Archivo de la categoría: Genérico

Ras Ajdir, frontera de salida

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No es basura. Son las pertenencias de oleadas y oleadas de refugiados que abandonan Libia. Lo poco que han podido salvar de los controles de carretera y de las bandas de ladrones que persiguen a los refugiados se convierte en algo prescindible cuando lo único que importa es pasar al otro lado. Por eso, muchos dejan en el último momento esa maleta con la que han cargado durante cientos de kilómetros para saltar la valla. Y en ese instante lo valioso se convierte en puro deshecho.

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Durante varios días el puesto fronterizo libio ha estado abandonado. Los militares se replegaron el fin de semana pasado hasta el pueblo de Abu Kamesh, a unos 10 kilómetros hacia Trípoli. Pero Gadafi ha vuelto a tomar la frontera.

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Los seguidores de Gadafi hacen ondear la bandera verde de la Gran Jamahiriya y cantan ante el éxodo de extranjeros. Lo hacen porque saben que los medios de comunicación de medio mundo estamos aquí. Nos dicen que en Libia todo es normal, que el pueblo está con el líder. Pero a poco más de cien kilómetros, en Zawiya, la temida Brigada 32 comandada por Khamis, uno de los hijos de Gadafi, aplasta a las fuerzas rebeldes.

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Primer documental de la revuelta egipcia

Desde el inicio de la revuelta Ahmed Abdala no se ha movido de la plaza de Tahrir de El Cairo. Acompañado de un grupo de amigos colocó dos tiendas de campaña y aprovechando una señal de tráfico colgó un cartel que reza ‘Centro de Comunicación’. “El objetivo es reunir todo el material posible sobre esta revolución. No importa el formato, cuantas más imágenes, mejor para elaborar un buen documental sobre estos hechos históricos”, asegura este director de cine nacido en Cairo en 1978 y con más de diez años de carrera a sus espaldas pese a su juventud.

Su primer largometraje, Microphone, se estrenó en treinta teatros de todo el país el pasado día 25. “Coincidió su puesta de largo con el viernes de la ira en el que prendió definitivamente la mecha de este movimiento anti Mubarak. No me importa que nadie la fuera a ver porque lo que está ocurriendo, lo que estamos viviendo es muchísimo más importante“, piensa Ahmed. Microphone recoge la escena cultural underground de Alejandría, la segunda ciudad más importante de Egipto y la crítica especializada la define como “poco convencional” y destaca su valentía a la hora de afrontar “temas políticos y religiosos”.

Del 25 al 28 fue brutal la respuesta de la Policía contra los manifestantes que permanecemos en la plaza Tahrir. Vi morir al menos a 17 personas con mis propios ojos. La gente está colaborando con todo tipo de archivos de imágenes captadas con cámaras y teléfonos móviles y en cuanto pueda hacer una selección intentaré pasársela a los medios y colgarla en la red. Lo primero es la difusión, mostrar la verdad de lo que está ocurriendo. Después será el momento de mi documental”.

La violenta irrupción de los seguidores de Mubarak tampoco le movió de la plaza. Sigue allí, como pudimos constatar por teléfono, junto al resto de profesionales egipcios comprometidos con el éxito de este Centro de Comunicación.

Egipto: ONGs (también) en el punto de mira

Alia Mossallam sigue en primera persona los sucesos en la plaza de Tahrir de El Cairo. Junto a un grupo de amigos forma parte del núcleo duro que resiste el asedio de los seguidores de Mubarak que desde la tarde del miércoles imponen su ley en las calles de la capital con total impunidad y tratan de hacerse con el control de la plaza. Ahora está en la capital, pero su trabajo como observadora de la organización Human Rights Watch le llevó a cubrir el estallido de la revuelta en Alejandría, segunda ciudad más importante del país situada 225 kilómetros al norte de El Cairo. Allí realizó un informe sobre “la respuesta de las fuerzas de la seguridad ante las protestas”, un trabajo que no puede realizar en las últimas horas en Tahrir porque “aquí me dedico a atender a la gente herida, están llegando muchos sobre todo por culpa de piedras y navajas”.

