caramelo para los insurgentes”, apunta el fotoperiodista aragon√©s. Esa brutalidad se plasma en las fotograf√≠as en blanco y negro de Diego donde el grito de los enfermos traspasa el papel y golpea los o√≠dos de quienes las observan. Una bofetada a los sentidos, un cubo de agua helada sobre una opini√≥n p√ļblica cansada de la guerra de Afganist√°n y que se refugia en las estad√≠sticas de ej√©rcitos y ministerios que maquillan con n√ļmeros el fracaso de la intervenci√≥n internacional.

Muertos en vida, encadenados a las paredes de sus celdas a la espera de que les llegue la hora de dejar este mundo, abandonar un Afganist√°n donde solo sobreviven los m√°s fuertes. Tres d√©cadas de conflicto han dejado en el pa√≠s asi√°tico m√°s de dos millones de enfermos mentales graves, seg√ļn la Organizaci√≥n Mundial de la Salud (OMS). El sistema de salud p√ļblico no es capaz de atender el problema y los cinco centros psiqui√°tricos que se reparten en Herat, Kabul, Mazar-e-Sharif y Jalalabad (dos) se han convertido en lugares donde los enfermos se limitan a esperar la llegada de la muerte. Sin medicinas ni tratamientos que les abran la puerta a una posible recuperaci√≥n los familiares s√≥lo conf√≠an en que un milagro salve a los suyos.

“En el vecino Pakist√°n muchos centros comparten la misma filosof√≠a y los ciudadanos piensan que los suyos sanar√°n s√≥lo cuando se rompan las cadenas que les atan a la pared“, recuerda Diego, residente en Islamabad, que espera terminar con este proyecto en los pr√≥ximos meses. Tiene que darse prisa debido a la inestabilidad creciente en la zona y a que este tipo de centros creados bajo la filosof√≠a suf√≠ no son del agrado de las autoridades. Kabul apenas dedica atenci√≥n a estos santuarios por lo que se ven obligados a sobrevivir de las discretas donaciones que pueden realizar las familias con cada ingreso. Al final de los cuarenta d√≠as el enfermo vuelve a la calle y con √©l regresan los fantasmas que dominan sus mentes y corazones a quienes la violencia ha arrancado cualquier signo de normalidad.

Trípoli, la noche rebelde

Lluvia sobre Tr√≠poli. Suelo mojado y anarqu√≠a en las calles cuando cae la noche. Se han levantado la inmensa mayor√≠a de puestos de control rebeldes y los milicianos se juntan ahora en la antigua Plaza Verde para disparar al aire ‚Äďcada vez menos- y hacer trompos con sus coches. ‚Äú¬°Dios es grande!‚ÄĚ, es el principal grito de √°nimo para los conductores que aprovechan el piso mojado para mostrar su habilidad. El tradicional saludo musulm√°n de ‚ÄėSalam aleikun‚Äô ha sido sustituido por el grito de guerra rebelde que hora se utiliza para todo.

TRIPOLI. Noches rebeldes from mikel ayestaran on Vimeo.