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Telegrama desde Arghandab

Algunos soldados desayunan Gatorade y
hamburguesas congeladas que calientan en un microondas. STOP. Duermo
‘protegido’ por tres granadas, una recortada y un M16 que cuelgan de
la pared y pertenecen al inquilino habitual de mi hamaca, ahora de
permiso. STOP. La cobertura de GSM aguanta hasta las siete de la
tarde, después se corta porque los talibanes atacan las nuevas torres
de comunicaciones que las compañías quieren instalar. STOP. Me quedan
menos de cien páginas para terminar el libro de Jagielski ‘Una oración
por la lluvia’
(gracias Roberto ‘Carlos’), lo mejor que he leído sobre
Afganistán y de consulta obligatoria para los periodistas que trabajen
en el país. STOP. Mañana me voy al campo de tiro a ver cómo funcionan
las armas OTAN en manos afganas. STOP. Apenas escucho música, sigo son
BSO para esta cobertura. STOP. Me he enterado del empate de la Real en
Irun, nervios hasta el final. Esperemos que Carlos Bueno llegue a
tiempo.

Los Humvees a la reserva

El helicóptero de las 4.30 de la mañana terminó saliendo pasadas las diez. Treinta minutos de vuelo táctico en el aire y se llega a la Arghandab Central District, la base central que los americanos han levantado en lo alto del valle. Los Chinook apenas paran unos minutos, el tiempo justo para dejar a los pasajeros y descargar. Luego se elevan con potencia y se pierden en el fondo del valle.

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Un entramado de once bases se extiende en la que es considerada como la puerta principal a Kandahar. Las primeras unidades llegaron el pasado diciembre y en estos primeros meses han sufrido 9 bajas y 26 heridos graves, la mayor parte a causa de IEDs (artefactos caseros improvisados). El elevado número de incidentes ha hecho que se retiren los Humvees de las patrullas y sólo se circule en camiones blindados.

Las emboscadas con RPG son menos comunes, aunque la semana pasada sufrieron una.

En sólo seis meses parece que los resultados son buenos y la OTAN empieza a vender Arghandab como ejemplo de gobernabilidad. El gobernador local tiene su oficina a las puertas de la base americana y aquí se celebran las shuras (consejos) semanales. La coordinación entre fuerzas de seguridad afganas y americanas también parece que va por buen camino… se trata de una especie de laboratorio en el que se ha puesto en marcha de forma rigurosa la nueva doctrina McChrystal que intenta dar un giro a la situación de seguridad.

Las condiciones de vida no son fáciles, aunque los soldados aseguran que han mejorado en los últimos días con la llegada de los servicios y las duchas. El 508 Regimiento Paracaidista termina su misión en agosto y los mandos están satisfechos con el trabajo logrado. En unas horas debo dejar esta base para llegar a mi destino final con la compañía Charlie al otro lado del valle, una pequeña base con una treintena de americanos que fueron los que más resistencia insurgente se encontraron en invierno. Actividad que va remitiendo, pero que no ha desaparecido y por ello aquí nadie baja la guardia.

Silencio en Kandahar

En la base de Kandahar reina un extraño silencio. La base más grande
del país mantiene casi parado su tráfico aéreo por culpa de las
tormentas de arena y miles de personas esperamos salir de aquí hacia
muy diferentes destinos en el Comando Regional  Sur. Esto no tiene
nada que ver con el volcán de Islandia, aquí preocupan la arena y la
falta de visibilidad y por eso los aviones se paran y el aeropuerto
militar se cierra. “El presidente Obama habló de un período de 18
meses para empezar el repliegue, pero cada vez que vengo aquí la base
está en expansión”, asegura un enviado de la agencia AP que espera la
salida de su helicóptero hacia el valle de Arghandab, el mismo lugar
al que me dirijo yo.

Un soldado norteamericano frente a un blindado en Kandahar (Mikel Ayestaran).

El problema con los vuelos ha hecho que se
empiecen a montar columnas de blindados para hacer llegar a los
hombres a sus posiciones
, una opción B que en condiciones normales se
descarta para evitar los artefactos caseros improvisados.

Un soldado norteamericano frente a un blindado en Kandahar (Mikel Ayestaran).

No es el momento de hablar de retirada. La OTAN prepara su próxima
gran ofensiva en Kandahar
ante lo que los mandos militares esperan sea
la gran estocada a la insurgencia tras la ofensiva de Helmand, que
pese a no estar ya en los medios sigue abierta. El general Stanley
McChrystal
cerró el Burguer King y el Pizza Hut de la base, pero no
pudo con el resto de tiendas y restaurantes varios que pueblan la zona
de vida, una especie de pasarela cubierta de madera que forma un gran
cuadrado rodeando lo que llaman “la playa” y que no es más que pura
arena. El general quería endurecer la forma de vida de sus hombres y
algo ha conseguido
, aunque no mucho. Esto sigue siendo Marte si lo
comparamos con la vida en las calles del país. La mayor parte de los
soldados nunca ha atravesado la puerta de salida de la base y repiten
orgullosos que “ojalá no pisemos la calle hasta el final de la
misión”
.

Hace calor, aunque nada comparado con lo que será el verano cuando
está prevista la gran operación, y aquí resulta extraño ver uniformes
que no sean americanos o británicos
, los dos países que ponen los
muertos sobre la mesa en el campo de batalla. Con grandes vasos de té
helado y café la tropa pasa su rato de ocio entrando a las tiendas que
supongo ya tendrán mil veces vistas. “Nada de fotos, nada de
entrevistas”
, la vida del periodista extranjero en la base debe pasar
totalmente inadvertida y se tiene que limitar a esperar el vuelo que
lleve camino de su destino.