A sus 29 años ha hecho un paréntesis en su doctorado sobre la canción protesta en Egipto en los años 50 y 60 en la London School of Economics para vivir “unos sucesos históricos” para el país. La misma decisión que han tomado miles de jóvenes egipcios en el extranjero que han volado de vuelta a sus hogares para unirse a la revuelta. “Las protestas en El Cairo y Alejandría son diferentes debido al tamaño de las ciudades, allí todo ocurre más rápido. Aquí todo el mundo tiene que llegar hasta la plaza de Tahrir, pero en Alejandría la revolución empieza en cada calle“, asegura Alia en cuyo informe recogió “los disparos de armas de fuego contra la multitud por parte de la Policía” y la “capacidad de los hospitales para convertirse inmediatamente en salas de emergencia para tratar al gran número de víctimas”.

Tras la salida de los seguidores de Mubarak a las calles la protesta pacífica de la oposición se ha convertido en una batalla campal que se ha cobrado al menos cinco muertos y miles de heridos. “Es su forma de jugar, un intento de reventar lo que estaba siendo una protesta masiva y tranquila para pedir la dimisión del presidente, pero no lo conseguirán”, augura esta joven activista que lamenta los ataques contra extranjeros -periodistas o no- y los enmarca dentro de “una política de silencio informativo” por parte de unas autoridades que “no quieren que el mundo vea lo que está pasando”.

Al igual que el trabajo de la prensa, medios nacionales de la oposición y corresponsales internacionales están en el punto de mira de los grupos pro-Mubarak, la labor de las ONG está resultando muy complicada y ayer por la mañana varios activistas de Amnistia Internacional (AI) y de la organización Hisham Mubarak Law Center (HMLC) fueron retenidos por miembros de las fuerzas de seguridad.

Bendirman, terrorista musical

40.000 amigos en Facebook y un corrosivo sentido del humor fueron suficientes para que el régimen de Ben Alí decidiera censurar las canciones de Bendirman. “Me hicieron la campaña de publicidad de forma gratuita, les debo mucho en mi carrera. Ahora añoro al presidente, mi gran fuente de inspiración, sobre todo por su nariz”, bromea este cantautor de 26 años que se ha convertido en el auténtico ídolo de la juventud tunecina. Su primer disco ‘Merhaba-Welcome’ estaba hasta ahora sólo a la venta en Francia, pero llegará a las tiendas del país la próxima semana.

El bendir es un instrumento de percusión tunecino y la expresión ‘tocar el bendir’ equivale a ‘hacer la pelota’. A partir de esta idea Bendirman creó ‘Bendir-land’ (planeta bendir), todo un mundo paralelo al estado tunecino en cómic y canciones, una metáfora de la dictadura en la que a diferencia de la realidad, el protagonista es un superhéroe sin poderes.

La planta baja de una villa en una de las zonas nobles de la capital es el lugar de ensayo en el que prepara, junto a otros dos músicos, el que será su primer concierto, hoy viernes, en la Escuela de Arte de la capital. “Será una actuación para recaudar dinero para la gente de Sidi Bouzid acampada en la Kasbah. ¡Viva la revolución!”

En el último año ha actuado en Canadá, Francia y Alemania. En febrero girará por Túnez y después volará a Europa y Estados Unidos. Espera tener su segundo álbum listo en marzo, “con nuevas canciones, una de ellas será absolutamente pornográfica y se la pienso dedicar a los cantantes de este país que hasta hace dos días cantaban en honor a Ben Alí y ahora se han hecho revolucionarios. Hipócritas. Esa gente sólo merece el insulto”.

Una bandera del Ché adorna un estudio donde instrumentos tradicionales se mezclan con guitarras eléctricas y un ordenador de sobremesa. Por aquí pasa la flor y nata del artisteo local y todos son colegas más o menos cercanos de Slim Amamou, que en una semana ha pasado de ser un rebelde blogger y twittero antisistema a secretario de Estado de Juventud y Deportes. “Yo no podría ser ministro porque me gustan las dictaduras. Echo de menos a Ben Ali. Era tan guapo, y su mujer tan sexy…”, repite entre las carcajadas de los colegas que poco a poco van reuniéndose en el local de ensayo. Buena parte de ellos, al estilo Bendirman, con las cabezas cubiertas por gorras y los vaqueros rasgados.

