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La independencia del BCE

La canciller de Alemania lleva toda la crisis defendiendo la independencia del BCE. Lo ha hecho por activa y por pasiva, y no solo pensando en los tipos de interés sino sobre todo en los programas de compra de deuda que inició el anterior presidente de la entidad, Jean-Claude Trichet. La “independencia” del BCE era el conjuro con el que Alemania quería evitar que el BCE se dedicara a comprar deuda o asumiera cualquier otro cometido que el de ocuparse de mantener la inflación razonablemente baja: esa herencia recibida del antiguo Bundesbank.

Basta con mirar tres titulares repescados al azar de 2007, 2009 y de hace un par de semanas:

“Merkel defiende la independencia del BCE y asegura que Alemania” seguirá bajando el déficit, en El Economista.

“Merkel teme por la independencia del BCE”, Die Welt.

“Merkel defiende la independencia del BCE y asegura que Alemania seguirá (re)bajando el déficit”.

Pues bien, ahora el partido conservador de la canciller, la CDU, defiende un cambio en el sistema de voto del consejo de gobierno del BCE, integrado por los presidentes de los bancos centrales de los 17 países del euro. Como ahora se sigue la política de “un país, un voto”, Alemania se encuentra con que el voto de Malta o el Eslovaquia pesan lo mismo que el del presidente del Bundesbak Jens Weidmann. Y eso no le gusta al partido de Merkel que pretende corregir esa independencia mediante un sistema en el que cada país tenga un peso acorde al de su economía. El sistema de voto sería parecido al que rige para las decisiones de los 27 en el Consejo Europeo (y es tan complicado, que la web del Consejo tiene su propio calculador de votos, entretenido).

Dicen que la propuesta puede ser una de las condiciones alemanas de la próxima cumbre de diciembre. Y así se completará la regermanización de Europa.

Alemania y los Pigs

pigs

Lo de la foto es la crisis del euro, vista por los bohemios del centro de Berlín. Y resulta sorprendente porque no defiende la postura oficial de cualquier contribuyente alemán, sino más bien la contraria y en inglés, para que lo entiendan todos los turistas que suelen pasar por aquí. La pancarta cubre toda una fachada de un edificio abandonado de la Auguststrasse, la calle de las galerías de “arte” (soy escéptico). Y en ella salen Merkel y Sarkozy manipulando un cerdo descuartizado que representa a los países del sur de Europa, los PIGS según el horrible apodo ideado por los anglosajones: Portugal, Ireland/Italy, Greece, Spain. El diario británico The Guardian se montó un videoclip musical muy irónico sobre los PIGS que circuló por Internet hace unos meses:

Los autores de la pancarta piensan lo que pensamos muchos: que Merkel y Sarkozy dirigen la UE pensando solo en sus propios intereses y que Alemania no quiere contribuir a estabilizar el euro aunque es el país más beneficiado por la moneda común y de que su superávit procede del déficit de los países del sur.

Y que la rigidez de Alemania con Grecia (a pesar de la falta de seriedad de Grecia, su gobierno lo está intentando absolutamente todo) va a acabar por hundir toda la zona euro empezando por los países del sur. Pero ya se sabe que la vieja cantinela de “los del sur son unos vagos” tiene mucho tirón en Alemania, donde les gusta presumir de su Zuverlässigkeit (seriedad, fiabilidad).

Todos contra Alemania

Todos contra Alemania: la Comisión Europea, la presidencia española, el presidente estable de la UE, Herman Van Rompuy, y el resto de países del euro tratan de presionar al gobierno de Angela Merkel para que acepte debatir fórmulas de ayudar a Grecia en la cumbre del jueves y el viernes; un “instrumento”, según el término más empleado en Bruselas.
Reunión del Consejo Europeo extraordinario del 11 de febrero.

Reunión del Consejo Europeo extraordinario del 11 de febrero.

 
Tanto Van Rompuy como la presidencia española tienen la potestad de incluir este debate en el orden del día, pero no lo harán si tienen la certeza de un resultado decepcionante. 
 
Europa necesita precisar más las medidas de ayuda a Grecia en un documento que sirva para para ahuyentar a los especuladores y permitir que Grecia pueda financiar su deuda a un precio razonable. Pero, cuando los países del euro parecían de acuerdo en la fórmula para ayudar a Grecia, Alemania ha decidido esperar. Antes de aportar dinero de sus contribuyentes, prefiere ver primero cómo Grecia aplica su plan de recortes.
 
Según una encuesta publicada hoy por el Financial Times, el 61% de los alemanes se opone a que su gobierno ayude a Grecia y el 32% expulsaría a Grecia del euro. Y ayer, en una entrevista grabada en la radio alemana, la canceller Merkel previno del riesgo de alentar “falsas expectativas” para la cumbre de esta semana.
 
Todo, pese a los denodados esfuerzos del presidente de la Comisión, Durao-Barroso que, aunque tarde, se ha decidido a plantar cara por una vez a Alemania. Barroso publicó el viernes un apresurado comunicado en el que dice que “está dispuesto a proponer” un instrumento compatible con la legislación europea, basado en préstamos bilaterales de los países del euro a Grecia, coordinados por Bruselas. “No podemos prolongar más esta situación (…), insto a los líderes de la UE a llegar a un acuerdo sobre este instrumento cuanto antes”, dice el comunicado.
 
Uno de los más molestos con la actitud de Alemania, el presidente del eurogrupo Jean-Claude Juncker, se ha curado en salud al decir: “La ayuda de todos se llevará a cabo el día que sea necesaria (…), no veo necesario que sea esta semana”. Juncker sí ve necesario, en cambio, insistir en que habrá un instrumento para ayudar a Grecia y en que se seguirán estudiando las modalidades técnicas. Todo lo demás – la cantidad prestada, la duración del préstamos, el tipo de interés o las condiciones y el momento en los que se llevaría a cabo la operación – queda en el aire. Fuentes de Bruselas hablan de condiciones más duras de las que le impondría a Grecia el FMI, aunque con más libertad que la que concede el FMI a quienes se benefician de sus préstamos.  
 
La “ayuda de todos”, por cierto, no será de todos. Algunos países del euro como Portugal tienen suficientes problemas como para prestar encima dinero a Grecia. España ha anunciado que participará en esa ayuda.