Caída la dictadura no piensa que le falten temas para componer nuevas canciones ya que “los problemas no han desaparecido”. Con la ayuda de un guitarra comienza a improvisar. Todo lo que ha visto estos días en la calle le ha marcado ya que “nadie esperaba unas protestas tan pacíficas. No hay violencia, esta es la revolución de la paz y el amor. Hay momentos en que parece que somos protagonistas de una película de Kusturica, he visto a gente organizando protestas hasta para pedir cambios en la selección nacional de fútbol”.

Bendirman canta y todos callan. Un hilo de voz a lo Manu Chao se apodera del lugar y se escapa más allá de la sala para recorrer la avenida Burghiba y la plaza de la Kasbah. Bendirman es libre y su arte también. Nuevos peligros acechan a su planeta “como la posible llegada al poder de los islamistas, esto es Túnez y aquí cualquier persona respetable bebe alcohol. Esperemos que se sepa mantener la diferencia entra las vidas privadas y públicas”.

Guerra judicial entre turcos y kurdos

Algo se mueve en la capital del Kurdistán turco. Faltan menos de 24 horas para que se retome el macrojuicio contra 151 representantes de la comunidad kurda -entre ellos varios alcaldes- y en las calles se suceden las marchas de protesta. Hoy es el turno de las asociaciones de mujeres que se han echado a las calles para pedir la oficialidad del kurdo. Un mensaje directo a las autoridades de Ankara que decidieron suspender el juicio nada más iniciarse porque los acusados sólo aceptaron defenderse en esta lengua no oficial.

Las protestas discurren entre fuertes medidas de seguridad. De momento la Policía observa y toma nota. El cerco de seguridad frente a la sala donde tendrá lugar el Juicio aumenta cada día. Autobuses policiales y vehículos blindados toman posiciones en los accesos principales.

Uno de los que sentarán en el banquillo de acusados será Abdulá Demirbas, alcalde de lo que denomina ‘la parte vieja’ de Diyarbakir (Amed, para los kurdos). A este representante público le pueden caer 171 años. Se siente afortunado porque al menos está en libertad provisional hasta que se celebre la vista y pide “libertad para todos mis compañeros porque esto no tiene nada que ver con la Justicia, es un juicio político“.

Después de la expectación que despertó el inicio del proceso, esta vez se esperan menos delegaciones extranjeras y menos observadores internacionales. Gobierno turco y kurdos vuelven a librar una batalla dentro del marco de una guerra que dura treinta años y ha costado la vida a 40.000 personas, aunque esta vez la guerra se librará ante un tribunal.

La espía rusa, fenómeno de Internet

El fenómeno tiene todos los ingredientes. Y ha funcionado. Anna Chapman, una de las diez personas detenidas por pertenecer presuntamente a una red de espionaje ruso en los EEUU, se ha hecho famosa en apenas 24 horas de arresto. Internet se ha llenado de imágenes y vídeos de esta joven empresaria, acusada de pasar información al gobierno ruso.

Foto en el perfil de Facebook de Anna Chapman.

Foto en el perfil de Facebook de Anna Chapman.

El periódico San Francisco Chronicle anunciaba en su edición digital “todas las glamurosas fotos de Facebook de la espía rusa”, y, por supuesto, a las pocas horas de conocerse la identidad de la detenida ya había una docena de vídeos colgados en You Tube. Su perfil en LinkedIn todavía está abierto, y gracias a él sabemos que domina el ruso y el inglés, y que además se puede defender en alemán y francés.

El personaje ya está creado. Sólo le falta que el juez la deje en libertad para convertirse en uno de esos freaks puestos en órbita por la maquinaria multimedia global. Seguro que algún canal de televisión norteamericano ya está pujando por la entrevista en exclusiva.

Como adelanto, aquí dejamos un testimonio de origen desconocido. Una periodista entrevista a Chapman sobre lo fácil que es hacer contactos en Nueva York. “Aquí es más fácil que en Rusia”, asegura la presunta espía. Tiene gracia.

Obama y Medvédev: se les atragantó la hamburguesa

La ya bautizada como “diplomacia de la hamburguesa” se ha encontrado hoy con la primera zancadilla. La detención de diez presuntos espías rusos en suelo estadounidense podría parecer una maniobra para dinamitar el acercamiento entre Washington y Moscú. De hecho, algunos analistas ven la operación como una advertencia a Obama desde el seno de su propia administración: un “no te fíes de los rusos” para evitar que se acerque más de la cuenta al Kremlin.

Medvédev y Obama comparten una hamburguesa (Reuters).

Medvédev y Obama durante "la cumbre de la hamburguesa" (Reuters).

Rusia dice que las acusaciones de espionaje no se sostienen, que son una vuelta a los temores de la Guerra Fría sin ningún fundamento. El ministro de Exteriores de la Federación Rusa Sergei Lavrov ha utilizado su ironía al asegurar que “el momento ha sido escogido con especial finura”. Se refería, precisamente, a la diplomacia de la hamburguesa.

Pero entonces, ¿qué hacían los presuntos espías post-soviéticos? El sumario dice que conspiraban para ganarse la confianza de personas influyentes en ciudades como Nueva York, Boston o Washington. Para ello utilizaban identidades y papeles falsos y pasaban mensajes encriptados a Moscú. Al parecer, estaban especialmente interesados en temas nucleares, inteligencia antiterrorista y la guerra de Afganistán. Pero ninguna de esa información era material clasificado, asegura Washington. Es información a la que probablemente los diplomáticos europeos tienen acceso directo sin problemas, pero que los rusos sólo pueden obtener utilizando “otros métodos”. Kim Ghattas, corresponsal de la BBC en Washington, habla de lo mucho que cuesta a los diplomáticos chinos y rusos comunicarse con diplomáticos estadounidenses. Éstos no se fían de ellos. Ghattas dice que los diplomáticos de los EEUU cuando visitan Rusia deben dejar su Blackberry apagada en el avión para evitar a los espías.

Canadá: cumbre doble, seguridad doble

Policía antidisturbios en las calles de Toronto. Foto de Chris Young, Canadian Press.

Policía antidisturbios en las calles de Toronto. Foto de Chris Young, Canadian Press.

El G8 se reúne en Huntsville, en un idílico paraje montañoso con lago incluido, en el que que el recién estrenado Primer Ministro Británico David Cameron ya se ha dado un chapuzón para regocijo del gobierno canadiense. Los canadienses no están tan contentos con que los países más poderosos del planeta, y otros 12 que aspiran a serlo, les secuestren este bello paraje durante todo el fin de semana. A 200 kilómetros de Huntsville, en Toronto, donde está concentrada la prensa que pertenece a esos 12 países que se unirán a los 8 grandes en el G20 , parte de la ciudad también está cerrada, incluida la famosa CN Tower. El perímetro de seguridad que coge buena parte del centro financiero tiene 3 kilómetros y medio y vallas de tres metros de altura. 20.000 policías con los materiales antidisturbios colgados de la cintura patrullan el perímetro y andan en metros, autobuses y calles en busca de posibles manifestantes. Las ONG se quejan que las medidas de seguridad son excesivas e intimidatorias. Además, un juzgado de Toronto le ha dado permiso a la policía para utilizar cañones sonoros contra los manifestantes, eso sí con los decibelios controlados para no dejar sordo a nadie. Mil millones de dólares estadounidenses y canadiense que al cambio es lo mismo le va a costar la seguridad del G8 y el G20 al gobierno canadiense. La oposición se ha quejado y el gobierno se defiende diciendo que doble cumbre, doble seguridad.

Qué está pasando en Kirguizistán

Kirguizistán es una pequeña república centroasiática en los suburbios del avispero afgano. Por eso, y por el desconocimiento occidental de una parte del planeta demasiado tiempo oculta bajo el telón de acero, es fácil para los medios recurrir a las tensiones interétnicas para explicar la oleada de violencia y la consecuente catástrofe humanitaria. Ya se sabe, kirguises y uzbekos: en 1924, Lenin desterró a miles de familias uzbekas a Kirguizistán y los pastores nómadas que vivían en yurtas desde tiempos inmemoriales comenzaron una difícil relación con los recién llegados, vistos como mercaderes acaudalados desde los albores de la Ruta de la Seda.

Soldados kirguizes patrullan la ciudad de Osh, junto a la frontera de Uzbekistán (AP Photo/Alexander Zemlianichenko).

Soldados kirguizes patrullan la ciudad de Osh, junto a la frontera de Uzbekistán (AP Photo/Alexander Zemlianichenko).

Sin embargo, la política, la influencia de las grandes potencias, la pobreza y la corrupción son factores fundamentales para entender qué está pasando realmente en Kirguizistán. En 2005 este pequeño país fue escenario de una de esas “revoluciones de colores” a la occidental: la naranja de Ukrania, la de las rosas en Georgia… y la “revolución de los tulipanes” de Kirguizistán. Esos movimientos patrocinados por la UE y los EEUU ayudaron a derrocar a los líderes post-soviéticos que se habían acomodado en estructuras corruptas y autoritarias. Pero Kirguizistán demuestra que lo que vino después no era mucho mejor. La revolución de los tulipanes derrocó al presidente Askar Akayev y dio paso a un gobierno liderado por Kurmanbek Bakiev, que rápidamente se deslizó por el mismo derrotero que su antecesor. Colocó a toda su familia en las estructuras del poder e intentó ampliar sus competencias presidenciales. Además intentó cerrar la base de la OTAN sin éxito. Los EEUU le ofrecieron más dinero a cambio y Bakiev aceptó, lo cual le valió de golpe la desconfianza de Washington y la enemistad de Moscú. Y entonces comenzaron las desapariciones de disidentes, el cierre de periódicos y el fraude electoral denunciado por organismos internacionales.

Y la gota que colmó el vaso: la crisis, la subida de precios y los cortes de luz y gas. En un país como Kirguizistán, entre las montañas y la estepa, que te corten el gas en enero puede significar directamente la muerte. Y es lo que ha ocurrido este invierno. Las revueltas de abril en la capital Bishkek se saldaron con 85 muertos y la huída del presidente Bakiev, actualmente refugiado con su familia en Bielorrusia.

La espantada de Bakiev dejó en su lugar un gobierno provisional liderado por una mujer, Roza Otunbayeva. Pero la desconfianza, el clima de rebelión social y la división del gobierno provisional han llevado a Kirguizistán al caos y a un vacío de poder que alimenta a agitadores y oportunistas.

Las matanzas de Osh y Jalalabad comenzaron el viernes pasado, dicen, tras una bronca en un casino. Otunbayeva acusa a Bakiev de instigar al odio étnico, y los uzbekos de esas dos localidades aseguran que un miniejército de jóvenes kirguises armados con armas automáticas desataron la locura de violaciones de mujeres, asesinatos, saqueos e incendios de casas. No se sabe con certeza cuántos han muerto, pero sí se sabe que casi todos son uzbekos. Por ello, decenas de miles de refugiados, la mayoría mujeres y niños, han cruzado ya la frontera de Uzbekistán.

Demasiado lejos del Mundial

Es el momento de África. Al menos es lo que rezan los anuncios, himnos y demás propaganda de la World Cup 2010. La gran campaña de publicidad de la FIFA y el gobierno sudafricano invade canales de televisión, radios y grandes carteles a la entrada de las ciudades. Sudáfrica es un país, a primera vista, volcado con el campeonato del mundo. Sin embargo, ¿quién se beneficiará de este gran evento?

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Es el turno de África, pero la mayoría de africanos, como los niños de la foto, ni siquiera serán espectadores del gran show. Viven en el township de Huhudi, uno más de los muchísimos guetos creados por la minoría blanca y donde todavía hoy se concentra la pobreza, esta vez junto a la población afrikáner de Vryburg. El fútbol es la pasión de la mayoría de esos niños, pero el Mundial pasará sin pena ni gloria para ellos. Y eso a pesar de que las escuelas y organizaciones locales se esfuerzan, sin ninguna ayuda oficial, en ilusionar a los chavales con campeonatos y festivales donde el esférico es el protagonista.

El crimen, las drogas y la devastadora incidencia del SIDA entre la población de Huhudi son la prioridad aquí. Pero los grandes estadios que han levantado en las grandes ciudades no parecen dirigidos a paliar esos problemas. Al contrario, organizaciones como UNICEF alertan de que, con la llegada de la oleada de turistas futbolísticos, fenómenos como la prostitución, el trabajo infantil y el tráfico de personas se agravarán en las próximas semanas.